Introducción
El tema que se presenta en este libro posee una gran significación en el
campo de la educación, por constituir uno de los principales objetivos
de este proceso: el desarrollo moral de nuestros niños, adolescentes y
jóvenes; desarrollo que, aunque polémico y no exento de contradicciones,
debe producirse en correspondencia con los principales valores del
proyecto social latinoamericano.
No existe investigación profunda en este sentido, en nuestro medio
cultural y académico, tampoco resulta un tópico sobre el cual se haya
escrito mucho; de ahí su importancia científica además de social y
deviene del resultado de largos años de investigación e impartición, por
parte de los autores, en su práctica pedagógica, de este y otros afines,
entre los que se encuentran la participación en numerosos eventos, de
carácter nacional e internacional, en algunos de los cuales, ese trabajo
ha sido publicado.
Dentro de las pretensiones no está la de agotar el tema, sino más bien
trazar una brecha y abrir un camino para futuros proyectos, donde se
pueda abarcar el proceso histórico educacional y pedagógico de las tres
etapas: Colonia, Neocolonia y Revolución, con las particularidades
específicas que cada una de ellas encierra en su momento histórico en
cada país.
La formación ciudadana de los educandos en la realidad actual, se
presenta ante los diferentes sistemas educativos, como una necesidad,
debido a su repercusión en la vida personal y social del hombre, en un
ámbito en el que van siendo más complejas sus obligaciones. Esta
necesidad está planteada en el encargo social del Sistema Nacional de
Educación, en Cuba, al expresarse en el Programa del Partido Comunista
que: “La finalidad esencial de la educación es la formación de
convicciones personales y hábitos de conducta, y el logro de
personalidades integralmente desarrolladas que piensen y actúen
creadoramente, aptas para construir la nueva sociedad y defender las
conquistas de la Revolución.”
()
Los antecedentes de esta formación, en la escuela cubana, rebasan los
marcos de este siglo y su concepción, en mayor o menor medida, ha
respondido siempre al logro de una ciudadanía acorde con los principios
éticos de cada etapa de desarrollo histórico de nuestra sociedad; pero
se adolecía de un ordenamiento de estudios que la convirtiera en una
disciplina con su objeto de estudio propio e independiente. En este
sentido, invocamos la enseñanza de la Educación Cívica, como asignatura
en vínculo con la historia patria y la gramática de nuestra lengua, como
marco referencial que abordaremos en nuestro trabajo para contribuir con
ello al afianzamiento y consolidación de la conciencia cubana que
fructificó en el magisterio republicano.
La formación ciudadana ha comenzado a ser una expresión y una necesidad
educativa cada vez más conocida y asumida por buena parte de los que nos
dedicamos a tareas formativas, tanto desde la educación escolarizada
como no formal. En el plano jurídico también ha logrado su
reconocimiento. Tampoco podemos soslayar las disposiciones de los
convenios y pactos internacionales relativos a la educación para la paz,
los derechos humanos y las reuniones a favor de la infancia y otras
ecológicas, que el estado cubano ha firmado, convocadas a iniciativa,
fundamentalmente de la UNESCO, y también de las Naciones Unidas. Desde
esa perspectiva, además de las razones pedagógicas, sociales, políticas
y ecológicas que la sustentan y demandan, la formación ciudadana de los
educandos se ha convertido en un imperativo legal de nuestro tiempo y
sin embargo, poco se ha investigado y escrito, a pesar de la influencia
que ejerce en la evolución y desarrollo de la vida cultural, política e
ideológica de nuestros pueblos latinoamericanos.
Aunque parezca paradójico, lograr la formación ciudadana en nuestros
educandos, no es ni resulta algo armonioso, exento de conflictos o que
concite unanimidad. Así, la primera polémica surge al determinar, desde
el punto de vista teórico, el soporte que posibilite una programación de
contenidos coherentes y significativos, deviniendo en núcleo de esa
formación, al estar insertados en todas las demás asignaturas o
disciplinas. En segundo lugar, hay que determinar la especificidad de
ese contenido nuclear, que en el caso que nos ocupa, son los
conocimientos y habilidades cívicos, traducidos en valores que conformen
una disciplina o asignatura: La Educación Cívica
()
y, en tercer lugar, dilucidar la polémica desde el punto de vista
práctico de la propia denominación a utilizar; ¿son sinónimos
expresiones como Enseñanza Cívica o Educación Cívica?; ¿persiguen los
mismos objetivos?; ¿se fundamentan los mismos conceptos?; ¿utilizan los
mismos recursos y estrategias didácticas?; ¿proceden de un mismo devenir
histórico? ; ¿cuál es la especificidad del conocimiento cívico y cómo
tributa a la formación ciudadana?
Para dar respuesta a las interrogantes citadas, nos planteamos las
siguientes hipótesis de trabajo:
Ø
La intención de fundamentar psicopedagógicamente la formación ciudadana
escolarizada cubana en el período republicano no faltó y, a pesar de que
su concepción tributaba al logro de ciudadanos acordes con los
principios éticos que rigieron esa etapa de desarrollo histórico de
nuestra sociedad, se hacía necesario, en la práctica, subvertir ese
diseño que engendró la enmienda platt, apéndice que se le anexó a la
Constitución de 1901 y la accidentada evolución política a partir de
1928 y hasta 1940, en que se promulgó una nueva ley fundamental.
Ø
En los programas de enseñanza y en el enfoque de los textos escolares de
Educación Cívica, de ese período, se intentó fundamentar una formación
ciudadana escolarizada contraria al orden de los valores generados a
partir de la ocupación militar norteamericana en la Isla de Cuba, que
fructificó sólo en un reducido número de aquellos que tenían acceso a
este sistema de enseñanza; sin embargo, los aportes reflejados en el
desarrollo del pensamiento pedagógico cubano, de este período, nos
permiten proponer un modelo alternativo de formación ciudadana, para el
rescate de los valores universales.
Para contextualizar la hipótesis complementamos nuestra suposición con
dos criterios: uno obtenido en el trabajo de campo, donde partimos de
los programas de enseñanza y del enfoque de los textos escolares de
Educación Cívica, durante el periodo republicano, y el otro elaborado a
partir del estudio exploratorio, donde advertimos los aportes
pedagógicos reflejados en el desarrollo del pensamiento cubano de este
período, que nos permitieron elaborar el modelo alternativo de formación
ciudadana para el rescate de los valores universales dado que la
intelectualidad cubana conformó un conjunto de ideas alternativas que
indicaban la existencia de un nacionalismo burgués, que pretendía
modificar el “status quo” implantado en Cuba a partir de 1902 y que,
aunque no se concretó en realidades hasta la generación posterior, legó
su herencia al desarrollo alcanzado en la formación ciudadana
escolarizada cubana de este período histórico.
Objetivos.
1.
Analizar el nivel de desarrollo alcanzado en la formación ciudadana
cubana, en el período histórico comprendido entre 1898 y 1940.
2. Sistematizar la evolución de la Educación Cívica escolarizada y su
contribución a la formación ciudadana, en el período indicado
anteriormente.
3. Determinar la interrelación existente entre formación cívica y formación
integral, en tanto que bases sustentadoras, para la noción de formación
ciudadana que proponemos.
4.
Rescatar los aportes realizados por los educadores cubanos y algunas
tradiciones pedagógicas latinoamericanas que contribuyeron a la
formación ciudadana de las generaciones republicanas.
5. Proponer un modelo alternativo para la formación ciudadana de los
educandos de la escuela cubana y latinoamericanas actuales, a partir de
los análisis realizados anteriormente.
En el presente trabajo, se dan respuestas a las interrogantes planteadas
inicialmente. Para ello, primeramente examinamos las claves históricas
de la formación ciudadana en Cuba, en el período propuesto y, en segundo
lugar, destacamos algunas experiencias y propuestas metodológicas que
nos proporcionaron un bagaje valiosísimo, sugerente y lleno de
posibilidades para intervenir, con sus posibles adaptaciones, en
nuestras realidades educativas de hoy.
Nuestra investigación se encaminó a desarrollar, en la segunda parte de
este trabajo, una amplia temática referida al concepto de formación
ciudadana, como expresión de la educación cívica y sus repercusiones
concretas en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Para una mejor
comprensión, la hemos subdividido en dos partes. En la primera nos
adentramos en los conceptos de educación cívica y educación integral, en
tanto que bases sustentadoras de la noción de formación ciudadana. En la
segunda: la estructuración pedagógica, presentamos los modelos o
paradigmas de la formación ciudadana para, a partir de aquí, dilucidar
el significado, los objetivos, las características y los componentes que
integran nuestra propuesta de modelo de formación ciudadana.
En esta investigación también presentamos los criterios vertidos acerca
de la realidad social cubana, enarbolados por un sector de la burguesía
cubana en el período analizado, a través de publicaciones que reunieron
bajo su coherencia y continuidad editorial a un grupo importante de
pensadores, cuyas expresiones no se adjudican solo a los representantes
de las élites gobernantes.
La importancia de este trabajo está en haber podido ordenar,
sistematizar y articular diversas manifestaciones del pensamiento cubano
y determinar su contribución a la formación ciudadana escolarizada, en
el período enmarcado; además, rescatar algunas experiencias y propuestas
metodológicas que sintetizan la tradición de la escuela cubana,
enriqueciendo sus postulados con las concepciones pedagógicas
latinoamericanas actuales; así como develar la herencia cultural de la
República, para proponer nuestro propio modelo alternativo de formación
ciudadana cubana y latinoamericana.
Consideramos que otro logro fundamental de esta investigación consiste
en estudiar críticamente un período muy generalizado, pero poco
analizado en sus especificidades, sobre todo en lo referido a conocer
las posturas intelectuales con respecto a los problemas sociales de la
república y la manera de proponer la subversión del orden existente para
preservar sus valores universales.
Cerramos este período en 1940, porque fue un momento crucial en los
acontecimientos educacionales que lo caracterizan políticamente. Muestra
de ello fue el establecimiento de un nuevo plan de estudios –Plan
Guzmán del 14 de agosto de 1939-, para los Institutos de Segunda
Enseñanza (que sustituye el Plan Varona) y la incorporación de demandas
populares en la Constitución del 40, entre las que sobresalen los
artículos dedicados a la naturaleza autóctona de las asignaturas de
formación humanística y ciudadana, como la Educación Cívica, que tendría
que ser impartida por profesores cubanos de nacimiento y mediante textos
que tuvieran la misma condición.
Otra razón que nos convenció para no extender más el período, fue que
desde el año 1926 no se modificaban los planes y cursos de estudio,
estos fueron una repetición, con algunos reajustes, de los promulgados
en el año 1922 y no fue hasta fecha muy posterior, que se volvieron a
reformar éstos, a pesar de que continuaron siendo una relación carente
de unidad de los conocimientos que habían de enseñarse en las escuelas.
A partir de entonces no se produjeron más cambios, hasta después del
triunfo de la revolución cubana, con la reforma integral de la
enseñanza. Por eso, consideramos aconsejable para el análisis,
distanciarnos de acontecimientos ulteriores, y así abordar con el máximo
de objetividad lo acontecido sólo en las cuatro primeras décadas
republicanas.
Para el desarrollo de la investigación se requirió el análisis de
variadas fuentes: publicísticas, documentales y bibliográficas, en orden
de importancia. De las fuentes publicísticas obtuvimos la mayor
información, las cuales fueron consultadas en los fondos de la colección
de libros raros y valiosos de la Biblioteca Central de la Universidad de
la Habana, Cuba y en la Biblioteca de Literatura y Lingüística, de esta
misma ciudad.
El espacio publicístico empleado para polemizar, analizar o simplemente
resaltar dichos puntos de vista, es la publicación periodística, siendo
las revistas de la época marco idóneo de reflexión. Entre ellas se
destacan las revistas Cuba Pedagógica, Revista de Educación,
Cuba Contemporánea y la Revista Bimestre Cubana, las
cuales son objeto de nuestro estudio.
Entre estas fuentes publicísticas, las revistas Cuba Contemporánea,
Revista Bimestre Cubana y La Reforma Social, divulgan los
problemas sociales fundamentales que afectan el desenvolvimiento de la
República desde su instauración en 1902, así como los rasgos burgueses
que se expresan en este período, y dentro de ellos, aquellos que se
refieren a la herencia hispánica y la influencia de los mismos en la
sociedad cubana.
La Revista de Educación
y Cuba Pedagógica, fueron órganos de orientación educacional que
se dedicaron, fundamentalmente, a la publicación de materiales de
instrucción escolar, métodos pedagógicos y demás recursos científicos
útiles para la enseñanza. Además, constituyeron un vehículo de
información, un campo natural abierto a todas las ideas, un taller de
valores nuevos y también un amigo y colaborador del profesorado cubano.
Entre estas publicaciones, a pesar de lo valiosa que resultaron la
Revista de Educación y Cuba Pedagógica, se destaca para la
presente investigación, Cuba Contemporánea, por la denuncia que
en ella se realiza a los males sociales republicanos, alcanzando su más
alto grado la corrupción reinante en la esfera educacional. Sus
promotores mostraron un gran interés por el aspecto sociocultural y
político de nuestros vínculos con España y con los Estados Unidos, y la
incidencia de estos en la vida nacional; pero fue precisamente, Cuba
Contemporánea (1913-1927), la que dio unidad a los esfuerzos
dispersos de los intelectuales de la primera generación republicana. La
característica esencial de la publicación queda definida de este modo:
“Tribuna de una intelectualidad comprometida con la reorientación
nacionalista de un proyecto burgués de nación que había sido subordinado
a intereses foráneos y tempranamente sumido en la inercia y la
corrupción, fue un vocero de las nuevas tendencias del pensamiento
social,...”
()
Entre las fuentes documentales, contamos con la obra científica:
Historia de la Educación, de la Escuela y la Pedagogía en Cuba; desde el
siglo XVI hasta la década del 80 actual, de un colectivo de autores
adscriptos al Museo de la Educación, a partir de la cual definimos la
dirección metodológica para el estudio de la formación ciudadana
escolarizada en Cuba, ya que la misma aborda el proceso histórico
educacional y pedagógico en las tres etapas: Colonia, Neocolonia y
Revolución, subdividiendo las mismas, dadas sus apreciables diferencias
e identificando la Neocolonia como un período con fisonomía propia donde
la ocupación militar norteamericana, sentó las bases de la política
educacional y del sistema de enseñanza asimilacionista.
La fuente bibliográfica fundamental, la constituyó la obra de Jorge
Ibarra, Cuba 1898-1921. Partidos Políticos y Clases Sociales,
dada la información que nos aporta sobre el período republicano que nos
ocupa. Del mencionado trabajo utilizamos la estructura socioclasista
definida por el autor.
Cuba: Cultura y Sociedad,
de Francisco López Segrera, que nos permitió profundizar en el análisis
sociocultural de la época.
Ensayos de Identidad,
de Enrique Ubieta, es un trabajo que se encuentra en la misma dirección
de nuestra investigación, aunque su autor limita el análisis cultural al
aspecto literario. Más allá de lo que expresa Ubieta, quien habla de
movimiento cultural, nosotros vemos la cultura en términos más
abarcadores, reflejando el conjunto de los males de la sociedad, donde
se tiende a conformar un proyecto alternativo.
Como se observa en la bibliografía del trabajo, numerosas fueron las
obras consultadas que aportaron en mayor o menor medida información
válida para nuestra investigación, pero sólo hemos querido destacar las
que nos resultaron más importantes.
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