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Perfil de un escritor
Jorge Luis Borges

Mientras los Estados Unidos crecían hacia el oeste y hacia el sur, mientras la guerra con México y la conquista del Oeste expandían sus ya vastas fronteras, surgió una nueva generación de escritores, muy ajenos al puritanismo de Nueva Inglaterra o al trascendentalismo de Concord. Todavía Longfellow y Timrod pertenecían a la tradición de las letras inglesas; la nueva generación de escritores, cuyas voces nos llegaban desde el Mississippi y las soledades de California, no tuvo siquiera que rebelarse contra aquella tradición. El primero fue Samuel Langhorne Clemens (1835-191O), que dio fama mundial al seudónimo Mark Twain.

Clemens fue tipógrafo, periodista, piloto fluvial, subteniente en las fuerzas armadas del Sur, buscador de oro, escritor de piezas humorísticas, conferenciante, editor de un diario, novelista, editor, hombre de negocios, doctor honoris causa de universidades norteamericanas e inglesas y, los últimos años de su vida, una celebridad. Nació en Florida, pequeño pueblo de Missouri. La población era allí de cien almas; Mark Twain se jactó de haberla aumentado en un uno por ciento, "algo que muchas personas distinguidas no habrían podido hacer por su país".

Poco después su familia se mudó a Hannibal (Missouri), en la ribera del Mississippi. Durante la vida se sintió envuelto por la imagen y la nostalgia del río, que inspiró sus mejores libros, Tom Sawyer y Huckleberry Finn. A los veinte años concibió el plan de explorar las fuentes del Amazonas, pero al llegar a New Orleans decidió convertirse en piloto fluvial en el Mississippi. Este período le reveló los más diversos tipos humanos; años después llegó a escribir: "Cada vez que en la ficción o en la  historia encuentro a un personaje bien definido, me intereso personalmente en él, porque ya nos conocíamos de antes, debido a que nos habíamos encontrado en el río". En 1861 la Guerra de Secesión cerró el río para la navegación; Mark Twain, tras unas dos semanas de actividad militar, acompañó a su hermano hacia el Oeste. Hicieron el largo viaje en diligencia. En San Francisco, California, Bret Harte y el humorista Artemus Ward lo iniciaron en la literatura; desde entonces utilizó el seudónimo Mark Twain, que en el lenguaje de los pilotos del río equivale a "dos brazas". En 1865 un cuento corto, "La celebrada rana saltarina de Calaveras" le dio una fama continental. Después llegaron las giras de lectura, los viajes a Europa, a Tierra Santa y al Pacífico; los libros que serían traducidos a todos los idiomas; su casamiento, su prosperidad y los reveses económicos; la muerte de su esposa e hijos; el renombre, la soledad secreta y el pesimismo.

 

Twain como piloto, según LIFE en 1905

Twain como prócer, según LIFE en 1899

Para sus contemporáneos Mark Twain fue un humorista, un hombre cuyas más pequeñas acciones eran difundidas por el telégrafo, de un extremo al otro del planeta. Esas bromas, que nos llegan ahora, parecen un poco endebles. Queda y quedará, sin embargo, Huckleberry Finn, el punto de partida, según Hemingway, para toda la novela norteamericana. Su estilo es oral; sus personajes principales, un niño travieso y un negro fugitivo, parten en una balsa de noche para surcar las anchas aguas del Mississippi y así nos describen la vida en el Sur antes de la Guerra Civil. Llevado por un generoso sentimiento que no comprende del todo, el niño ayuda al esclavo, pero queda afligido por el remordimiento de convertirse en cómplice en la huida de un hombre que es propiedad de una mujer de la aldea. A partir de este gran libro, que abunda en admirables evocaciones de las mañanas, de las noches y de las aterradoras riberas del río, surgieron después otros dos libros cuya línea general es la misma: Kim de Kipling (19O1) y Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes (1926). Huckleberry Finn se publicó en 1884; por primera vez un escritor norteamericano utilizaba el lenguaje de Norte América sin afectación. John Masón Brown escribió: "Huckleberry Finn enseñó a hablar a toda la novela norteame­ricana".

 

El cometa Halley brillaba en el cielo cuando Mark Twain nació, y él predijo que sus días no se acabarían hasta que el cometa volviera. Y así ocurrió: en 191O el cometa volvió y el hombre murió.

El   novelista   Howells   escribió: "Emerson,  Longfellow y Holmes... los conocí a todos... Se parecían entre sí... pero Clemens fue único, incomparable, el Lincoln de nuestra literatura".

 

(En "Introducción a la literatura norteamericana", 1967.

Texto tomado de la edición en inglés

Jorge Luis Borges
El País Cultural Nº 75
30 de marzo de 1991

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