Pintores universales

Sandro Botticelli

Crónica de Eduardo Vernazza

Suplemento dominical del Diario El Día

Año XVI Nº 739 (Montevideo, 16 de marzo de 1947)

Autorretrato de Sandro Botticelli

Las formas corpóreas del Renacimiento, la fuerza dinámica que emanaba de las obras de casi todos los grandes artistas de aquella época, se vieron contrastadas por la fina y simbólica, a la par que espiritual forma de la pintura de Sandro Botticelli. Sus composiciones sueñan una forma pura lejos de la realidad. La materia es sutil, incorpórea, y está fuera de las sensuales expresiones de sus contemporáneos. Vaporosas como un sueño sus figuras son acariciadas siempre por una suave brisa que mueve su nervioso espíritu. Frágiles y delgadas, posesionadas de exquisita sensibilidad, no respiran el positivismo de su tiempo, y marcan la personalidad genial de un artista que se recoge hasta el éxtasis, y vuelca el vaso sereno y florido de una inagotable inspiración. Su temperamento místico le enseña el camino para seguir a los maestras de la primera época Florentina De allí la exactitud y minuciosidad que le caracteriza. Es el arte de Botticelli, el arte de una gracia sin igual. Llega a tal virtud, sin renunciar a ningún detalle, sino agregando estos como flores vertidas en un mar ... Su dibujo es perfecto pero estilizado. Alarga las figuras y las posa suavemente como si vinieran a la tierra desde un mundo lejano. El mundo de su creación posee el ímpetu de la delicadeza, y salva distancias de arcano para vivir composiciones que encuentran su punto culminante en la decoración sublime de inspirados frescos. Los ropajes traen reminiscencias griegas, y los pliegues danzan la música del movimiento. "La Primavera", considerada su más grande obra, respira un hálito perfumado en la extraordinaria armonía que evoca el renacer de la vida. Sus vírgenes, tristes y piadosas, están envueltas en el velo que transparenta la expresiva exaltación de la fe.

 

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La Adoración de los Reyes Magos de Sandro Botticelli

Nace Botticelli en 1437 en Florencia. Aparece como artista en la “época de oro" en que Lorenzo de Médicis, llamado el Magnifico, gobernaba. Educado para el comercio, y a pesar de su inteligencia, vióse pronto la nulidad que le caracterizaba en materias que no eran de su agrado, ya que desde muy joven acariciaba la idea de ser pintor. Fue entonces que se empleó en el taller del orfebre Boticello. El tiempo que descansaba de este trabajo lo pasaba Sandro dibujando, refirmándose en su vocación. Por las dotes que demostraba el joven fue al poco tiempo puesto bajo la dirección de Fra Filippo del Carniere, gran pintor de la época. Querido y estimulado por el buen maestro, realizó grandes progresos, y la dedicación que le prestaba Fra Filippo puede decirse que fue decisiva en su carrera. Por encargo de Vespucio pinta un San Agustín a edad temprana, para el tabique de la puerta del coro de Ognissanti. Parece ser que este trabajo consagró a Sandro, porque demostró en la expresión "profundo recogimiento y aguda sutileza”. La fama de gran pintor se extendía en el horizonte para Botticelli, y le fueron encargadas obras de aliento, como una tabla para la Coronación de la Virgen, y en la Capilla de los Panciatichi en Santa María Maggiori, Florencia, una admirable “Piedad”, y pequeñas figuras. Medallones y desnudos de mujeres uno de ellos interpretando el nacimiento de Venus, y otro acompañado de las Gracias que arrojan flores como símbolo de primavera. Pero uno de los trabajos más hermosos que se comisionó a Botticelli, fue su obra “La Adoración de los Reyes Magos", pintado en Santa María Novella. Algunos retratos logran ser aciertos tenidos por trozos admirables, como el de Cosme de Médicis, que interpreta la alegría del anciano luego de penoso viaje, otro de Julián de Médicis en actitud reverente, y el tercero que está de rodillas, es Juan, el hijo de Cosme. La belleza de estas expresiones en varias actitudes, es de una gran maestría.

Tanta fama trajo a Botticelli dicha obra, que rebasó las fronteras de Florencia, y el Papa Sixto IV le encargo la dirección de las pinturas de la capilla de su palacio en Roma, pintando el artista los motivos siguientes: Cristo tentado por el Demonio, Moisés dando muerte a un egipcio y otros. Grandes ganancias le valieron al pintor estas obras, pero generoso y gastador quedó pronto en dificultades. De carácter raro, y gustando de audaces y difíciles empresas, escribió un comentario sobre la obra del Dante e ilustró el Infierno, llevándola esto tanto tiempo que produjo inconvenientes a su vida. En la Capilla Sixtina pintó después algunos frescos, pero sólo dos o tres son atribuibles a su genio: “La cura del leproso", “La juventud de Moisés" y “El castigo de Coré, Dathan y Abirón". Frescos que se hallan en mal estado debido a la acción del tiempo y a la mano poco hábil de los restauradores. Roma dejó profunda impresión en su espíritu. En el período 1483-1490 produce sus mejores obras. Se halla en la plenitud de sus facultades La gracia de su línea es única. Mas no se puede precisar con exactitud la época en que pintó su famosa "Primavera”-

Es cosible que date del año 1478. Demuestra en él su gran talento decorativo, la armonía y el encanto de la brisa primaveral en los ligeros pies de las figuras femeninas. Botticelli, como los maestros de su tiempo, estudió por sí mismo la fabricación de los colores, llegando a descubrir métodos propios. Su característica en la composición la constituye la cantidad de figuras que coloca, recargadas de adornos, pero con tan sabia elocuencia y fineza, así como con un sentido tan claro de lo plástico. que ayudan a resaltar los valores primordiales de su pintura. Muchos dibujos dejó que se hallan repartidos en los mejores museos del mundo, que se disputaron la posesión de ellos.

 

Su dibujo sobrepasa lo común. Conoce perfectamente anatomía, y cada línea es un ritmo de armonía. Diríase que su dibujo es musical.

 

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Ya es un anciano el pintor de las diosas de la gracia Un monje que debió parecerle uno de los personajes del infierno que él ilustró, baja a la tierra y aterra con su exaltada palabra. Savonarola lo arrastra. Cae el artista poseído en las parábolas de fuego que describen el espíritu indomable de un ser que revoluciona la religión con la amenaza del castigo. El terrible mal de esta prédica arrastra los últimos años de Botticelli, espíritu sensible e impresionable. Cae en la mayor miseria, y se le ve por las calles apoyado en sus muletas. Pero más lamentable aún, es la sugestión que ejerce Savonarola en su arte. Botticelli abandona sus pinceles y se precipita en la hoguera de este furioso predicador. Muñó agotado completamente a los setenta y ocho años. Fue enterrado en Ognissanti en 1515.

Las Tres Gracias (detalle)

Los Cuadros más Famosos de Sandro Botticelli | Historia del Arte

Ver, además:

 

                     Eduardo Vernazza en Letras Uruguay

 

                                                                        Dennis David Doty en Letras Uruguay

 

Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce   

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