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La pasajera |
| Va la tarde subiendo hacia la noche, Río opulento y cálido, Con olor de duraznos y de rosas. Con rumores de risas y de llantos, Con el jadeo del miedo, Con la espiral del canto. Navio empavesado que me lleva A la elevada, misteriosa sombra, Sin nadie que me ciña la cintura Con poderosa mano protectora. Erguida estoy, sin voz y sin sonrisa, Blanca en la inmensa soledad nocturna, Con la brasa del verso en la garganta Y en el pecho la sed de la aventura. Las últimas magnolias del verano Son el claro cascabel de mi fatiga. La deshilada llama del crepúsculo Aún se mantiene viva En la secreta red de las arterias. Voy al encuentro de las Tres Marías. Ah qué triste, qué calma y valerosa Esta mujer que asciende hasta la noche Sin un temblor, y sola cual si fuese La pasajera única e insomne. |
Juana
de Ibarobourou.
Cinco grandes poetas
María Inés Allo Strobach
La República
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