Amado Nervo, en Uruguay
Lic. María González Rouco

El poeta mexicano nació en Tepic en 1870. La inquietud religiosa se evidencia ya en sus primeros años de vida y lo lleva a cursar estudios en el Seminario de Zamora, en Michoacán. Recibe allí enseñanzas que "se fundieron con el aliento panteísta de una vida y una lírica atormentada". Cultivó la prosa y el verso, este último a la manera de los modernistas, con quienes se relacionó al colaborar en la revista Azul, alrededor de 1898 y al fundar La revista modema, con Valenzuela.

Por esa época realiza su viaje a Paris, en el que se vincula con parnasianos y simbolistas. Ocupando cargos diplomáticos, viaja posteriormente a España; Argentina y Uruguay. En su obra se evidencian -a criterio de los estudiosos- influencias relacionadas con esta estada fuera de su país. Se observan influjos de los franceses, de "Rubén Darío, los simbolistas, Leopoldo Lugones y otras figuras de fin de siglo". Advierten en su lírica un "cosmopolitismo modernista, pleno de inquietudes seudomísticas y religiosas".

Entre sus libros en verso recordamos Hermana agua y Los jardines interiores, En voz baja -volumen en el que canta su amor a una mujer-, La amada inmóvil y Serenidad, -en los que llora la muerte de esta dama- y Elevación, libro del que nos ocuparemos especialmente.

Una noticia publicada en el diario La Prensa en 1999 nos informa que Amado Nervo dejo de existir en Montevideo "tan solo ocho días después de su llegada para hacerse cargo de la legación diplomática de México". Acerca del lugar en el que falleció y la causa, dice el matutino: el poeta "murió el 24 de mayo de 1919 a causa de una enfermedad renal crónica en la habitación N° 42 del Parque Hotel, que fue uno de los establecimientos de hostelería mas elegantes del cono sur durante la "belle epoque". El edificio se conserva pero ya no alberga un hotel, sino la Secretaria Administrativa del Mercado Común del Sur (Mercosur)".

Un trabajo de Jitrik

En un trabajo sobre este movimiento, Noe Jitrik sostiene que "A partir de la extraordinaria tarea cumplida por Ruben Dario a traves de su obra y de su presencia en Santiago, en Buenos Aires y en Madrid, asi como a través de sus propias declaraciones en su Autobiografia, se ha engendrado la idea de que por un lado es algo asi como el creador del modernismo, mientras por otra parte, y en consecuencia, el modernismo se define por los rasgos que Darío le ha impuesto a su propia obra. Esa versión es parcial e históricamente incorrecta".

Agrega Jitrik que "ya se puede casi afirmar, de acuerdo con los juicios mas recientes de Federico de Onis, Juan Ramon Jiménez, Max Henriquez Ureña y Ricardo Gullón que los iniciadores del modernismo fueron el cubano José Martí (1853-1895) y el mexicano Manuel Gutierrez Nájera (1859-1895) entre los años 1875 y 1882, a través de sus tentativas de innovación de la prosa. Precisamente, las versiones que atribuyen a Darío la exclusiva paternidad del movimiento, radican en el verso y atribuyen a la prosa un papel si no secundario en todo el proceso de renovación literaria, por lo menos posterior y emergente de aquel".

Pedro Henríquez Ureña define el modernismo con estas palabras: "Este movimiento renovó íntegramente las formas de la prosa y de la poesía: vocabulario, giros, tipos de verso, estructura de los párrafos, temas, ornamentos. El verso tuvo desusada variedad, como nunca la había conocido antes, se emplearon todas las formas existentes, se crearon formas nuevas y se llegó hasta el verso libre a la manera de Whitman y el verso fluctuante a la manera de la poesía española en los siglos XII y XIII. La prosa perdió sus formas rígidas de narración semijocosa y de oratoria solemne con párrafos largos, adquirió brevedad y soltura".

Señala Noe Jitrik que "Guillermo Díaz-Plaja incluye a la generación del '98 española en la experiencia, lo cual se justifica en la medida en que el modernismo implica una critica a lo español, considerado por otra parte como algo irrenunciable".

En este contexto cultural surgió la poesía del mexicano, a quien se lee como "el poeta más renombrado" de su país.

Elevación

En los últimos años de su vida, la lírica de Nervo refleja la evolución de su personalidad. Dice un critico: "Presintiendo la muerte, el espíritu de Nervo se hizo mas sereno y su reconcentrado pensamiento se refugió en un nirvana estético y religioso, una notable influencia oriental, nacida a través de diversas lecturas, se manifestó en poemas como “Elevación”, “EI arquero divino” y “EI estanque de los lotos”, que significaron la vertiente negativa de un poeta romántico y callado que no supo adaptarse al vértigo de su tiempo".

En 1917 aparece Elevación, volumen que incluye poemas escritos entre enero de 1914 y diciembre de 1916. En esta obra, la búsqueda y el hallazgo de Dios es uno de los temas mas importantes. Quizás el mas importante. En el poema titulado “iRenombre!”, dice a la fama que se aparte de él, porgue puede ocasionarle una perdida enorme: "iSi hicieses ruido, se iría de aquí/ Dios, único bien!"

EI 10 de marzo de 1915 escribió el poema que lleva por titulo "El milagro", en el que evoca la trayectoria recorrida desde Ia duda hasta la fe. Allí exclama: "iSeñor, yo te bendigo, porque tengo esperanza! / Muy pronto mis tinieblas se enjoyarán de luz.../ Hay un presentimiento de sol en lontananza/ ¡me punzan mucho menos los clavos de mi cruz!".

Del 8 de junio de ese mismo año es el bellísimo poema en el que canta la omnipresencia divina, el que dice: "Señor, Señor, tú antes, tú después, tú en la inmensa/ hondura deI vacío y en la hondura interior /Tú en la aurora que canta y en la noche que piensa / Tú en la flor de los cardos y en los cardos sin flor".

Acerca de la relación entre fe y filosofía se ocupa en un texto escrito un mes después. Exhorta en él al estudioso a buscar al Supremo por otro camino: "iCon el farol de tu filosofia / no hallará nunca a Dios, oh mente esclava, / sino con el amor". A la figura del filósofo opone la del "despreciable iluminado", que "ni pierde el tiempo en discutir, ni duda / ¡ve cara a cara la verdad desnuda, / y se funde con Dios porque lo ha hallado!".

"Poco antes de la Navidad de 1915, Nervo escribe una vez mas sobre la muerte relacionada con Dios. En "Me marcharé... " asevera: "Me marcharé Señor, alegre y triste; / más resignado, cuando al fin me hieras, / Si vine al mundo porque tú quisiste,/ ¿no he de partir sumiso cuando quieras?"

Deja en este libro enseñanzas para los más jóvenes. Les indica qué debe hacerse para vivir rectamente. En "Amable y silencioso", dice: "Haz caridad a todos de esas sonrisas, hijo./ Un rostro siempre adusto es un día nublado/ es un paisaje lleno de hosquedad, es un libro/ en idioma extranjero”. Otro poema canta: “¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina/ pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad/ envidiosa en mí clava los dardos de su inquina/, esquívase en silencio mi planta y se encamina/ hacia el más puro ambiente de amor y caridad”,

“Sé como la montaña –dice en un texto de julio de 1915- que mira al sol primero/ que al valle. ¿Por ventura con la Poesía, el don/ no se te dio más alto, más noble y verdadero, / la ventana escondida por donde el prisionero/ ya se asoma al arcano del mundo, la Intuición?”. En “Como el venero”, exhorta al lector con estas palabras: “Da, pues como el venero cristalino,/ que siempre brinda más, del agua clara/ que le pide el sediento peregrino”. 

El volumen incluye también un  espléndido texto, uno de los más conocidos de Nervo, en el que el mexicano hace el balance de su existencia: “Amé, fui amado, el sol acarició mi faz./ ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!”.

Dios, la juventud y su formación, el pasado y la conciencia de haber vivido momentos buenos y malos, son los principales temas a los que Nervo canta en este libro, al que volvemos para recordar al poeta que falleció en Uruguay.

María González Rouco
Licenciada en Letras UNBA, Periodista

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