El lugar de desembarco de los Treinta y Tres Orientales

Crónica de Flavio A. García

Suplemento dominical del Diario El Día

Año XLII Nº 2173 (Montevideo, 13 de abril de 1975) .pdf

Inédito al 15 de abril de 2026 día del escaneo, para Letras Uruguay (conste)

foto contemporánea del obelisco - pirámide

ubicado en el lugar del desembarco de los "33", pionero en la monumentaria nacional.

El lugar histórico de desembarco de los Treinta y Tres Orientales el 19 de abril de 1825, en la costa playera del río Uruguay determinada en la margen izquierda de la desembocadura del arroyo Gutiérrez, comúnmente conocido por la Agraciada, ha sido sitio estratégico y de gravitación en múltiples circunstancias.

Su posición geográfica influyó para convertirlo en fácil pasaje, asiento y comunicación, a través de ambas márgenes del río epónimo. Su costa de blancas arenas de extensión kilométrica, enmarcada por montes y aves, flora y fauna regionales, fue frecuentada desde los más lejanos tiempos, por las parcialidades aborígenes primero, y luego, con mayor regularidad, fijación e intensidad, a partir del surgimiento de las incipientes economías lugareñas, en el periodo hispánico de la Banda Oriental.

La Graseada

Fue paraje leñatero y carbonero, de tala de los montes silvestres comarcanos y preparación de carbón comerciable para los escasos núcleos poblados de cercanas y lejanas vecindades, en sus comienzos.

Para pasar a ser utilizado con mayor provecho, por sus rinconadas y amplias playas, adecuadas para el rodeo y la matanza, que se convirtieron en corrales y canchas de matanza, corambre y grasería. Aparte desde luego de los barracones y depósitos que se levantaron para almacenar y comerciar cueros y grasas, fácilmente transportables, río Uruguay mediante.

Es muy posible que estas actividades hayan originado su actual denominación, deformada al correr de los años. El estudio documental y mapístico señala la aparición sucesiva a través del tiempo de los términos “Graceada”, “Graciada", “Graseada”, "Gracia” y "Agraciada”. Parece fácil admitir su corrupción y evolución a través del habla popular, que la transformó de “Graseada" en “Agraciada”[1].

Otra versión legendaria sugiere una variante más hermosa v espiritual. Procedería de una niña bautizada en el siglo XVIII por el padre Larrosa, con el nombre de “Agraciada”. O quizás de una hermosa y “agraciada” chinita de la zona[2].

Valor fundamental

El desembarco de los héroes de la Cruzada Libertadora, le dio por siempre connotación de lugar esencial en los anales históricos. Fue la cabecera de puente, el punto de partida de la organización promotora de la segunda emancipación nacional, que habría de concretarse en 1828.

En su especial escenario, el núcleo de los Treinta y Tres, luego del juramento del pabellón que estrenaba (con los mismos colores de la época artiguista, en variante de distribución y con el lema de “Libertad o Muerte”) inició su planificada campaña, luego de recibir las caballadas de Gómez, aportadas por el baqueano Cheveste y los Ruices. En procura de los objetivos prefijados y en alcance y enlace con los “apalabrados”, que de inmediato habrían de promover la adhesión total del pueblo del interior de la Provincia Oriental.

Allí recibieron el primer aporte material y humano de efectos y adherentes Manuel y Laureano Ruiz, José María Padin, Cipriano Saavedra, Manuel Mesa, Florentino Díaz, Feliciano Fuentes, Rafael Uruarte, Mariano Rodríguez, Manuel Rivera, Juan Medina, y el pardo Camacho (peón de la estancia de los Gómez) que estuvieron entre los primeros en brindarle su asistencia y aliento, al lado de los boteros y otros colaboradores menores de su empresa.

La acción de cada uno de los demás pagos del País, integrada y orientada por Lavalleja y los suyos, y a partir del 29 de abril, de Rivera y los suyos logró en el curso del año 1825 el amplio triunfo de sus esfuerzos exclusivamente orientales. En tanto que las coyunturas sobrevinientes en los tres años subsiguientes, determinarían la proyección de esa victoria de los cruzados, en la obtención de la independencia definitiva, y la conversión de su Provincia en un Estado libre e independiente.

Menudearon loas, himnos, cánticos, y proyectos monumentales en su homenaje. Desde la “Canción llamada de los Treinta y Tres”, producto de la inspiración de Acuña de Figueroa, a los versos dramáticos de Villademoros en su comedia “Los Treinta y Tres” en que el mismo episodio y escenario es la motivación, en poemática no emancipada al compás de la independencia política. A la par de humildes intentos plásticos aun alejados de una verdadera creatividad nacional[3].   

La fijación del lugar

Antes de llegar a la precisión geográfica con que se ha iniciado esta nota, fue preciso aclarar un equivoco original. Desde los mismos días de abril de 1825, se acostumbró a hablar de la Agraciada y del Arenal Grande, por parte de los mismos protagonistas, menciones que, en buena parte, están fijadas en su correspondencia espontánea. Ambas menciones corresponden a trechos de la vasta playa, ubicados más al Norte que el lugar del desembarco.

Desde que el diputado por Soriano, Tomás Diago y el cura párroco Lázaro Gadea, lanzaron la idea de levantar un sencillo mojón de ladrillo y cal en forma de obelisco, en el sitio del desembarco. El proyecto encomendaba al entonces Teniente Coronel Tomás Gómez, fijar el lugar exacto, por cuanto se consideraba que era uno de los pocos que podían decir “aquí fue”; a la vez que le designaba para dar los primeros golpes a la tierra, al abrirse para el emplazamiento. Decía Diago en tal ocasión que, según manifestaciones de Gómez, el desembarco se había efectuado muy cerca del arroyo Gutiérrez y abundaba en la explicación de la confusión general al respecto[4].

El monumento

En 1862, el poderoso hacendado vasco, propietario de la estancia cercana "Casablanca”, recogió con diligencia aquella iniciativa, con el mismo empuje y vehemencia de otras futuras iniciativas suyas (Asociación Rural, Diario Rural, Banco Rural, Código Rural, etc.). Con su amigo el boticario Artagaveytia, precisaron y amojonaron el lugar. Al año siguiente, en forma solemne, de acuerdo a los términos de la ley aprobada el 17 de abril de 1863, dos días más tarde, levantaron un acta en presencia del ahora Coronel Gómez, los hermanos Ruiz y principales vecinos del departamento.[5].

La ley (suscrita por Pedro Fuentes y Lindoro Forteza —legisladores— y por Berro y Silvestre Sierra, por el Ejecutivo) mandaba al Ejecutivo levantar “una columna de mármol coronada con la estatua de la libertad en el punto en donde desembarcaron los Treinta y Tres libertadores el 19 de abril de 1825'’ En ella se habrían de inscribir sus nombres, con expresión de grados militares, etc. El Art. 3º determinaba: “De la solemne colocación de la piedra fundamental de este monumento, se levantará la correspondiente acta, que original se depositará en la Biblioteca Pública.

“Aquí desembarcaron los Treinta y Tres patriotas

El monumento consistió en una sencilla pirámide el 19 de abril de 1825.”

“Por iniciativa y expensas de Don Domingo Ordeñaría se levantó esta pirámide en 1862 y la regaló a la Nación el 19 de abril de 1864.”

Veinte años más tarde, la preocupación oficial se centró en acentuar las características de monumento público, de carácter nacional, y dispuso la construcción de la verja que actualmente lo circunda.

Al cumplirse el centenario de su erección, el suscrito tuvo oportunidad de visitarlo en misión cultural, con un equipo de estudiantes y profesores de todos los Departamentos. En aquella imponente y sagrada soledad, ante el pie de la pirámide, en su plataforma, se efectuó la evocación y el homenaje que correspondía a loa libertadores y se destacó la característica pionera de la pirámide en la monumentaria nacional.

Símbolos populares

En continuidad creativa, llegó la hora de la emancipación cultural de nuestra poemática y nuestra pictórica. La inspiración poética de Juan Zorrilla de San Martín, sumada a la de sus predecesores, alentó con “Notas de un himno” y "Patria mía" (1875) a su vez la de Juan Manuel Blanes. Este (tras sugerencia de Juan Ramón Gómez) se dispuso a evocar el Juramento de 1825. Realizó intensos estudios al efecto, e incluso se constituyó, en compañía de su hijo Juan Luís, Ordoñana y otros amigos, el 19 de abril de 1875 (en su preciso cincuentenario), en el paraje que habría de contribuir a inmortalizar, tomando croquis y esquicios, así como figuras de personajes locales. En febrero de 1878 expuso el imponente cuadro definitivo del “Juramento de los Treinta y Tres” en su taller de la calle Soriano, con la aprobación y felicitación generales. A la par, en actitud desinteresada y patriótica, lo donó al Estado.

A su vez, al erigirse el monumento a la Independencia Nacional en la ciudad de Florida y resultar vencedor en el certamen poético alusivo, el 25 de agosto de 1879, con la misma felicidad, Juan Zorrilla de San Martín, lanzó a la inmortalidad su inolvidable “Leyenda Patria” con igual éxito que su colega pintor (6).

Desde el momento de su aparición, “El juramento de los Treinta y Tres” y la “Leyenda Patria”, se han convertido, por decisión inapelable de nuestro pueblo, en verdaderos símbolos nacionales de aquel acontecimiento impar de nuestros anales.

Donación del solar histórico

La historia dominial del solar del desembarco comienza con su compra en pública subasta en la ciudad de Buenos Aires, para Manuel Gardeazábal, cuya escritura fue otorgada en 1795 por el Virrey Melo de Portugal y Villena. Su extensión era de legua y media de frente, por una y tres cuartos de fondo, y la adjudicación fue por la suma de $ 464 y cinco reales.

Hacia 1888 había pasado a propiedad de don Ángel Cabañas, hijo de una hermana de los Ruiz (que habían facilitado la caballada a Lavalleja). Estaba ya en la edad de setenta y cinco años y era padre de doce hijos. Don Ángel, en desprendimiento ejemplar efectuó la donación de su histórica propiedad, de valor simbólico inapreciable, al Estado.

Con anterioridad se le había ofrecido comprarla y solicitado el precio de rigor, a lo que respondió: “'Yo señor, soy oriental, descendiente de aquellos Ruiz cooperadores en la inmortal jornada; soy legítimo poseedor de esta tierra sagrada que he conservado, muy lejos siempre de mi mente todo sacrílego utilitario pensamiento, para esperar el día en que la Nación por medio de un gobierno que hubiera sido elevado al poder con el apoyo de la opinión pública, me la demandara en nombre de la patria, para honrar en lo venidero la memoria de los héroes que por ella todo lo sacrificaron.”

Y aquellas queridas arenas amadas de ceibos y sarandíes, pasaron al acervo patrio, bajo la custodia de don Ángel Cabañas, hasta su muerte.

Notas:

[1] Leonardo DANIERI "La Graseada", en REVISTA HISTÓRICA Nº XII, Montevideo. 1924. Págs. 689-696.

[2] F. A BERRA no tuvo ocasión de examinar la documentación y cartografía estudiada por Danieri, así como la que aquí se agrega. Por tal, no admitió la versión de la "Graseada", que objetó en "Bosquejo Histórico de la República Orientar, 4ª edición, Montevideo, 1895, págs. 523-526, y prefirió a versión “Agraciada".                        

[3]  La "Canción", que en su primera estrofa se refiere a los “33”, es en realidad uno de los primeros ensayos de la letra definitiva de nuestro Himno Nacional, con el cual guarda estrecha analogía.

Carlos Villademoros preparó su comedla dramática "Los Treinta y Tres" en 1832, para su representación el 18 de julio por parte de un cuadro de aficionados. Mas no pudo verificarse en razón de la revolución lavallejista de la época.

[4] Dr. Edelmiro CHELLE — Noticia recogida de su obra inédita “Soriano en la Historia". 1955.  

[5] Amplia Información recogida por Eduardo de SALTERAIN HERRERA en "Blanes. El hombre, la obra y la época". Montevideo, 1950. Capítulo dedicado al estudio de la preparación del cuadro de los "33".

En "El Siglo” de fecha 25 de febrero de 1876 se lee una carta de respuesta a afirmaciones de Ordoñana, en la cual su autor José Gordón confirma el sitio de desembarco en la cañada de Gutiérrez, margen izquierda, al Norte de Punta Chaparro; fue en el campo de los Ruiz, en la pequeña quinta ocupada entonces por Calixto Vargas. Agrega que su hermano Isidro Gordon se había puesto de acuerdo con algunos de los personajes que figuraron en tan patriótica empresa, para proporcionarles los elementos de movilidad. El coronel portugués Farías al mando de esa sección, puso preso a Isidro, para forzarle a confesar lo que sabía. Tomás Gómez y Carlos Rodríguez (dependientes de Isidro), escaparon para Buenos Aires y no pudendo encontrar a los Ruiz quemaron su establecimiento de campo en esa vecindad".

[6] En el monumento a la Independencia inaugurado en la Florida en 1879, se grabaron los nombres de los "33".

 

Crónica de Flavio A. García

Suplemento dominical del Diario El Día

Año XLII Nº 2173 (Montevideo, 13 de abril de 1975) .pdf

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

 

Ver, además:                    

 

                     La Cruzada de los 33 Orientales - La gran jornada, por Luís Arcos Ferrand (Uruguay)

 

                     Extracto del prólogo a "La Cruzada de los 33 Orientales" por Elisa Silva Cazet (Uruguay)

 

                         Cuadro de los antecedentes de la Convención preliminar de paz de 1828  - La Cruzada de los Treinta y Tres Orientales

                     El génesis de la cruzada, por Eduardo Acevedo (Uruguay)

 

                         Lavalleja - Discurso pronunciado en la plaza de la ciudad de Minas, el 12 de octubre de 1902,

                               al inaugurarse la estatua ecuestre  del del  General Juan Antonio Lavalleja, Jefe de los Treinta y Tres, por Juan Zorrilla

                    de San Martín (Uruguay)

                         Lavalleja el Oriental vencedor de la Batalla de Sarandí, por Luís A. Martínez Menditeguy (Uruguay)

                         Manuel Oribe, por Luís A. Martínez Menditeguy (Uruguay)

 

                     El retrato del Sargento Gómez de los "33 Orientales" por J. M. Fernández Saldaña  (Uruguay)

 

                         La bandera de Los Treinta y Tres  poema de Calisto el Ñato (Alcides de María) 


                     Flavio A. García en Letras Uruguay

 

Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce   

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