La filosofía en su historia y mediaciones 

4. La filosofía de Platón: la teoría de las ideas y el conocimiento
© 2008 Dra. Rita María Buch Sánchez 
 

por Dra. Rita María Buch Sánchez 

 

Gentileza, para Letras-Uruguay, del Dr. Sc. Rigoberto Pupo Pupo

La problemática lógico-ontológica. los grandes sistemas idealistas.

 

El nuevo enfoque del filosofar y del papel del maestro de filosofía en Sócrates, entre otros factores, conducirán al pensamiento antiguo hacia los grandes sistemas filosóficos de los siglos V y IV a.n.e.  - Platón y Aristóteles – y a la creación de las grandes escuelas filosóficas fundadas por ellos, La Academia y El Liceo, respectivamente.

 

Hijo de Aristón y Perictiona, nace Platón de Atenas (427-347 a.n.e.) en el seno de una de las familias pertenecientes a la más rancia aristocracia esclavista ateniense, descendiente de la familia del rey Codro. Recibió una esmerada educación durante su niñez  y juventud, y en su sistema se aprecian las más variadas influencias filosóficas, que van desde el pitagorismo, pasando por la dialéctica heraclitiana  (recibida sobre todo a través de Crátilo, discípulo del filósofo de Efeso) y la teoría del ser parmenídeo, hasta llegar a Sócrates, de quien llegó a ser su más destacado discípulo, y bajo cuya influencia permanecería desde los veinte años, hasta la muerte del maestro, en el 399 a.n.e.

 

La condena a muerte de Sócrates por un tribunal democrático ateniense fue un hecho que conmocionó a Platón y determinó de manera definitiva su orientación filosófica hacia la priorización del ideario ético-político en su sistema, por una parte y, por otra, hacia la elaboración de una vasta literatura filosófica, compuesta fundamentalmente por diálogos, en los cuales intentó perpetuar la memoria del maestro y rendirle singular tributo, lo que explica que en su inmensa mayoría, aparezca Sócrates como el principal interlocutor y expositor de su propia teoría y de la filosofía platónica, cuestión que en no pocas ocasiones ha traído dificultades a doxógrafos y estudiosos del pensamiento platónico, a la hora de establecer un ordenamiento o clasificación de sus obras.

 

Tras la muerte de Sócrates, Platón realizó diversos viajes, primero a Megara, y luego, sucesivamente, a Egipto,  Cirene, el sur de Italia y Sicilia. En esta última, conoció a Dión, (cuñado de Dionisio I, tirano de Siracusa) quien convenció al filósofo para que intentara llevar a la práctica su ideario político en dicha ciudad, lo que ocurriría en tres ocasiones (388, 367 y 361 a.n.e.) que culminarían en un rotundo fracaso.

 

Tras el primer intento fallido en el 388 a.n.e. Platón tuvo que huir de Siracusa y retorna a Atenas, donde funda en el 387 a.n.e. La Academia, que llegaría a convertirse en una de las más importantes e influyentes escuelas filosóficas de la antigüedad, y cuya existencia se extendería durante siglos, hasta el año 529 de nuestra era.

 

Tras el segundo y tercer intentos fallidos de concretar en la práctica sus concepciones políticas en Siracusa, Platón permanecería ya en Atenas de manera continua desde el 360 a.n.e. dedicado casi de manera absoluta a sus actividades en la escuela que dirigía.

 

La obra escrita de Platón nos ha llegado casi íntegramente y constituye un magnífico ejemplo de vinculación indisoluble entre filosofía y literatura, por su belleza y estilo. Escrita casi toda en forma de diálogo, con pocas excepciones (entre las que pueden citarse la “Apología de Sócrates” y algunas cartas conservadas) va mostrando de manera progresiva cómo fue evolucionando el ideario del filósofo, desde su juventud (muy cercano a Sócrates todavía), hasta llegar a su total madurez (etapa en que elabora su ontología, su gnoseología y su ideario ético-político propio, también conocida como fase clásica del platonismo) y una última etapa en la que, a partir de diversas críticas recibidas, a veces de sus más destacados discípulos, Platón, ya anciano, entra en una fase crítica de su propia teoría, todo lo cual quedaría registrado en sus últimos diálogos.

 

En general, la obra escrita de Platón suele ser dividida, al igual que su vida, en cuatro etapas, bastante bien delimitadas entre sí.

 

1) Etapa socrática: Apología de Sócrates; Ión; Critón; Protágoras; Laques; Trasímaco;  Lisis; Cármides; Eutifrón.

2) Etapa de transición: Gorgias; Menón; Eutidemo; Hipias Menor; Crátilo; Hipias Mayor; Menéxeno.    

3) Etapa de madurez: Banquete; Fedón; República; Fedro.

4) Etapa de vejez: Teeteto; Parménides; Sofista; Político; Filebo; Timeo; Critias; Leyes; Epínomis.

 

A lo largo de esta extensa obra se puede apreciar que con Platón, la filosofía se estructurará de manera sistémica, al abordar múltiples problemas de la más variada índole, que pudieran sintetizarse en tres elementos fundamentales: ontología, gnoseología y pensamiento ético-político.

 

A continuación, se expondrán las más importantes ideas del filósofo en su etapa clásica, con el fin de caracterizar sintéticamente y a grandes rasgos su sistema filosófico, no sin antes aclarar, que el análisis de la obra de Platón ha presentado a doxógrafos e investigadores del pensamiento antiguo grandes complejidades, fundamentalmente a partir de dos factores.

 

En primer lugar, está el hecho de que Platón, como homenaje póstumo a su maestro, eligiera a Sócrates como principal interlocutor en la mayoría de sus diálogos. Este elemento ha ofrecido no pocos problemas a los especialistas, por cuanto hace difícil deslindar el pensamiento platónico del socrático, sobre todo en las dos primeras etapas.

 

En segundo lugar, la incorporación de elementos mitológicos y de ficción en su discurso filosófico, que junto a la utilización de una depurada técnica literaria, aplicada con gran maestría, se combinan en una casi perfecta mezcla de ficción y realidad, mito y filosofía, hecho que si bien por una parte, acrecienta la complejidad de la comprensión de su discurso, por otra,  determinará el carácter atractivo y cautivante de su obra, cuya lectura, aún en nuestros días, ofrece singular placer a los amantes de la filosofía.

 

Se puede añadir un tercer factor, que es la imbricación de todos los elementos de su sistema, los cuales, lejos de aparecer expuestos como una sumatoria de partes aisladas e inconexas entre sí (independientemente de que existen muchos diálogos dedicados a un tema específico), aparecen magistralmente expuestos, a partir de una casi perfecta y armónica combinación de aspectos de su ontología, gnoseología, psicología, ética, política, estética, pedagogía, cosmología, etc. He aquí uno de sus más grandes méritos y a la vez, una de las mayores dificultades para su estudio, que, por todo lo expuesto, no permite quedarse en el análisis epidérmico de su obra, sino que requiere gran profundidad para lograr una aproximación integral a su pensamiento.

 

De todos los elementos que integran su sistema, merecen especial atención los que conforman su ontología, su gnoseología y su ideario ético-político. Estos tres elementos, constituyen la columna vertebral de su sistema y entre ellos, la ontología, cumplirá la función crucial de servir de eje central a toda su teoría, si bien el objetivo último del filosofar platónico manifiesta un carácter eminentemente político. Este aspecto resulta esencial para comprender íntegramente el pensamiento platónico y en especial, el de su etapa clásica.

 

La ontología platónica se expone a partir de la teoría de las ideas. Dicha teoría, contentiva de múltiples aspectos, descansa a su vez en una idea clave que aparecerá de manera reiterada y de diversos modos planteada, a lo largo de todo el pensamiento platónico: la realidad que circunda al hombre y que nos muestran los sentidos, es un imperfecto reflejo de una realidad trascendente e inteligible, que resulta para Platón la única realidad verdaderamente existente, la cual está conformada por ideas puras, que condicionan, posibilitan y determinan la existencia del conjunto de fenómenos y objetos que conforman la naturaleza.

 

Esas ideas constituyen el ser de la realidad, son perfectas, inmutables, eternas y se presentan como los modelos o arquetipos que posibilitan la existencia de la realidad natural, la cual está sujeta al devenir y por ende, al surgimiento y la desaparición de los objetos y fenómenos que la constituyen.  De este modo, la teoría de las ideas determinará el carácter idealista objetivo de la respuesta que ofrece Platón ante el problema fundamental de la filosofía.

 

A partir de este planteamiento ontológico,  Platón se ve en la necesidad de estructurar una gnoseología coherente y que explique de manera consecuente (en el marco de su sistema filosófico) cómo el hombre puede, por medio de la razón, elevarse desde el punto de vista cognoscitivo, desde lo sensible hasta lo inteligible, para lograr el conocimiento de las ideas, es decir, la aprehensión de las mismas.

 

Para explicar cómo es posible el conocimiento en cuanto ciencia o racionalidad, Platón utilizará una serie de alegorías, entre las cuales se destaca la alegoría de la caverna, mediante la cual explicará que el conocimiento sensorial (doxa u opinión), como conocimiento de lo material, sensible, imperfecto y perecedero, no es verdadero conocimiento, sino que constituye sólo un estímulo para que el alma humana, esencialmente racional, recuerde mediante un proceso dialéctico ascendente y descendente, lo que ésta ya sabía y había olvidado al nacer el hombre (teoría de la anámnesis o reminiscencia), ya que para Platón el alma humana es inmortal y al morir el cuerpo del hombre, ésta se separa y se eleva hasta la región de lo inteligible, para lograr la aprehensión y el auténtico conocimiento de esa realidad trascendente e ideal.

 

Al respecto, expresará:

 

“-  Pues bien, mi querido Glaucón – dije -: toda esta imagen debe ponerse en relación con lo dicho anteriormente; por ejemplo; la realidad que la vista nos proporciona con la morada de los prisioneros, y esa luz del fuego de que se habla con el poder del sol. No te equivocarás si comparas esa subida al mundo de arriba y la contemplación de las cosas que en él hay, con la ascensión del alma hasta la región de lo inteligible. Éste es mi pensamiento que tanto deseabas escuchar. Sólo Dios sabe si está conforme con la realidad. Pero seguiré dándotelo a conocer: lo último que se percibe, aunque ya difícilmente, en el mundo inteligible es la idea del bien, idea que, una vez percibida, da pie para afirmar que es la causa de todas las cosas. En el mundo visible ha producido la luz y el astro señor de ésta, y en el inteligible, la verdad y el puro conocimiento. Conviene, pues, que tenga los ojos fijos en ella quien quiera proceder sensatamente tanto en su vida pública como privada”.[1]

 

Reconocer que el conocimiento de las ideas es sinónimo de auténtico conocimiento, y que los datos que nos aporta el conocimiento sensorial no reflejan lo verdaderamente existente, resulta así para Platón equivalente a la alegoría del esclavo, que ha permanecido en el interior de una caverna oscura junto a otros y logra al fin liberarse, salir al exterior de la caverna y percibir los objetos mismos y no sus sombras.

 

Esta idea de carácter gnoseológico se imbrica indisolublemente con una idea esencial de su teoría ético-política, ya que al enfatizar que el esclavo que logró liberarse y salir de la caverna, debe retornar al interior de la misma para explicarle al resto de sus compañeros de cautiverio lo que vio, y mostrarles la diferencia entre verdad (ciencia) y opinión (doxa), Platón deja plasmada claramente la misión del filósofo dentro del estado y su responsabilidad en relación con la educación del ciudadano.

 

Es por esto que la teoría política de Platón, indisolublemente ligada a su ética y a otros elementos de su sistema, propone que la misión del filósofo es lograr la justicia en el estado, cuestión a la que está dedicado su diálogo “La República”. Esta obra, en el conjunto de sus escritos, reviste especial significación y en ella se conjugan, quizás como en ninguna otra, todos los elementos que conforman su sistema, logrando total armonía y complementación.

 

Para Platón, el estado constituye una imagen – reflejo ampliada del alma humana. De suerte que si se cumple la justicia a nivel individual en cada ciudadano del estado, el conjunto de todos ellos garantizará que se cumpla la justicia en el estado, siempre y cuando todos sus miembros dejen el mando a los filósofos, dotados de un alma cualitativamente superior y de aptitudes innatas que garanticen un buen gobierno.

 

De tal modo, según Platón, el alma humana se compone de tres partes bien diferenciadas entre sí: racional, irascible y concupiscible. La primera se explica por sí misma y debe garantizar a nivel individual que en el alma prevalezca la razón sobre las partes restantes; la segunda está asociada al valor y la tercera es la parte inferior, por estar estrechamente relacionada con los apetitos sexuales y alimentarios del hombre.

 

En correspondencia con esto, existen para el filósofo tres tipos de alma, que pueden ser diferenciadas, así como pueden ser distinguidos determinados metales, unos de otros, tales como el oro, la plata y el bronce. Asimismo, según Platón, para que un estado sea justo, deben existir tres estamentos sociales, cada uno de los cuales debe cumplir una función dentro del mismo: 1)los filósofos o gobernantes, cuya función ha de ser gobernar, educar y velar porque se cumpla el ideal de justicia dentro del estado, garantizando sobre todo que cada estamento cumpla estrictamente la función social que le corresponde y no otra;    2)los guerreros o custodios, que constituyen un estamento auxiliar de los gobernantes y cuya función radica en defender al estado de sus enemigos externos e internos y, por último,  3)un tercer estamento constituido por campesinos, artesanos, comerciantes, etc. que garanticen la producción, comercio y reproducción de los bienes materiales que necesita el estado. En correspondencia con esto, los gobernantes están dotados de alma de oro y son poseedores de la sabiduría; los guerreros poseen alma de plata y se destacan por la valentía y, por último, los pertenecientes al tercer estamento social poseen alma de bronce y deben mantener como virtud la prudencia.

 

Como puede apreciarse, la teoría política de Platón es inseparable de su teoría del alma, así como de las restantes partes de su sistema (ontología, gnoseología, ética, pedagogía, etc. y constituye una defensa de las normas y valores de la aristocracia esclavista de su época.

 

La influencia de Platón en la filosofía de la antigua Grecia y en general, en el mundo occidental fue inmensa, pero sobre todo, se puede apreciar especialmente en quien fuera su discípulo más destacado: Aristóteles.


Referencias:

 

[1] Platón – “La Repùblica”. Editorial Ciencias Sociales, 1973. Págs.. 207-208

Dra. Rita María Buch Sánchez 

 

Rigoberto Pupo Pupo ©2008 Rita M. Buch Sánchez
La filosofía en su historia y mediaciones

Instituto de Educación Superior “José Martí” de Monterrey.
Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana.

Todos los derechos reservados Editorial Sintaxis
ISBN: 1405-308XCU
Gentileza, para Letras-Uruguay, de Rigoberto Pupo Pupo

 

Ver, además:

 

                        Dra. Rita María Buch Sánchez en Letras Uruguay

 

                                                                                Dr. Sc. Rigoberto Pupo Pupo en Letras Uruguay

                                                                                        

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