Comisión Nacional de Bellas Artes Francisco Lisboa. "El Aleijadinho" Crónica de Eduardo Vernazza Suplemento dominical del Diario El Día Año XXI Nº 1025 (Montevideo, 7 de setiembre de 1952).pdf
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Tal vez el ejemplo más conmovedor en la historia del arte, lo represente la torturada vida de Francisco Lisboa. "El Aleijadinho" (el lisiado). Su lucha contra sus males fue tremenda. Y si su espíritu sentía la más puro belleza plástica, mientras daba forma a ella en inmortales obras su cuerpo era inexorablemente deformado primero, y mutilado después por terrible enfermedad que acabaría por fin con sus días. Pero esto duró muchos años. Martirio que santificaba el escultor con su voluntad de hierro y su inquebrantable fe. El que esculpía figuras bíblicas era, en verdad, en la triste realidad de su dolorido cuerpo, el ejemplo en la tierra. Pero cedamos espacio a algunos aportes biográficos que nos dan con certeza la historia de su increíble tragedia. "Antonio Francisco Lisboa era hijo de una africana o criolla de nombre Isabel, esclava de Manuel Francisco Lisboa. Tuvo dos hermanos de padre y madre, uno de ellos el padre Félix, ordenado a expensas de Antonio Francisco; trabajó también la talla y a él se atribuye la imagen de San Francisco de la capilla del mismo nombre". "Antonio Francisco frecuentó solamente la clase de primeras letras. Sábese que, después de adulto, su principal lectura fue la Biblia, alimento de su arte, todo él de inspiración religiosa. En probable que leyese los libros de medicina en busca de conocimientos para tratamiento y lenitivo de su horrible enfermedad. En lo que respecta a instrucción técnica, la tuvo y de la mejor, por cuanto se formó en los talleres de su padre, el mejor arquitecto de su tiempo en Minas, autor del plano de la iglesia de “Nossa Senhora do Carmo". Según informaciones recogidas por Bretas, era Antonio Francisco pardo oscuro, de buja estatura, cuerpo lleno y mal configurado; tenia sin embargo, la nariz regular un tanto puntiaguda; la cabeza era grande, el cabello negro espeso y ensortijado, la vos fuerte, el habla arrebatada. Hasta los cuarenta y siete anos gozó de perfecta salud, de fue que la enfermedad terrible lo acometió, deformándolo al punto de cambiarle el nombre por el apodo con el cual permaneció conocido para siempre. ¿Qué extraña enfermedad sería esa que durante treinta y siete años afligió, desfiguró y mutiló a aquel físico robusto de mestizo? Rodrigo Bretas insinúa, aparte de la lepra y de la “zamparina", una posible complicación del mal gálico con escorbuto. Es de creer que fuese lepra". Y sigue la biografía que ha impreso la institución organizadora de la exposición, dando en un “in crescendo" verdaderamente trágico los datos de esta vida que es arrancada por la muerte con ensañamiento brutal. Pero no queremos dejar de dar aspectos de esta lucha, porque a pesar de ser sumamente dolorosos, sirven para juzgar hasta que punto la vida del artista fue digna, y es y será por siempre, de la admiración del mundo. Y porque tienen relación directa con su arte, al que dio el dolor de su carne viva en momentos de desesperada impotencia que dominaba al fin presa de una voluntad sobrenatural. "O Aleijadinho" —prosiguen los datos biográficos—, padecía frecuentemente dolores violentos, tan agudos que lo llevaron mas de una vez a multarse los dedos con el escoplo con que hendía la piedra. Se le cayeron todos los dedos de los pies, y desde entonces no caminaba sino de rodillas, para lo cual mandó hacer unas rodilleras de cuero, y así trepaba escalones arriba con gran agilidad. Perdió también casi todos los dedos de las manos. Para trabajar era menester que le amarrasen a las manos el cincel o el martillo. Fue así que en edad ya avanzada, a partir de los 61 años, labró las doce estatuas de los profetas y las sesenta y seis figuras de los Pasos, de “Congonhas do Campo" “La enfermedad, lejos de abatir el ánimo de Antón o Francisco, todavía lo estimuló en su formidable capacidad de trabajo. El principal efecto de ella fue el segregarlo de la sociedad, que pasó a evitar. A las primeras horas de la madrugada se ponía en camino hacia el local donde debía trabajar, casi siempre una iglesia o capilla, de donde sólo regresaba cerrada ya la noche: Iba siempre a caballo, embozado en amplia capa y el sombrero de alas gachas, huyendo a encuentros y saludos". ”En el propio lugar de la obra quedaba a cubierto de una especie de tienda, y no gustaba de mirones. Cuando alguien osaba aproximársele, aunque fuera personaje de alta condición, como le sucedió al capitán general Bernardo de Lerena, Antonio Francisco atacaba la piedra con tal furia que una descarga de fragmentos ponía pronto en fuga al indiscreto”. Los últimos meses de su vida los pasó Antonio Francisco tullido y ciego, en un pequeño estrado, tres tablas sobre dos soportes de madera..". “Expiró el 18 de noviembre de 1814.” *** Si la obra de "El Aleijadinho" posee ese soplo místico, ya dijimos que en realidad lo creó por su propio fuego y dolor. Por ello son fuertes, a pesar de esa unción religiosa que en ningún momento predomina sobre el sentido plástico. Es menester observar en los detalles de las espléndidas fotografías, cómo están estudiados y resueltos los pliegues de loa ropajes, cómo el impulso primitivo está atemperado y forma parte de un modelado sapiente y de subido valor. La búsqueda de la solución en grande es la que lleva la mano de Francisco Lisboa, y su sobriedad ese sello inconfundible de los grandes escultores. Pero lo que está dentro de las mayores virtudes, es la expresión que imprime a esos personajes que se mueven por vida propia, aunque representen las figuras que alimentan una religión. Porque “El Aleijadinho” pone tan original fuerza expresiva y tan rotundamente entra en el secreto espiritual que es conmovedora la emoción que comunica. Esta legítima faz emocional que es hija de la comprensión que del modelado plástico tenía el escultor, nos hacen ver como guardando las formas estiliza a veces para dar sensaciones que él siente arraigadas en su interpretación cuando esculpe las estatuas hijas de tan inspirada devoción. Como los grandes artistas, es único en su forma y estilo. Generalmente su predominante de líneas curvas es la que da la característica a sus obras, especialmente cuando trata la figura de los profetas, a los que ondula con genial visión de su imponente efecto. Mueve el cuello atento a las voces lejanas e infinitas, o eleva la mirada de los ojos generalmente oblicuos, siendo los cabellos y las barbas largas, decoración que encierra en marco geométrico los rasgos marcados por el buril del raro artista. La obra del Aleijadinho es de rara arquitectura, y aunque en algunas estatuas mantenga cierta similitud en los movimientos clásicos, es tan distintamente dispuesta en sus fases cambiantes, que parecen ser, como en realidad lo son, seres completamente distintos, alejados por sus caracteres y cercanos por su humana expresión. Sólo existe en el salón de exposiciones un solo vaciado en yeso del profeta Joel, donado por el Servicio do Patrimonio Histórico e Artístico Nacional Brasilero en 1948 al gobierno uruguayo por intermedio del Instituto de Cultura Uruguayo-Brasilero. En él puede admirarse la excepcional técnica escultórica y la fuerza espiritual como dones supremos del genial portugués. La Comisión Nacional de Bellas Artes ha tenido un buen principio al albergar en su Salón esta notable exposición, que es en todo sentido un acierto indudable, ya que nos da a conocer a uno de los mas grandes artistas escultores de América. ver, además: Aleijadinho, escultor único por tres motivos : venció las dificultades inherentes al arte, la esclavitud y la minusvalía, ensayo de João Vicente Ganzarolli de Oliveira (Brasil) c/video |
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Crónica de Eduardo Vernazza
Suplemento dominical del Diario El Día
Año XXI Nº 1025 (Montevideo, 7 de setiembre de 1952)
Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación
Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)
Ver, además:
Eduardo Vernazza en Letras Uruguay
Dennis David Doty en Letras Uruguay
Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)
Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
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