CAPITULO II
BASES SUSTENTADORAS DE LA
NOCIÓN DE FORMACIÓN CIUDADANA QUE MANEJAMOS
Cada una de las etapas del desenvolvimiento de los pueblos se ha
caracterizado por su concepto de la educación, de acuerdo con su cultura
y las necesidades de ese momento. Si revisamos rápidamente la Historia
de la Educación, encontraremos que, hechos de tanta trascendencia como
la caída del Imperio Romano, el Renacimiento, la Revolución Francesa y,
más recientemente, la Primera Guerra Mundial, determinaron un profundo
cambio en los sistemas de educación. Este último acontecimiento, trajo
consigo inquietudes y anhelos muy profundos de renovación escolar; pues
los trastornos políticos, sociales, y económicos que fueron escuela de
Guerra Mundial, cambiaron la orientación hacia una nueva concepción del
mundo y de la vida, que desencadenó una crítica implacable de las
doctrinas y las prácticas de la escuela tradicional.
Consecuencia de estos cambios son: el empleo de nuevos métodos,
sustituyendo el interrogativo por los trabajos de investigación
realizados por los alumnos; la colocación del niño en el centro de la
vida escolar, como la figura más importante que es; la vitalización de
la enseñanza y, finalmente, la transformación del concepto de la
disciplina escolar, que pasó a ser considerada como una discreta
dirección de las actividades del niño, orientándose en la escuela de
entonces hacia la autonomía, permitiendo a sus alumnos una participación
más o menos amplia en la disciplina de la escuela.
Este nuevo concepto de la disciplina escolar ha dado origen a los
cambios introducidos en la educación cívica del niño. Los años
transcurridos en el período que analizamos han sido testigos de un gran
cambio en el concepto predominante de la ciudadanía y la educación del
ciudadano; limitada en el pasado al estudio de la constitución y el
mecanismo del gobierno, esta pasó a atender e incluyó también las
funciones y necesidades tanto de los gobernantes, como de todos aquellos
problemas que surgen en la vida diaria.
En lugar de una ciudadanía limitada a los adultos, los educadores
reconocieron, con exacta visión, que los niños y las niñas, así como los
hombres y las mujeres, son ciudadanos de la nación y de la localidad
donde residen y que la Educación Cívica, para ser efectiva, debe
presentar problemas como los que necesariamente se presentarán en los
años futuros.
A partir de entonces la Educación Cívica como disciplina dejó de
constituir una enseñanza que trasmite el maestro al alumno, pasando a
ser uno de los aspectos sustentadores de la formación ciudadana que
debía recibir el niño en la escuela. “Rectamente comprendida, dice
Kerschensteiner, la Educación Cívica no es sino la educación misma, que
encierra todos los medios y fines de la formación del hombre, siempre
que no se proponga como meta al hombre dominador.”
()
Por tanto, el maestro sólo no es quien puede formar la conciencia cívica
de sus alumnos, sino el ambiente social de la escuela, donde el niño
encuentra estímulo a sus actividades formativas.
Reforma de la enseñanza de la Educación Cívica.
Durante mucho tiempo, en nuestro país, se trató de educar cívicamente al
niño enseñándole los deberes y derechos del hombre y los artículos de la
constitución referentes a la forma y organización del gobierno, los
deberes y derechos de los ciudadanos, etc. Esto ha sido la causa del
fracaso de esta enseñanza, porque tales asuntos, para ser comprendidos,
requieren ciertos conocimientos superiores a la mentalidad de los
escolares.
Por eso fue necesario hacer la reforma de la Educación Cívica, cuya
evolución fue más intensa en los Estados Unidos, porque en ese país, en
las primeras tres décadas del siglo XX, se efectuaron cambios radicales
no sólo en el concepto, sino también en los métodos de enseñanza, que
repercutieron, de una u otra forma, en Cuba.
De esta forma, las necesidades colectivas y los elementos que producen
el bienestar general son el punto de partida de esta enseñanza. El
Gobierno, ha dejado de ser el eje de estos estudios, ya que solamente
constituye una de las agencias que contribuyen a satisfacer las
necesidades de la comunidad. Por tanto, la idea central no es ya esta,
sino la comunidad de bienes e intereses.
Esta enseñanza, de acuerdo con estas ideas, ha sido denominada “Cívica
de la Comunidad”, ya que destaca las relaciones que emanan de la
comunidad de necesidades, de problemas e intereses para hacer comprender
a todos los hombres, la razón de esa cooperación y despertar en ellos el
sentimiento de solidaridad que los ha de llevar a sentirse como una
parte activa del grupo cuyo bienestar le es propio.
En este sentido, la cooperación es la realización por el individuo de
sus actividades cívicas, que constituyen el ejercicio de la ciudadanía
y la Educación Cívica, vendrá a ser la enseñanza práctica que tiene como
objeto la preparación del individuo para el ejercicio de la ciudadanía.
Lograr el adiestramiento de los miembros de la comunidad en este
ejercicio será su fin y los estudios y prácticas que ella emplea para
lograrlo serán su medio.
Algunas de estas ideas las pudimos comprobar, al consultar el libro “La
Comunidad Cívica y el Ciudadano”, del año 1926.
()
En el prefacio del mismo se señala que está destinado al empeño de
educar a las generaciones cubanas, según la fórmula profundamente
filosófica de Luz y Caballero, que colocó la educación por encima de la
enseñanza, llegando por ello a ser el crisol del alma revolucionaria,
como Martí su verbo y como Maceo su brazo.
Según el autor, en la educación de la niñez, radica sin duda el más alto
interés social: la educación y la instrucción vienen a ser como dos
círculos concéntricos, el primero más amplio, el segundo más
restringido; como la moral y el derecho, sin que por eso se contradigan
ni se correspondan, aunque sus radios partan de un centro común.
().
Por eso, al valorar la finalidad de la Educación Cívica, hay que
distinguir, en primer término, la Enseñanza Cívica de la Educación
Cívica, pues para nosotros, en el caso que nos ocupa, resulta
inconsistente tal dicotomía, ya que la primera comprende una serie de
conocimientos sobre derechos y deberes, regulados y normados en la
Constitución y en las leyes, mientras que la segunda implica, no sólo el
aprendizaje de esos conocimientos, útiles y necesarios al ciudadano,
sino su práctica y realización en el medio social en el que se
desenvuelve.
Al ser inconsistente lógicamente la superposición de categorías, hemos
adoptado la denominación de Educación Cívica, además por las razones
apuntadas en el capítulo anterior.
Del análisis anterior, se deduce claramente la relación íntima que debe
tener la educación con los deberes y derechos de la ciudadanía, que esta
debe aplicarse con espíritu y métodos científicos, precisamente porque
es necesario relacionarla con las leyes de la vida en general, ya que
tiende a fundar las bases esenciales sobre las cuales el niño cubano
levantará las columnas de su cultura y la formación definitiva de su
conciencia ciudadana.
Al poner el énfasis en el análisis del comienzo, medio y fin de la
enseñanza de la Educación Cívica, en el mencionado libro se plantea que
es una materia que se inicia con la vida, ya que en la esfera de la
actividad humana no se registra el menor acto, ni el menor hecho que
deje de tener una consecuencia o significación especial.
Todo lo que en ella ocurre repercute de alguna manera en el conglomerado
social, afectando, en ocasiones, sus intereses más vitales. Esto se
reconoció desde el año 1914, en los Estados Unidos del Norte, y desde
entonces, las asociaciones particulares y las instituciones oficiales,
en dicho país, se esforzaron en extender y mejorar su enseñanza,
colocándola en un papel preponderante dentro de su sistema de educación.
En Cuba, como ya se ha reseñado, el plan de 1901 estuvo en vigor hasta
la reforma de los cursos de estudios realizada por la Junta de
Superintendentes en 1914, fecha en la cual se redactó un nuevo Curso de
Estudios que aún respondiendo a las mismas tendencias que el anterior,
le concedió importancia al aspecto educativo y práctico, y en el mismo
se destacó que:
“El fin de la Instrucción Cívica, no es solamente hacer
entrar en la inteligencia del niño cierto número de conocimientos
positivos de la organización política del país, de su gobierno y de sus
instituciones de carácter público, sino cultivar desde muy temprano el
amor Patrio y el sentimiento de simpatía entre los hombres y formar en
el niño hábitos que faciliten el cumplimiento de sus deberes políticos
en lo porvenir”.
()
De esta manera se deduce que la Educación Cívica es una enseñanza que
debe comenzarse en el primer grado de la escuela primaria y continuarse,
de igual manera, hasta la universidad, por supuesto con el amplio
relieve y la mayor intensidad que demanda este superior centro de
cultura, y ha de utilizar como medio supremo de su enseñanza la
práctica y como fin la práctica.
“En el primer grado, dícese en el citado curso de estudios,
las lecciones de civismo tienen que ser sumamente cortas y sencillas;
deben darse ocasionalmente aprovechando los demás estudios de la escuela
y los incidentes de la vida escolar y de la localidad”.
()
En la enseñanza cívica, debe tomarse como punto de partida el pequeño
círculo donde el niño vive, es decir la familia y la escuela, para
despertar las primeras nociones de gobierno, de autoridad y de
obediencia a la Ley.
Después se dará a conocer el gobierno de la localidad o del barrio,
según los casos, con sus servicios públicos, los deberes de los vecinos,
de las autoridades y de otros funcionarios; y una vez familiarizado el
alumno con instituciones que estén a su alcance y que ve funcionar,
estará en condiciones de concebir organizaciones más complicadas de
gobierno; y ampliando así el círculo de sus conocimientos, se pasará
sucesivamente a la provincia, a la nación, hasta que en los últimos años
de la vida escolar pueda comprender el concepto de estado de derechos
políticos, de soberanía, de constituciones, etc.
Doctrinas y prácticas pedagógicas que van a la conquista de nuevas luces
docentes.
Para
realizar esta obra de instrucción cívica y para que sea eficaz en
resultados educativos, tendientes a la formación ciudadana del alumno,
no basta que se conozcan los deberes sino que es necesario que se
ensayen, que aprendan a ejercitarlos de alguna manera, por los medios
ideados para la práctica de los mismos en las escuelas; y una forma
efectiva de lograrlo puede ser la inclusión de actividades docentes, de
manera definitiva y concretas, encaminadas a la educación del carácter
del escolar cubano.
En este sentido, la escuela republicana encaminó sus pasos hacia la
renovación escolar, persiguiendo las últimas doctrinas y prácticas
pedagógicas, en la conquista de nuevas luces docentes, tratando de
armonizarlas con nuestras necesidades, con nuestros valores éticos y
nuestra psicología, para hacer de la escuela pública la base de la
nacionalidad cubana.
En el Reglamento General de Instrucción Primaria dictado en agosto de
1919, el Señor Presidente de la República de Cuba, determinó en su
artículo número 188 que:
“Además de los deberes que se expresan en el articulo 187
(otras obligaciones del magisterio público cubano) será obligación de
los maestros contribuir por cuantos medios estén a su alcance a la
formación del carácter del niño, fomentar en ellos el amor a la patria,
a las instituciones republicanas, a la independencia del país y la
veneración de sus héroes y mártires, así como también inculcarles
preceptos de la más sana moral, con exclusión de toda idea de secta
religiosa.”
()
Aparece, casi desde el inicio de la escuela netamente cubana, un interés
marcado sobre la educación del carácter del escolar cubano, y para dar
vitalidad a este principio se organizaron en nuestras escuelas
actividades educativas, incorporadas al engranaje de las prácticas
docentes.
El Dr. Manuel Angulo, ilustre educador cubano creó un estimulo que
denominó “Beso de la Patria”; y aunque aparentemente lleva la finalidad
de premiar al mejor alumno de cada aula de enseñanza primaria, es más
bien una actividad educa encaminada a estimular los sentimientos
elevados del niño, a crear y vigorizar su actitud responsabilizadora,
contribuyendo, por tanto, a la educación de su carácter.
Una estimación de los requisitos exigidos, que exponemos a continuación,
tomados textualmente de la circular que instituyó este premio,
comprobará lo antes mencionado. “Para la adjudicación del Premio “Beso
de la Patria”, deberá exigirse a los alumnos seleccionados los
requisitos siguientes:
1. La
observancia de una conducta intachable durante el curso, tanto con
respecto a los maestros como con sus relaciones con los condiscípulos y
empleados de la escuela.
2. La
demostración de un interés permanente en pro de su aprendizaje,
comprobado por el expediente personal organizado por el maestro.
3. La
constancia en la asistencia, apreciada por el registro que se dedica a
consignar dicho aspecto.
4. El
amor a los preceptos higiénicos en cuanto a su aseo personal y al
cuidado de su indumentaria.
5. La
conducta moral en el hogar, en relación con los padres, hermanos y otros
familiares, o con las personas a cuya protección se encuentre sujeto.
6. La
conducta moral en los lugares públicos, paseos, espectáculos, etc.
7. El
entusiasmo por mantener los cuadernos y cuantos útiles sean necesarios
para el trabajo, en un brillante estado de conservación”. ()
En los procedimientos, para la elección que se detallan a continuación,
se apreciará el deseo de formar en el niño capacidades selectivas tan
necesarias para la formación del ciudadano:
Los maestros darán a conocer a sus educandos las bases que se establecen
para la adjudicación de este premio, las cuales serán objeto de
lecciones especiales para lograr la comprensión fácil de los deberes que
se estipulan; y para despertar en el espíritu del niño la necesaria
emulación para practicarlos, se harán esfuerzos que tendrán su natural
compensación.
En las escuelas de aula única, en las que tengan al frente un maestro
encargado de las mismas o en las que funcionen bajo el gobierno de un
director, se llevará a efecto en la segunda sesión de cada viernes y
durante una parte del receso, por votación nominal, la elección del
mejor alumno de cada aula.
“Para llevar a cabo la elección se procederá de esta forma:
a) El maestro dará a conocer a los niños la lista de los elegibles, con
ajuste a su personal criterio escribiendo los nombres y apellidos de
ellos en el pizarrón.
b) Cada alumno irá designando su candidato escogido entre los “elegibles” y
el maestro, valiéndose de un signo convencional, efectuará las
anotaciones correspondientes.
c) Una vez conocidos los resultados se proclamará el mejor alumno del aula
en esa semana”. ()
El último viernes del segundo período escolar se verificaba en cada una
de las aulas la elección definitiva del mejor alumno del curso,
designando al que hubiese obtenido dicha denominación durante el curso
un mayor número de veces, siempre que hubiese observado uniformemente
una conducta acorde con dicho concepto; y en caso de empate entre dos o
más alumnos, se llevará a efecto la elección en la forma ordinaria.
En una fiesta pública, celebrada el día final del curso escolar de cada
año y con un programa adecuado al acto, se hace entrega al escolar que
obstenta el título de mejor alumno, de un diploma acreditativo de tal
dignidad; y durante esta entrega se hace descender sobre la cabeza de
los escolares la Bandera de la Patria, para cumplir así la promesa que
entraña el nombre de este premio “Beso de la Patria”. (Ver ANEXO No.1)
También la “Ciudad Escolar,” ideada por Mr. Wilson L. Gill, de la cual
se hizo referencia en el capítulo I; y la “República Juvenil,” de
George, como ensayo de disciplina liberal, tan favorable a la educación
del carácter, establecidas en varias Escuelas Públicas de Cuba.
La Ciudad
Escolar, como se dijo anteriormente, respondía a la tendencia práctica
americana, para lo cual en el Verano de 1900, el general Leonard Wood
escribió a Mr. Wilson L. Gill, rogándole que fuese a Cambridge,
Massachusetts, y se pusiese de acuerdo con Mr. Frye, superintendente de
las escuelas públicas de Cuba, para introducir en las mismas su Sistema
de Enseñanza Moral y Cívica, conocido con el nombre de “Ciudad Escolar”
y “Estado Escolar”. Por su parte Mr. Frye reunió a los presidentes de
las seis asociaciones provinciales de maestras y maestros cubanos en la
Universidad de Harvard.
También
ofreció una conferencia sobre este asunto, a cierto número de
representantes de los maestros y maestras, en la casa del Dr. Eduardo
Díaz, ex gobernador civil de la provincia de Matanzas, quien después de
repetidos esfuerzos por dejar ese puesto considerando que lo llamaba
otro deber de mayor interés patriótico, lo logró desempeñándose en lo
sucesivo como director del Instituto de Segunda Enseñanza de la ciudad
matancera.
El proyecto fue acogido con verdadero entusiasmo, y todos convinieron en
presentarle apoyo tan pronto regresasen a Cuba (los funcionarios
provinciales).
Así, el
1ro de octubre de 1900, el Dr. Díaz organizó una ciudad escolar con sus
alumnos, y tanto por parte de estos como de la facultad, los resultados
según sus informes, fueron satisfactorios. La señorita Ángela Landa,
directora de una escuela para niñas en La Habana, sin esperar la carta,
estableció entre sus alumnas la “Ciudad Escolar” y con tan buenos
resultados, que los maestros y maestras abogaron con el mayor entusiasmo
por este método de enseñanza, el cual encanta a los niños, al mismo
tiempo que los hace ciudadanos leales.
El
General Wood invitó al Sr. Gill para que viniese a adaptar y establecer
su método en las escuelas de Cuba. El mismo vino en octubre y preparó la
“Carta Municipal de la Ciudad Escolar”, esta fue remitida por el
Gobernador Militar al Sr. Varona, Secretario de Instrucción Pública, y
devuelta con el informe oficial que pudiese desearse.
El Dr.
Díaz y sus compañeros de facultad hicieron la traducción al español de
la “Carta Municipal”; la señorita Julia Martínez, la hizo de los
“Principios de Ciudadanía” y “Juramento del Joven Ciudadano”; el Dr.
Lincoln de Zayas, ex Asociado General Superintendente de las escuelas,
tradujo la “Carta Fundamental de derechos”, el Sr. Eduardo Morales de
los Ríos, del departamento de educación, “Algunas ayudas a Ciudades
Escolares”; Mr. Davis, Intérprete Oficial del Palacio, hizo la
traducción de “Observaciones para los organizadores”, y la señorita Ana
de Ximeno, las páginas restantes del apéndice (Ver ANEXO No. 2).
La idea
directora de este sistema es despertar en los niños la conciencia de la
solidaridad, fundamento de la moral, por el ejercicio en pequeña escala
de las principales funciones que constituyen la vida cívica.
La
“Ciudad Escolar”, fue una innovación educativa basada en principios
sólidos y lógicos susceptibles de aplicación práctica en cualquier
escuela bien dirigida, siendo su principal y más laudable objeto
obtener el mejoramiento de los sistemas de gobierno de países libres
instruyendo a los individuos que los constituyen, desde la época de la
niñez, en sus deberes cívicos.
En otras
palabras; este nuevo método de enseñanza, contribuyó a infundir en el
niño, en esa edad en que no olvida fácilmente las impresiones que
recibe, ideas claras y prácticas acerca de los deberes del hombre para
con sus semejantes y para con su país. Con este sistema se logró también
que en las escuelas reinara orden y disciplina sin que el maestro
tuviera que ocuparse del asunto, pues este resultado se logró en virtud
de los esfuerzos de los niños.
Esta
idea, comparativamente nueva, desde que su autor el Sr. Wilson L. Gill
organizó la primera “Ciudad Escolar”, en New York, en el año 1899,
obtuvo gran desarrollo en los Estados Unidos y logró llegar a Europa.
Cuba fue el primer país en que formó parte de la enseñanza que se
imparte en las escuelas públicas. De todos los lugares donde se aplicó
este sistema llegaban interesantes y satisfactorias relaciones de su
éxito,
()
pero en la Escuela 37, enclavada en la barriada del
Cerro, fue cuna de una República Escolar justa, donde Rubén Martínez
Villena, llegó a ser su presidente. De ella expresó Raúl Roa:
“Los
directores de esta escuela, en la práctica desinteresada del
autogobierno, contribuían a fomentar en los educandos, con una aguda
percepción de la realidad circundante y de su propio futuro, el concepto
de la responsabilidad y de la preocupación ciudadanas. El alcance social
de este ensayo puede calibrarse en este hecho: para aspaviento de los
reaccionarios de siempre, el orden y la disciplina escolares descansaban
en la comunidad estudiantil.. Salvador de la Torre y Luis Padró fueron
así, sin sospecharlo siquiera, los precursores de las luchas recientes
por una disciplina y una escuela nuevas.”()
Una
experiencia pedagógica y revolucionaria que merece ser destacada es la
aplicada por Frank País, quien creó una República Escolar en el colegio
“El Salvador” de Santiago de Cuba, para darle a sus alumnos
responsabilidades que motivaran su creación y formación como ciudadanos,
al interesarse por la práctica del deporte, organizar excursiones al
campo y a la playa; también quería que éstos conocieran y amaran a la
flora y a la fauna, los llevaba a los lugares históricos de la ciudad y
organizaba visitas a fábricas. En fin, trasmitía a sus alumnos todos sus
conocimientos y lo que considerara útil.
Otra de las prácticas educativas de las escuelas públicas de Cuba, que
deben ser rescatadas y aplicadas, en la “Fiesta del Árbol,” que tuvo
como finalidad primordial aportar al acervo sentimental del escolar la
debida estimación, respeto, aprecio y agradecimiento a la naturaleza y
la “Jura de la Bandera,” como otra práctica educativa, ordenada por el
Reglamento General de Instrucción Primaria en sus artículos 467 al 473,
que fue utilizada como enseñanza viva de alto sentido moral y patriótico
que secundó eficazmente la labor del maestro en su tendencia de
contribuir a formar, en alguna medida el carácter del ciudadano cubano.
La Educación Cívica: fundamento de la educación integral.
La Educación Cívica, es una parte de la educación en general que se
dirige a la formación del hombre como ciudadano, y la ciudadanía
entendida como el conjunto de derechos y deberes de la persona, no es
una concesión del Estado, sino por el contrario una conquista del
pueblo, mediante la cual esos valores o conjunto de derechos
individuales, colectivos y de los pueblos que constituyen una
construcción histórica poco a poco fueron siendo reconocidos por el
poder de los Estados e incorporados a las más diversas constituciones y
legislaciones.
Una de las conquistas más importantes del fin del milenio ha sido el
reconocimiento de que la ciudadanía puede ser el componente más
importante del desarrollo, reservándose para el mercado la función
indispensable del medio. Este avance está en la esfera de las luchas por
los derechos humanos y por la emancipación de las personas y de los
pueblos, como reflejo o proceso democrático posible.
().
El factor esencial para este proceso es la ciudadanía definida como
competencia humana de hacerse sujeto, para hacer historia propia y
colectivamente organizada.
().
Para el proceso de formación de esa competencia algunos componentes son
cruciales, como educación, organización política, identidad cultural,
información y comunicación, destacándose por encima de todo, el proceso
emancipatorio.
Visto de esta manera, la ciudadanía es la raíz de los derechos humanos,
pues estos solamente mediarán donde la sociedad se haga sujeto histórico
capaz de discernir y hacer efectivo su proyecto de desarrollo. El
proceso de desarrollo recibió, en el tiempo, muchas adjetivaciones,
predominando hoy, posiblemente, el de humano y sustentable, como
pretende la ONU y sus organismos.
Cabe resaltar la formulación conferida por la CEPAL de “enfoque
integrado” entre medios económicos (transformación productiva) y fines
sociales (equidad), teniendo en la “educación y el conocimiento” el eje
matricial (),
en el que, pese al acento neoliberal de la propuesta, la hipótesis de
trabajo es por lo menos interesante, representando un mínimo apreciable
avance técnico.
Ahora bien, si por un lado, no podemos caer en la lectura ingenua de
atribuir a la educación el papel central en la reproducción de los
valores que interesan formar, como si la escuela fuera la única, o la
mayor responsable por la preservación de esa organización de la
sociedad, por otro lado, no podemos negar su papel institucional y su
potencial de influir significativamente en la transformación de la
sociedad y, en ello, juega un papel fundamental la Educación Cívica,
por estar impregnada en todas las demás materias curriculares.
Esta disciplina, cuyo objeto es la preparación del individuo para la
vida social, abarca diversos aspectos en su concepción, entre ellos: la
educación política, en la que está presente el reconocimiento de los
derechos y deberes políticos del ciudadano; la educación jurídica, en el
conocimiento de las normas jurídicas que rigen en la sociedad; la
educación social, que incluye el conocimiento de las normas de
convivencia, en las relaciones con los miembros de la comunidad; todo
ello, sobre la base de los principios éticos que rigieron cada etapa de
desarrollo histórica de la sociedad.
No podemos perder de vista que existe disparidad de criterios acerca de
la extensión o contenido de esa preparación o formación. Algunos autores
opinan que la enseñanza de la Educación Cívica, sólo debe comprender el
estudio de los derechos del ciudadano, mientras otros sostienen que debe
limitarse al estudio de sus deberes; algunos limitan su campo al estudio
de la constitución; otros lo extienden a las diversas ramas del derecho
público.
Para nosotros, en el caso que nos ocupa, considerando que la idea de
derecho y de deber son correlativas, que nacen a la par en la mente, que
no se conciben separadamente, entendemos que tales estudios deben
comprender tanto los derechos como los deberes, y no del ciudadano, sino
de los que tiene el hombre como individuo y como ciudadano; porque hay
una serie de derechos y una serie de deberes llamados individuales, que
todas las naciones civilizadas reconocen por igual a extranjeros y a
nacionales, a todo el que se acoge a sus leyes, al que habita en su
territorio, los cuales deben estar comprendidos en los límites de esta
disciplina.
La importancia del estudio de la Educación Cívica se recomienda por sí
misma, ya que es fácil comprender que a medida que la sociedad se hace
más extensa, más numerosa y más compleja en su organización, habremos de
enfrentarnos con mayores y más difíciles problemas, que para vencerlos
es inevitable una previa preparación. No es posible percatarse de la
realidad social de una nación contemporánea sin tener al menos un
concepto de cómo está estructurado su gobierno, ni cabe formar criterio
sobre la corrección de las directrices que siguen nuestros estadistas si
nada sabemos sobre los antecedentes fundamentales que ha conformado
nuestro proceso histórico.
Se incrementa la importancia de tales estudios cuando consideramos la
intervención que los ciudadanos tienen en los problemas políticos, sobre
todo cuando se han dotado a los mismos de numerosos derechos, que hace
justo el reclamo de esperar de ellos igual responsabilidad y para que se
eleven hasta ella, es imprescindible que sean conscientes de su función
social y política.
Por tanto, la Educación Cívica no contempla tan solo a la ciudadanía,
también debe considerar a cuantas personas comparten con nosotros los
afanes y goces de nuestro vivir colectivo. En tal sentido definiremos la
Educación Cívica como “una disciplina que tiene como objetivo práctico
la preparación de todos los miembros de una comunidad mediante el
estudio de su organización, de su forma gobernativa y de sus
antecedentes históricos esenciales.”
()
Esta definición aclara que no pueden limitarse los conocimientos
contenidos en la Educación Cívica al simple aprendizaje de nuestra
Constitución, ni a una visión elemental de la teoría general del Estado.
La Educación Cívica tiene un carácter sociológico, porque quien ignore,
en absoluto, los lineamientos más generales de toda sociedad, mal puede
comprender los problemas de orden político.
Especificidad del conocimiento cívico y su tributo a la formación
ciudadana.
La Educación Cívica que contiene un ordenamiento de estudios para
preparar al individuo para su función social, no llega a constituirse en
una ciencia propia. Toma simplemente sus elementos de varias otras
ciencias y los aplica a sus fines prácticos. Se relaciona, así, de modo
íntimo, con la Historia, la Economía Política, la Sociología y el
Derecho Político; es decir va a buscar en ellos las nociones que
forman su enseñanza, se limita a seleccionarlos, a ordenarlos y a darle
a la exposición el tono adecuado de acuerdo con su noble objetivo
práctico.
Se relaciona con la Historia, porque el ciudadano necesita de los
conocimientos históricos para valorar su conducta social, ya que,
solamente se pueden estudiar con acierto los fenómenos sociales y
políticos, acudiendo a la reserva inagotable de experiencias pasadas que
nos ha legado la historia, y si la conducta cívica del hombre ha de
ajustarse al conocimiento de esos fenómenos sociales y políticos está
claro que esta disciplina tiene una íntima relación con la historia.
Si bien es cierto que el cubano, por ejemplo, no debe comportarse en
nuestra República como lo hicieron los ciudadanos del Imperio Romano de
los Césares, o como se conducían los habitantes de las Ciudades -
Estados griegas, sino como lo demandan las exigencias del Estado
Contemporáneo, tenemos que reconocer una realidad: que los intereses
cívicos del ciudadano de la antigüedad y los del presente, tienen los
mismos principios e ideas de rectitud que deben presidir toda conducta
pública, acorde con los principios éticos de cada etapa de desarrollo
histórico de nuestra sociedad. Sin embargo, la historia no nos presenta
siempre de un modo independiente los matices cívicos, sino envueltos en
otras enseñanzas.
“Así podemos observar en los primeros maestros de moral, tanto en el
antiguo oriente (Mencio y Confucio), como en los albores de la filosofía
occidental (Pitágoras, Sócrates, Platón y Aristóteles), las ideas
civitatis de la vida ciudadana, esto es de la cívica, dentro de las
enseñanzas morales. El griego fue el hombre cívico por antonomasia.”
()
“En la Civitatis Mundi, de la literatura medieval, en los proyectos
utópicos de Moro y Campanella; y en los conceptos anticívicos de
Maquiavelo, obtenemos por contraste, la validez cívica de sus ideas.”
().
A partir de la Revolución Francesa, se presentó la necesidad de estudiar
hechos históricos estrechamente relacionados con la enseñanza de la
Educación Cívica, ya que el pasado tenía una importancia extraordinaria
en la formación de la conciencia nacional y esta asignatura, que
procuraba hacer del estudiante un miembro activo y útil de la comunidad,
debía tener en cuenta algunos de los episodios grandiosos y las épocas
de máxima creación de la historia.
En fin, la historia nacional tiene que colaborar con la Educación
Cívica, como explicación y como emoción, ya que nos descubre el sentir y
los valores de la sociedad en que vivimos y por ende nos fortifica la
esperanza y nuestra voluntad de superación con el ejemplo de nuestros
antecesores.
La Educación Cívica, se relaciona con la Economía Política porque
esta ciencia tiene por objeto el estudio de la producción, distribución,
cambio y consumo de los bienes materiales y al ciudadano le interesa
conocer los factores económicos que influyen en el desarrollo de la
comunidad de que forma parte.
Además, como toda organización social y política se apoya necesariamente
en los recursos económicos, en las riquezas obtenidas de la naturaleza,
mediante el ingente trabajo del hombre para satisfacer sus necesidades;
es evidente que uno de los deberes del ciudadano, sea encaminar sus
actividades hacia el mayor rendimiento de los bienes materiales, que no
sólo han de redundar en su beneficio personal, sino también en el de
toda la comunidad.
Se relaciona con la Sociología, porque esta ciencia estudia la
sociedad y el ciudadano ha vivido, vive y vivirá siempre formando parte
de un grupo social. Siendo la Educación Cívica una disciplina cuyo
aprendizaje es para la vida social, tenemos que deducir la estrecha
relación que existe entre las ciencias de la sociedad y ésta.
La sociedad es el sistema más amplio de acciones y reacciones entre las
personas. Ahora bien, esas acciones y reacciones deben ser ordenadas
responsablemente, encaminadas al progreso incesante del grupo, ya que de
otro modo, se produciría un caos y vendría el desquiciamiento de la
propia sociedad.
Para mantener una cohesión permanente entre los integrantes de la
sociedad es necesario conocer lo que cada uno debe hacer o no hacer;
cada ciudadano debe tener conciencia de sus derechos, deberes y
obligaciones para con la comunidad.
La Sociología aporta el conocimiento de problemas tales como los de
origen de la familia, de la propiedad, del Estado, de la institución
matrimonial, de las leyes de la herencia y de muchos otros, que tienen
íntima relación con el aprendizaje de la Educación Cívica.
El Derecho Político, estudia la organización fundamental del
Estado, las formas gubernativas y las relaciones de los hombres con los
órganos del gobierno. Hasta cierto punto, el Derecho Constitucional debe
ser considerado como una parte del Derecho Político.
La
Educación Cívica, recurre también a esas ramas del derecho, porque no
existe comunidad alguna sin una cierta organización política. En toda
comunidad hay una relación definida de jerarquías, de gobernantes a
gobernados, que es la esencia de toda estructura política. Influye tanto
sobre los grupos sociales y su forma de gobierno que es imposible ningún
estudio sociológico que ignore la forma general del Estado.
Por eso, es preciso establecer la distinción entre los estudios cívicos
y políticos y las relaciones que los une, para determinar el campo
propio de la Educación Cívica. Atendiendo a su origen, la palabra Cívica
proviene del latín Civitas (ciudad) y de ella se derivan Civis
(ciudadano) y Civicus (lo referente a la ciudad o al ciudadano, como
Civil, Civilización, etc.). Y hemos dicho antes que la Educación Cívica
tiene por objeto “la preparación de los miembros de la comunidad para el
ejercicio de la ciudadanía.”
La palabra Política proviene del griego Polis, (la ciudad), y se refería
a todas las cosas de la ciudad, y como en Grecia la ciudad fue a la vez
Estado (Ciudad – Estado), de aquí que la palabra política se ha referido
al Estado, a las cosas o cuestiones del Estado y el estudio de las
mismas se contenía en una disciplina, “ciencia y arte a la vez, que es
la política, o ciencia política”,
()
la que así comprende el estudio del Estado y el arte de buen gobierno.
El punto común de ambos estudios, como se puede apreciar, es el
ciudadano, que actúa y desenvuelve su actividad dentro de la comunidad,
dentro de la ciudad y dentro del Estado, en formas diversas.
De lo expuesto anteriormente, puede fácilmente inferirse la noción de
Educación Cívica que exige y demanda la formación ciudadana que necesita
un individuo para que sepa cumplir con los deberes y defender los
derechos que las leyes del país le garantizan y además las cualidades y
hábitos que debe reunir un buen ciudadano; porque la importancia de la
Educación Cívica no sólo se debe a que enseña al ciudadano la mejor
manera de ejercitar sus derechos y cumplir sus deberes, sino a que le
inculca la idea de que él es un ciudadano.
En este sentido comentando un trabajo de Kerschensteiner sobre la
Instrucción Cívica, queriendo definir, de modo claro, la noción de
formación ciudadana, procede por eliminación en la forma siguiente:
()
La Educación Cívica no es una educación técnica o económica, que tiende
a dar al alumno puntos de vista, habilidad manual o comprensión de los
problemas de la vida práctica, ya que esa educación de la vida práctica,
lo mismo puede perseguir un fin egoísta que altruista y por su esencia
misma es más individual que social.
La Educación Cívica no es la educación política: esta está siempre más o
menos conforme con los principios de un partido y por tanto se asemeja
un poco a la Instrucción Cívica. Para Kerschensteiner no es necesario
tener conocimientos políticos detallados, lo esencial es obrar como
verdadero ciudadano.
La Educación Cívica no es una educación social. Esta podría en un
sentido significar cultivo de la personalidad, puesto que cada valor
individual lo aprovecha la sociedad; podría ser una educación
cosmopolita o bien una educación conforme a las ideas, a los principios
o a la situación económica de determinadas clases sociales.
En fin, la Educación Cívica no es una educación profesional
especializada, como la que tiende a formar agricultores, mecánicos,
etc., ni una educación accesoria, como la del soldado. Es una parte de
la educación general que, como se dijo anteriormente, se dirige a la
formación del hombre como ciudadano.
Por tanto, queda demostrado que la Educación Cívica, es diferente de la
Instrucción Cívica, entendiendo por esta última el conocimiento de la
Constitución del país, sus autoridades, su organización, etc., ya que se
puede saber a fondo todas esas cosas y no ser un buen ciudadano. La
Educación Cívica es, por consiguiente, la formación en el ciudadano, de
cualidades de abnegación, de respeto para otros; es la educación del
carácter en un sentido altruista; por eso no pueden verse separadas,
sino formando parte de un todo.
El aporte de esta asignatura, como se dijo anteriormente, descansa en el
hecho de la formación moral y ciudadana del alumno, lo que en definitiva
producirá el ciudadano útil y beneficioso a la comunidad de que forma
parte, ya que le enseña sus derechos para que pueda ejercitarlos en toda
su amplitud y lo educa para que sepa protestar cuando sean lesionados y
para que sepa cómo y ante quién debe dirigir, en cada caso, su protesta.
Además lo prepara en el dominio de sus deberes para que cumpla con la
patria y con la sociedad en que vive y para que no incurra en
responsabilidades por la ignorancia de los mismos.
Como uno de los deberes más importantes del ciudadano es el de propender
al mejoramiento de las instituciones públicas, esta disciplina debe
mostrarle dichas instituciones tal y como son, con sus ventajas e
inconvenientes, para que pueda cooperar conscientemente, cuando sea
oportuno, a su perfeccionamiento, ya sea modificándolas, sustituyéndolas
o suprimiéndolas, si se han hecho inadecuadas o inconsistentes a la
dinámica y el desarrollo de la sociedad.
Debe mostrarle también al ciudadano cuáles son las principales
instituciones políticas internacionales, para que en vista de sus
ventajas y defectos, de sus resultados y de las condiciones del medio
social, pueda juzgar a conciencia, acerca de la conveniencia o
inconveniencia de su filiación o implantación en el país.
Es de notar cómo esas distintas actividades del individuo y del
ciudadano abarcan la realización de muy diversos actos, tendientes al
bienestar y mejoramiento de la colectividad, las cuales pueden ser de
orden económico, político, cultural, recreativo, religioso, etc.
De estas y otras variadas actividades, las políticas han constituido
siempre una actividad principal, ya que ellas han sido indispensables
para la formación de este tipo de conciencia para intervenir en las
funciones de gobierno, o trazar los rumbos que deben seguir la vida del
Estado y cómo se exterioriza el sentimiento patriótico, en la
reafirmación de la nacionalidad e independencia. La importancia de
dichas actividades provocó su atención desde remotos tiempos y su
estudio originó una ciencia, la ciencia política.
Pero dichas actividades políticas constituyen a su vez una fuente
importante de las actividades cívicas, o sea del ejercicio de la
ciudadanía, y por ello, son también recogidas por la Educación Cívica y
examinadas al respecto. Así al estudiarse la sociedad desde el punto de
vista político, tenemos que conocer su organización, su sistema de
gobierno, las relaciones entre los gobernantes y gobernados, las
actividades de los primeros y las necesidades de los segundos, y las
medidas de orden político que es necesario adoptar para que la comunidad
mejore y cumpla su función: la obtención del bienestar general.
La Educación Cívica, al recoger en su estudio las distintas actividades
del miembro de la comunidad, analiza también las de orden político, y
así vemos como participa de la política y se nutre de sus elementos.
Entre otros conceptos que merecen atención, por la importancia que
adquiere en nuestro tiempo y que conviene definir, es el de “Paz”, pues
educar para la paz se ha vuelto una necesidad contemporánea; por cuanto
la institucionalización de la violencia, la degradación y asimetría de
las relaciones humanas, la vulneración de los derechos humanos, la
crisis ecológica, los rebrotes de Xenofobia y racismo, la profundización
de los desequilibrios entre el Norte y el Sur del planeta, la propia
acción política de deseducación para la paz a la que estamos
asistiendo, contradiciendo – entre otras razones- el imperativo legal
de los organismos internacionales, etc., conforman un cuadro
suficientemente tenebroso como para invalidar cualquier posición de
indiferencia, rechazo, resignación o sumisión.
Por el contrario, los docentes que impartimos la Educación Cívica,
tenemos que hacer frente al reto de contribuir al tránsito de una
cultura de guerra, de violencia, a una cultura de paz. Es decir, esta
asignatura en la escuela, tiene, entre otras, la misión de recuperar la
paz, para que el conjunto de los ciudadanos puedan vivirla como un
concepto, una meta y un proceso activo, dinámico, creativo, con
repercusiones directas en nuestras vidas cotidianas.
Democratizar en definitiva este derecho fundamental, lo cual supone un
principio pedagógico en sí mismo, y demanda la necesidad de generar
acciones de educación para la paz en los distintos niveles de enseñanza.
El ejercicio de la ciudadanía requiere de ciertas condiciones cívicas,
que se adquieren mediante una preparación científica y práctica, las
cuales justifican la necesidad de la disciplina que hemos estado
abordando.
Esta disciplina, es decir, la Educación Cívica, como parte de la
preparación científica, expone todos los conocimientos que le den a
conocer al individuo, además de sus derechos y deberes, la organización
de la sociedad en que se desenvuelve y sus instituciones nacionales y
locales; así como la tradición histórica para la formación de su
conciencia patria y para con la humanidad, a fin de que conozcan las
obligaciones y responsabilidades que como ciudadano le unen a la
sociedad de que forman parte.
La parte práctica, debe contemplar las necesidades de la comunidad de
que forma parte, el conocimiento de sus problemas sociales y políticos y
las soluciones que podrían aportarse, haciendo que se despierte la
conciencia ciudadana en la realización de una forma amplia de
cooperación para la solución de esos problemas y de una íntima
solidaridad con el mantenimiento de la unidad nacional bajo el
sentimiento de la patria.
Por tanto, ratificamos que la finalidad de la enseñanza de la Educación
Cívica es preparar al individuo para que su conducta social y política
sea provechosa a la comunidad de que forma parte, pues el estudio de las
comunidades locales es de vital importancia para la enseñanza de esta
asignatura, ya que es precisamente en estas comunidades, donde nacen los
intereses cívicos.
Notas:
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