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Conferencia magistral y distribuido a los asistentes, en el
Congreso Internacional de Filosofía de la Ciencia, en Mérida, Yucatán, México
 

Hacia una visión postclásica de la filosofía de la ciencia

Rigoberto Pupo Pupo

rigobertopp3@yahoo.com.mx

Dr. en Filosofía. Dr. en Ciencias

Sociedad cubana de investigaciones filosóficas

Universidad de La Habana, Cuba

Universidad “José Martí” de Latinoamérica, Monterrey, NL, México


Esta ponencia, hará énfasis especial en el sentido cultural de la ciencia y el  lenguaje, pues la filosofía de la ciencia, también ha sido presa del reduccionismo epistemologista de la racionalidad clásica moderna, expresado particularmente en el exclusivismo conceptual cientificista, perdiendo de vista que en la aprehensión de la verdad por el hombre, existen múltiples formas y caminos[1], incluida la vía poética del lenguaje y del pensamiento.  

Un lenguaje cuando produce imágenes creativas, permeadas de metáforas suscitante, no dispone, sino propone, suscita y anticipa. Es como un reflejo anticipado que no permanece pasivamente, se dirige al futuro, a  lo por venir con vocación ecuménica y en pos de la concreción. Por eso Descartes identifica la imagen con la idea o prefiere ésta en lugar de aquella, para significar la representación mental, sin reducirla al simple reflejo sensorial reproductivo,  pues la idea, como imagen mental, recrea con vuelo de altura, construye, se adelanta y enriquece con la invención y nuevas propuestas, diferentes de las que ya existen.  Por eso la filosofía de la ciencia,  sin hacer dejación de la forma lógico - conceptual debe fertilizarse con las otras formas aprehensivas de la realidad por el hombre, como es el caso de la metáfora y el lenguaje tropológico, en general.

Repensar la Filosofía, la ciencia y otros saberes hoy,  no es una simple consigna. Es una profunda convocatoria a pensarlos, con alto vuelo desde la teoría y  praxis mismas, insertas en la cultura. Es un llamado contra el exclusivismo que hace estéril el discurso. Un discurso, a veces gobernado por el abstracto epistelogismo que teme a las variadas formas aprehensivas de que dispone el hombre. He ahí el por qué de la necesidad de la metaforización del  discurso, sin reducirse a ella- porque se haría lo mismo que se critica-  en la eterna búsqueda de la verdad. 

La imagen, como representación viva de una cosa, un fenómeno, proceso, acontecimiento, etc., constituye un medio representativo de gran importancia cognoscitiva, práctica, valorativa y comunicativa, tanto en su sentido figurado (tropológico) como en su forma directa o sentido recto. Su riqueza de contenido deviene por sus múltiples poderes representativos de la imaginación, ya sea como expresión compuesta sólo de palabras que significan objetos sensibles, como forma viva y eficaz de algo por medio del lenguaje, como metáfora, sinécdoque, metonimia, etc.

La siguiente metáfora capta en su esencialidad la función de la imagen:” pone a los ojos del cuerpo lo que sólo es visible con los ojos del alma”, es decir, a través de la imagen, es posible elaborar un producto mental que da forma concreta a lo abstracto. Es que la imagen como resultado de la imaginación, constituye un medio indispensable en la construcción de la verdad, en tanto creación espiritual capaz de revelar esencias y conceptos, inaprehensibles por los medios lógicos comunes, tradicionales, sin perder la logicidad que le es inmanente como producto mental humano.

“La imagen según Lezama Lima- es la causa secreta de la historia. El hombre es siempre un prodigio, de ahí que la imagen lo penetre y lo impulse. La hipótesis de la imagen es la posibilidad. Llevamos un tesoro en un vaso de barro, dicen los Evangelios, y ese tesoro es captado por la imagen, su fuerza operante es la posibilidad.”[2].

Tanto la imagen natural (representa un objeto sensible mediante otros objetos sensibles) como la ideal (representación de de ideas abstractas o estados sensibles indefinidos a través de formas concretas, reuniendo cualidades o atributos) son medios idóneos de acceso a la verdad, pues son productos nuevos, perneados de razón utópica, fantasía y sensibilidad. ¡Cuánto dice, suscita y enriquece la representación de la salida del Sol con la imagen!: “abre la mañana sus alas de oro”, o representar con palabras del gran poeta español Juan Ramón Jiménez, un campo florecido en primavera, con la imagen:”Diríase que el cielo se deshace en rosas”, o en García Lorca, para expresar el viento:

                         “Yo soy todo de estrellas derretidas,

                         Sangre del infinito;

                         con mi roce descubro los colores

                         de los fondos dormidos.

                         Voy herido de místicas miradas…[3]

O de Herrera Reissin, cuando nos concreta, cómo el cura campesino sacaba de la tierra lo suficiente para adornar el altar: el ordeñar la pródiga ubre de la

                         montaña

                         Para encender con oros su pobre

                        altar de pino[4].

¿Por qué entonces la epistemología racionalista tradicional, teme tanto al camino poético del lenguaje, y sólo admite la imagen gnoseológica fría, impersonal, y por todo ello, abstracta, vacía? Cuando históricamente la praxis muestra el valor de subjetividad, de la imaginación creadora y bella en la revelación de la existencia humana, incluyendo la verdad que cualifica una de los principales objeto de búsqueda para realizar su ser esencial. Sencillamente, el paradigma gnoseológico logicista ha quebrado. Asistamos a sus funerales, pero sin absolutizaciones para no incurrir en sus mismos errores.

Un lenguaje cuando produce imágenes creativas, permeada de metáforas suscitante, no dispone, sino propone, suscita y anticipa. Es como un reflejo anticipado que no permanece pasivamente, se dirige al futuro, a lo por venir con vocación ecuménica y en pos de la concreción. Por eso Descartes identifica la imagen con la idea o prefiere ésta en lugar de aquella, para significar la representación mental, sin reducirla al simple reflejo sensorial reproductivo; pues la idea, como imagen mental, recrea con vuelo de altura, construye, se adelanta y enriquece con la invención y nuevas propuestas, diferentes de las que ya existen.

Abordar la realidad subjetivamente- como aconsejaba Marx, en sus Tesis sobre Feuerbach- es imaginar, descubrir, develar algo nuevo, trasuntado en novedades que dejan el reino de la posibilidad para encarnar realidades concretas, que al mismo tiempo son fuentes de nuevas aprehensiones. Fundarse en la imagen creadora, es prolongar los fines humanos y realizarlos en bien del hombre.

Crear es imaginar con plena libertad y poner los fines para satisfacer necesidades e intereses humanos. No es sencillamente dar cauces a la ficción y a las quimeras de la razón. Es sentir al mismo tiempo que nos alejamos de lo inmediato con vocación trascendente hacia lo maravilloso que enaltece y da fuerzas en dirección a la verdad que siempre buscamos, al saber integrador que altera la realidad para descubrirla. Sencillamente, “(…) lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad, percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritus que lo conduce a un modo de “estado límite. Para empezar, la sensación de lo maravilloso presupone una fe. Los que no creen en santos no pueden curarse con milagros de santos, ni los que no son Quijotes pueden meterse, en cuerpo y en alma y bienes, en el mundo de Amadís de Gaula o Tirante el Blanco”[5] .

Alejo Carpentier,  Premio Cervantes, con imaginación creadora, revela la gran verdad, que toda Nuestra América, no es más que una crónica de lo real maravilloso. Esta concepción, o método, si se quiere, le abrió amplias perspectivas para revelar la verdad del hombre en relación con el mundo, mediado por la praxis y sus circunstancias tropicales y otros contextos que tan sabiamente revela nuestro novelista mayor.

Sin artificios gnoseológicos, pero siguiendo la lógica especial del hombre y su espiritualidad, Carpentier construyó muchas verdades; creó verdades que hoy la historia y la cultura enriquecen y amplían con nuevos sujetos creadores.

Tanto la metáfora como la imagen propiamente dicha, son modos reveladores del cosmos humano en relación con el Universo. Ambas dan cuenta de la riqueza expresiva del pensamiento,  el lenguaje y sus amplias posibilidades creadoras. Son en sí mismas realidades teñidas de subjetividad sustantiva. Expresan conocimiento valor, praxis y comunicación en su despliegue progresivo y develador de esencias. “En mi sistema poético del mundo, la metáfora y la imagen tienen tanto de carnalidad, (…) como de eficacia filosófica, mundo exterior o razón en sí. Es uno de los misterios de la poesía la relación que hay entre el análogo, o fuerza conectiva de la metáfora, que avanza creando lo que pudiéramos llamar el territorio sustantivo de la poesía,- enfatiza Lezama -con el final de este avance, a través de infinitas analogías, hasta donde se encuentra la imagen, que tiene una poderosa fuerza regresiva, capaz de cubrir esa sustantividad”[6].

La imagen y la metáfora, independientemente de su carga subjetiva, no son simples representaciones formales carentes de contenido. “La relación entre la metáfora y la imagen –escribe Lezama Lima- se puede establecer con un caballo tan alado como nadante que persiste en una sustancia resistente que en definitiva podemos considerar como imagen. La imagen –continúa el pensador y poeta cubano- es la realidad del mundo invisible”[7],   que la filosofía busca, en la medida que hace tangible lo abstracto  o es capaz de anticipar lo que en el presente es sólo deseo, sueño, utopía, es decir, sólo posibilidad, no realidad concreta

Como la metáfora es un cambio de una palabra o grupo de ellas al sentido figurado, fundado en la asociación por semejanza, y la imagen, una representación “concreto- sensible” de estados difusos o ideas abstractas, ambas, en su unidad integran la traslación de sentido (la metáfora) y la nueva creación por la reunión de atributos cualificadores sensibles (imagen). Metáfora e imagen en el discurso contemporáneo (no sólo el eminentemente poético) aparecen indisolublemente unidos. Esto favorece “el sintetitismo” ensayístico que tanto impera y se impone. Este poder sintetista de ambas,  además de vigorizar el estilo y hacer más sugestivo y suscitador el discurso, le imprime belleza sensorial  y racional a las palabras y a sus significaciones. Porque a la filosofía, en toda su historia, le ha interesado más el sentido del origen y devenir de la realidad, que la “cosa en sí” misma.

Es difícil encontrar un texto, incluyendo el ensayo estrictamente científico que no opere con imágenes y metáforas[8], pues necesariamente trabaja con palabras, con sus respectivos significados y significantes que no pueden reducirse a lo inmediatamente dado. Requieren de mediaciones y a éstas le son inherentes por antonomasia. “Platero bebía cristales ensangrentados.” Juan Ramón Jiménez expresa así cómo el hocico de su asno perturba la serenidad del agua enrojecida por el reflejo del sol. La literatura es metáfora. La poesía es, por excelencia, metáfora. El arte es metáfora. Mahler no quería que sus amigos miraran el paisaje que rodeaba su gabinete de trabajo. Quería que escuchasen su música. Porque ahí se encontraba el paisaje, filtrado y embellecido por la creación estética. El Guernica de Picasso es una metáfora de la guerra. Las catedrales góticas son metáforas de la gloria divina. La piedad de Miguel Ángel es una metáfora del dolor”[9] .

La filosofía con todo el arsenal lógico cosmovisivo y metodológico que le es propio y que la tradición ha impuesto desde antaño, resulta inconcebible sin el empleo de las imágenes y las metáforas: “La filosofía, aparentemente tan alejada del arte, también constituye una búsqueda de metáforas (…) Un filósofo realista podría decir que no es así, que la realidad es como él la expresa. Sin embargo, en la medida en que expresa la realidad con signos, con palabras, con algo que media, que intercede entre la realidad y nosotros, está construyendo una metáfora”[10].

Para Ortega y Gasset, gran ensayista contemporáneo español, es la metáfora un instrumento mental imprescindible y una forma del pensamiento científico. Marcel Proust considera que sólo la metáfora puede eternizar el estilo literario, y en general todo estilo de excelencia, incluyendo al filosófico.

El logicismo cientificista al hiperbolizar el lenguaje “científico” y sus cadenas categoriales sólo ve en las metáforas figuras ornamentales y decoración estilística, carentes de información y saber. Su ceguera epistemologista y abstracta le impide comprender que no se trata, “(…) tan solo de un tropo intuitivo que maneja la teoría de la sustitución, no es una simple analogía, no es una palabra sustituta que sólo da belleza al lenguaje. La metáfora es una frase que construye una imagen no- idéntica, la cual implica una traslación, múltiples desvíos que generan plurisignificaciones[11].

La naturaleza del lenguaje metafórico está permeada de complejidad, incertidumbre y de ficción heurística. Por eso puede red-escribir la realidad y posibilitar nuevas imágenes creativas de lo real existente. Su capacidad heurística le permite partir de lo conocido hacia el descubrimiento de lo desconocido, infranqueable para el sentido recto del lenguaje. La metáfora funda relaciones contradictorias que traspasan el umbral de los signos ordinarios para transitar al mundo abstracto, a la esfera de los símbolos y nuevas profundidades de las esencias.       

Es que la metáfora relaciona dialécticamente el signo y el símbolo en una unidad contradictoria, capaz de subvertir la lógica común para vincular en síntesis lo concreto sensible del lenguaje cotidiano (signos) y lo abstracto del lenguaje de la ciencia (símbolo). Simplemente es la unidad contradictoria de conceptos diferentes,  para generar un movimiento dialéctico suscitador de varias motivaciones aprehensivas que incita al pensamiento creador y con ello, también al lenguaje y a sus actos productivos que generan acciones, praxis y viceversa.

El siglo XXI, caracterizado por la globalización, la complejidad y la incertidumbre, plantea nuevos retos al hombre, a la ciencia y a la cultura en general. El saber filosófico y científico,  tiene que repensarse todo, y particularmente, admitir como propios los caminos poéticos del lenguaje, sin minusvalorar los otros. Los resultados  tecnocientíficos, concretados entre otros, en las revoluciones en las tecnologías de la comunicación, la genética etc., si bien son valores útiles al hombre, también pueden enajenar su ser esencial, despersonalizar las relaciones humanas, matar las utopías, en fin globalizar la inhumanidad a través de los centros que poseen la fuerza de poder. Ante esta situación se requiere mucho sentido de humanidad y sentido cultural para lograr revertirla y hacer que prevalezca la globalización  de un humanismo que integre en unidad inseparable  verdad, belleza, bondad y garantice justicia y libertad.

Ante esta realidad, la dimensión lingüística del hombre con sentido incluyente, el lenguaje, en tanto mediación central entre el pensamiento, la conciencia y la realidad, puede contribuir con eficacia al impulso de la cultura. Hay que desarrollar la sensibilidad  en los marcos de los procesos intersubjetivos de la comunicación, pues en la cultura el contenido cognoscitivo “puro” no es suficiente. La sensibilidad cualifica por excelencia a la cultura,  la filosofía,  las ciencias  y  la impregnan de sentido cósmico.

En fin, el saber científico- filosófico y sus múltiples mediaciones, no está reñido con el empleo de la metáfora y otras figuras tropológicas.

En los tiempos actuales, la filosofía de la ciencia, en tanto cosmovisión general, debe estar atenta a los cambios que están impulsando los nuevos saberes integradores, los cuales  fundan una  racionalidad postclásica, caracterizada por:

1ro. La pluralidad discursiva lingüística, pues el hombre posee varias formas aprehensivas de la realidad y no debe reducirse a una.

2do. Una nueva concepción del método, como camino cierto e incierto, libre de  apriorismo, soslayando la concepción del método como  receta que debe seguir determinados pasos con certeza absoluta del resultado deseado.

3ro. Oposición al determinismo absoluto

4to. Una nueva visión de la relación sujeto –objeto,  y con ella, de la pura objetividad. Así, ante la contemplatividad de un sujeto que considera el objeto independiente, se desarrolla un enfoque constructivista, fundado en una epistemología hermenéutica de segundo orden.

5to. Antirreduccionismo

6to. Actitud  antidicotómica e inclusiva en las relaciones entre lo objetivo y lo subjetivo, lo absoluto y lo relativo, el todo y las partes, lo general y lo particular, el fenómeno y la esencia, la causa y el efecto, el contenido y la forma, lo racional y lo sensorial, etc.

7mo. El paso de la enciclopedia a la cosmopedia, sin nihilismos estériles.

8vo. Concepción del caos y el orden como unidad dialéctica contradictoria y no como antítesis absolutos

9no. Visión cultural y compleja de la ciencia y sus mediaciones.

Esto significa que un nuevo paradigma, impulsado por la propia praxis desafía el paradigma de la racionalidad clásica moderna en que nos hemos formado. Es necesario, como dice Edgar Morin,  reformar el pensamiento y cambiar las mentalidades para tener acceso a los nuevos cambios. Sencillamente,  siguiendo a Marcel Proust: “El verdadero acto de descubrimiento consiste no en buscar nuevas  tierras, sino en mirar con nuevos ojos”.

Es innegable que la filosofía de la ciencia tiene grandes desafíos en los momentos actuales.


[1] Las ideas esenciales de  esta ponencia se  ha apoyado  en el ensayo del propio autor “Metaforización de la filosofía y del saber en general”, publicado en su libro “Filosofía, educación, cultura y pluralidad discursiva ensayística…” ISIC. Ediciones, Tepic, Nayarit, México, 2014.

 

[2] Lezama, Lima J. (1981, p. 19) Imagen  y Posibilidad. Editorial Letras Cubanas,  La  Habana.

[3]  García Lorca, F. LIBRO DE POEMAS (1921). Alianza Editorial. España.

[4] Herrera Reissing, J. Los éxtasis de la montaña. http://www.los-poetas.com/c/reiss2.htm

[5] Carpentier, A. (1974, pp. 96 – 97) Tientos y diferencias. Contemporáneos. UNEAC, La Habana.

[6] Citado por Álvarez, A. (1966, pp. 31 - 32). Órbita de Lezama Lima, ediciones Unión, La Habana.

[7] Ibídem.

[8] Díaz de Kóbila, Esther. (1991, p.96.) Ideas robadas. Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina

[9] Ibídem

[10] Ibídem.

[11] González, E. (1999, p. 17) La Educación: metáfora de la vida (tesis doctoral).Medellín, Colombia.

 

Rigoberto Pupo Pupo

rigobertopp3@yahoo.com.mx

Dr. en Filosofía. Dr. en Ciencias

Sociedad cubana de investigaciones filosóficas

Universidad de La Habana, Cuba

Universidad “José Martí” de Latinoamérica, Monterrey, NL, México

 

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