Ironías (poéticas) de Juan Gelman
Jorge Ángel Hernández
jorgeangelhdez@gmail.com

El Rey entrega al poeta argentino Juan Gelman el premio Cervantes, el máximo galardón de las letras hispanas.RTVE

Al recibir oficialmente el premio Cervantes, Juan Gelman reivindicaba uno de los elementos de su poesía que ha necesitado sobrevivir a través de su sentido humorístico más que de su incontención poética: los neologismos creados a través de intercambios de funciones gramaticales. Nadie salvo Cervantes, advierte el poeta en su discurso de agradecimiento del premio, “vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo. O bachillear”. Esa comprensión de la necesidad de una aceptación irónica de la deformación de los vocablos en uso para llevarlos hacia una arista de su significado que aún no le es inherente, empleada por Cervantes, es rescatada por el poeta argentino para la poesía. Desde su más temprana obra poética, para Gelman, “los platos platan y las sillas sillan”, como lo escribe en su poema “Viajes”, de Cólera Buey. Y asimismo, en “Soles”, del mismo libro, el verso inicial anuncia que “los soles solan y los mares maran”.

No se trata, en rigor, de un juego que intenta descentrarse de la realidad, pues escribe bajo peligro de muerte, con todo el peso de la represión sobre sus hombros. La verbalización de sustantivos busca, entonces, rescatar el valor de lo irónico para la significación poética; entender la ironía de la existencia, en tanto es parte del uso cotidiano, también como materia poética. Así lo defendía en el citado discurso:

Don Quijote aprueba la creación de palabras nuevas, porque “esto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso”. Hace unos años ciertos poetas lanzaron una advertencia en tono casi legislativo: no hay que lastimar al lenguaje, como si éste fuera río coagulado, como si los pueblos no vinieran “lastimándolo” desde que empezaron a nombrar. Cuando Lope dice “siempre mañana y nunca mañanamos” agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque sólo no cambian las lenguas que están muertas. La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma.

En el poema “Héroes”, el ego poético es llamado a compartir su convencional herencia con un componente irónico de verbalización: “a mí me toca gelmanear”, escribe. La poesía, en su convencional legado respecto al papel creativo del poeta, ocupa un sitio análogo al de la lengua respecto a su uso en el habla, donde, según Cervantes, el vulgo ejerce su poder. Aunque lo irónico no se sustenta sólo en este recurso, pues “los farmacéuticos especifican / dictan bellas recetas para el pasmo / se desayunan en su gran centímetro” y, por demás, “se amanece siempre en los testículos”, con lo cual queda imbricada la expresión popular de referencia —los argentinos contemporáneos acusan el tener hinchadas las pelotas— con la polisemia que lo poético convoca. Amanecer en los testículos es, por mucho, una expresión de dignificación trascendente de la expresión popular en su relación con la circunstancia nacional inmediata a la que se hace alusión en el texto. Enseguida, el poeta hará explícito ese grado de importancia de los referentes mediante el verso “no poca cosa es que ello suceda”. La ironía de la vida, del uso de vivir en el cual los objetos cumplen funciones que la lengua aún no ha aprendido a describir y a interpretar cabalmente, es también sustancia de la poesía. La palabra poética ha de aprehender, así, cualquiera de los sufrimientos y necesidades humanas, los cuales se resuelven, en tantos casos, mediante la ironía, a la que Gelman accede con humildad consciente. De ahí que el poema concluya con estos tres versos:

a gelmanear a gelmanear les digo
a conocer a los más bellos
los que vencieron con su gran derrota

En el poema “Condecoraciones”, la ironía pasa, de una amarga denuncia de los hechos, a una proyección de una esperanza al futuro, si no palpable sobre la base de realistas conclusiones, sí argumentada en la necesidad humana.

Condecoraron al señor general,
condecoraron al señor almirante,
al brigadier, a mi vecino
el sargento de policía,

y alguna vez condecorarán al poeta
por usar palabras como fuego,
como sol, como esperanza,
entre tanta miseria humana,
tanto dolor
sin ir más lejos.

Se trata de no perder la fuerza del enunciado sarcástico, pues ese “sin ir más lejos” recontextualiza lo que, de golpe, pudiera convertirse en simple desiderátum poético. En giros como este, que abundan en los poemas de Juan Gelman, no solo se concentran específicas llamadas de expresión figurada, sino también una especie de comunión con el canon conversacionalista que inundó la poesía de esa época. El conversacionalismo de Gelman se desplaza, y a sí mismo se trasciende, a través de constantes incidencias irónicas que, aunque aparenten señalar, hacer guiños deícticos concretos, son circunstancia de viva sugerencia.

Dos poemas llamados “Tanguito” revelan sus maniobras de poeta que asume y, a la vez, se distancia de las consecuencias sentimentales del suceso, del contexto sentimental que la poética, de acuerdo con lo planteado en la situación de vida que se referencia, le exige:

Tanguito

yo
no
sé qué hacer
para que salgas de mí y por fin te vayas
al diablo al sufrimiento que
me crece por verte y por no verte y
no seas más que eso sufrimiento
en vez de ser temblor ser esperanza
silencio bajo el sol
otro sol además

Tanguito

no me quiero plantar en el
naipe fastuoso de la vida o
jugar a ganar o
a perder sino
perder para ganar o sea
ganar para perder tu rostro
canta que canta en la mañana y
ya te voy a sufrir
por ejemplo

En el primer caso, la necesidad de alejamiento no es sino impotencia, sufrimiento, que no se puede vencer a pesar de las declaraciones de guerra, de los partes de derrota adelantados. Hay un llamado que contiene en sí mismo su sentido contrario, mecanismo clásico en el que se expresa la ironía. El segundo “Tanguito” rescata la misma norma básica de enunciación, aunque su tono no parte de la lamentación, sino de la arenga. El verso final es responsable, entonces, de recontextualizar el punto de partida, de asignar un orden a las contradicciones que los versos anteriores han planteado.

Lo que pasa

Yo te entregué mi sangre, mis sonidos,
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,
como un día de mayo dulcísimo de otoño,
y lo que es más aún, todo mi olvido
para que lo deshagas y dures en la noche, en la
tormenta, en la desgracia,
y más aún, te di mi muerte,
veré subir tu rostro entre el oleaje de las
sombras,
y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo como
un fuego, y me destruyes, me construyes, eres oscura como
la luz.

La poesía personificada, percibida y concebida como un ente asaz humano, dignifica el uso cervantino de la ironía inmanente que el habla imprime a la dinámica del lenguaje. Veamos este ejemplo:

El perro

El poema no pide de comer. Come
los pobres platos que
gente sin vergüenza o pudor
le sirve en medio de la noche.
La palabra divina ya no existe. ¿Qué puede
hacer el poema, sino
contentarse con lo que le dan?
Después aullará por ahí
sin respuesta, será
otro perro perdido
en la ciudad impiadosa.

Con la infausta noticia de su muerte, ocurrida en la tarde de este martes 14 de enero de 2014, dan ganas de abandonar toda intención de estilo, toda búsqueda personal, y cambiarlos por una devota imitación, un declarado y servil epigonismo. Pero, y como para no considerar como última su ironía de marcharse a gelmanear a otra muerte, también ello ha ocurrido.

 

Juan Gelman 'La poesía es de todos'

 

Juan Gelman, el poeta involuntario

 

Jorge Ángel Hernández
jorgeangelhdez@gmail.com

Publicado, originalmente, en Cuba Literaria http://www.cubaliteraria.cu/ 15 de enero de 2014

http://www.cubaliteraria.cu/articulo.php?idarticulo=16861&idseccion=48

Autorizado por el autor

 

Editado por el editor de Letras Uruguay

Email: echinope@gmail.com

Twitter: https://twitter.com/echinope

Facebook: https://www.facebook.com/carlos.echinopearce

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carlos-echinope-arce-1a628a35/ 

 

Métodos para apoyar la labor cultural de Letras-Uruguay

 

Ir a índice de Ensayo

Ir a índice de Hernández, Jorge Ángel

Ir a página inicio

Ir a índice de autores