Inmigrantes en poemas argentinos
Lic. María González Rouco

En este trabajo compilo algunos de los poemas en los que los inmigrantes llegados a la Argentina entre 1850 y 1950, sus descendientes u otros escritores argentinos, cantan a la tierra de origen, a la inmigración  o a los inmigrantes.

Transcribo parcialmente un poema de cada poeta, aunque muchos de ellos han escrito otros poemas sobre la inmigración, además del que incluyo en este trabajo. No incluyo las letras de canciones, tangos, milongas y schotis.

En general, utilizo un criterio cronológico para ordenar los poemas, a excepción de los poemas sobre españoles e italianos, que han sido ordenados por la región de origen, dejando al final de cada apartado aquellos que no indican procedencia del inmigrante.

Alemanes

José Pedroni se refiere, en el poema “Peter y Anna” (1), a “los fundadores de Esperanza. Naturales de Hintertiefenbach (Alemania). Peter murió de pena a los catorce días de su llegada”. 

Su mujer no tiene dónde enterrarlo:

No hay una caja para Peter Zimmermann

muerto en la madrugada.

‘Los ataúdes de Hintertiefenbach

eran de pino y haya’-.

Anna Elisabeth Leiser

está vaciando el arca.

En su poema “En el día de la recolección de los frutos”, Alfredo Bufano dice “Salud!” “también a vosotros, hombres de la vieja Alemania” (2).

Notas

1.  Pedroni, Josè: “Peter y Anna”, en Hacecillo de Elena. Santa Fe, Colmegna, 1987. Pág. 112.

2. Bufano, Alfredo: “En el día de la recolección de los frutos”, en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarín.

Armenios

Eduardo Bedrossian canta a la inmigración de ese origen. En su novela Hayrig Detrás del silencio de un millón y medio de voces incluyó el poema “Armenia” (1), que transcribo parcialmente:

Aquellos que dejando el amparo de tus manos,
en la tarde oscura del invierno se marcharon
peregrinos, a otras tierras, otros mares,
grabando en tu alma el recuerdo
de sus risas frescas de días lejanos.

Preguntas al viento si vuelven los tiempos pasados,
y su tímida brisa, acaricia;
y la caricia: suspiro
y el suspiro de amor un respiro,
como una esperanza cercana, con toda certeza, contesta:
¡Volverán tus hijos errantes!.

Notas

1. Bedrossian, Eduardo: Hayrig. Buenos Aires, 1991.

Búlgaros

Paulina Vinderman habla a su padre en un poema (1):

-Anoche soñé que sacaba un pasaje para Bulgaria-

quiero decirle.

Llego a una ciudad amplia y resuelta, apoyada en un

mar interior (un mar de manual, con muchos barcos enhiestos.)

Inexplicablemente la ciudad está callada

y resuenan mis pasos sobre las calles.

Nota

1. Vinderman, Paulina: “Bulgaria”, en Bulgaria. Biblioteca Virtual Beat 57.

Españoles 

Andaluces

En su poema “En el patio” (1), Evaristo Carriego elogia a una inmigrante andaluza:

Me gusta verte así, bajo la parra,

resguardada del sol de mediodía,

risueñamente audaz, gentil, bizarra,

como una evocación de Andalucía.

 

Con olor a salud en tu belleza,

que envuelves en exóticos vestidos,

roja de clavelones la cabeza

y leyendo novelas de bandidos.

Notas

1. Carriego, Evaristo: “En el patio”, fragmento incluido en Wolf, Ema (texto) y Patriarca, Cristina (investigación): La gran inmigración. Ilustraciones de Daniel Rabanal. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. Sexta edición. 226 páginas. (Sudamericana Joven Ensayo). Pág- 53.

Asturianos

En “Los pájaros ciegos” (1), escribe José Portogalo:

Junto a un charco de sangre estaba yo,
Juan Pérez, asturiano, profesión panadero, 
veinte años de Argentina, con tres hijos,
un río de esperanza entre mis manos,
el corazón del mundo en mi garganta
y una copla en mi pecho.

La primavera, ciega, se amontonó en mi sangre.
Desde entonces mi copla perdura entre los pájaros.

Notas

1. Portogalo, José: “Los pájaros ciegos” (Fragmento), en Portogalo, José: Los pájaros ciegos y otros poemas. Selección: José Portogalo. Prólogo: Josefina Mercado Longhi. Buenos Aires, CEAL, 1982. Pág. 72. (Capítulo, Vol. 132).

Cántabros

A su abuela española canta Baldomero Fernández Moreno, en “Inicial de oro” (1): 

Nací, hermanos, en esta dulce tierra argentina,

pero el primer recuerdo nítido de mi infancia

es éste: una mañana de oro y de neblina,

un camino muy blanco y una calesa rancia.

 

Luego un portal oscuro de caduca arrogancia

y una abuelita toda temblona y pueblerina,

que me deja en la cara una agreste fragancia

y me dice: -¡El mi nieto, que caruca más fina!-

Notas

1. Fernández Moreno, Baldomero: “Inicial de oro”, en Cantan los pueblos americanos. Selección de Germán Berdiales; ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957.

 

Castellanos

 

En “Regreso” (1), Rubén Benítez canta a su madre española:

Tu cuna ya era un barco

de mares demorados

y de ausencias.

 

Pobre madre,

portaba en su mirada

distante y abatida

la luz del desencanto

triste flor de su tierra prometida.

Notas

1. Benítez, Rubén: “Regreso”, en La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 3 de septiembre de 1998.

Gallegos

 

En “El espiante” (2), escribe Bartolomé R. Aprile:

Se junaban con bronca las viejabas

-gaitas tolas, cabreras por un cuento-

y se fajaban a lo potro biabas

al lado ‘e la pileta del convento

 

Una decía: -¡Se le van las tabas

a ese reo por m’hija de contento!-

Otra decía: -¡Se le caen las babas

a esa lora por m’ hijo y le da vento!-

Arturo Capdevila escribió su Canto Gallego para rendir “...Homenaje a tantos y tantos gallegos de ejemplares virtudes como cruzaron el Océano para ser fundadores de dignísimas familias en mi patria argentina.”. (3).

 

Francisco Luis Bernárdez (4) llora a su madre gallega:

Nuestras pequeñas bicicletas iban por aquella carretera de España.

Detrás quedaba Carballino, con sus casas envueltas por la madrugada.

Dejando mi corazón mucho más a obscuras, el amanecer despuntaba.

¿Era posible que pudiera venir, como todos los días, la mañana?

El silencio de mis hermanos era el eco de la soledad de sus almas.

Yo sentía sobre mis hombros algo parecido al peso de una montaña.

El paisaje abría los ojos como si no se hubiera enterado de nada.

Nunca olvidaré que en el monte de Corzos había un ruiseñor que cantaba.

Al llegar a Dacón oímos el nombre querido en la voz de la campana.

Mamá y el mundo habían muerto para siempre y sólo aquella voz los lloraba”.

En el poema “Cuando mi padre habló de su infancia” (5), José González Carbalho enumera las posesiones que el niño inmigrante tenía en Galicia: un río, un monte, un horizonte, su perro y sus canciones. En América, ya nada tiene de eso, y se lamenta:

Ay, el dueño de valles

y misteriosos bosques

por el que andaba yo

mi perro y mis canciones.

Mis canciones que vuelven sólo para que llore.

Mi perro ya olvidado

de obedecer al nombre.

Yo, que perdí mis cielos,

¡y soy tan pobre!.

En “Tríptico a Galicia” (6), Enrique Urbina García canta la nostalgia del inmigrante de esa región:

Y aquel que por Vigo, apabulló su sombra;

en su misterio –pompas de luna- ocultará olvido

y por las vides de Galicia como raíz sangrante

tendrá su mente endulzando retornos válidos.

(...)

Todo el que con un gallego trata, alcanza

sólo un poco lo que el corazón de ese hombre

desparrama, porque el amor, vive en su España.

Carlos Penelas es el autor del poema “Los trasterrados” (7), que dedica a sus abuelos Pedro Penelas y Tomás Abad. En él dice:

Se ocupaban de las cosas comunes:

del trabajo, del pan, de los hijos.

No expresaron fatiga ni dolor. Morían en silencio.

Llevaban en la sangre

el honor, la palabra, la brisca.

Bebían vino tinto. No reclamaron nada.

Caminaban el tiempo de otro tiempo.

En “Aldea” (8), manifiesta:

Hay sepulturas horadadas en la piedra.

Y una espadaña que es extraña en la tierra.

Hubo batallas, nobles y normandos.

Hubo tégulas, molinos de mano.

Y mitos y hembras y dioses paganos.

Canes pétreos sostienen el alero

de las ruinas de un cenobio.

Aquí un hombre decidió su exilio

por la hambruna.

En uno de los poemas incluidos en Elogio a la rosa de Berceo (9), expresa:

Este hombre que nació entre meigas y lloviznas

regresa por las noches a recordar el canto de las aves.

Habla de la melancolía, del pasado.

De una casa muerta,

de la siesta preñada de caldenes.

Manuel Castro Cambeiro y Eliseo Mauas Pinto son los autores de Legado Celta. En el poema “Soy el llamado ancestral” (10), incluido en ese libro bilingüe, expresan:

Soy el llamado ancestral,

el fuego encendido

por los antepasados;

 

el guerrero que resurge,

el que tiene las sandalias de cuero calzadas,

ceñidos el escudo y la espada.

“El señor Santiago” (11) se titula uno de los poemas de tema gallego de María Rosa Lojo:

Por todos los caminos -te han dicho- se llega a Santiago. Pero las brujas siempre llegan antes, montadas en antiguas escobas de toxo y cubiertas con el sombrero redondo de las campesinas. El Apóstol las espera encaramado en el Pórtico de la Gloria y en la Quintana Dos Mortos, y sentado en el altar mayor y acostado en la urna de su sepultura, y ofrecido como una estatuita de piedra molida en las mesas de recuerdos turísticos, y pintado en las marquesinas de los restaurantes.

En su poema “Madre gallega” (12), Ricardo Ares escribe:

Noche infinita

encastrada en la singer,

bajo la parra encendida de enero

viajabas a Lugo,

montada en tu infancia

y te perdías...

“De España” es uno de los tres poemas que presenté en 1994 en el Concurso Literario convocado por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Buenos Aires, Categoría Familiares de Profesionales. Esos poemas fueron distinguidos con el Segundo Premio, por el Jurado que integraron María Angélica Bosco, Nicolás Cócaro y Eduardo Gudiño Kieffer. Transcribo el fragmento referido a Galicia:

Rosalía, triste,

junto a la ventana,

escribe al amor

de la antigua llama.

 

Hermosa y doliente,

la tierra gallega,

crece entre sus manos,

libre, sin fronteras.

A mi abuela, que murió añorando su tierra entrañable, dediqué “Como al principio” :

Se fue, Dios quiera, a su aldea,

sus rías y su falar galego.

Su herencia pervive en los momentos

en que las miradas se ensombrecen

y el destino, esquivo, nos une otra vez,

como al principio.

Nota

1. García Lorca, Federico: “Cantiga do neno da tenda”, en Alposta, Luis: Lorca en lunfardo. Los “Seis poemas galegos” en ediciòn bilingûe. Traducciòn de Luis Alposta. Estudio preliminar de Antonio Pèrez-Prado. Buenos Aires, Corregidor, 1996.

2. Aprile, Bartolomé R.: “El espiante”, citado en Páez, Jorge: El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970.

3. S/F: en www.superlibro.com.

4. Bernárdez, Francisco Luis: “Poema de las cuatro fechas”, en Cielo de tierra. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1948. Ilustraciones de Horacio Butler.

5. González Carbalho, José: “Cuando mi padre habló de su infancia”, en Requeni, Antonio: Un poeta arxentino en Galicia: González Carbalho. Separata del Boletín Galego de Literatura.

6. Urbina García, Eugenio: “Tríptico a Galicia”, en La Capital, Mar del Plata, 28 de febrero de 1999.

7. Penelas, Carlos: “Los trasterrados”, en El mirador de Espenuca. Buenos Aires, Torres Agüero Editor, 1995.

8. Penelas, Carlos: “Aldea”, en Desobediencia de la aurora. Buenos Aires, Ediciones del Valle, 2000.

9. Penelas, Carlos: “XXIX”, en Elogio a la rosa de Berceo. Buenos Aires, Ediciones del valle, 2002.

10. Castro, Manuel, y Mauas Pinto, Eliseo: Legado Celta. 1993.

11. Lojo, María Rosa: “El señor Santiago”, en Esperan la mañana verde. Buenos Aires, El Francotirador, 1998.

12. Ares, Ricardo: “Madre Gallega”, en El Barrio Villa Pueyrredón, Año VI, Septiembre 2004, N° 65.

Vascos

En Martín Fierro (1), de José Hernández, aparece el vasco pulpero:

Se tiró al suelo; al dentrar

le dio un empellón a un vasco

y me alargó un medio frasco

diciendo: «Beba, cuñao».

«Por su hermana», contesté,

«que por la mía no hay cuidao».

Fernando Sorrentino alude al inmigrante, analizando otra cuestión:”¿Cómo debe interpretarse esta magnífica escena literaria, de vividez cinematográfica? La actitud insolente del gaucho, con su entrada ampulosa de meter el caballo hasta casi dentro del boliche, darle un empujón a uno —el consabido vasco pulpero— de los dueños del local, etcétera, sirve de contexto para que la palabra cuñado, que solía tener un matiz afectuoso, se cargue de agresividad” (2).

 

Leopoldo Lugones, en la “Oda a los ganados y las mieses” (3), canta al vasco:

¡Oh alegre vasco matinal, que hacía

Con su jamelgo hirsuto y con su boina

La entrada del suburbio adormecido

Bajo la aguda escarcha de la aurora!

Repicaba en los tarros abollados

Su eclógico pregón de leche gorda,

Y con su rizo de humo iba la pipa

Temprana, bailándole en la boca,

Mezclada a la quejumbre del zorzico

que gemía una ausencia de zampoñas.

Notas

1. Hernández, José: Martín Fierro. Buenos Aires, CEAL, 1980.

2. Sorrentino, Fernando: “El trujamán Por su hermana»:no confundir una burla con un brindis (II)”, Centro Virtual Cervantes, 29 de diciembre de 2004.

3. Lugones, Leopoldo: “Oda a los ganados y las mieses”, en Antología poética. Buenos Aires, Espasa, 1965.

Sefaradíes

En “Imagino” (1), Luis León evoca un exilio de siglos:

Un pueblo entero partido en muchos pueblos, soltado como palomas en alta mar, ante la incertidumbre de hallar una isla donde detenerse.Así el pueblo sefaradí se hizo varios y a la vez continuó siendo uno. Misterio ejemplificador el de los judíos españoles: Holanda por acá, regiones otomanas por allá, Marruecos por el otro lado. Muchos pueblos con una sola lengua...permanecieron un solo pueblo.Largo deambular y una agonía que quizá, duraría más de quinientos años, o a lo mejor sólo las pocas horas que tardaron en renovar la ilusión de revivir en otra tierra, hacer suyos los nuevos vecinos, conocer palabras de los otros, para regar la propia lengua. 

Notas

1. León, Luis: “Imagino”, en Sefaraires, N° 33, enero de 2005, sefaraires@fibertel.com.ar.

Sin mención de origen

 

En un poema que dedica a su madre (1), escribe Cristina Pizarro:

Dones por doquier

pasos silenciosos

                        recorren la distancia

y en el alejamiento

                           se instauran las pasiones,

la nostalgia y la melancolía del paisaje aquel donde jugábamos

a las escondidas

y éramos

bailarinas españolas con novios.

Notas

1.       Pizarro, Cristina: “Sólo ella es real en la vorágine”, en Poemas de agua y fuego, 1993.

 

Varios

 

Enrique Larreta canta, en “Las criadas y el niño” (1), a las domésticas españolas:

Que otros digan de escuelas y de universidades.

Yo canto el cuarto aquel de plancha y de costura

y sus buenas mujeres. ¡Galicia! ¡Extremadura!

y las que me enseñaban a palmear soledades.

 

España de las tierras y no de las ciudades.

También las castellanas de grave catadura.

La blanca, la trigueña; la moza, la madura.

De todas las pellejas, de todas las edades.

En su poema “En el día de la recolección de los frutos” (2), Alfredo Bufano homenajea a la inmigración española:

¡Salud, nietos sin mengua de Francisco Pizarro

y de Ruy Díaz de Vivar;

hijosdalgo de Avila de los Caballeros,

sudorosos hacheros de Ontoria del Pinar,

labriegos de las rudas mesetas castellanas,

pescadores galaicos de las rías y el mar,

hortelanos de Murcia, vascos roblizos, fuertes

extremeños: ¡larga gloria tengáis

todos vosotros, hijos de las viejas Españas,

hombres de eterna y recia y heroica mocedad,

en cuyas venas corre la misma sangre nuestra

y cuyas bocas se abren con nuestro mismo hablar!.

Leonie J. Fournier (3) evoca a los hispanos en un poema acerca de la Avenida de Mayo:

La Avenida donde están

Las agencias del lotero,

Los hoteles, los cafés

Donde nunca van de acuerdo

Los que discuten ‘sus cosas’,

andaluces, madrileños

que la Avenida de Mayo

es como la casa de ellos.

A sus abuelas, inhumadas en tierra americana, canta Ricardo Adúriz en “Los rostros del olvido” (4):

Dulces abuelas trashumadas

desde estos cielos

a aquellos cementerios.

Que vuestros nombres, en medio del océano

de sombra, sajados vivos de la noche larga,

os devuelvan la luz de un tiempo suave

en Freas de Eiras –tierra de Galicia-

y en el Madrid de fin de siglo.

Silvia Isjaqui Sereno es la autora de “Madre Patria” (5), poema en el que recuerda a sus abuelos:

Un abuelo catalán

El otro de sangre euskera

Otros, moros perseguidos

Y devueltos a sus tierras

¡Ay mis abuelos dormidos

En otras tumbas de América

Pensando un día volver

Pero ese día no llega

Notas

1. Larreta, Enrique: "Las criadas y el niño", en Cantan los pueblos americanos. Selección de Germán Berdiales; ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957.

2. Bufano, Alfredo: "En el día de la recolección de los frutos", en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarín.

3. Adúriz, Ricardo: Torre del homenaje. Madrid, Ediciones Cultura Hispánica del Centro Iberoamericano de Cooperación, 1979.

4. Fournier, Leonie J.: "Mi Argentina", incluido en Wolf, Ema (texto) y Patriarca, Cristina (investigación): La gran inmigración. Ilustraciones de Daniel Rabanal. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. Sexta edición. 226 páginas. (Sudamericana Joven Ensayo). Pág. 48.

5. Isjaqui Sereno, Silvia: "Madre Patria", en SEFARAires Nª 50, Junio de 2006.

Estadounidenses

En su poema "En el día de la recolección de los frutos" Alfredo Bufano saluda a los hombres

de la tierra de los rascacielos

que dio a Whitman y a Poe a la inmortalidad.

Franceses

En su poema "En el día de la recolección de los frutos" (1), Alfredo Bufano canta a la inmigración francesa:

Salud, hijos de las Galias gloriosas
que sabéis abrir surcos y leer a Ronsard,
hijos de aquella tierra que oyó la voz de Hugo
y que derrama pródiga su vasta claridad.
¡Salud, hijos del Arco de Triunfo, hijos magníficos
de la sabiduría y de la libertad!

En uno de los poemas reunidos en Monsieur Jaquin (2), José Pedroni evoca, a partir del relato de una colonizadora, la muerte de Ana Esser en el litoral, al desembarcar:

El Paraná, boca arriba,
tres días que la miraba,
los ojos llenos de peces,
ofreciéndole naranjas.

De un lado estaba el recuerdo;
del otro lado la pampa.
Entre la tierra y el mar
Ana Esser en el agua.

Pierre Cottereau, que no era inmigrante pero nunca volvió a Francia, escribe acerca de su valija:

Sobre la proa del barco
la abracé con fuerza
sin embargo no sabía
de nuestro último destino.

Notas

 

1. Bufano, Alfredo: "En el día de la recolección de los frutos", en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarín.

 

2. Pedroni, José: "Ana Esser", en Hacecillo de Elena. Santa Fe, Colmegna, 1987. Pág. 109.

 

3. Cottereau, Pierre M. M.: Sueños y sombras. Villa General Belgrano, Còrdoba, Ediciòn del autor, 1997.

 

Galeses

 

El 31 de julio de 2004, en el Eisteddfod Mimosa, Puerto Madryn, Chubut, Competencia Principal Ballena Dorada, fue distinguido con una Mención Especial el poema (1) que Celia Amanda Sala Davies dedica "A Elizabeth Adams y a su hija María Humphreys, al cacique Francisco y a su tribu tehuelche, hacedores de Paz", en el que expresa:

Desde el Tiempo
y desde Todos los Tiempos
fuiste la elegida
para el distante y brumoso Sur
en el misterio de tu concepción
allá en la sojuzgada Gales
en el multitudinario arco iris de tu gestación
en el histórico "Mimosa"

Notas

1. Sala Davies, Celia Amanda: "Poesía Principal".

Ingleses

En el Martín Fierro (1), José Hernández se refiere a un inglés:

Hasta un Inglés sanjiador
Que decía en la última guerra,
Que él era de Inca la perra
Y que no quería servir,
Tuvo también que juir
A guarecerse en la Sierra.

Como puede habla castellano el inglés que evoca Leopoldo Lugones en la "Oda a los ganados y las mieses" (2). No obstante, ejerce una beneficiosa influencia en los ganaderos a los que aconseja:

lo cierto es que en su media lengua trajo
artes y ciencias que el paisano ignora.
El transformó los bárbaros corrales,
las torpes hierras, las feroces domas,
y aseguró en las chacras invernizas
que al pronto parecieron anacrónicas,
forraje fresco a los costosos padres,
que entienden sus maneras y su idioma.

En su poema "En el día de la recolección de los frutos" (3), Alfredo Bufano evoca a la inmigración inglesa, relacionándola con el tendido de los ferrocarriles:

Hombre rubio de la isla de Kipling

que llenaste de sierpes de acero nuestra vasta heredad,

y que hendiste los aires con fragores de ruedas

y de émbolos y dínamos en hondo trepidar

y que llevaste el himno ronco de las locomotoras

por toda nuestra ubérrima

fecunda y proteiforme inmensidad.

Notas

1 Hernández, José: Martín Fierro. Buenos Aires, CEAL, 1979. (Capítulo, vol. 23).
2. Lugones, Leopoldo: "Oda a los ganados y las mieses", en Antología poética. Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1965.
3. Bufano, Alfredo: "En el día de la recolección de los frutos", en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarín.

Italianos

Calabria

Adelina C. Cela, en el poema "Madre Patria" (1), imagina el sentimiento de su tierra:

Tú clamabas por mí
como una madre divina,
con lágrimas derramadas
en nostálgica partida.

Como un susurro tu lengua
me acunó toda la vida
y no le diste abandono
a tu hija en lejanía.

Alfredo Conte (2) homenajea a su padre, que llegó desde Cosenza en 1887:

Mi viejo, vos hiciste el mundo nuevo
abriste surcos, criaste hijos
y fuiste solamente un inmigrante.
No sé cómo decirlo en dos palabras.
A sus abuelos calabreses evoca Griselda García (3):
mi abuela obligándonos a terminar el plato,
haciendo bocaditos fritos con las sobras porque
'ustedes por suerte no conocen lo que es la guerra, el hambre...';
(...) 
mi abuelo que para todas las actividades cotidianas
produce un sonido distinto con la boca;
que en los sesenta era sastre en Aerolíneas
y hacía los trajes de azafatas y pilotos,
Notas

1. Cela, Adelina: "Madre Patria", en La Capital, Mar del Plata, 5 de septiembre de 1999.
2. Conte, Alfredo: Pascualino. Edición homenaje. Buenos Aires, 2001.
3. García, Griselda. Poema inédito.

Campania

En el Martín Fierro (1) encontramos muchas referencias al inmigrante. Transcribo uno de estos pasajes: 
Un nápoles mercachifle
Que andaba con un arpista,
Cayó también en la lista
Sin dificultá ninguna:
Lo agarré a la treinta y una
Y le daba bola vista.
José Portogalo evoca, en "Los pájaros ciegos" (2), a un napolitano:
Mi padre, violinista, fracasó en Buenos Aires.

Sin embargo su nombre -Pierángelo- traía
"gli uccelli" luminosos de las calles de Nápoles;
Doménico Scarlatti, heraldo de sus pájaros,
clareaba el mundo denso de su infancia y sus lágrimas.
Notas

1. Hernández, José: Martín Fierro. Testo originale con traduzione, commenti e note di Giovanni Meo Zilio. Buenos Aires, Asociación Dante Alighieri, 1985.

2. Portogalo, José: "Los pájaros ciegos" (Fragmento), en L. Lugones, B. Fernández Moreno, R. Molinari y otros: La poesía argentina. Buenos Aires, CEAL, 1979. Pág. 111. (Capítulo, Vol. 4).

Friuli

En "Otra vez las dolomitas" (1), Syria Poletti evoca el paisaje de su infancia:

Aún remonto la picada sobre el abismo,
sin cuerda.
Pero algo ha cambiado:
ya no añoro tu mano.
Notas

1. Poletti, Syria: "Otra vez las Dolomitas", en Letras de Buenos Aires.

Lombardía

En el poema "Antiguo Almacén `A la ciudad de Génova" (1), Olivari evoca al italiano Miquelín:
Miquelín, grande como una estatua,
que se iba a la cosecha y volvía rico dos semanas
-apenas para pagar la vuelta a todo el barrio-.
Mientras le duraba la plata cantaba,
cantaba las lejanas canciones milanesas de su tierra
y hombreaba recuerdos como hombreando cereal...
Cerca de Lombardía, en el Cantón Ticino, un cantón suizo de habla italiana, nació Alfonsina Storni, la autora de Palabras a mi madre (2):
No las grandes verdades yo te pregunto, que
no las contestarías; solamente investigo
si, cuando me gestaste, fue la luna testigo,
por los oscuros patios en flor, paseándose.

Y si, cuando, en tu seno de fervores latinos,
yo escuchando dormía, un ronco mar sonoro
te adormeció las noches, y miraste, en el oro
del crepúsculo, hundirse los pájaros marinos.

Notas

1. Olivari, Nicolás: "Antiguo Almacén 'A la ciudad de Génova'", en L. Lugones, B. Fernández Moreno, R. Molinari y otros: La poesía argentina. Antología, prólogo y notas por Alberto M. Perrone. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Capítulo, Vol. 4).

2. Storni, Alfonsina: "Palabras a mi madre", en Storni, Alfonsina: Antología poética. Selección por Alfredo Veiravé. Prólogo y notas por Alejandro Fontenla. Buenos Aires, CEAL, 1980. Pág. 44. (Capítulo, vol. 51).

Piamonte

Juan Ricardo Nervi incluye en Aldea Gringa, un poema acerca de Juan Bautista Bairoleto, hijo de piamonteses (1).

María Teresa Andruetto evoca, en "Citröen" (2), a su padre inmigrante:

Regresábamos en un Citröen
rojo, desde una laguna de sal,
un pueblo ahora de fantasmas,
a nuestra casa, en la luz. Y él
cantaba, de viva voz, como
nunca cantaba, voglio vivere
cosí, con il sole in fronte, y
mi madre y nosotras también
cantábamos.

En el mismo libro (3) evoca un funeral de la colectividad piamontesa en Córdoba:

Alguien nos alzó
hacia el tufo de la muerta
(se llamaba Elizabeta),
para que viéramos.

Notas

1. Nervi, J. Ricardo: "El Barrilete", en Aldea gringa, Buenos Aires, Plus Ultra, 1983. Citado en Chumbita, Hugo: Ultima frontera. Vairoleto: Vida y leyenda de un bandolero. Buenos Aires, Planeta, 1999.

2. Andruetto, María Teresa: "Citröen", en Kodak. Córdoba, Ediciones Argos, 2001.

3. Andruetto, María Teresa: op. cit.

Sicilia

Oscar González, en "La anunciación" (1), evoca a una mujer italiana:

Llegó a Puerto Nuevo
En otro fin de siglo
Confiando en la arcilla de estas playas
Y abierta como un surco,
Se dio a la tarea de procrear espigas.

Notas

1. González, Oscar: "La anunciación", en El Tiempo, Azul, 16 de abril de 2000.

Veneto

Gigliola Zecchin, más conocida como Canela. "Llegó al país a los diez años. Estudió Letras Modernas en la Universidad de Córdoba. En 1962 inició su carrera presentando los programas vespertinos del canal 10 de la Universidad de Córdoba. (1). "Recién ahora, cincuenta años más tarde, estoy logrando indagar sobre mi propia historia y sobre la guerra que me hizo llegar a Argentina separándome de mis padres y abuelos. El exilio tiene consecuencias terribles en los niños, sentimientos de miedo, insomnio, pesadillas. De esto se trata el desarraigo, de sacar algo de raíz’, concluyó" (2). Es la autora de Paese (3), obra que incluye el poema "Calle de la infancia":

toda felicidad
horada la memoria

afuera cae la nieve

aiuto! Il lupo! Il lupo!

nena tonta
hay que limpiar la respiración triste

mi lugar para dormir
vagamente celeste.

Notas

1. Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biográfico de Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986.

2. Irigoyen, Pedro: "MESA REDONDA Aquel exilio, este exilio, la misma tristeza", en Clarín, 28 de febrero de 2002.

3. Zecchin, Gigliola (Canela): Paese. Buenos Aires, De la Flor, 2000.

Sin mención de origen

En "El alma del suburbio" (1), escribe Evaristo Carriego:

Soñoliento, con cara de taciturno,
cruzando lentamente los arrabales,
allá va el gringo... ¡Pobre Chopin nocturno
de las costureritas sentimentales!

¡Allá va el gringo! ¡Cómo bestia paciente
que uncida a un viejo carro de la Harmonía
arrastrase en silencio, pesadamente,
el alma del suburbio, ruda y sombría!

De Villoldo (2) son estos versos:

Sos para el canto, che, gringo
como para el bofe el gato
tomá una grapa d'Italia
y descansemos un rato.

Gustavo Riccio, en el poema "Elogio de los albañiles italianos" (3), evoca la realidad social de los inmigrantes:

Hacen subir las puntas de agudos rascacielos,
Trepan por los andamios; y en lo alto sienten ellos
que