AIKO. Texto e ilustraciones de Anxeles Ferrer. Editorial Everest Galicia, S. L. 

por Lic. María González Rouco

Ánxeles Ferrer es una escritora e ilustradora gallega, nacida en Valdeorras (Ourense). Vive actualmente en Tomiño (Pontevedra). La info publicada en el sitio de la Asociación Galega de Profesionais da Ilustración (http://www.agpilustracion.org/galeria/ilustrador.php?id=11) consigna que se dedica a la literatura infantil y juvenil y a los libros de texto.

Es escritora e ilustradora de los libros A aventura de Xanzolo (Xerais), Os señores meses (Xerais) -obra preseleccionada para la lista de honor del IBBY-, Ola, son a lúa (Everest) - traducido al portugués-, O grilo Gastón (Everest) -libro escogido por la biblioteca Germán Sánchez Ruiperez entre los mejores de los años 2003-2004-, A pequena árbore (Xerais), Tres princesas namoradas (Galaxia), y Aiko (Everest).

Ilustró, entre otros, los volúmenes Peter Pan nos xardíns de Kesington (J.M.Barrie, Sotelo Blanco), Rosalía (Fundacion Rosalia de Castro, Helena V. Janeiro) y Carapuchiña vermella (Kalandraka). Realizó las portadas de los n° 13 y 14 de la revista Rio do Baixo Miño y el cartel para el Seminario Científico Internacional sobre el Prestige (Consello da Cultura Galega, marzo do 2003), entre otros trabajos, y fue ilustradora invitada en la revista Fadamorganac (nº10). Participó en varias ocasiones en las campañas de fomento de la lectura en bibliotecas.

“Esta es la historia de una nena llamada Aiko”. Así empieza (en gallego) este cuento hermoso que me ha hecho llegar Anxeles Ferrer. Un cuento hermoso, pero triste, muy triste, que parece tener la dura misión de mostrar a los niños, por medio de imágenes y palabras, el universo de aquellos que debieron sufrir, en Galicia, la partida de un ser querido. Y si muchas veces esta tristeza se vio compensada por la alegría del reencuentro, no pocas veces, el dolor se hizo más grande. Sólo creció, no encontrando consuelo…

Un árbol, una muñeca, una Navidad desolada y un engaño permiten a esta niña seguir teniendo esperanza. Hasta que conoce la verdad, la misma verdad que agobió a más de un aldeano.

Acerca de Aiko, la autora manifestó: “Cuando lo presenté en algunos colegios los niños me decían que el final era triste, que debería de acabar de otra forma, que el padre tendría que regresar... A los niños les gustan los finales felices. Pero yo quise plasmar, y no sé si lo conseguí, la tristeza que sienten los que tienen que abandonar sus hogares y dejar atrás todo lo que mas quieren. Les digo que hay mucha gente en el mundo que pasa por esas situaciones. Todos los días llegan a las costas de España montones de inmigrantes en pateras; algunos no llegan vivos a la costa. Es un gran problema que está ahí, y tendremos que convivir con ellos y acogerlos; para eso creo que es bueno que los niños pueden llegar a ponerse en su piel y sentir lo duro que es para ellos marchar y sobre todo, llegar. Hace algún tiempo escribí otro cuento, O grilo Gastón, trataba de un grillo que no tenía de que vivir en su país y se iba en un barco; llegaba a un lugar, era bien acogido y vivía feliz rodeado de amigos. En Aiko quise mostrar que a veces las cosas son de otra forma”.

Desde la tierra de mis abuelos, este cuento escrito e ilustrado por Anxeles me habla una vez más de la tremenda desdicha de quienes tuvieron que dejar a los suyos, y de la magia del arte, que permite que hasta esa realidad se vuelva bella.

María González Rouco

Lic. en Letras UNBA, Periodista

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