Pedro Figari a treinta años de su muerte

Crónica de Eduardo Vernazza

Suplemento dominical del Diario El Día

Año XXVII Nº 1836 (Montevideo, 4 de agosto de 1968) .pdf

Tertulia colonial obra de Pedro Figari

Al cumplirse treinta años de la muerte del célebre pintor uruguayo, fue recordado con dos exposiciones retrospectivas.

Si Blanes buscó desentrañar una pintura auténticamente nuestra cuando pintó aquella notable serie de escenas costumbristas, y más todavía, sus magníficos tipos de “gauchos”, dejó con ella una simiente para desarrollar la temática nacional.

Sin embargo, ésta fue poco seguida por los pintores uruguayos. La sed de Europa desvirtuó este primer contacto con los orígenes de nuestra tierra. Con sus motivos naturales.

Los artistas becados iban al viejo continente, especialmente a Francia, a asimilar las corrientes de avanzada, que luego traían y promovían en el Circulo de Bellas Artes, primera institución que tuvo a su cargo la enseñanza plástica.

Quiere decir, pues, que aún cuando algunos artistas tomaron el tema del hombre de campo nuestro, la versión, podríamos decir, en sus más capacitados pintores era la cristalización de sus estudios y la creación moderna de conceptos que regían la pintura de entonces hasta nuestros días.

Este fenómeno pasó en América toda.

El medio europeo gravitó totalmente en la pintura y escultura del Uruguay.

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Sin embargo, un pintor de ya avanzada edad, que había tomado los pinceles como forma complementaria durante sus horas libres de tanta tarea, sería el indicado para llevar a cabo una obra de grandes y auténticos valores en el ámbito histórico de personaje característicos de nuestro medio.

Pedro Figari, del que se cumplen treinta años de su muerte, fue un pintor innato. Durante años el tema se agitó en su mente y espíritu.

El recuerdo de la vida en la época Colonial en el que transitaba insistentemente, y sacudía su nerviosa como sensible riqueza de tipos y escenas vistas cuando niño. Figari pintaba entonces algún paisaje o figura con severa contracción de dibujo y color. El tema que rondaba en todo su ser, y que resultara el filón de su carrera necesitaba otra interpretación. No era posible abordarlo con la sobria fórmula de una copia del natural. Hubiera sido una obra carente de vibración; de riqueza colorista y de factura asociada al tema. El movimiento recuerda un conjunto de escenas y tipos que tenían que ser compuestos y rimados con el color.

El dibujo no podría mantenerse dentro de una limitación correcta y menos, encerrado en la fuerza de la línea. Debía soltarse, ampliarse, tomar alas, y ser un todo dentro del color. Esta definición tiene que haber hecho meditar mucho a Figari antes de lanzarse a esa magnifica aventura de su vida de pintor. Había otras amarras que debería soltar, y mientras a tanto, tomaba impulso en su ser los motivos agolpados en los recuerdos, y adivinados como algo original. En un hombre de su cultura e inteligencia, presionaron para salir a la superficie y llegar hasta nuestros días manteniendo rigor de color, y acción tan grandes como cuando fueron creadas.

Si acaso mucho más hoy, en que la pintura de Figari entró en la Historia del Arte. En todos los pueblos del mundo los cuadros del pintor uruguayo son admirados.

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Abogado de fuste, director de la hoy Universidad del Trabajo, diputado, escritor, tuvo la fuerza segura del que sabe que triunfará dejándolo todo.

El destino aunó motivos para que nuestro pintor se radicara en Buenos Aires primero y París después. Ya en la Ciudad Luz, provocó interés, y después concentró todo su ser en producir con una ansiedad desbordante los mejores cuadros de su trayectoria. Esta década fue fructífera para Figari. Se cuenta que se levantaba al amanecer, y seguía su labor durante el día trabajando en varios cuadros a la vez. Así se sumaron cantidad de obras, casi todas realizadas en cartones, en las que parecía no agotarse nunca el tema de su predilección.

Había encontrado la manera de expresarse pictóricamente. Lo difícil estaba superado; cómo encarar esto tema con la técnica apropiada para que saliera de sus manos y espíritu con la frescura con que su recuerdo lo retenía.

Figari cultivaba la Historia del Arte, y sabia los movimientos más modernos con el impresionismo a la cabeza. No era por cierto el impresionismo el más conveniente para el manejo de su concepto. Deseaba más estabilidad del tema, más carácter y visión original e histórica. Fue así cómo se volcó a los intimistas tales como Vuillard. De éste tal vez pudo apreciar el matiz tan importante en los espacios de color. Sería la suya una pintura que no podía sostener las sombras proyectadas ni los volúmenes de las figuras. La composición del color era el secreto de su obra. Ya Paul Gauguin lo había dicho: “La pintura es la armonía de color en los espacios”. Si bien Figari pudo pensar en tal concepto, no por ello fijó el dibujo como aquel grande que encontró su tema entre los indígenas de las Islas Polinesias.

Escena de velorio obra de Pedro Figari

Figari no tenía que ir a buscar el motivo. Este lo tenía dentro, y había que expresarlo en pintura. Cuando tuvo a su alcance los medios seguros para poder dar a sus cuadros todo el sentido que requerían, comenzó a producir lo que se cuentan como tres mil cartones. Una fascinante secuencia de escenas en movimiento representando la vida de los negros y de las matronas de la época. Las salas en que se vertían conversaciones y las visitas menudeaban junto a los traviesos gatos escondidos entre las amplias polleras. Los delantales blancos de las criadas resaltaban en los rosados y rojos de las coloniales paredes. Los conventillos de los negros. Los patios en los que se bailaba el “Candombe”. Los ritos en los velorios, v éstos atravesando el “camposanto” como una negra culebra recortada en la niebla de la madrugada... Los candiles alumbrando extrañas expresiones, y la socarrona descripción de los “tipos”, que fustigaba con su pincel, estirándoles las proporciones hasta desdibujarlos graciosamente. Logró Figari concentrar en esas manchas directas a pincel toda la vida y el valor pintura de su tema.

Era en realidad una sensación lo que exigía al pintor esa fuga en los cortos trazos. La nerviosa ubicación de los tonos y la estridencia palpitante de rojos que calcinaban la figura grotesca del negro en sus eléctricos ritmos. Tuvo su pintura en muchos de sus temas la dramática poesía del campo. Sus caballos solitarios en la inmensa llanura. Esqueléticos, recortados en el azul gris del cielo y en el verde quemado del campo. El Ombú fue el predilecto, y jugó con sus raíces v ramas retorcidas como un canto a esa soledad. Puso en la portera al jinete; la china a su costado, y “tituló” “pal estribo” el mate como último beso en la despedida. ..

Eran para él importantes los "títulos" de sus cuadros. Porque habla cierta ingenuidad profesada en la misma atenencia del tema como algo primordialmente suyo escondido y guardado. Fundamentaba en la acción el desarrollo de su cuadro. Esta acción obedecía al titulo. Era un todo armonizado lo que dio a Figari esa riqueza cantarina en una fuente que parecía inagotable.

Dicen que al referirse a sus obras manifestaba de sus tipos como viejos conocidos.

Pirandello, cuando escribía sus obras que revolucionarían el mundo del teatro, se encerraba y hablaba como sus personajes. Los increpaba, dialogaba y sacaba la originalidad de su teatro en el mundo vivo de su tema.

Figari parecía hacer lo mismo según cuentan quienes le vieron pintar o hablar de sus personajes. En un mundo menos trágico y si se quiere diabólico en el que se manejaba el gran autor italiano, el pintor fresco y espontáneo sacaba a luz las discusiones, las conversaciones, los bailes y la misma vida que estilaban aquellos antepasados que sus ojos infantes absorbieron con tanta fruición.

Dos importantes exposiciones se celebraron a raíz de la fecha recordatoria de Pedro Figari. La primera, una muestra selectiva en Galería Moretti, y luego inaugurada el 18 de julio en el Cabildo, la exposición donada por la hija del pintor, Doña Delia Figari. Las dos concitan el interés y promueven esa vida retrospectiva que el artista tan bien delineó en sus obras. Además, se hace imprescindible dar cabida definitivamente a la pintura de Figari en un Museo, para el cual fuera donada tan generosamente esta obra. Se tiene la idea de promover por la Intendencia, la fórmula que pueda ser factible para ubicar el Museo en la “Casa de Ximénez”, en la Rambla y Juan Carlos Gómez, una mansión típica colonial, es decir, la época que cabe al estilo y al tema de la obra de Figari. Para ello deben agotarse los medios posibles, ya que la colección de Figari queda así anulada, en cuanto a la verdadera razón por la cual su donante se desprendió de ella.

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Pedro Figari nació en Montevideo el 29 de junio do 1861, y murió el 24 de julio de 1938, también en la capital. En su primera juventud estudió dibujo y pintura con el maestro italiano Sommavilla. Radicó en Buenos Aires de 1921 -25. Luego siguió a París, de donde regresó al Uruguay en 1933. Su primera muestra la realizó en la Casa Maveroff (1921). En Buenos Aires en 1923, en la Escuela Nacional de Bellas Artes. En 1930 gana el Gran Premio en la Exposición del Centenario del Uruguay. Y ese mismo año, medalla de oro en la Exposición de Sevilla.

Tales son a grandes rasgos, los datos biográficos del pintor al que hoy se recuerda como una de las grandes personalidades en el mundo del arte nacional y americano.

Ver:

Figari un friso de color que descorre la historia del tema - crítica de Eduardo Vernazza - Diario El Día (Montevideo, Uruguay), domingo 23 de octubre de 1977 pág. 17

Crónica de Eduardo Vernazza

Suplemento dominical del Diario El Día

Año XXVII Nº 1836 (Montevideo, 4 de agosto de 1968)

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

 

Ver, además:

 

                     Eduardo Vernazza en Letras Uruguay

 

                                                                        Dennis David Doty en Letras Uruguay

 

Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)

 

Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce   

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