La filosofía en su historia y mediaciones 

3. Sócrates y su programa filosófico
© 2008 Dra. Rita María Buch Sánchez 
Dr. Rigoberto Pupo Pupo

La problemática ético-político-antropológica.

 

Con Demócrito, quedaría definitivamente resuelta la polémica Heráclito – Parménides de la manera más consecuente posible, en el marco del pensamiento cosmológico de los naturalistas, al tiempo  que dicha problemática dejará paso a nuevos problemas condicionados por importantes cambios histórico-sociales,  que determinarán la nueva orientación del filosofar y la preeminencia de una nueva problemática ético-político-antropológica, a la cual responderán los Sofistas y Sócrates, en el marco del siglo V a.n.e. y sobre todo, bajo el gobierno democrático-esclavista de Pericles en Atenas.

 

Cierto es que la Sofística no constituyó una escuela o corriente de carácter estrictamente filosófico, sino más bien se manifestó como un movimiento de carácter educativo, cultural e ideológico, vinculado al florecimiento de la democracia-esclavista en Atenas y otras ciudades-estados, cuya función social de primer orden, estaría determinada por la necesidad de ajustar al ciudadano a las nuevas normas y valores que desde un punto de vista ético y político, debían ser defendidas para consolidar los ideales de esa naciente democracia, en el marco de la sociedad esclavista griega.

 

Uno de sus más genuinos exponentes, Protágoras de Abdera  (480-410 a.n.e.) expresaría esta nueva orientación del filosofar, en su conocida máxima: “El hombre es la medida de todas las cosas...”, destacando el papel político activo del ciudadano en la polis y ubicando al hombre como centro de los problemas a debatir, lo que determinará que en lo adelante,  los temas en torno al cosmos y su devenir,  pasaran a ocupar un lugar secundario.

 

Estos sofistas o  "maestros de sabiduría" se plantearon el problema de la virtud y la posibilidad teórica de enseñarla, de acuerdo a los nuevos postulados democráticos, si bien es cierto que sus intereses eran más prácticos que teóricos. En el caso de Protágoras,  la enseñanza de las artes de la oratoria, principalmente la Retórica (arte de convencer) y la Erística (arte de refutar)  por una parte, y la reducción del conocimiento a doxa o conocimiento sensorial por otra, lo llevarían a extraer conclusiones filosóficas que apuntaban a un criterio práctico-utilitario de la verdad y a una  comprensión  relativista y subjetivista del conocimiento.

 

En franca oposición a las concepciones de los sofistas, sobre todo en cuanto al problema del conocimiento y el problema de la virtud, se destaca la personalidad de Sócrates de Atenas (470-399 a.n.e.), en el contexto de la  problemática ético-político-antropológica, figura que marcará nuevas pautas en el quehacer filosófico de la antigüedad y se caracterizará por la defensa de las normas y valores de la aristocracia esclavista ateniense.

 

El hombre es, para Sócrates, efectivamente,  el punto de partida de la investigación filosófica, pero la virtud, en tanto ciencia, no puede ser enseñada ni aprendida. Antes bien, se nace con ella.

 

Sólo la introspección del alma consigo misma, puede conducirnos a la comprensión de la verdad. La máxima socrática: "Conócete a tí mismo", de inspiración religiosa,  expresa la “ironía” o auto-reconocimiento de la ignorancia (“sólo se que no se nada”), como fase preliminar, necesaria y preparatoria del método que, adecuadamente aplicado por el maestro, conducirá al discípulo, del desconocimiento o falso conocimiento, hasta el  descubrimiento doloroso de los conceptos que se logran definir mediante la inducción, por medio de la  Mayéutica, concebida por Sócrates, como el arte de hacer parir ideas al alma humana.

 

En tal sentido, la función del “maestro” no es la de transmitir conocimiento, sino aplicar un método adecuado para lograr que desde el interior del alma del discípulo, broten o afloren las definiciones que expresen el contenido de los conceptos o valores absolutos, los cuales de manera innata reposan en el interior del alma humana y, el maestro, mediante el diálogo inteligente, logra extraer.

 

Esta orientación eminentemente ética del pensamiento socrático, tras la muerte del “maestro”, sería continuada y defendida, tanto por su discípulo mayor (Platón), como por las llamadas escuelas socráticas menores (cirenaica, cínica y megárica).

 

La influencia de Sócrates en la filosofía posterior fue inmensa y ha generado en la historia de la filosofía, las más vivas y sugestivas polémicas.

 

Werner Jaeger, destacado especialista en la cultura griega, ofrece su apreciación de la manera siguiente:

 

“Sócrates es una de esas figuras imperecederas de la historia que se han convertido en símbolos (…) Sócrates se convierte en guía de toda la Ilustración y la filosofía modernas: en el apóstol de la libertad moral, sustraído a todo dogma y a toda tradición, sin más gobierno que el de su propia persona y obediente sólo a los dictados de la voz interior de su conciencia; es el evangelista de la nueva religión terrenal y de un concepto de la bienaventuranza asequible en esta vida por obra de la fuerza interior del hombre y no basada en la gracia, sino en la tendencia incesante hacia el perfeccionamiento de nuestro propio ser“.[2] “Sócrates es el fenómeno pedagógico más formidable en la historia del Occidente”.[3]

 

Por su parte, el historiador de la filosofía Rodolfo Mondolfo, al referirse a la influencia histórica y la perennidad de Sócrates, en su excelente monografía dedicada a esta figura, señalaba:

 

“Aún entre los grandes filósofos que confiaron a celebradas obras escritas la transmisión de su pensamiento a la posteridad, hay muy pocos cuya influencia histórica haya superado o igualado la de Sócrates, que no dejó nada escrito (...)”.

“La expansión de la influencia de Sócrates empieza durante su vida, pero se intensifica después de su muerte. Toda la filosofía griega posterior está dominada por su influjo (…)”.

“Cierto es que las escuelas socráticas se orientan en direcciones distintas y en parte opuestas, pero todas proceden de la concepción socrática de la filosofía como camino de vida y de su preocupación, tanto por el ideal del sabio – ideal concretado en la autoconciencia y en el autodominio espiritual – como por un conocimiento de la verdad vinculado al ejercicio de la virtud y del bien.”[4]  

 

Referencias:

 

[1] El texto que aparece a continuación ha sido extraído íntegramente del libro Introducción a la filosofía antigua, de la Dra. Rita M. Buch Sánchez. (Ed. Cit.)

[2] Jaeger, Werner – PAIDEIA. Los ideales de la cultura griega.  Tomo I. Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 1971, p. 389.

[3] Jaeger, Werner – PAIDEIA. Los ideales de la cultura griega.  Tomo I. Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 1971, p. 389.

[4] Mondolfo, Rodolfo – Sócrates . Editorial Universitaria de Buenos Aires, s/f. p. 54.  

Rigoberto Pupo Pupo ©2008 Rita M. Buch Sánchez
La filosofía en su historia y mediaciones

Instituto de Educación Superior “José Martí” de Monterrey.
Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.
Todos los derechos reservados Editorial Sintaxis
ISBN: 1405-308XCU
Gentileza, para Letras-Uruguay, del Dr. Rigoberto Pupo Pupo

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