El textículo de la cuestión [1]

poema de Alejandra Pizarnik

                                          a la Princesa Palatina y a Chiehita Singer-Calvmo

—Se dicen intelectuales, gente de letras, cagatintaschinas, y qué sé yo, pero desconocen los avatares de los 280 aspectos de la erotología china —dijo el erotólogo, calígrafo y polígrafo chino Dr. Flor de Edicho Pú,
—Papita para 280 pedritos —dijo Pedrito 69,
Tote (esto es: el hada Aristóteles) sonrió verdemente a Joe Cefalúdieo. Un temblor le bajó de la sonrisa al anca de jaca regia. Tras un abrirse la bragueta, Joe le descerrajó una vertiginosa emisión con su crinada pistola, cuyo robusto cañón infaliblemente encontraba el blanco y el negro.
—¡Cuándo no mostrando su dalequedale! —dijo Zacarías Bienvenido Cipriano— El mío es más tremebulto y sin embargo no me quito el corset delante de todos.
La autora del Organón miró al erectísimo Lord John
[2] con una fijeza bella como el naufragio, infrecuente como la piedra filosofal.
—¡Eso se llama mirar! —dijo Joe— Y con lucidez candente, igual que una doctora. Qué consecuencias sacás?
—¡Qué preguntas las tuyas! —dijo Urraca von Cognac acercándose a Zacarías Bienvenido Cipriano a fin de seducirlo y sustraerle el corset y viceversa.
—Con esa voz de calentapiés y esa mirada de salamandra, tiene el privilegio de preguntar lo que le apetezca —dijo Tote dejando que Joe le aguara deleitosamente la anacrónica fiesta de su honor inmaculado.
—Hada virgo, ¿no estás muerta del susto? —dijo Zoo.
—No, estoy muerta del ganas —dijo Totelita poniendo cara de nenita disfrazada de infanta vieja disfrazada de puta disfrazada de Bosta Watson disfrazada del general Giorgio Basta.
—Pedrito pide psilencio —dijo el pericón nacional— ¡Que hable Flor Frígida! Que Flor de Perversidad nos inculque la pornografía por Antonio Macía. Por pirómano, por pijómano, por polipijista, por pornodidascalus, por Pisanus Fraxi, por Petronio, por Panizza y por potros, el profesor Sigmund Florchú es mereciente de nuestra verde atención, aun si su perorata perornada y paralelepípeda incluye loros, cojas, enanos, priapistas, vaginillas aristótelicas, heraelitorideanas y ecuatorianas.
Aplausos briosos y brioches. (“No apalaudan, pereversos”, —pensó Peripartouze). Y luego, el silencio.
Chú abrió la boca como un caballo con sombrero. Mal leeréis lo que dixo recamado con ademanes de mierdra especiosa y con un viejo vestido prestado para la ocasión por Bostadora Waterman:
Sras.
Sres:
Sris:
Sros:
Srus:
En la China y en las islas Sandwich, nuestra educación sexual sabe perpetrase por medio de tres vías. No hace falta que sonrían enigmáticamente por más que hayan adivinado que acabo de aludir a Príapo, a Gummo, a Zeuz y a cebita.
Volguemos más cante jondo en las trimentadas vías paralelas del coñito áureo y del miembro, el que se ubica campechanamente, aunque no de una manera pragmática que, justo es decirlo, hubiera sido infalible pero también montaraz, procaz, celeste, bordada a mano, filigranada, de luz natural, soez, carente de las más elementales normas de higiene aptas para los equinoccios, para los soliloquios, bajando un poquito la misma luz natural de ese cuarto amarillo (o no) que llaman clandestino y en el que reina la murciélaga del lupanar. Esta dama sabe consagrarse a ciertas labores de pacífica penetración a las que ya Leibniz había aludido, y que tanto se asemejan a una manada de gansos pero mexclando los sexos que no son siempre todo lo apretados que se quisiera, en ocasiones aparecen ciertos flecos que conviene suprimir pues aluden al ego. Porque en el taoísmo japonés el ego es anulado en un quítame de allí esas ojotas (por no hablar, damas y caballeros, del mal de ojota).
Aplausos a más no poder. Enceguecidas por los gases lacrimógenos, se tiran al suelo, se cortan en fetas, se empaquetan, se estampillan y se encomiendan.
El continúa como si nada (así es, en efecto):
—.. . a fin de conducir los de la lengua del propio ritmo hasta el cerebro.
—¿Quiénes son los los que dice usted que le dea al cerebro? —dijo Cojatao und Taxi-Flit.
—¿Los los?
—¡ Cojus interruptus! A nadie se le ocurre pensar que nada le importa adonde mandás tu zurda libido desde tu loca catrera —dijo el Peri-arengador Ut eructando según los 289 aspectos de la zoología orientista.
Cojacatreta se ruborizó por primera y última vez en mi libro. Por eso dejó que Flor de Cris-Cras tomara la palabra para dar con ella una vuelta manzana.
—Los los, chere Vacogina, son, en los hombres de impermeable el esperma, y en las mujeres menestrales, la menstruación y las secreciones secretas que vosotras, picaras, consagráis a los dioses —si quedó alguno— del pubisterio de la Noche.
Tanto en la China como en el Perú, los niños, junto con una hoja de té, dados, el cubilete y las ubres completas de Mallarmé en veinte tomos, compran, también, siempre, una docena de concubinetas frescas, con las que ejecutan, ejecutan, ejecutan ejecutan, ejecutan...
—¡Basta! gritó Bosta Watson y las cigüeñas de Jaén despertaron sobresaltadas a fin de cambiar de pata y volver a dormirse en Jaén.
—Jusmente— dijo no poco polígrafamente el dicharachinador —Repito: precismanchú, cara Bosta, raca Bostacara.
—¿Bostacára právda Krasávitza Jarashó? —dijo Gummo.
—¡Segui, pichino— dijo Peri Huang (and two) cerrando su kimonoloro con un certero golpe de ojota.
—I say what Chinese sex is, don t I? —qu’elle dit, la Pucelle de Shangai.
—¡More Perotic para Pedrito! —dijo el loro de oro encendiendo una patita de incienso. Un intienso perfumierda se alojó gratis en el ingrato recinto.
—E pur si muove —dijo Zacarías Bienvenido Cipriano— ¿no es verdad, Urra?
— ¡Hurra! dijo Urra tirando por la ventana el corset del Chispij, cuya naturaleza movió la admiración del mundo.
—¡Flor de trapijuarius! —dijo el Chumintang bailando un tang—. Bien, bienito, bienculito, ¡mm!, ¡qué milímetro!, ¡cm!, ¡qué centímetro!, ¡H20!, ¡qué agüita!, ¡cf.!, ¡qué parangón!, ¡ídem!, ¡quién lo mismo!, ¡op. cit.!, no me opongo si te citan a troche y moche toda la noche!
—Mister Flower, tell me why the Erotic Aspects of Chinese Culture are so short? —dijo Miss Ensimismith.
—Oiga, esta china —dijo el embajador chico— Vea que....

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(aquí la chumoteca se pasea un dedo presuntamente afilado por el cuello en tanto su bocachina trombonea una pedorrea que la muerchu interruptus. Y tan real es esta Presencia que a chuno le tiembla la mao y unoch se vuelca encima el Basho.)
—¡Chanchu! ¡Se mancó el esmóquin blanquo! —dijo la fantasma de la Coja.
Il professore Fiore Chuti asió el ramo de flores que una niña de moñalbo en el cabculo le entregó en nombre del miembro homólogo de la colegiata. Aunque vulgata, la ceremoñata hizo llorar a Avucena Tote, que recordó su infrancia en casa de abuelita Fedra. Primto Hipólito metíame su hisopo en el culpólito. En cambio después. Pero no quiero precipitarme — pensó Tote mientras Joerecto Le explicitaba, gestualmente y callando, el propósito de que su susodicho ingresara en el aula magna de la Totedeseante que tentaba con la su lengua que, rosada pavlova, rubricaba ruborosa la cosa, ruborezándole a la cosa, rubricabalgando a su dulce amigo en sube y baja, en ranúnculo de hojas estremecidas como las vivas hojas de su nueva Poética que Joe Supererguido palpa delicadamente, trata de abrir, que lo abra, lo abrió, fue en el fondo del pozo del jardín, al final de Estagirita me abren la rosa, sípijoe, másjoe, todavía más, y ¡oh!:
—¡Joe, llamame Lola!
—¡Llamame puta!
—¡Y que viva Alicia la de las maravillas!
Lola, nuestra reina per semper decúbito dorsal en el corazón de las alteas.

Notas:

[1]   Alguien me pide que explique a los horrendos lectores lo siguiente:
1) Cada vez que un nombre empieza con Fe, designa fatalmente al loro Pericles.
Ejemplo: Perompsey (cuando Pericles o Perico o Pedrito, boxea); Peri Huang (cuando Pericles escucha una perorata del erotismo chino); Pericón Nacional (cuando lo ejecuta munido de algunas patitas). Y siempre así.

2) Mismo método aplicado a la Coja Ensimismada. Ella es todo lo que empieza con Co.
3) Idem para Flor de Edipo Chú. Todo lo que empieza con Chú es él y viceversa.

 

[2] Gf. David Herbert Lawrence: Lady Ghatterley’s lover.

poema de Alejandra Pizarnik

 

Publicado, originalmente, en: Revista Testigo  nº 9, septiembre - diciembre, 1972

La revista Revista Testigo fue dirigida por el poeta y ensayista Sigfrido Radaelli, Buenos Aires, entre 1966 y 1972

Gentileza de Ahira. Archivo Histórico de Revistas Argentinas que es un proyecto que agrupa a investigadores de letras, historia y ciencias de la comunicación,

que estudia la historia de las revistas argentinas en el siglo veinte.

 

Ver, además:

 

           Alejandra Pizarnik en Letras Uruguay 

 

Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce   

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