Diario de Adán y Eva, de Mark Twain. Editorial Corregidor. Buenos Aires. 75 páginas

por Lic. María González Rouco

Samuel Langhorne Clemens, mas conocido por su seudónimo "Mark Twain", nació en el Estado de Florida en 1835. A los doce años, la muerte de su padre lo obliga a abandonar los estudios y emplearse como aprendiz de tipógrafo. Vagabundo y aventurero, se marchó de su casa para vivir apasionantes episodios como piloto fluvial, los que luego darían material para sus novelas mas renombradas. En 1862 firma ya con el seudónimo con que se haria famoso, tomado también de la jerga marinera. Se estableció definitivamente en Connecticut y allí escribió las obras que nos deleitaron cuando chicos: Las Aventuras de Tom Sawyer y Las Aventuras de Huckleberry Finn, entre otras. Penosas circunstancias amargaron sus últimos años, hasta su muerte, acaecida en 1910. 

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Al recordarlo, es inevitable asociar su personalidad a la de sus héroes, intrépidos y arriesgados, pero Mark Twain no escribió sólo libros de aventuras, los que habrían bastado para cimentar su fama. Otro tipo de obra, como la que hoy nos ocupa, surgió también de su pluma, revelándonos un espíritu amplio y fecundo.

El Diario de Adán y Eva es una recreación de la vida de la primera pareja de seres humanos. Aunque el autor no hubiera señalado a quién corresponde cada parte, podríamos reconocerlo perfectamente; creados por un mismo artista, ambos personajes son absolutamente diferentes entre sí, y también lo son sus monólogos o confesiones.

Adán es un hombre poco afecto a los ruidos y al trabajo. Su calma se ha visto alterada por la aparición de una criatura misteriosa que se ha dedicado a poner nombre a cuanto encuentra en su camino. El primer hombre, que no padece de esta suerte de obsesión, se ve obligado a recurrir a perífrasis para designar lo que lo rodea, pues, precisamente por ser el primer habitante racional del mundo, ignora como llamarlo; de este modo, si quiere decir que Eva llora, expresa que "derrama agua por los agujeros con que mira". Este recurso ideado por Twain, además de ser sumamente gracioso, contribuye a crear la sensación de algo nuevo, intocado.

Eva es vanidosa en grado sumo, y también muy coqueta; su mejor amiga es la muchacha que se refleja en el estanque, nadie la comprende como ella. Es, por otra parte, practica y organizada; llama todo por su nombre y esta muy satisfecha de haber encontrado a Adán para ayudarlo a desenvolverse en el mundo. Es una compañera deseosa de ser útil al hombre, a quien ha reservado la faz directiva de las tareas, por ser mas imaginativo, Ella es quien -como lo enseñan los Libros Sacros- sucumbe ante la tentación de la serpiente y quien, mas tarde, hace que Adán pruebe la manzana. A partir de ese momento, la vida cambia fundamentalmente: sienten vergüenza y deben trabajar, son echados del Paraíso.

Uno de los pasajes mas graciosos del libro es -a nuestro criterio-, el que narra el nacimiento de Caín: “lo atrapó en el monte -dice Adán- a unas dos millas de nuestra cueva (podrían ser cuatro millas, no esta segura)". Lo que mas intriga al flamante padre es la especie a la que pertenece esa nueva criatura: “No es uno de los nuestros -comenta-, porque no camina; no es un pájaro, porque no vuela"; la única solución viable es desarmarlo y ver cómo esta hecho, pero Eva, obviamente, se opone a ello. El nacimiento de Abel proporciona a Adán nuevas informaciones; así, arriba a una sabia conclusión: “Estuve comparando al nuevo con el viejo, y es perfectamente claro que son de la misma raza". Paralelamente, observa los adelantos realizados por Cain: “El viejo esta mas manso que antes, y puede reir y hablar como la cotorra, lo que sin duda aprendió de tanto estar en su compañía".

Esta pequeña obra, basada en una tradición milenaria, presenta notables diferencias con su fuente. En primer lugar -como se habrá observado-, esta encarada con un profundo sentido del humor. Por otra parte, aunque reconoce la mano del Creador, se ocupa mas de sus criaturas que de El en sí; son los hombres, con sus vivencias, los que interesan al autor. Pero hay una diferencia que -a nuestro criterio- otorga un sentido totalmente original a la obra: cuando Dios echa a la primera pareja del delicioso lugar en que estaban, Adán y Eva comienzan un largo penar sobre la Tierra; en la obra de Twain, por el contrario, el pecado que los vuelve miserables es visto como un factor positivo, ya que los aproxima en su amor. Después de la Caída, Adán reflexiona: "Es mejor vivir fuera del Jardín con ella, que dentro de él sin ella". Eva, a su vez, ha descubierto en Adán un ser humano pleno y cariñoso, al que se siente unida entrañablemente; así lo demuestra la plegaria que eleva: "si uno de los dos debe irse primero, mi plegaria es que sea yo, porque él es fuerte y yo soy débil. No le soy tan necesaria como el me lo es a mi".

Un tema con un marcado contenido religioso y teológico sirve a Twain para imaginar esta crónica del primer amor humano, un amor que se repite en cada uno de los esposos de todos los tiempos. Aunque presentado bajo un aspecto risueño, el relato no deja de tener un hondo contenido ético, destinado a cantar la felicidad de la vida en pareja.

María González Rouco
Licenciada en Letras UNBA, Periodista

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