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Julio Cortázar en Letras Uruguay Cuando Julio le puso la tapa a Rayuela crónica de Carlos Daniel Aletto
primera edición de Rayuela Julio Cortázar Hace 50 años, durante la primera edición de Rayuela, Julio Cortázar se muestra interesado en que su editor, Francisco Paco Parrúa, “meta fuertemente mano en la cubierta del libro”. Remarca que no quiere "una escenita vistosa” como la que había aparecido en la tapa de Los premios, sino que elegiría algo semejante a una pintura de Dubuffer, “con un graffiti mostrando el dibujo clásico de cualquier rayuelita de barrio.” El “art brut” de Dubuffet era afín con el temperamento lúdico de Cortázar y en especial, con la atmósfera cultural que rodea a los personajes de Rayuela. Incluso Cortázar no descarta enviarle a su editor unos dibujos personales, aunque asegura que “yo con la acuarela en la mano soy de abrigo, te juro”.primera edición de Rayuela Julio Cortázar Cortázar siempre manifestaba, no sólo con la tapa de Rayuela, sino en incontables oportunidades su deseo de intentar actuar en el campo de las artes plásticas, sobre todo en la pintura. Para ese entonces, obsesionado con la idea de lograr un diseño que permitiera que la portada estuviese impregnada del contenido del libro, recorre las librerías de Saint-Germain-des-Pres, para mirar los álbumes de Brassai y otros fotógrafos, en busca de una rayuela. También le insinúa a su editor que puede pedirle a Aldo (un niño prodigio argentino, magnífico pintor) que le fabrique una rayuela, porque "... sea como sea te mandaré algún boceto, foto o proyecto. Tenemos que impedir por todos los medios que nos encajen la rosa en el zapato”, concluye. Tiempo más tarde le envía a Porrúa una rayuela fotografiada y le cuenta que su amigo Julio Silva le está haciendo una maqueta en base a esa misma foto. Cortázar trata por todos los medios que la tapa lleve impreso el clima del libro “...una rayuela dibujada con tiza en una vereda o un patio. Todo más bien pobre, gris, conventillo, día nublado, mufa...” Pero no piensa solamente en la atmósfera del libro, sino también en el lector, tanto como Morelli, el personaje de Rayuela que traza la poética en la propia novela. Cortázar le escribe esta interesante propuesta a Porrúa: “Y aHORA vamos a ponerle LA TAPA AL LIBRO. ¿Conque estudiándola cosa con Esteban y, por un breve minuto, creyendo que la rayuela quedaría mejor de pie? Enormes cronopios, yo también empecé por allí y la tuve parada un rato largo hasta que se le cansó la Tierra a la pobre. No, che, yo creo que así no va. No va, como vos lo has visto muy bien, porque esa tapa tiene su segunda, y a mi me gustaría que, de ser posible la tuviera sin vueltas. Vos te sospechas un significado mufoso en el Cielo atrás del libro, y es cierto, pero todavía más que eso. Muy rápidamente explicado, imagínate que acabas de comprar, haciendo un loable sacrificio, un ejemplar de Rayula, y que sin perder un instante te has sumido en su lectura. Si sos un hombre normal, sostendrás el libro con la mano izquierda, mientras la derecha se ocupa de dar vuelta las páginas, ir y venir con la pipa, alternándola con los tragos de caña Mariposa que te habrá servido tu mujer, y de cuando en cuando hacer una ademán de admiración que agita el aire de la estancia. Bueno, quedamos en que tu mano izquierda sostiene el libro. Parte de la palma y la raíz de los dedos se apoyan en la carátula, es decir en la Tierra. Pero la parte más espiritual de tu mano, la punta de los dedos, la sed y la ansiedad que viven en la punta de tus dedos, buscan del otro lado el Cielo, tal vez alcanzan a rozarlo, a entrar por un momento en el. ¿Sentís la cosa? Tu mano también lee el libro, con esa visión extrarreriniana de que hablan los hombres sabios, y que en realidad es otra tentativa de aprehender lo que, dentro del libro, buscan tus ojos. ¿Simbología fácil? Puede sen Pero yo he sido siempre sensible a las tapas de los libros, y a veces he descubierto en ellas cosas extrañamente asociadas al texto, siempre que las ediciones no fueran de Santiago Rueda. Bromas aparte, creo que mis sinrazones se entienden bastante bien... O sea que, en la medida de lo posible, yo me planto en la idea de la rayuela acostada, y libramos los dos la batalla. Espero poder mandarte la maqueta lo antes posible; ahora mismo le rajo un úkase a Silva, que se me ha quedado de lo más silente en París." En este extenso (pero iluminador) párrafo se advierte cómo el autor concibe la percepción de su lector, a partir de la visión de la tapa. Cuando Silva le envía, desde París el proyecto, con la rayuela vertical, Aurora Bernárdez (en ese momento su esposa) lo convence de su eficacia diciéndole que “basta mirar la maqueta de Silva para comprender que es mucho más eficaz que el lector vea la rayuela completa cuando agarra el libro, y no que el dibujo se deslice como un gusano alrededor del libro.” Aunque el escritor sigue pensando que acostada es mejor, no se obstina, pues confía en las sugerencias de sus amigos. La preocupación de Cortázar no termina en el diseño sino también en el color de la tapa y pretende que “la parte negra entre bastante en la contratapa" y le preocupa si encarecería la impresión, pero está convencido de que los colores sobre el fondo negro quedarán muy bien. Es evidente la importancia que el escritor concedía a los colores; así, cuando le contesta a Porrúa, quien le había escrito para avisarle que no había recibido la maqueta, para mandarle una “semi-maqueta en blanco y negro, correspondiente a la carátula y al lomo” dice lo siguiente: “El color corresponde exclusivamente a las letras. Mi nombre (en la tapa) va en azul, Rayuela en amarillo y Editorial Sudamericana (al pie) en rojo. Supongo que se podría cambiar de orden, pero no de colores. Los colores tienen que ser todo lo brillantes que se pueda, para contrastar con el fondo negro.” Más tarde corrige los colores y en una carta posterior, insta a Porrúa a despreocuparse de la cuestión, admitiendo otra alternativa: “Si el anaranjado que encontraron las chicas es bonito, adelante con los faroles. No te hagas más problemas, por favor.” Aunque nunca cesan sus indicaciones, reconoce que deja la decisión final en las manos del editor: “Vos serás entonces plenipotenciario para decidir en última instancia.” Cortázar queda conforme con la portada de la primera edición, en especial después de haber visto, con pocas horas de intervalo, dos o tres novelas en las últimas ediciones de Losada, con tapas “que parecen para escuelas de deficientes mentales", así lo certifica en una correspondencia, donde, además, se muestra satisfecho porque la tapa termina cerrando con el espíritu de la novela. Cuando le dicen que un diseñador la pensaba muy inocente Cortázar escribe: “¿Qué quería? ¿Una escolopendra gigante enroscada en el busto de Gilgamesh? La rayuela es un juego inocente, che, y mi libro respira pureza, boyscoutismo y Día de la Madre (la madre, concepto que encumbro", como dice Bioy Casares)”. Poco después, cuando Julio Cortázar le entrega el original de Final del juzgo a Francisco Porrúa le dice: “...ahora pienso dedicarme a la pintura ya la fiaca. Dentro de once meses tendré 50 años, ya es tiempo de empezar a hacer algo en serio.” Y así fue: sus próximos libros (La vuelta al día en ochenta mundos y Último round, entre otros) tendrían una fuerte relación con la imagen. Pasaron 50 años de la primera edición de Rajuela y el año que viene es el centenario del nacimiento de Julio Cortázar, momento de justos homenajes institucionales, aunque sus lectores día a día reconocen la preocupación de Julio no sólo por sus textos, sino también por el diálogo permanente con las imágenes. La tapa de esta novela es sólo la punta del iceberg de toda una obra dedicada a la literatura y su relación con el arte. |
crónica de Carlos Daniel Aletto
Publicado, originalmente, en
Suplemento
Literario Telam - Reporte Nacional Año II Numero 83 / Jueves 4 de juliol
de 2013
El primer lanzamiento de SLT, el Suplemento Literario Télam
fue el 21 de noviembre de 2011 en versión digital, y desde el 8 de diciembre, en
papel, cada jueves, junto al Reporte Nacional, el periódico de
la Agencia de Noticias, por decisión del por entonces presidente de Télam,
Carlos Martín García.
Gentileza de Ahira. Archivo Histórico de Revistas Argentinas que es un proyecto que agrupa a investigadores de letras, historia y ciencias de la comunicación,
que estudia la historia de las revistas argentinas en el siglo veinte.
Ver, además:
Carlos Daniel Aletto en Letras Uruguay
Julio Cortázar en Letras Uruguay
Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
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