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Subte municipal El Proceso Pictórico de Zoma Baitler Crónica de Eduardo Vernazza Suplemento dominical del Diario El Día Año XLVI N° 2317 Montevideo, 12 de marzo de 1978 Inédito, al 21 de agosto de 2026, en internet, escaneado, para Letras Uruguay, por su editor (conste)
El pintor Zoma Baitler en su taller Señalaba ya en 1940 Joaquín Torres García refiriéndose a la pintura de Zoma Baitler. "Quiero señalar aún el porqué de haber logrado llegar a la comprensión de estos nuevos valores. Es sencillamente, y quizás por el mismo ardor del trabajo, que el artista, en un momento dado, olvidando su acostumbrado empeño imitativo, se abandona a la libre expresión plástica. Se ha colocado, por esto, en otro plano. En el plano de la pintura pura o simplemente, en la pintura, así a secas, ya que otra que no sea así hecha no lo es”. Analizar la obra de este artista implica reconocer tres etapas decisivas que tuvieron que ver a lo largo de tantos años de labor. Ímproba, sin decaimientos, y que fueron quemando la rigurosa apreciación estudiosa que Zoma llevó a cabo en cada una de ellas. Con pequeñas incursiones en otros lineamientos menos permanentes, su primer conquista impresionista, la faceta relativa a sus estudios con el Maestro Torres García (composición - estructura y depuración), y ésta última y hasta hoy prevaleciente ruta que se ha fijado, reuniendo la experiencia de un acervo cultural plástico que se concreta en la que él llama ciclo o periodo "amarillo'’. Sobre su característica dentro de la Escuela Impresionista, dijimos desde el principio de sus presentaciones, que Zoma Baitler trataba dicha técnica con la verdadera eclosión de la luz, y con el trazo bien ubicado en el impresionismo francés. Fue, quizás, el que mejor entendió la lección de aquellos cruzados de la paleta clara, del pleno aire, y la interpretación naturalista en su función color-luz. |
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Aplicó Zoma tal criterio en los paisajes del Uruguay, especialmente a la riqueza cromática que le ofrecían las arboledas del Prado, las perspectivas de la costa, y calles de la ciudad, las plazas y rincones que sostenían, junto a las quintas y chacras cercanas a Montevideo, la imprimación de un entusiasmo que no conocía otra virtud que el trabajo continuado. Surge de tal manera un claro pintor Que se consagra al hacer que ya muchos consideraban terminado Pero lo realiza con una tuerza y una seguridad que respira el optimismo que siempre contó en él como una condición sin concesiones. Baitler prosigue su carrera y ejecuta cientos de obras. Su paleta encuentra cada día más la riqueza colorista de aquella añorada —para él— época. Pero lo trascendental, es que no se remonta a la imitación que supone la de los Maestros franceses. Aplica su ya favorita técnica a la característica nuestra. Las mismas calles, los paisajes, y todo lo que pinta Zoma, posee una especie de tradición nacional y documenta, a fuer de pintor, el tema. El tema, el motivo, nunca deja de ser primordial Se recuesta en él para realizar pintura En este caso Impresionismo puro. En principio, los toques se resisten a la ágil presencia de una mano habilitada para la envoltura total Luego, se va afinando la pincelada en cortos foques que encuentran esa aparente fusión que predomina como fundamento de la luz. Llega incluso, Baitler, a volcar la evocación de cosas olvidadas, y las transforma con una versión distinta. |
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Decíamos respecto a esta teoría que sustentaba su pintura: "Muchas obras pintó en relación con aquella función impresionista. Fue el que más sentó cátedra de cómo debía emplearse el color en tal teoría. Tuvo conocimientos de la yuxtaposición, de la espontaneidad directa, del color cambiante de las horas, de cómo un motivo varía según la luz. De la relación de los complementarios, y de todo ese bagaje que fue trasegando desde años, llegando incluso a tomar ejemplo en una madurez original en cuanto a sacar de la temática nuestra". Pero comienza un cambio de esta faceta del pintor cuando visita Rivera. El paisaje rojo y agreste de sus tierras, la sobria condensación de los caminos nace que descubra una arista más sustancial y potente. Toma entonces rigor el empaste la dimensión del cuadro se agranda los contrastes del cielo y la terrosa vivencia de sus ranchos comulgan otra conjugación en el lenguaje de Zoma. Sus estudios de estructura que ya daban sus resultados, tenían en los bodegones y algunas composiciones la etapa severa de orientación plástica. La medida la depuración del detalle, el espacio, la relación del plano colorido, comenzaban a presionar la evolución del artista. Esta va tomando aliento poco a poco. Sin la presumida posición de quien desea cambiar por así hacerlo. Fue una necesidad que el pintor sintió a su tiempo. Cuando ya el ciclo impresionista iba abandonando sus requiebros en cuadros más sólidos y estructurados. Con una visión menos lejana y más buscada en la neta composición del paisaje uruguayo. Así se revelan en él, la factura los matices el conocimiento de otras vertientes más aplomadas, quizás más duraderas. Con el estudio del Taller se hace Cezanniano su empeño en traducir el tono, la cálida imposición del color preciso. Atiende a los ligamentos entre las zonas, detectando los pasajes entre uno y otro plano con acentos de fuerte presencia que limita los objetos y los elementos naturales. |
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Predomina en este cambio el deseo de superación. El no conformarse con una meta que dio por ya lograda. El arte moderno posee la virtud de las conquistas técnicas. Y cada artista en su valor aplica aquellas teorías que mejor se avienen a su creación. Toma la técnica que enlace con su concepto. De allí que hoy las teorías distintas que fueron se convirtieron en actuales de acuerdo con la función que el artista les asignó. Indudablemente que existe por sobre todo la creación individual. La personalidad. Lo que cada pintor en este caso tiene que decir. Y Zoma Baitler pudo adoptarse un lenguaje plástico, superando la etapa impresionista, y tomando la estática forma compositiva con la nutrida agenda de su saber. “Poco a poco Zoma fue internándose en lo subjetivo. Sin llegar a ninguna ampulosa o forzada concepción, sus cuadros se tornaron más coloristas y menos detallistas. Sumándose luminosos los planos amarillos, jalonaron todo un espacio. Y el motivo sin apretarse delineaba su gracia y su valoración." Así definíamos entonces la aparición de su periodo "amarillo". Al aparente desorden del trazo Impresionista, el estudioso pintor va aplacando las instancias de aquel fugitivo toque, para investigar con la lección de Torres, pero ahora en su función netamente creativa, lo que debería ser su pintura actual. |
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Sus conocimientos de la luz y del color le emplazan a otra realización más responsable. Que abarca la implicancia del tema conocido pero que concrete con el equilibrio y la madurez una obra que, sin borrar su sensible y emotivo don, la disciplinada esencia de lo duradero entre a ser parte integrante de su valor. De tal manera, se conecta Zoma Baitler en la etapa que será fundamental en el logro de su ambición total respecto a la condensación del cuadro en la fijación de la pintura por sobre el tema. Ya venia sustentándose en el artista el advenimiento del periodo que él llamó amarillo. Y tanto la naturaleza muerta, los interiores, la figura, como el paisaje, adquieren el predominio de la estabilidad. Los reflejos no se convierten en el efecto directo sino que reclaman lo trasegado en el taller, el recuerdo de la medida aunque prevalezca en ello la experiencia instintiva. El arreglo del paisaje de acuerdo al cuadro del pintor, a su idea del tema a la sugestión que puede interpretar de los fenómenos o de la simple realidad de la Naturaleza. Porque es momento de aclarar que Zoma jamás abandonó el principio del elemento natural. Toda la abstracción se produce mientras el modelo es depurado, estilizado, llevado a la sencillez difícil y tan fácil de comprender. Escuchando quizás inconscientemente, aquellas palabras de Torres García, su pintura se va alejando del torbellino enredado de las hojas, y cuando trata un árbol es la masa del color lo que invade el cielo azul o pálido o ya amarillo. Quiere decir que la lógica del color va dejando paso al espejo creado por el pintor. Que la naturaleza se va convirtiendo en un medio para alcanzar el consciente y equilibrado tratamiento del cuadro. Su viaje a Nueva York se convirtió tal vez en el imán impactante que necesitaba para demoler el andamiaje del trazo quebrado, y fructificar en esta decantación que le convierte en propulsor de su propio destino de pintor. Además: El impresionismo de Zoma Baitler - "Todo gira entre la luz y el aire", por Eduardo Vernazza (Uruguay) - Suplemento Huecograbado del diario "El Día" - Montevideo, Año LII -N° 2641 , 10 de junio de 1984 |
Crónica de Eduardo Vernazza (Especial para EL DIA)
Suplemento dominical del Diario El Día
Año XLVI N° 2317 Montevideo, 12 de marzo de 1978
Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación
Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)
Ver, además:
Eduardo Vernazza en Letras Uruguay
Dennis David Doty en Letras Uruguay
Catálogo pinturas y dibujos del artista de Uruguay Eduardo Vernazza por el cineasta Dennis Doty (Irlanda/Estados Unidos)
Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
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