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¿Qué pasó con
Cristina Carneiro?
La reaparición de la poeta Cristina Carneiro, hoy fallecida, con su libro “Para simplificar” mostró una vida próxima a la de Rimbaud. Ambos publican poemas, con éxito, muy jóvenes: Rimbaud da a conocer su “Bateau ivre” a los 17 años y Cristina Carneiro su “Zafarrancho solo” a los 18 años, premio de la 7a. Feria de Libros y grabados de 1967, reeditado en 1969 y 2010; entre tanto había publicado, en 1976, “Libro de imprecaciones”. Ambos, Carneiro y Rimbaud, desdeñaron o dijeron desdeñar la poesía; según la contratapa de “Para simplificar”, escrita por la autora, parte de este libro son “caídas esporádicas en la poesía, de todas...las cuales se recuperó”…. Dado que no tenía mucho para decir y lo que tenía era de poca monta” y (desde que se emplea como traductora en Amnesty International en Londres) “está dejando de escribir”. Rimbaud abandona la poesía y se radica en Harrar como comerciante en armas.
Dice además Carneiro que “le pareció mejor tratar de ser útil en este mundo de otras maneras más tangibles”, su trabajo en “Amnesty Internattional”. En otras palabras, desempleada en Montevideo, Cristina Carneiro fue contratada como traductora por “Amnesty International” por lo que deja Montevideo y pasa a vivir, en Londres y hasta su muerte, una vida ancha y nueva: un sueldo de entre U$D 3,800.oo y U$D 5,000,oo mensuales, que paga “Amnesty International” a sus traductores.
En su primera juventud, Cristina Carneiro se vinculó al “Grupo Uno” de teatro, fundado a comienzos de los años 60 por Alberto Restuccia, Luis Cerminara, Graciela Figueroa y Jorge Freccero, grupo que el próximo 19 de marzo de 2026 será homenajeado por la Intendencia Municipal de Montevideo con una placa recordatoria. Se atribuyó a este grupo la introducción en nuestro medio de “la vanguardia europea” del teatro, vanguardia que incluyó escritores tan divergentes como Ionesco, Beckett y Pinter; acorde con el significado marcial de vanguardia, el “Grupo Uno” adoptó una actitud despectiva hacia todo lo ajeno. Pese a los ruidos iniciales el “Grupo Uno” se deshizo: Luis Cerminara, para mantenerse en el teatro “se integró a “El Galpón” y prácticamente murió en escena mientras representaba “Luces de bohemia”, de Valle Inclán, a fines de 1999; Restuccia llegó a la vejez vestido de mujer, invención que llamó “Betty Farías”, y vivió de payasadas en cafés nocturnos y una pensión graciable.
Aquel desdén por la poesía contrasta con el primor con que la autora editó su última obra poética, “Para simplificar”. El libro fue realizado por dos tipografías de categoría artística, las de Sebastián Salazar y Martín Sommaruga. Tal vez el libro aspiraba a trasmitir un mensaje de singularidad: la tapa y la contratapa lucen un color carmesí intenso, las hojas interiores son de un papel grueso, casi una cartulina, de color rojo vivo; al principio y al fin hay una página rosada. El texto está escrito con letras blancas, salvo el título y la contratapa, que están en negro. Curiosamente, las letras “a” del nombre de la autora, tal vez desfallecientes, han perdido la vertical para acostarse.
Es probable que este despliegue tipográfico de Carneiro hubo de apoyar un desembarco sensacional, como lo fue su primer libro de poemas “Zafarrancho solo” en 1967; pero, editado “Para simplificar” en junio de 2019, pocos meses después, en octubre del mismo año, le llegó la muerte.
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Desde el título y la cita de Proust que está en la página siguiente, este libro trata de la muerte; pero no sobre la muerte como tema general, sino sobre la muerte individual de la autora. Si “Para simplificar” llamamos a algo “muerte”, en este libro “Para simplificar” significa muerte; y el texto parece apresurarse a confirmar esta conjetura desde el primer poema, “Agenda para hoy y mañana”. Su tema es un proyecto de suicidio. La poeta se ve ahorcada, en la posición de un cómico títere que ha perdido al manipulador.
El segundo poema del libro, “Escoria”, con sus escupitajos, sus “avisos” del cuerpo sus primeros tartajeos, sus toses, bramidos y expectoraciones alude a una enfermedad pulmonar que la autora padece y de la que habla en “Marina”. “No respiro bien, debe ser el cigarrillo / tantos años de doctores que no encuentran los males/ y ordenan que uno deje de fumar” “y la tos seca en un cuarto”. El libro parece del género confesional, con los sinsabores de una enfermedad que se percibe peligrosa. Pero también habla “de los doctores del alma que (dicen que) si no hacemos el trabajo de duelo /los muertos nos visitarán”. Sin duda Carneiro estuvo en tratamiento de psicoterapia por ansiedad, lo que confirma en el último poema, “Hace mucho, mucho tiempo”: “Lo peor es el largo, largo día/ si no me creen, pregúntenle a Stella Olivera” .
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Hipersensible, poco comunicativa, Cristina Carneiro padeció, causado por dos personas y quizás por tres un deslumbramiento súbito y avasallante. Sus luminarias fueron Luis Cerminara, Fidel Castro y el Che Guevara,
El poema dedicado a Cerminara es “El finadito”. Comienza aludiendo a un poema de “Libro de imprecaciones”, “Ecología del rinoceronte” “Así pues, Luis Cerminara, tú no tienes por qué avergonzarte”. Luego de una belicosa declaración sobre “nosotros que caminamos contra el viento de Montevideo”, aparece una mención a Alberto Restuccia, amante de toda la vida de Cerminara, al que llama, con una punta de celos, “gordo escabroso al que tanto amaste”. Cerminara trató “corderitas a las que hiciste llorar (eh?bebe?) (haciendo llorar a las niñas?)” y en el caso particular de Carneiro hubo un gesto sentimental: “Oh dedos largos que posaste una tarde sobre mi cabeza” y, hacia el final “Que posaras otra vez tu mano en mi cabeza como aquella tardeen el Palacio Salvo”. Aún cabe conjeturar si Luis Cerminara es “Frankenstein”: “yo que fui la novia de Frankenstein --- cada día apesto más a esposa de Cristo” (“Los perros del destierro”).
El segundo deslumbramiento es con el Che Guevara, en el poema dirigido a Fidel Castro que se titula “Preguntas al único que sabe”. Al comienzo lo único claro es la alusión al Che Guevara, “aquel niño romántico de la bella osamenta que terminó escrachado entre higueritas --- “(aquel duro del Sur”); pero “aquel abogado gallego” que llega a Cuba a bordo del “Gramma” es Fidel Castro, que no era gallego pero sí su padre, nacido en Lugo.
Al llegar a Fidel Castro el tono de Carneiro va de coloquial a confianzudo. Le dice “caballo”, nombre popular de Fidel, como una cubana más, unas once veces (una en inglés, “horse”) hay varias menciones a quién merece eel nombre de “azuquita”, que en el habla coloquial cubana es una persona dulce y amable que dado la luna a los cubanos y merece un sumiso final: “Gracias por todo”. Es puro divagar, porque no hubo ningún contacto.
Un tanto diario íntimo, otro tanto confesión, “Para simplificar”, llevado por sus temas, deriva a un cotilleo de entrecasa con algo de cháchara de conventillo; pero a pesar de la indulgencia de la autora, que ríe de sus chistes y se horroriza con sus fantasmas, “Para simplificar” es un libro de poemas y como tal debe ser examinado.
El ritmo arrollador de algunos de sus poemas dio a “Zafarrancho solo” tenía un aura de gozosa juventud. Sonreímos ante la descripción de los miedos,materia temible, pero si “tengo un miedo sanbernardo a los disfraces” Y “tengo un miedo mermelada a los responsos”, nos tranquilizan sus desaforadas imágenes, pero el poeta nada dice y solo juega sin límite con sus cadencias de exorcista que llaman “pancho” a Dios y sabe inventar un drama a una gallina llamada Carlota.
“Libro de imprecaciones” de 1975 es un giro radical en la poesía de Cristina Carneiro. Ya no oímos música; ya no están los dáctilos y anapestos que daban ritmo y color a “Zafarrancho solo”.
Salvador Puig, a quien está dedicado el “Libro de imprecaciones” había publicado en 1963 “La luz entre nosotros”; pese a una recepción crítica muy elogiosa (Alicia Migdal Elvio Gandolfo, William Johnston) no encontramos en los versos de Salvador Puig sino un discurso majestuoso, libre de los caireles de la rima, del cilicio del metro, de los ritmos desbocados, de las ociosas metáforas e imágenes y el yugo del sentido: allí la poesía se encoge a ruidos verbales y ya no significa nada.
La grata humildad de “Zafarrancho solo”, además, cede ante una desaforada pedantería, con un despliegue de erudición que aleja al libro de sus posibles lectores. No son solo los acápites, con fragmentos que van de Sófocles a Saint-John Perse; es el erudito y sorprendente ensayo sobre la aventura humana y artística de Jonathan Swift y Alexander Pope. Como era de esperar, el “Libro de imprecaciones” no fue reeditado.
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Un tanto diario íntimo,otro tanto confesión “Para simplificar”, llevado por sus temas y al fin descontrolado, deriva en una cháchara de conventillo; pero, pese a la sobreindulgencia con que la autora ve su obra, “Para simplificar” es un libro de poemas y como tal debe ser juzgado. Abundan por demás las alusiones literarias y artísticas. A Sor Juana ínés de la Cruz en “”Asuntos de penitente”, Plinio y su Historia Natural en “Oh gracia incorruptible, oh transparencia”, Fellini y “La strada” en “Una historia de amor”. Hay poemas a los que es imposible encontrarles un sentido, como El olvido”, “Cefalea”. “Cristina Carneiro”, “El cuco”, “Instantánea”, “Una vez”, “Sarandí al Sur”, Verdades”, “La serenidad ja ja ja ja” y “Un juego en el que nunca se gana”. Por ejemplo:
“Yo que me violentizo tú que te aablandizas Yo porque estoy en otra parte tú porque es lo lógico nel mezzo del cammin.” Otros poemas tratan de la vida como un trapo y demás temas depresivos.Este lector, al llegar aquí, se ha formulado algunas preguntas. Fuera de desdenes sentimentales, la autora ha sufrido? Supo qué es el hambre, el frío, la falta de agua? Sintió alguna vez así sea de lejos, el olor nauseabundo de la pobreza?La conclusión a que se llega al fin es que lo que movió a Cristina Carneiro fue el odio. Odio hacia Montevideo, hacia “ese país traicionero” y sus “desenterradores de esqueletos”, y finalmente hacia “pancho” y la religión católica, en la que fue educada por las Hermanas Domínicas. Como no ha podido librarse del convento, y son abundantes las alusiones a las Sagradas Escrituras, recurre a quemar los puentes, a la blasfemia, “Yo que fui la novia de Frankenstein ---cada día apesto más a esposa de Cristo”, y, donde atenúa el salivazo con otra reminiscencia literaria, el Libro de Job: “En qué os habré ofendido, Señor ---que en vuestra infinita sabiduría no hacéis más que llover sobre mí --- pichí y caca? |
Ver, además:
Cristina Carneiro en Letras Uruguay
Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
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