Ricardo III de Shakespeare, en el teatro Circular, Sala 1.

Un artista de la perfidia
por Jorge Arias
ariasjalf@yahoo.com

Audacis fortuna juvat (la fortuna sonríe a los audaces). El teatro Circular tiene una tradición de audacia: durante la dictadura presentó un “El herrero y la muerte” contestatario; con el título de “Los fusiles de la patria vieja”, contrabandeó “Los fusiles de la Madre Carrar” de Bertolt Brecht; ofreció “Operación Masacre” de Rodolfo Walsh en un cuadro de impiadosos asesinatos de rebeldes. “Ricardo III” de Shakespeare es también una aventura, audaz como su protagonista.

De nuestro medio recordamos dos antecedentes de “Ricardo III”. El primero, “Vida y muerte del rey Ricardo III”, una adaptación y dirección de Sergio Blanco (1991); el segundo la pieza del canadiense Normand Chaurette “Las reinas” (8 de setiembre 2000), con dirección de Eduardo Schinca. Ambas piezas modificaron el texto: Blanco destacó el horror y la crueldad, aludió con swásticas al nazismo; Chaurette dio un paso más allá y ofreció el tour de force de un Ricardo III sin Ricardo, convocado a través de las palabras y actos de las mujeres y reinas que lo rodearon. Esta versión del teatro Circular, en una hora y 55 minutos, es la que más se atiene al texto de Shakespeare, lo que plantea algunos problemas.

La historia, modificada por Shakespeare en pro de sus mejores efectos escénicos, se ubica en el final de la guerra de las Dos Rosas: la blanca, emblema de los York y la rosa, distintiva de los Lancaster. Un simple repaso a sus múltiples episodios se intenta, muy razonablemente, en la gacetilla de prensa: misión imposible. Confesamos que cuantas veces se presenta “Ricardo III” repasamos el texto; los complicados vaivenes de un caos político y militar se borran tenazmente de nuestra memoria. Retenemos, no sin cierta satisfacción democrática, el hipócrita respeto por el Parlamento, cuya aprobación buscan todos, incluso Ricardo III, como verdadero poder.

Una plausible introducción vincula a Ricardo III con el despotismo afirmado en el crimen, tal como Blanco invocaba al nazismo; esta vinculación es forzosa y compartible, pero vemos en el protagonista algo más y es un placer casi artístico, como de dramaturgo, en la creación de su persona y planes. Posiblemente todos o casi todos los nobles que rodean a Ricardo incurrieron o incurrirían en el crimen, como el hermano de Ricardo, Eduardo IV, que manda matar a su hermano Clarence; pero este Ricardo III es más derechamente malvado. Es un héroe atípico, un frío criminal como Edmund en “Rey Lear”, como Yago en “Otelo”, que en la primera escena se muestra como es, se confía, hace cómplice y desarma a la platea. Moré, en una notable actuación, ofrece un Ricardo no menos siniestro pero algo más desorbitado, hasta obsesivo.

En cuanto al libreto, del que se ignora adaptador y traductor, en parte nos desorienta con tantos personajes, bien que convincentes, bien delineados y actuados. Nos atrapa la intriga; no sentimos el horror de la versión de Sergio Blanco. Al final la pieza devalúa el matiz heroico de Ricardo que quiere combatir hasta la muerte y lo presenta bajo la faz de un pusilánime desesperado.

Moré como Ricardo III

En el balance entre méritos y reparos esta versión sale airosa. La potencia expresiva de Shakespaere aparece nítida en dos escenas; Ana seducida por Ricardo, que acaba de matar a su marido, obra maestra que recuerda las crueles hazañas de Valmont en “Las relaciones peligrosas” de Laclos y, la segunda, el tenso diálogo entre los sicarios y Clarence, con las dramáticas vacilaciones de los asesinos.

En la actuación debe destacarse a Moré en el papel protagónico, que copa el escenario no bien aparece. Ha sido un placer volver a ver sobre las tablas a actores tan dotados y convincentes como Diego Rovira, Xabier Lasarte, Sergio Pereira y Oliver Luzardo; al fin pero no menos, Denise Daragnès y Cecilia Baranda, dos reinas majestuosas. Todo esto sin mengua de los nuevos actores que conocemos ahora con esta pieza.

Es un placer estético adicional el vestuario de Nelson Mancebo, en particular el de las dos rutilantes reinas.

RICARDO III de Shakespeare, por el Teatro Circular. Con Moré, Oliver Luzardo, Diego Rovira, Sergio Pereira, Lucía Persichetti, Cecilia Baranda, Denise Daragnès, Carlos Scuro, Manuel Caraballo, Xabier Lasarte, Sebastián Martinelli, Mauricio Chiesa y Agustín Bequio, escenografía de Hugo Millán, vestuario de Nelson Mancebo, iluminación de Martin Blanchet, preparación actoral de Margarita Musto, espacio sonoro de Fernando Condon, dirección de María Varela. En Teatro Circular, sala 1, estreno del 16 de octubre de 2021.

Ricardo III - Teatro Circula de Montevideo

5 nov 2021

Ricardo III - Obra de William Shakespeare, versión y dirección de María Varela. Funciones: Sábados 21 horas y domingos 18.30 horas, en sala uno del Teatro Circular de Montevideo (Av. Rondeau 1388) - Desde octubre 2021 Tragedia de William Shakespeare, última obra de su tetralogía sobre la historia de Inglaterra. La obra se sitúa en el reinado de Ricardo III de York, derrotado en la batalla de Bosworth en 1485, después de la guerra entre las familias de Lancaster y York (Guerra de las Dos Rosas) y la toma de posesión definitiva de los Tudor. Guerra de las Dos Rosas, se le conoce con este nombre porque los adversarios tenían en el escudo una rosa, Ricardo de York una rosa blanca, y Enrique VI de Inglaterra una roja. Este conflicto tuvo lugar en el siglo XV en Inglaterra. De los Lancaster era el rey que ocupaba el trono en el inicio de las hostilidades, Enrique VI de Inglaterra. Le secundaba su mujer, Margarita de Anjou, que sería la gran protagonista de su bando, al dirigir al ejército y sus aliados. Ricardo de York era el Protector del rey, y pronto vio la posibilidad de sucederle e incluso de arrebatarle el trono. La obra narra la historia de la monarquía inglesa desde 1471 (muerte de Enrique VI) hasta 1485 (muerte de Ricardo III) .La ambición por el poder es el tema central de la obra, Lord Protector, duque de Gloster, después Ricardo III, un político ambicioso, corrupto y asesino. Con una deformidad física producto de una enfermedad prematura. Siniestro estratega despiadado, bajo sus intrigas destruye todo lo que se interponga en su camino, incluyendo a su familia y seguidores. La ambición no para, la muerte tampoco. El poder no admite flaquezas. Un personaje inescrupuloso y poderoso fácilmente reconocible en la sociedad que nos toca vivir.

Jorge Arias
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