Rodín

A 50 años de su muerte

por Eduardo Vernazza

Suplemento Huecograbado del diario "El Día" - Montevideo noviembre de 1967

En el mes de noviembre de 1917 moría Augusto Rodín, el gran escultor francés. “Augusto Rodín, ei artista que ha legado a Francia colecciones valuadas en varios millones, y una obra de incalculable valor intelectual, murió de frío en su morada, en la que sólo dos habitaciones pequeñas estaban provistas de calefacción insuficiente...”

Así se repite la historia del artista que es reconocido después de su muerte, en la totalidad de su valer. Aun cuando en vida, Rodín llegó a saber que llegaría al pináculo de la gloria, ésta no se hizo carne en los hombres, hasta que el tiempo supo manejar los hilos sensibles que disiparon rivalidades e incomprensiones.

Fue Augusto Rodín, el más grande de los escultores modernos. Entre Fidias y Miguel Angel, supo hallar le ubicación que le elevara en esa trilogía en que se basa la gran escultura, que toca las cumbres del genio.

El pensador (en francés Le Penseur)

Esta incomprensión valió aquella célebre frase suya: “Nadie puede hacer bien a los hombres impunemente”. Así comenzó su carrera el escultor. Llenó el ambiente en que desarrollaba su trabajo, de inquina y calumnias, que llegaron al escándalo.

Se abre paso con la majestuosa visión de su potente genio. Sus obras comienzan a imponerse y a ser respetadas por su propio valor; por el convencimiento con que poco a poco inculcan en el pueblo la consagración venidera, de uno de los grandes del Arte Universal, Rodín fue el que comenzó a vibrar las superficies y a dar esa aparente realidad superada por el arte. Aquellos grandes como Fidias y Miguel Angel, se hallaban ya en la cumbre. Como todo, había que realizar algo nuevo, algo propio, qué abarcara la vida misma de¡ siglo.

Rodín fue ese artista, ese hombre. El modelado mantenía la tersura de la superficie, y si los golpes de martillo de Miguel Ángel supieron dejar en sus obras inconclusas (Esclavo) el patrimonio del boceto, que conformaría más adelante una concepción moderna, Rodín fue ai fondo total; a la representación misma de la vida, fundida en sus aspectos sensuales y espirituales, bullendo en la rugosidad de una verdad tremendamente exacta. Una verdad que escapa al tiempo. Nadie podía creer entonces en ese pájaro nocturno con que modeló la figura imponente de Balzac, envuelta en su bata de noche.

No era el monumento o la estatua trillada. La que mejoraba y simpatizaba ai personaje con las gentes. Era casi el monstruo sagrado, que había escrito ‘La Comedia Humana” con todas las lacras. Era aquel fantasma cafetómano, que invertía el día por la noche, y escapaba a la vida para vivirla novelescamente.

Rodín así lo realizó. Con las cuencas de ios ojos profundamente hundidos. Observando la vida interior “de adentro hacia afuera”, como él decía.

La “Edad de Bronce” fue !a perfección. Confundida con un calco humano le costó una de las polémicas más grandes que recuerda la Historia del Arte, Cada obra que salía de sus manos levantaba el gruñido de los Académicos y la asombrada incomprensión de los profanos.

Sus maravillosas conversaciones con Rílke, le muestran un hombre hondamente preocupado por descifrar el enigma de la vida. Al mismo tiempo, casi feliz de vivirla y de interpretarla. Cuando visitamos el Museo Rodín en París (1949), pudimos apreciar basta qué punto la grandeza de este genio esparcía la humanidad de sus criaturas.

Como en la Comedia Humana, estaban allí, en sus severos movimientos o en la actitud retorcida serena, un mundo de estatuas. Era un templo que acogía la vida creada por un dios del arte. Las salas y galerías, los jardines, se poblaban de silencio. De ese decir, plasmado como un juicio eterno a los hombres,

Rodín fue el escultor que penetró la psicología humana. El que se adentró en la misma miseria de la carne, y el que alentó la riqueza fresca de la juventud desnuda. Sus cuarenta modelos que caminaban constantemente por sus estudios, hasta que el grito del artista los suspendía en el movimiento adecuado, sabían que el escultor comprendía la espontaneidad; la virtud del movimiento, sus secretos. Las poses no podían ser académicas, estudiadas con la anticipación que da un preparado artificio del cual Rodín siempre escapó.

En los jardines, “Los Burgueses de Calais" iniciaban esa marcha de la desesperación que Rodín supo expresar en sus rostros, y en toda la seca desnudez de la pobreza con que los vistió. Las manos agarrotadas, quieren desprenderse de un dolor que las máscaras hondas de sus rostros conservan como la última dignidad. La expresión humana es la grandeza de su obra. Mientras el impresionismo ya aparecía con la verdad de la naturaleza, Rodín hace lo propio con la escultura, en la cual el italiano Medardo Rosso hará en chico, algo que lindará con la técnica y teoría de Rodín. Era una nueva versión del mundo, que unía como siempre al Arte. La música se expresaba por Debussy, con esas sorprendentes notas naturalistas, y la coloración luminosa del atardecer describiéndola en sus horas, como lo haría Monet en sus “catedrales” o en sus “ninfas”.

Pero Rodín abarcó el Universo. No fue un impresionista en la acepción de la palabra. Fue un grandioso artista al que no se pudo superar, cuando la evolución de otros conceptos imprimieron nueva vida a la escultura. Es así que quedan los grandes. Entre ellos está Rodín inamovible. Ninguna nueva teoría pudo derrocarlo. Y si la escultura cambió totalmente después de él, porque se inspiró en la libertad que él mismo preconizara, lo que se creó luego hasta nuestros días, no llega a mover la base de esa gran potencia.

Tuvo la escultura, cuando Rodín terminara sus días que elegir otros caminos y tomar otras vías de conducción. Bourdelle, que si no discípulo, fue gran admirador del genio, comenzó por estructurar y despejar las superficies por un concepto más neto y férreo. Menos libre quizás, y más entero en su disciplina,

Los burgueses de Calais (en francés Les Bourgeois de Calais)

El beso escultura de Auguste Rodin

El fuego, el impulso interior, las manos que de un trozo de arcilla modelaban con una prontitud increíble la inspiración del artista, la voluntad genial que concentraban todas las fuerzas del hombre para volcarlas en la obra, la vida misma escondida en sus ojos y en una pánica sensualidad, sirvieron como herramientas dotadas para la creación.

"Sí el artista consigue con exactitud las diversas líneas que constituyen una fisonomía, pero sin relacionarlas con la expresión del carácter profundo del modelo, entonces es evidente que no merece ningún género de admiración”.

Y agregaba: “Las mujeres griegas eran hermosas pero su belleza residía ante todo, en el pensamiento de los escultores que las representaban en sus obras”.

Estos y muchos otros conceptos, tenían en Rodín al creador puro, al detector del misterio de la naturaleza en su más profunda visión subjetiva.

Como Velázquez realiza una obra maestra con sus “enanos”, Rodín lo hace con ese “Desnudo de mujer vieja”, del que saca la más tremenda verdad del tiempo, con la más sublime potestad del arte. La belleza no es la de su “Oración”, en la que el cuerpo busca la perfecta armonía de sus líneas, sino la punzante riqueza, que vibra en la horrorizada actitud de un despojo que se sorprende a sí mismo.

Las enlazadas figuras del “Beso”, del "Cristo y la Magdalena”, marcan, con un fuego de mármol blanco, la intensidad de dos pasiones; el amor y la religión, la desnudez de un sentimiento de la vida, y el arrepentimiento y el perdón de un sentido casi de muerte. El mundo real y el más allá; los dos, con la culminación de la carne y el espíritu.

En las enormes piezas y galerías en donde debió trabajar; en los bellos jardines en los cuales meditó Rodín, su obra fue labrada, pensada y vivida. Allí está en el silencio de un mundo creado en el cual no es necesario más que el silencio para apreciarlo y sentirlo. Con la forma y las actitudes de los seres de esta tierra, posee el misterio de algo superior: lo eterno.

(Citas: “El Arte" de Rodín. Traducción y noticia liminar José de España)

 Ver, además:

La lección de Rodin, por Eduardo Vernazza - Diario El Día (Montevideo) enero de 1962 c/videos

Auguste Rodin Documental

11 ene 2013
 

por Eduardo Vernazza

(Especial para EL DIA)
Suplemento Huecograbado del diario "El Día" - Montevideo noviembre de 1967
 

Ver el blog

Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

Ver Dennis David Doty en Letras Uruguay

 

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