Comisión Nacional de Bellas Artes Gurvich - Matto - Pailos - H. Torres Crónica de Eduardo Vernazza Suplemento dominical del Diario El DíaJose Gurvich Año XXX Nº 1488 (Montevideo, 23 de julio de 1961) |
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Manuel Pailos |
José Gurvich |
Cuando un pintor como Horacio Torres presenta en una exposición dos cuadros de desusadas dimensiones y de temario simbólico, es fácil la sorpresa. Dos telas que pasan los tres metros de largo, dos composiciones con paisaje y figuras. Figuras que accionan con la serenidad de antiguo y que están pintadas con la riqueza colorista de un naturalismo pictórico de sobria paleta, con base en negro y ocres-grises, encuadrándolas en un fondo que parecería el telón de un escenario, y que Torres maneja con conocimientos de la gama, hasta hacernos llegar a la luz creada creada o puesta indirectamente en un farol, como imponiéndose las dificultades de una escena, a la que no puso titulo, y que valiera por su justo enfoque de pintura. Ya en “Mardigras" había adelantado Torres, este caudal de su talentoso aporte; y si en verdad logró en aquel cuadro encarar más sólidamente la ubicación de las figuras y mantener unidad sostenida, en éstos, habiendo en una de ellos claros algo indecisos, soportan en cambio la dificultad apuntada: o sea librada a una composición más exigente y a personajes más dentro de un espacio amplio, a los que es difícil equilibrar, y dejar que pronuncien su acento expresivo. Pintura resuelta a grandes trazos, con acordes de empaste y de liviana factura: negros transparentes, y ocres jalonados por matices depurados en calidades sobrias y siempre retenidas en su medida. El estilo de dar luz a una cuarta parte del cuadro, y dejar en grises el resto, para que se concentre en el punto defendido la atención visual, es la característica que alterna con la acción estática. Saber colocar en sombras y en la media tinta, trozos que contrastan con los claros, dejando al color la misión de seguir un dibujo correcto, blando a las formas, ligero en muchos aspectos de toques que como acentos vitalizan las figuras, y enriquecen, dándole variedad, esa fuente de lícitos recursos que posee el pintor. Es indudable que Horacio Torres, afirmado en esta pintura, que extiende a otros temas como retratos, naturalezas muertas, y sobre todo a esos paisajes bajo nieve, que ha buscado con repetida sensación de vencer el blanco, se coloca en su posición de artista que, aunque otras tendencias lo inviten, lo vence esta propiedad de virtudes que asoman con facilidad de realización, con aptitudes francas y nobles, sin obstáculos de rebuscamientos innecesarios, con sencilla y loable lucha de artista frente a bastidores enormes, donde es menester poseer no sólo conocimientos totales del arte pictórico sino un espíritu de lucha firme en la contrariedad de una época que quiete abolir en su faz avanzada, esta expresión cabal de arte puro. Horacio Torres demuestra que es posible aún acudir al recuerdo de los grandes para iniciar lo que desarrolla su concepto en ideas que pueden trasuntar nuevas obras que requieren la fe, el trabajo arduo, y la serenidad para dominar ese escape del tiempo nuevo que fuga de la escena de la vida, con rapidez arrolladora. Es preciso, para plantearse estos problemas de pintura, poseer la valentía de sentir el destiempo de lo perdido, y augurar nueva savia. Horacio Torres es un artista que inició su carrera con una base de conocimientos notable, que le aportara el Maestro Torres García, y que en esa faz de la pintura siempre hemos creído de esencial valor. Gurvich, se maneja en los grises de escenas compuestas de carácter popular, y que simboliza con elementos naturales. Sus efectos geométricos esbozados ligeramente, pero dentro de una estructura justa, fundamentan ambientes interiores o exteriores, pintados en sordina, los que logra con más frecuencia en su sostén, cuando trabaja en el paisaje. Su concepto del natural se esfuma en la gama del color y éste cobra, por medio de una visión interior, expresión plástica de forma estática. Manuel Pailos, invade la sala de colorido opuesto al de sus compañeros de exposición. Una tendencia influyente del dibujo de Modigliani lo excita; y la estilización del gran italiano, presupone un color quemante que aquí se repite sin la matizada versión que requiera, sino con una intención buena por supuesto, de alejarse es una geometría rígida de las formas y simplista en la idea del total. Exagera en algunos aspectos tal expresiva, y en otros acerca la deformación a un grado que no corresponde a la armonía que desea seguir. Matto, presenta una serie de obras constructivas y una naturaleza muerta de reales valores en la pintura, pero sin el sostén de un dibujo firme, sino que lo quiebra en una búsqueda de agilidad, que da la sensación de fuga del detalle... Una exposición que con algunos cuadros fuera de su forma total, adquiere en el actual momento jerarquía por la seriedad del contenido, y por los valores expuestos. Ver, además:
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Crónica de Eduardo Vernazza
Suplemento dominical del Diario El Día
Año XXX Nº 1488 (Montevideo, 23 de julio de 1961)
Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación
Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)
Ver, además:
Eduardo Vernazza en Letras Uruguay
Dennis David Doty en Letras Uruguay
Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)
Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
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