Cartas de un cazador, Horacio Quiroga. Ed. Arca, 1986 (99 p.)

 

La ternura de un narrador selvático

por Florencio Vázquez

Inédito, al 17 de agosto del 2026, en internet. Escaneado, para  Letras Uruguay, por su editor

En el último febrero, a propósito del cincuentenario de la muerte de Horacio Quiroga, decíamos, entre otras cosas, que de los integrantes de la generación del 900, "su obra es la que ha dado origen, sobre todo, en los últimos quince o veinte anos, a mayor cantidad de trabajos (estudios, apuntes biográficos, antologías, etc.)"

Para ese entonces, la editorial Arca se aprestaba a poner en circulación "Cartas de un cazador", tomo en el cual, según señala en el prólogo respectivo Mercedes Ramírez de Rossiello, se exhuman "páginas de Quiroga sepultadas en colecciones de revistas hoy casi inaccesibles".

Se cumplía, entonces, nuestra aseveración inicial.

Hay que señalar, en primer término, que se trata, en puridad, de cuentos para niños escritos por el barbado narrador santeño durante gran parte de su larga estancia selvática en Misiones.    

Entonces alude la prologuista, para el asombro o el embeleso de algún sexagenario nostálgico, a publicaciones tales como "Billiken", o "Caras y Caretas”, donde estas narraciones, inventadas por Qulroga para entretener a sus dos hijos, tuvieran su contacto con la masa de lectores que admiraba aquellas singulares creaciones.

Los cuentos, según expresa Mercedes Ramírez de Rossiello, fueron dados a conocer en una época de "plenitud creadora" por parte de su autor.

"El periodo abarcado por esta muestra —dice la prologuista— está comprendido entre 1922 (Apéndice) "Mundo Argentino"; 1924, "Billiken"; 1925, "Caras y Caretas")''.

Son, si, entonces, los años de la plenitud creadora en un modesto apartamento de Buenos Aires. Y en ese 1925 el escritor retornará, en un impulso irreprimible, a la soledad aledaña al Paraná, en la rebusca del ámbito subtropical.

Se trata, en suma, de apenas algo más de una docena de cuentos: "El hombre frente a las fieras", "Casa del tigre", "La caza del tatú-carreta", "Cacería del yacaré", "Cacería de la víbora de cascabel", etc.

Por los títulos expuestos, no se hace difícil inferir la temática, por más que ella se halle siempre implícita en la literatura quiroguiana. Los tremendos conflictos de la selva, las plantas enormes y exuberantes y las fieras salvajes en su inacabable ciclo son, indudablemente, los protagonista. Pero, aquí, Quiroga apela a los recursos de la fábula y los formidables dramas ecológicos se revisten entonces de una ternura imprevista en el hosco fabricante de guabiroas y de carbón de leña.

Ternura, por todos los poros. Ternura por los protagonistas y ternura por los lectores —sus hijos, Eglé y Darlo— a quienes en primera instancia Iba dirigida esa producción.

No se escatiman recursos ni situaciones dramáticas o directamente trágicas; el verismo anecdótico no es birlado en ningún momento; pero, sobreponiéndose a todo, eso: la infinita ternura de un hombre obligado él solo a cuidar de los cachorros de su sangre, la ternura infinita de un hombre que sentía en carne propia el rigor de la recia existencia que eligiera en un momento crucial de su juventud.

Y es licito recurrir nuevamente a la reflexión de Mercedes Ramírez de Rossiello: "Cabria señalar, junto con esta exclusiva originalidad de la literatura para niños de Quiroga (originalidad por cuanto esa literatura tiene como fin ser la aplicación de su pedagogía extravagante) los puntos de semejanza que, sin embargo, tiene con la obra de su declarado maestro Rudyard Kipling. Para ambos, el niño es no sólo el destinatario de la obra, sino también el mediador. Tal como si la captación auténtica de lo esencial de la naturaleza sólo pudiera ser hecha por seres desapercibidos y traslúcidos, cuya sensibilidad no ha sido todavía opacada por la civilización".

Habría que inferir, con la lectura de "Cartas de un cazador", que casi sesenta y algo más años de producidos, estos cuentos siguen dotados del fresco, sugerente aroma que supo conferirles el genio de su creador.

 

por Florencio Vázquez

 

Publicado, originalmente, en: La Semana de "El Día" - Montevideo, del 4 al 10 de abril de 1987 - Año 7 - N° 412

La Semana de "El Día" fue una publicación del Departamento de Investigaciones y Estudios del Diario EL DIA

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

 

Ver, además:

 

                       Horacio Quiroga en Letras Uruguay

 

                                                    Florencio Vázquez en Letras Uruguay  

 

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