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Saber, objetividad,  verdad,  praxis
(Hacia un discurso epistemológico con sentido plural incluyente)

Dr. Sc. Rigoberto Pupo Pupo
rigobertopp3@yahoo.com.mx

 
 

El problema de la objetividad de la verdad, por estar estrechamente vinculado al hombre, sus necesidades e intereses, ha devenido tema central de las reflexiones filosóficas de todos los tiempos, sin embargo es necesario asumir con espíritu profundo su relación con el proceso mismo del conocimiento y su mediación práctica. Se trata de un eterno problema de las ciencias del hombre y de la conciencia cotidiana, que necesita ser abordado desde un enfoque cultural y complejo, libre de los reduccionismos objetivista y subjetivista. En esta dirección intelectiva Marx hizo aportaciones sustantivas en las Tesis sobre Feuerbach y en sus trabajos posteriores.

 

En el decursar histórico de la filosofía, la ciencia y el arte se han expresado disímiles concepciones de carácter racionalista, empirista, realista, subjetivista, objetivista, fundamentalista, coherencista, fiabilista, escepticista, agnosticista, etc. Esto evidencia la complejidad del asunto y los varios enfoques –predominantemente gnoseologistas-que se han dirigido a su solución y búsqueda de argumentos desentrañadores. Unido a esta búsqueda se han imbricado al objeto investigado múltiples problemas filosóficos, sin los cuales se hace difícil avanzar en la investigación, tales como: la relación entre saber y opinar, los objetos del saber, la noción de opinión y creencia, la cuestión de la duda, el conocimiento y la certeza, el contenido del método, la percepción y  la introspección, la distinción entre verdades de hecho y verdades de razón, la praxis como criterio objetivo de la verdad, etc.

 

En la generalidad de los enfoques en torno a la  objetividad de la verdad y sus mediaciones, históricamente se impuso la concepción a priorista, en mi criterio, de la adecuación o identidad del pensamiento con los hechos, con la realidad, y en la visión del conocimiento científico como único paradigma de saber y la reducción de éste (el saber) al conocimiento. Como si el mundo espiritual del hombre fuera sólo conocimiento, al margen de los valores y otros medios de que dispone el sujeto en relación con el objeto y los otros sujetos. Se pierde de vista que la actividad humana, funciona y opera como esencial relación sujeto-objeto y sujeto-sujeto, donde lo ideal  y lo material se convierten recíprocamente, mediante la praxis; y que no es posible  reducir estas relaciones complejas sólo al conocimiento.Todas se integran al saber, como resultado aprehensivo de momentos cognoscitivos, valorativos, prácticos y comunicativos, y en contextos y entornos lingüístico - culturales.

 

El reduccionismo racionalista epistemológico, convertido en único paradigma de la modernidad, redujo la verdad a la verdad científica, con la nefasta imposición teórica del discurso cientificista-objetivista, fundado en un logicismo extremo y en un sistema categorial cerrado, en forma de “modelo metodológico” al cual la realidad y los hechos deben adecuarse. Metodologismo logicista que soslaya o no tiene en cuenta la subjetividad humana con toda su riqueza expositiva, incluyendo el lenguaje que resulta reducido al lenguaje científico, con sus respectivas categorías centrales y operativas. Se olvida que a la misma verdad de la ciencia, en tanto resultado humano, le es inherente el momento cultural y toda la carga de imaginación creadora que impregna el hombre en su acción. No se tiene en cuenta, además, la existencia de la verdad histórica, artística, moral, etc.

 

Este modo de acceso a la verdad, por su reduccionismo epistemológico formal y la identificación del lenguaje con el puro lenguaje científico tradicional, se incapacita, teórica y epistemológicamente para incluir en su discurso otras formas reflexivo - aprehensivas de la realidad por el hombre en la construcción de la verdad  como proceso y resultado integral del quehacer  humano en correspondencia  con sus necesidades, intereses, objetivos y fines. Se margina o desecha del proceso del saber el lugar de la imagen que suscita, de la imaginación creadora del hombre, la metáfora y otras formas tropológicas, cuyo sentido figurativo no le resta valor cognoscitivo, práctico, axiológico y comunicativo. Todo lo contrario, activa el proceso del saber y le imprime más sentido de integralidad, y con ello, nuevas posibilidades de aperturas para penetrar los procesos reales.

        

IMAGEN, POSIBILIDAD, REALIDAD, CREACIÓN.

 

La imagen, como representación viva de una cosa, un fenómeno, proceso, acontecimiento, etc, constituye un medio representativo de gran importancia cognoscitiva, práctica, valorativa y comunicativa, tanto en su sentido figurado (tropológico) como en su forma directa o sentido recto. Su riqueza de contenido deviene por sus múltiples poderes representativos de la imaginación, ya sea como expresión compuesta sólo de palabras que significan objetos sensibles, como forma viva y eficaz de algo por medio del lenguaje, como metáfora, sinécdoque, metonimia, etc.

 

La siguiente metáfora capta en su esencialidad la función de la imagen:”.pone a los ojos del cuerpo lo que sólo es visible con los ojos del alma”, es decir, a través de la imagen, es posible elaborar un producto mental que da forma concreta a lo abstracto. Es que la imagen como resultado de la imaginación, constituye un medio indispensable en la construcción de toda verdad, en tanto creación espiritual capaz de revelar esencias y conceptos, inaprehensibles por los medios lógicos comunes, tradicionales, sin perder la logicidad que le es inmanente como producto mental humano.

 

“La imagen-según Lezama Lima- es la causa secreta de la historia. El hombre es siempre un prodigio, de ahí que la imagen lo penetre y lo impulse. La hipótesis de la imagen es la posibilidad. Llevamos un tesoro en un vaso de barro, dicen los Evangelios, y ese tesoro es captado por la imagen, su fuerza operante es la posibilidad.”[1]

 

El gran poeta y pensador cubano, un Maestro de la imagen y la creación, logra con su profesionalidad filosófico-literaria, revelar lo ideal en lo tangible y viceversa, para descubrir complejidades del cosmos humano en relación armónica con el Universo. El hombre como posibilidad latente de excelencia y creación-credo martiano-, por su capacidad imaginativa accede a la luz, convierte la posibilidad en realidad.”Y ese ascender hacia la luz es el acierto de la posibilidad, mientras la imagen errante como una luciérnaga, se apoya en una sustantividad poética, en ese campo magnético germinativo, para engendrar esa imagen que lo temporal necesita para formar esas inmensas masas corales, donde una poesía sin poeta penetra en el misterio de lo unánime. Es el cántico de la   imagen, cuando logra verle la cara al develamiento de lo histórico porque ya anteriormente lo germinativo en el hombre, se nutrió de una imagen desmesurada que rebasaba al hombre y le comunicaba los prodigios de la sobrenaturaleza.[2]

 

La posibilidad como “ hipótesis de la imagen”, en  el decir lezamiano, resulta revelador,  pues el devenir del hombre en búsqueda eterna de la verdad y su objetividad, se funda en la praxis y en infinitas posibilidades para elegir lo que desea, en los marcos de  laberintos a veces insospechados y confusos que impone la historia y la cultura. La libertad, como posibilidad de elección encuentra en la imagen vehículos orientadores o desorientadores, pues puede construir verdades, pero también mentiras, errores. No es un simple problema, como no lo son ningunos en el quehacer del hombre.

 

Sin embargo, su status positivo guía su razón utópica. De Martí, el más grande pensador cubano de todos los tiempos, dijo Lezama: “Llegó por la imagen a crear una realidad, en nuestra fundamentación  está esa imagen como sustentáculo del contrapunto de nuestro pueblo. Esa fue la  interpretación de las huestes bizoñas lanzadas al asalto de la fortaleza maldita. La posibilidad extendiéndose como una pólvora de platino, fue interpretada y expresada. No fue un fracaso, fue una prueba decisiva de la posibilidad y de la imagen de nuestro contrapunto histórico, al lado de la muerte, prueba mayor, como tenía que ser. Son las trágicas experiencias de lo histórico creador.”[3]

 

En fin, la posibilidad, actuando sobre la imagen, vehicula procesos reales o funda utopías realistas en la construcción de la verdad. Son juegos y rejuegos  del lenguaje y la imagen que armonizan la verdad, la belleza y la bondad, siguiendo la rica tradición  griega que viene de Pitágoras, Sócrates, Platón, Aristóteles y sus seguidores contemporáneos. Es sencillamente una concepción que al considerar la posibilidad como hipótesis de la imagen, no hace más que unir conocimiento y  valor,  sentimiento y razón, ciencia y conciencia, realidad y utopía, saber y objetividad. Es que la imagen, con la posibilidad como hipótesis, abre caminos insospechados al acercamiento de la verdad. Porque la verdad, no es sólo conocimiento, razón. Es todo hacia lo cual se dirige el hombre con todos los medios disponibles que guían su espiritualidad creadora, incluyendo el camino poético del lenguaje, hasta convertir la posibilidad en realidad.

 

Tanto la imagen natural (representa un objeto sensible mediante otros objetos sensibles) como la idea (representación de de ideas abstractas o estados sensibles indefinidos a través de formas concretas, reuniendo cualidades o atributos ) son medios idóneos de acceso a la verdad, pues son productos nuevos, permeados de razón utópica, fantasía y sensibilidad.¡Cuánto dice, suscita y enriquece la representación de la salida del Sol con la imagen!:”abre la mañana sus alas de oro”, o representar con palabras del gran poeta español Juan Ramón Jiménez, un campo florecido en primavera, con la imagen :”Diríase que el cielo se deshace en rosas”, o en García Lorca, para expresar el viento:

 

“Yo soy todo de estrellas derretidas,

sangre del infinito;

con mi roce descubro los colores

de los fondos dormidos .

Voy herido de místicas miradas…

 

O de Herrera Reissin, cuando nos concreta, cómo el cura campesino sacaba de la tierra lo suficiente para adornar el altar: el ordeñar la pródiga ubre de la

montaña

para encender con oros su pobre

altar de pino.

 

¿Por qué entonces la epistemología racionalista tradicional, teme tanto al camino poético del lenguaje, y sólo admite la imagen gnoseológica fría, impersonal, y por todo ello, abstracta, vacía?. Cuando históricamente la praxis muestra el valor de subjetividad, de la imaginación creadora y bella en la revelación de la existencia humana, incluyendo la objetividad de la verdad que cualifica uno de los principales objeto de búsqueda para realizar su ser esencial. Sencillamente, el paradigma gnoseológico logicista ha quebrado. Asistamos a sus funerales, pero sin absolutizaciones para no incurrir en sus mismos errores.

 

El hombre mediante la imaginación crea imágenes que colorean la vida y su entorno. Un lenguaje cuando produce imágenes creativas no dispone, sino propone, suscita y anticipa. Es como un reflejo anticipado que no permanece pasivamente, se dirige al futuro, a lo por venir con vocación ecuménica y en pos de la concreción. Por eso Descartes identifica la imagen con la idea o prefiere ésta en lugar de aquella, para significar la representación mental, sin reducirla al simple reflejo sensorial reproductivo; pues la idea, como imagen mental, recrea con vuelo de altura, construye, se adelanta y enriquece con la invención teórico-  práctica y nuevas propuestas, diferentes de las que ya existen.

 

Abordar la realidad subjetivamente, como aconsejaba Marx, es imaginar, descubrir, develar algo nuevo, trasuntado en novedades que dejan el reino de la posibilidad para encarnar realidades concretas, que al mismo tiempo son fuentes de nuevas aprehensiones. Fundarse en la imagen creadora, mediada por la praxis, es prolongar los fines humanos y realizarlos en bien del hombre.

 

Crear es imaginar con plena libertad y poner los fines para satisfacer necesidades e intereses humanos. No es sencillamente dar cauces a la ficción y a las quimeras de la razón. Es sentir al mismo tiempo que nos alejamos de lo inmediato con vocación trascendente hacia lo maravilloso que enaltece y da fuerzas en dirección a la verdad objetiva que siempre buscamos, al saber integrador que altera la realidad para descubrirla. Sencillamente,”(…)lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritus que lo conduce a un modo de “estado límite “.Para empezar, la sensación de lo maravilloso presupone una fe. Los que no creen en santos no pueden curarse con milagros de santos, ni los que no son Quijotes pueden meterse, en cuerpo y en alma y bienes, en el mundo de Amadís de Gaula o Tirante el Blanco.”[4]

 

Alejo Carpentier, nuestro Premio Cervantes, con imaginación creadora, revela la gran verdad, que toda Nuestra América, no es más que una crónica de lo real maravilloso. Esta concepción, o método, si se quiere, le abrió amplias perspectivas para revelar la verdad del hombre en relación con el mundo, mediado por la praxis y sus circunstancias tropicales y otros contextos que tan sabiamente revela nuestro novelista mayor.

 

Sin artificios gnoseológicos, pero siguiendo la lógica especial de la del  hombre y su espiritualidad, Carpentier construyó muchas verdades; creó verdades que hoy la historia y la cultura enriquecen y amplían con nuevos sujetos creadores.

 

Con razón suficiente, Roger Garaudy, refiriendo a Kafka señaló: El mundo que él vivió y el mundo que él construyó no son más que uno (…).Para sentir esa unidad profunda y viva, basta con no perderse en el juego de las interpretaciones, que consiste siempre en hacer entrar la obra en el lecho de Procusto de un sistema preconcebido, y a no buscar en ella más que la puesta en escena novelesca de una tesis”[5]

 

La metáfora y la imagen  como modos de revelación humana de la realidad y la verdad.

 

Tanto la metáfora como la imagen propiamente dicha, son modos reveladores del cosmos humano en relación con el Universo. Ambas dan cuenta de la riqueza expresiva del pensamiento y el lenguaje y sus amplias posibilidades creadoras para ascender a la verdad. Son en sí mismas realidades teñidas de subjetividad sustantiva. Expresan conocimiento valor, praxis y comunicación en su despliegue progresivo y develador de esencias. “En mi sistema poético del mundo, la metáfora y la imagen tienen tanto de carnalidad,(…)como de eficacia filosófica, mundo exterior o razón en sí. Es uno de los misterios de la poesía la relación que hay entre el análogo, o fuerza conectiva de la metáfora, que avanza creando lo que pudiéramos llamar el territorio sustantivo de la poesía,-enfatiza Lezama-con el final de este avance, a través de infinitas analogías, hasta donde se encuentra la imagen, que tiene una poderosa fuerza regresiva, capaz de cubrir esa sustantividad ¨”[6]La imagen y la metáfora, independientemente de su carga subjetiva, no son simples representaciones formales carentes de contenido. ”La relación entre la metáfora y la imagen –escribe Lezama Lima-se puede establecer con un caballo tan alado como nadante que persiste en una sustancia resistente que en definitiva podemos considerar como imagen. La imagen –continúa el pensador y poeta cubano- es la realidad del mundo invisible”[7], en la medida que hace tangible lo abstracto  o es capaz de anticipar lo que en el presente es sólo deseo, sueño, utopía, es decir, sólo posibilidad, no realidad concreta.”Así los griegos –continúa Lezama-colocaban las imágenes como pobladoras del mundo de los muertos.Yo creo que la maravilla del poema es que llega a crear un cuerpo, una sustancia resistente enclavada entre una metáfora, que avanza creando infinitas conexiones, y una imagen final que asegura la pervivencia de esa sustancia, de esa poiesis. De la misma manera que el hombre ha creado la orquesta, la batalla, los soldados  durmiendo a la sombra de las empalizadas, la gran armada, el caserío del estómago de la ballena, ha creado también un cuerpo artificial que resulta acariciable y existente, como la misma naturaleza escondiéndose al tacto. En alguna ocasión he hecho referencia, hablando de Martí y tratando de establecer las misteriosas leyes de la poesía (y no se olvide que las primeras leyes se hicieron en forma poética), que para esas prodigiosas leyes de la imaginación, veinte años de ausencia equivalen a un remolino de la muerte; así como, dentro de la orquesta, una trompeta equivale a veinte violines. El cubrefuego que la imagen forma sobre la sustantividad poética es unitivo y fijo como una estrella. Por eso afirmo en unos de mis poemas, paradoja profunda de la poesía, que el amor no se ejerce caricioso, poro tras poro, sino de poro a estrella, donde el espacio forma una suspensión y el cuerpo se lanza a una natación que se prolonga”[8]

 

No creo que Lezama ontologice la imagen  y la metáfora o siga el camino de la  introspección absoluta de la mente. Sin embargo, como poeta y profundo pensador, logra revelar los caminos poéticos del lenguaje en la aprehensión cosmovisiva del hombre en relación con la realidad y valorar el papel de sus formas representativas en la búsqueda de la verdad. Es que en el hombre, como decía Martí, resulta imposible separar lo ideal de lo material, así como sus creencias e ilusiones. Considera Lezama que todo hombre cree en algo, pues hasta el propio (“…)Valery que hizo profesión de ateísmo, cuando definió la poesía, lo hizo diciendo que era el paraíso del lenguaje.Ya ve usted –destaca Lezama-el caso de un ateo usando la palabra paraíso con toda la resonancia de un    católico”[9]

 

En su cosmología poética, Lezama se propone destruir la causalidad aristotélica, en función de la búsqueda y encuentro de lo incondicionado, de la imaginación creadora. Al mismo tiempo cree posible hablar de caminos poéticos o metodología poética dentro de ese incondicionado que forma la poesía.

 

En la cosmología poética Lezamiana, imagen, mito y poesía constituyen  una totalidad integradora del discurso aprehensivo de la realidad. Es una epistemología incluyente que valora la poesía, como hacía el propio epistemólogo Gastón Bachelard. En su criterio, “después que la poesía y el poema han formado un cuerpo o un ente, y armado de la metáfora y la imagen, y formados la imagen el símbolo y el mito – y la metáfora que puede reproducir en figuras sus fragmentos o metamorfosis-, nos damos cuenta que se ha integrado, una de las mas poderosas redes que el hombre posee para atrapar lo fugaz y para el animismo de lo inerte”[10]. Lo mismo ocurre con el juego, que toma en su sistema un sentido cósmico que preside todo el devenir universal hacia la unidad.  Lezama revela en el camino poético del lenguaje, con todos sus medios y formas de expresarse, un modo de perenne ascensión, propio de un logos profundo que se aprehende a través de dos vías esenciales: doxa y ciencia, y cuyo resultado encarna el sentido cósmico, o el cosmos mismo. Así, en Muerte de Narciso, “el mito que le sirve de base, la contemplación de la propia belleza que consume a su protagonista, permite establecer una especial relación cognoscitiva entre hombre y universo, dirigida al sentido cósmico de la unidad entre ambos”[11].

 

En esta misma dirección, Lezama aporta cauces interpretativos. Podría analizarse la agudeza expresiva de su concepción sobre la teleología insular, estrechamente vinculada a lo cósmico universal, el problema de la existencia, de la muerte, el tiempo, el espacio, la historia y en fin, el hombre en relación con el mundo en sus varios avatares. Su cosmología poética en sí misma es una eterna búsqueda de verdades por los infinitos medios de que dispone el hombre, en vinculación directa con la bondad y la belleza.

 

Como la metáfora es un cambio de una palabra o grupo de ellas al sentido figurado, fundado en la asociación por semejanza, y la imagen, una representación “concreta” de estados difusos o ideas abstractas, ambas, en su unidad integran la traslación de sentido (la metáfora) y la nueva creación por la reunión de atributos cualificadores sensibles (imagen). Metáfora e imagen en el discurso contemporáneo (no solo el eminentemente poético) aparecen indisolublemente unidos. Esto favorece “el sintetitismo” que tanto impera y se impone. Este poder sintetista de ambas, además de vigorizar el estilo y hacer más sugestivo y suscitador el discurso, le imprime belleza sensorial  y racional a las palabras y a sus significaciones.

 

Es difícil encontrar un texto, incluyendo el ensayo estrictamente científico que no opere con imágenes y metáforas[12], pues necesariamente trabaja con palabras, con sus respectivos significados y significantes que no pueden reducirse a lo inmediatamente dado. Requieren de mediaciones y a éstas le son inherentes por antonomasia. “Platero bebía cristales ensangrentados.” Juan Ramón Jiménez expresa así cómo el hocico de su asno perturba la serenidad del agua enrojecida por el reflejo del sol. La literatura es metáfora. La poesía es, por excelencia, metáfora. El arte es metáfora. Mahler no quería que sus amigos miraran el paisaje que rodeaba su gabinete de trabajo. Quería que escuchasen su música. Porque ahí se encontraba el paisaje, filtrado y embellecido por la creación estética. El Guernica de Picasso es una metáfora de la guerra. Las catedrales góticas son metáforas de la gloria divina. La piedad de Miguel Ángel es una metáfora del dolor”[13].

 

La filosofía con todo el arsenal lógico cosmosivo y metodológico que le es propio y que la tradición ha impuesto desde antaño, resulta inconcebible sin el empleo de las imágenes y las metáforas: “La filosofía, aparentemente tan alejada del arte, también constituye una búsqueda de metáforas. Pero mientras el arte busca metáforas cimentadas, fundamentalmente, en lo sensible, la filosofía construye metáforas racionales. Un filósofo realista podría decir que no es así, que la realidad es como él la expresa. Sin embargo, en la medida en que expresa la realidad con signos, con palabras, con algo que media, que intercede entre la realidad y nosotros, está construyendo una metáfora”.[14]

 

Para Ortega y Gasset, gran ensayista contemporáneo español, es la metáfora un instrumento mental imprescindible y una forma del pensamiento científico. Marcel Proust considera que sólo la metáfora puede eternizar el estilo literario, y en general todo estilo de excelencia.

 

El logicismo cientificista al hiperbolizar el lenguaje científico y sus cadenas categoriales sólo ve en las metáforas figuras ornamentales y decoración estilística, carentes de información, conocimiento y saber. Su ceguera epistemologista y abstracta le impide comprender que no se trata, “(…) tan solo de un tropo intuitivo que maneja la teoría de la sustitución, no es una simple analogía, no es una palabra sustituta que sólo da belleza al lenguaje. La metáfora es una frase que construye una imagen no- idéntica, la cual implica una traslación, múltiples desvíos que generan plurisignificaciones”.[15] Hay toda una epistemología hermenéutica de insospechado valor teórico y práctico

 

La naturaleza del lenguaje metáforico está permeada de complejidad, incertidumbre y de ficción heurística.[16] Por eso puede red-escribir la realidad y posibilitar nuevas imágenes creativas de lo real existente. Su capacidad heurística le permite partir de lo conocido hacia el descubrimiento de lo desconocido, infranqueable para el sentido recto del lenguaje. La metáfora funda relaciones contradictorias que traspasan el umbral de los signos ordinarios para transitar al mundo abstracto, a la esfera de los símbolos y nuevas profundidades de las esencias.       

 

Es que la metáfora relaciona dialécticamente el signo y el símbolo en una unidad contradictoria, capaz de subvertir la lógica común para vincular en síntesis lo concreto del lenguaje cotidiano (signos) y lo abstracto del lenguaje de la ciencia (símbolo). Simplemente es la unidad contradictoria de conceptos diferentes, [17] para generar un movimiento dialéctico suscitador de varias motivaciones aprehensivas que incita al pensamiento creador y con ello, también al lenguaje y a sus actos productivos que generan acciones, praxis[18] y viceversa.

 

El siglo XXI, caracterizado por la globalización, la complejidad y la incertidumbre, plantea nuevos retos al hombre, a la ciencia y a la cultura en general. Los resultados científico-técnicos, concretados entre otros, en las revoluciones en las tecnologías de la comunicación, la genética etc., si bien son valores útiles al hombre, también pueden enajenar su ser esencial, despersonalizar las relaciones humanas, matar las utopías, en fin globalizar la inhumanidad a través de los centros que poseen la fuerza de poder. Ante esta situación se requiere mucho sentido de humanidad y sentido cultural para lograr revertirla y hacer que prevalezca la globalización  de un humanismo que integre en unidad inseparable, verdad, belleza, bondad y garantice justicia y libertad. Y la epistemología,  no puede soslayar esta realidad. El carácter inclusivo, la pluraridad lingüística, realmente puede acercar más al ser humano a la verdad objetiva.

 

Ante esta realidad, la dimensión lingüística del hombre el lenguaje, en tanto mediación central entre el pensamiento, la conciencia y la realidad, puede contribuir con eficacia al impulso de la ciencia y la cultura. Hay que desarrollar la sensibilidad  en los marcos de los procesos intersubjetivos de la comunicación, pues en la cultura el contenido cognoscitivo “puro” no es suficiente. La sensibilidad cualifica por excelencia a la cultura.

 

El lenguaje, si bien es desacertada su ontologización, es decir, concebirlo como única realidad existente, con atribuciones de poderes “mágicos”, resulta importante como medio de comunicación humana y si es empleado en función del hombre y su creciente humanidad. La belleza expresiva, sugestiva, utópica, subjetiva del lenguaje, no está reñida con la ciencia, con la verdad. Por eso Martí dice de W. Whitman:”(…) él es un cosmos (…) . Pinta a la verdad como una amante frenética, que invade su cuerpo y, ansiosa de poseerle, lo liberta de sus ropas. Pero cuando en la clara medianoche, libre el alma de ocupaciones y de libros, emerge entera, silenciosa y contemplativa del día noblemente empleado, medita en los temas que más la complacen: en la noche, el sueño y la muerte; en el canto de lo universal, para beneficio del hombre común (…).”[19]

 

El lenguaje metafórico no cierra el discurso. Abre, enriquece y activa al pensamiento. Su perenne sentido contradictorio, discontinuo ambiguo, propicia la diferencia y las interpretaciones diversas que generan significaciones nuevas,”pues no se trata de opinar sino de hacer suposiciones valederas, relaciones significativas, apelando a la imaginación, al sentimiento, a la cognición y a la sensibilidad. Allí donde habita todo acto de pensamiento, fruto de la experimentación mental, que permite concebir signos nuevos como un elemento discursivo, abre el camino a las acciones creativas “[20]y trascendentes.

 

Al mismo tiempo, la creación humana es trascendente cuando se funda en totalidades, cuando rebasa lo inmediato, sin desecharlo, y se dirige a lo mediato, cuando se mueve a lo absoluto y aprehende el cosmos humano en relación con el Universo. El lenguaje metafórico, por sus especificidades heurísticas, es un medio accesible por excelencia del espíritu humano. El espíritu presiente; las creencias ratifican. El espíritu, -enfatiza Martí- sumergido en lo abstracto, ve el conjunto; la ciencia, insecteando por lo concreto, no ve más que el detalle. Que el Universo haya sido formado por procedimientos lentos, metódicos y análogos, ni anuncian el fin de la naturaleza, ni contradice la existencia de los hechos espirituales”[21] .

 

VERDAD, CONOCIMIENTO, VALOR, PRAXIS, COMUNICACIÓN: SABER.

 

El tema de la verdad históricamente ha sido recurrente[22] y no deja de serlo en la actualidad. Sin embargo, como en todos los problemas filosóficos complejos ha primado la unilateralidad de  enfoques en su tratamiento. Lo más común ha sido la reducción del saber al conocimiento y con ello, las interpretaciones  logicistas y gnoseologistas abstractas. Se ha pensado la verdad como forma de adecuación o  identidad del pensamiento con la realidad que el sujeto convierte en objeto.[23] 

 

A pesar de los múltiples intentos valiosos de acercamiento al problema, en mi criterio, aún no se ha logrado un enfoque integrador de la verdad, donde conocimiento, valor, praxis y comunicación sean considerados, como mediaciones centrales en su construcción y despliegue. Las relaciones sujeto- objeto, y sujeto- sujeto y su eslabón primario en la conversión recíproca de lo ideal y lo material: la actividad humana, prácticamente han sido inadvertidas[24]. Igualmente ha prevalecido el reduccionismo en el reconocimiento lingüístico de la verdad. En algunos casos absolutizando en grado extremo el papel del lenguaje en general y en otros, reduciéndolo sólo al lenguaje científico, sea de nivel empírico o de nivel teórico. Las otras formas del lenguaje, incluyendo por supuesto, el tropológico ha quedado marginado del proceso aprehensivo de la realidad por el hombre en la búsqueda de la verdad.  No ha faltado tampoco la tendencia acuciante de identificar la verdad sólo con la verdad científica. ¿Y las otras verdades que el hombre afanosamente busca apremiado por las necesidades, los intereses y los  objetivos y fines propuestos? En los paradigmas de la verdad y sus respectivos diseños ha predominado el sentido de exclusión, tanto en su interior como al exterior de él. Se hace necesario los enfoques integradores de inclusión, que sin agotar la riqueza de mediaciones de la realidad – imposible históricamente – abarque la mayor cantidad posible, en tanto proceso subjetivo – objetivo, mediado por la praxis  de asimilación constructiva de la verdad. Con razón Marx, en sus Tesis sobre Feuerbach, al criticar la especulación filosófica, en la consideración de la verdad, exige concreción en los análisis y aconseja abordar la realidad subjetivamente. En su concepción, la teoría de la verdad, adquiere terrenalidad sustantiva,  si se funda en la praxis, como su criterio valorativo. Entendida la praxis como esencial relación sujeto – objeto y sujeto – sujeto, donde lo ideal y lo material se convierten recíprocamente.[25]      

 

La verdad es proceso y resultado del devenir humano. Un producto de la actividad del hombre (sujeto) en relación con la realidad que convierte en objeto de conocimiento, de la praxis y de valores que intercambia con otros sujetos. En tanto proceso histórico es absoluto y relativo. Cada generación construye verdades limitadas por la historia y la cultura y al mismo tiempo participa de lo absoluto. Lo absoluto y lo relativo son momentos inseparables constitutivos de la verdad, en su unidad y diferencia.

 

Si ciertamente la verdad se construye en la actividad humana, y ésta representa el modo de ser del hombre, a través de la praxis, el conocimiento, los valores y la comunicación, fundados en las necesidades, los intereses y los fines del hombre, su revelación ( de la verdad) no es sólo un producto cognoscitivo, desentrañador de esencias, sino además de la actuación práctica transformadora del hombre, en correspondencia con el significado que adquiere la realidad y los deseos de satisfacción humana. Al hombre no sólo le interesa qué son las cosas, cuál es su esencia, sino ante todo, para qué le sirve, qué necesidad satisface o qué interés resuelve. Por eso, praxis, conocimiento y valor, son inmanente al proceso mismo de develación de la verdad.

 

Son momentos de su propio proceso. Al igual que los resultados de su actividad resultan estériles al margen de la comunicación[26], en tanto intercambio de actividad  y de sus resultados.

 

La verdad se revela y descubre en las relaciones intersubjetivas, en espacios comunicativos, donde por supuesto, el consenso desempeña un lugar especial. Una verdad, fuera de la práctica del consenso, no encuentra legitimación y por tanto resulta estéril. Lo mismo que sin enriquecimiento espiritual no hay acceso posible a ella. La creación subjetiva, humana, plena de sensibilidad, abre camino a la verdad. Las vías poéticas del lenguaje, sustantivan las potencias del pensamiento. El hombre con riqueza espiritual e imaginativa en estrecha comunión con la naturaleza y la sociedad, se aproxima con más facilidad al conocimiento, a la verdad. Sencillamente, “las ciencias- escribe Martí- confirman lo que el espíritu posee (…). Así, son una la verdad, que es la hermosura en el juicio; la bondad, que es la hermosura en los afectos; y la mera belleza,  que es la hermosura en el arte (…). La naturaleza se postra ante el hombre y le da sus diferencias, para que perfeccione su juicio; sus maravillas, para que  avive su voluntad a imitarlas; sus exigencias, para que eduque su espíritu en el trabajo, en las contrariedades, y en la virtud que las vence. La naturaleza da al hombre sus objetos, que se reflejan en su mente, la cual gobierna su habla, en la que cada objeto va a transformarse en un sonido. Los astros son mensajeros de hermosuras,  y lo sublime perpetuo. El bosque vuelve al hombre a la razón y a la fe, y es la juventud  perpetua (…). La aparición de la verdad ilumina súbitamente el alma, como el sol ilumina la naturaleza”[27] .

 

Los caminos poéticos del lenguaje son iluminadores porque alumbran con luz de estrellas el proceso constructivo de la verdad. Sus posibilidades son infinitas no sólo por lo que informan, sino por lo que proponen y suscitan a la creación del hombre incluyendo a sus dimensiones gnoseológicas y cosmovisiva.

 

Debe destacarse además que el lenguaje tropológico no sólo es propio del lenguaje literario, pues está presente en todas las acciones humanas. ¿Quién puede negar que la educación, la cultura, la ciencia no sean metáforas de la vida?  En fin el lenguaje tropológico no puede aislarse del proceso constructivo de la verdad, como también es imposible negar la existencia de una verdad tropológica, que por ser representación figurada por excelencia tanto debe absolutizarse sus excelsas posibilidades creativas. Debe evitarse, reproducir los vicios de otros paradigmas que han quebrado por su elitismo excluyente. La misión del discurso que busca la verdad, debe ser su vocación incluyente, abierta, tolerante, crítica, en resumen con sentido ecuménico e integrador.

 

La tropología, y en particular la metáfora, por sus infinitas excelencias creativas, transita en unidad indisoluble con la teoría del conocimiento, en la representación del cosmos humano y el Universo que le sirve de claustro materno, y viceversa, la gnoseología imprime cauces nuevos expresivos a la sintaxis tropológica. “Pero creo que la intensificación de la “sintaxis figurada” en el marco de la poesía contemporánea tiene también sus razones contemporáneas, razones que atañen al desarrollo del conocimiento en nuestro tiempo. La diversidad tropológica se afina y se precisa, se hace necesaria al amparo de la noción de que, el Universo es un infinito de fenómenos interconectados, en movimiento, unitario en su diversidad; al amparo de esa noción, y por la necesidad de reflejarla”[28]

 

Unido a esta valiosa idea de cómo la tropología se enriquece siguiendo el cauce contemporáneo del desarrollo de la gnoseología, se destacan algunas ideas importantes de la tropología para la gnoseología en la revelación de principios sustantivos de carácter epitesmológico-cosmovisivo, tales como:

· el fundar la analogía en las esencias y no en las apariencias.

· el mostrar los opuestos, los contrarios, como unitarios.

· desarrollar el principio de concatenación universal de los fenómenos.

· afirmar la unidad del mundo en su diversidad.

· desarrollar la idea de totalidad como criterio de verdad.[29]

  

                                                                     

Esta idea última, en mi criterio, resulta interesante  y coincide en parte con una tesis, que no por vieja, deja de ser sugerente, a pesar de que sobrevalora las posibilidades de la estética y por tanto, puede repetir enfoques  reduccionistas. Me refiero al filósofo mexicano José Vasconcelo. En su criterio “(..) llegamos a ella después de agotar las posibilidades del Logos, y enseguida la verdad se nos revela como armonía, en vez de la verdad como identidad”[30] . Propone como método la coordinación y la existencia de un a priori estético, extremadamente idealizante que opera según ritmo, melodía y armonía. Además de hiperbolizar una arista del problema objeto de análisis, su interpretación está permeada de artificios eclécticos que no conducen a presentar la armonía como integralidad  incluyente.

 

En mi criterio el acceso a la verdad, requiere de una concepción compleja y flexible que priorice un enfoque de integralidad  incluyente en la aprehensión de la realidad asumida. Creo que el concepto de saber, con un nuevo sentido hermenéutico, al margen de su significado histórico tradicional – como conocimiento en general, de algún modo garantizado en su verdad, por su objetividad lógico-cognoscitiva, la identidad y la adecuación- resulta una alternativa posible. La intelección del saber con  un nuevo sentido hermenéutico, cuya interpretación se dirija no sólo al conocimiento, sino que incluya el valor, la praxis y la comunicación, abre perspectivas heurísticas inagotables. Propicia ante todo que no se absolutice la razón, entendida como único juez legitimador, y se incluyan los sentimientos y otras formas aprehensivas humanas en la construcción de la verdad. Esto posibilita que el logicismo abstracto, ceda paso a otras formas discursivas lingüísticas  de carácter tropológico, es decir, otros modos, también discursivos que no operan sólo con las clásicas estructuras categóricas, que por su objetivismo impersonal, devienen unilaterales y abstractas. Un enfoque subjetivo- no subjetivista, porque no rechaza la objetividad- puede asumir la realidad con sentido histórico cultural y garantizar la integralidad sin a priori absolutos y al margen de la actividad práctica, que en última instancia condiciona el proceso mismo de la verdad.

 

La asunción del concepto de saber- y no el de conocimiento como ha sido tradicional- , comprendido (el saber) como forma integral humana que incluye todos los medios que emplea el lenguaje para designar y penetrar en la realidad  permite vincular estrechamente conocimiento y valor, sobre la base de las necesidades, los intereses, y los fines humanos. Al mismo tiempo, ayuda a comprender que la verdad no se descubre espontáneamente, a través de una relación abstracta sujeto- objeto, sino que se revela en procesos intersubjetivos, en espacios comunicativos, que integran en su síntesis: conocimiento, valor y praxis. Todo en los marcos de la subjetividad humana, donde el hombre piensa, siente, desea, actúa e intercambia los productos de su actividad en una relación dialéctica sujeto- objeto, sujeto – sujeto, mediada por infinitos atributos cualificadores de su ser esencial, de la cultura, la historia y por el consenso legitimador.

 

Esto significa que si el saber del hombre se propone acceder a la verdad, en su concreción, no puede soslayar el papel importante de la actividad humana y su estructura compleja, así como la cultura, y como parte de ella, los caminos del lenguaje, en toda su diversidad, y sentidos, incluyendo la vía poética que tanto influye en la creación del hombre, así también como desechar por ineficaces y estériles las imposiciones “teóricas” y los autoritarismos intolerantes y excluyentes, expresados como convenciones gnoseologistas. Simplemente “(..) urge devolver los hombres a sí mismos; urge sacarlos del mal gobierno de la convención que sofoca o envenena sus sentimientos (…) y recarga su inteligencia con un caudal pernicioso, ajeno, frío y falso. Sólo lo genuino es fructífero”.[31] 

 

Busquemos la objetividad de verdad con sentido histórico- cultural humano, imaginación, razón utópica y vocación ecuménica incluyente. Una concepción del saber, como integralidad abierta al diálogo, a la crítica y a la comunicación puede ser una alternativa posible de construcción del conocimiento objetivo, de la verdad, incluyendo por supuesto, la propia de las ciencias naturales.

 

En la apropiación de la realidad por el hombre, su pensamiento sigue el cauce de la ascensión de lo abstracto a lo concreto y este proceso es en sí mismo incluyente. Para descubrir la realidad en su mayor concreción tiene que asumirla en sus varias mediaciones. En caso contrario, el saber resulta unilateral y abstracto, por seguir un cauce excluyente que absolutiza algunos momentos y pierde el sentido de totalidad y de unidad en lo diverso y complejo.  Con ello, se incapacita para apropiarse de lo concreto en sus diversas mediaciones y condicionamientos.

La concepción de la verdad  como saber integral no puede soslayar tampoco la importancia cognitiva del lenguaje metafórico[32], capaz de lograr la unidad de la diferencia, como certeramente señalan Ricoeur y Jakobson. Igualmente no se puede negar la independencia relativa del conocimiento científico y otras formas de aprehensión humana de la realidad. Pero en los marcos de una perspectiva o enfoque cultural que vincule razón, sentimiento, ciencia y conciencia. No se debe olvidar, que la cultura como producción humana en su proceso y resultado no se cualifica sólo por su dimensión cognoscitiva, sino particularmente por la sensibilidad que incita y activa el saber en su búsqueda integradora de lo que llamamos verdad.

 

Nadie con sentido común, puede obviar los resultados de la tecno-ciencia en la época de la globalización contemporánea. Pero sin sentido cultural, devienen estériles para el hombre, pues enajenan y deshumanizan. Resulta perjudicial, porque la verdad es vacía de contenido, cuando se separa de la belleza y la bondad, cuya armonía la funda e introduce Pitágoras, [33] a partir del sentido de medida, y es continuada por muchos filósofos y pensadores,  incluyendo a José Martí.

 

No es posible hacer del conocimiento científico el núcleo arquetípico del pensamiento y convertir a éste en un modelo impersonal que condiciona de modo a priori y teleológico la realidad existente para hacer una unidad o identidad con ella, llamada verdad. La verdad, sea de cualquier naturaleza, es proceso y resultado aprehensivo humano, como saber profundo, construido por la actividad del hombre en relación con el mundo o la parte de él hacia la cual dirige su acción. Se trata de un proceso humanizador de la realidad y del hombre mismo en espacios intersubjetivos.[34]  

 

Una verdad que separe la esencia humana de la existencia y los espacios histórico- culturales en que realmente se aprehende, resulta ficticia y no resiste la prueba de la praxis social. 

 

La educación,  como gran metáfora de la vida tiene mucho que hacer en el logro de un saber integral incluyente en la búsqueda de la verdad. Una educación que renuncie a los métodos transmisionistas y al discurso teorizante y abstracto, y asuma la intersubjetividad  como modo idóneo de formación humana, desarrolla sensibilidad, actitudes cognoscitivas creadoras, razón utópica y propicia que el lenguaje genere acciones creativas. Al mismo tiempo estará en mejores condiciones de vincular estrechamente los mundos de la vida, de la escuela y del trabajo, sin autoritarismos, intolerancias y cientificismos excluyentes.

 

En fin, la relación dialéctica  saber – objetividad – verdad,  mediada por la praxis, da la clave para interpretar con sentido cultural y complejo el proceso del conocimiento en su proceso,  determinaciones y condicionamientos reales: necesidad – interés, fin- medios y condiciones – resultado.

 

Sin olvidar que el lenguaje, tanto el directo, conceptual, como el ordinario, común, y el tropológico, media toda la realidad humana y es portador de un rico e infinito universo de significaciones. La creación científica, artística, filosófica, y en general toda creación está indisolublemente vinculada al lenguaje.

 

Nadie niega ya que vivimos en un mundo sígnico – textual y comunicativo, donde el lenguaje, tanto el natural como el artificial, ocupa una posición central. Es que la relación ser – pensar, mediado por la praxis,  se revela en el lenguaje, pues pensamos con palabras y nos comunicamos en la comprensión intersubjetiva y el diálogo.

 

La subjetividad humana, el mundo subjetivo del hombre, se configura, adquiere significados y sentido, y se hace cultura,  en el lenguaje. El signo, el símbolo y la metáfora, aspectos lingüísticos insoslayables, son inmanentes a la creación humana. De ahí, la necesidad de la pluralidad discursiva.

 

Sencillamente,  sentido cultural y complejo, pluralidad discursiva y compromiso social, devienen mediaciones sustantivas para dar solución a los problemas urgentes del conocimiento  y la objetividad de la verdad, en pleno siglo XXI.


Notas:

[1] Lezama, Lima J. Imagen  y Posibilidad. Editorial Letras Cubanas.Instituto Cubano  del  Libro,  La  Habana, 1981, p.19

[2] .Ibídem.

[3] Ibídem, p.21.

[4] Carpentier, A. Tientos y diferencias. Contemporáneos. UNEAC, La Habana, Cuba, 1974” ,pp. 96-97.

[5] Garaudy, G. De un realismo sin riberas. Colección de Arte y Sociedad/Unión.UNEAC, La Habana, Cuba, 1964, p.131.

[6] Armando Álvarez. Órbita de Lezama Lima, Ediciones Unión, La Habana,Cuba,1966, pp. 31-32.

[7] Ibídem.

[8] Ibídem.

[9] Ibídem.p.44.

[10] . Las imágenes posibles. En Orbita… Edición citada, p 45

[11] . Rensoli, L y Fuentes, I. José Lezama Lima: una cosmología poética. Editorial Letras Cubanas, La Habana 1990,p 31..

 

[12] “El gran edificio de los conceptos ostenta la firme regularidad de un columbario romano y su lógica tiene esa estrictez y frialdad propias de las matemáticas. Quien reciba ese soplo helado- señala la epistemóloga argentina Esther Díaz de Kóbila- creerá que también el concepto, osificado y octangular como el dado y trasladable como éste, siga siendo en el  fondo sólo el residuo de una metáfora” (Díaz de Kóbila, Esther.- Ideas robadas. Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina, 1991, p.96.   

[13] Ibídem, p. 95.

[14] Ibídem.

[15] . González, Elvia- La Educación: metáfora de la vida( tesis doctoral).Medellín, Colombia, 1999 p.17

[16] Ver Ricoeur, P.- Creatividad en lenguaje. Revista Signo y Pensamiento Nr.12 Universidad Pontificia Javeriana, Sta Fé de Bogotá, Colombia 1988, La metáfora viva, París, Seuil, 1971.

[17]. Ver Borges, Jorge L. – Examen de la metáfora. En Inquisiones. Seix Barral, Buenos Aires, Argentina, 1993. 

[18] Ver Habermas, J. Teoría de la acción comunicativa. Tomo I y II. Taurus, Buenos Aires, Argentina, 1989; de Guerra, M. La metáfora y la metonimia, Cátedra Madrid, España, 1985; de Ricoeur, P. Hermenéutica y acción. Universidad Católica de Lovaina, 1971; de Austin, J.L. How to do things with words, Cambridge, 1967. 

[19] Martí,  J. El poeta Walt, Whitman. Obras completas Tomo 13. Editorial Nacional de Cuba, Habana 1964 p.138.

[20] .Ver González, E. Obra citada,p.18

[21] .Martí, J.Emerson. Obras Completa. Tomo 13.Edición citada.p.25

[22] Sobre la verdad se ha escrito mucho. En la historia de la filosofía existen diversas concepciones y enfoques en torno a dicho problema. Una síntesis valiosa puede encontrarse en Abbagnano, N.- Diccionario de Filosofía. Inst. Cubano del libro, La Habana, Cuba, 1963, p 1180-1185.de Pérez Golindo, A. El devenir de la verdad. Edit. Biblos, Buenos Aires, Argentina 1992. 

[23] Ver de Parajón, C. El reconocimiento lingüístico de la verdad. Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina,1986 y del mismo autor “Verdades de la Imposición Teórica”, Editorial Biblos Buenos Aires, Argentina, 1989.

[24] Ver de Pupo, R. La actividad como categoría filosófica. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990.

[25] Ver de Pupo, R. La práctica y la filosofía marxista. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, Cuba, 1986.

[26] Ver de Pupo, R. La comunicación como intercambio de actividad. En del  propio autor: “La actividad como categoría filosófica”: Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, Cuba, 1990.

[27] Martí, J. Emerson. Obra citada, pp. 25-26

[28] Rodríguez, Rivera. G. Ensayos Voluntarios. Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba,1984, p.42.

[29] Ibídem, p.16.

[30] Vasconcelos, J. Filosofía Estética. Espasa- Calpe. Mexicana, S.A, México. D.F, 1994, p. 12.

[31] Martí, J. Prólogo al poema del Niágara. Obras completas. Tomo 7. Editorial Nacional de Cuba, La Habana, 1963, p. 230.

[32] Con razón  H. Galamer cree que la capacidad metafórica, es una forma propia lógica y lingüística de construcción de conceptos. ¿ Por qué entonces establecer una barrera infranqueable entre la imagen metafórica y los conceptos y categorías, que generalmente se ven como resultado privativos de la epistemología y del llamado lenguaje científico?. Hay que rectificar los prejuicios tradicionales, porque enla praxis histórico- social, han quebrado, por unilaterales y abstractos.   

[33] Ver Bodei, R. La forma de lo bello. Visor. Dic. S.A, Madrid 1998, pp. 25-46.

[34] En la conformación de estas ideas y de otras, presentes en este ensayo he desarrollado y asumido  gran parte de las ideas expuestas en el trabajo “Imagen, metáfora, verdad y en otros dedicados a la Hermenéutica ecosófica y a la Filosofía del lenguaje.

 

Dr. Sc. Rigoberto Pupo Pupo
rigobertopp3@yahoo.com.mx

 

 

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