Bobby

 

Apoyado en el almohadón blanco del centro de mi cama, Bobby parece mirarme con sus ojos de color marrón oscuro.
Bobby no es solamente un oso de peluche, un juguete, un adorno; Bobby es mucho más que eso.
¿Te cuento?

A veces te toca pasar por etapas de la vida con el corazón partido, la lágrima floja y la voluntad adormecida.
Son etapas en las que te dan ganas de salir corriendo hasta encontrar un lugar en donde puedas acostarte boca arriba en el pasto y mirar el cielo; ser otra persona diferente y no tener los problemas que te agobian.

Y no estás sola.
Tenés un montón de amigos que sabés que te quieren, que están al alcance de tu mano y que correrán si los llamás.
Son amigos que se preocupan por si fuiste al médico, si comiste bien, si dormiste tranquila, si tomás los medicamentos, si te maquillaste y si te perfumaste.
Y cada cual a su manera está a tu lado: unos acompañándote como un soldado a cada lado que vas, hablándote con dulzura para que no te desmorones; otros hablándote fuerte como para que te sacudas de una vez por todas el bajón y comprendas que las dificultades de hoy no son ni las primeras ni las últimas que vas a tener; otros, llorando junto contigo, compañeros de lágrima; y otros, simplemente estando.

Y de pronto uno de esos amigos, no importa cuál ni por qué, te trae un oso de peluche.
Y vos, que además de tener predilección por ese tipo de regalos, andás con dolor en el alma, arrastrando un ala quebrada y pateando tu autoestima al caminar, te abrazás del oso y te sentís repentinamente feliz por lo que él significa y por la secuencia con que llegó a vos.

Alguien hizo ositos en serie; los rellenó con guata, polifom o arroz, les colocó dos cuentas por ojos y los puso a la venta para que fueran a dar a manos y lugares diferentes. No les puso alma ni corazón porque de eso habrá de encargarse después su futuro dueño, según quién sea y según las circunstancias en que lo reciba.

A mí me tocó Bobby.
Bobby estaba en una góndola junto a otros peluches. Quizá muchas manos lo tocaron y lo volvieron a dejar en su lugar.
Pero alguien, repito, no importa quién ni por qué, se detuvo a mirarlo; tal vez lo agarró, notó su suavidad, lo vio bonito y pensó en vos.
¡Pensó en vos!. Se dijo "le va a gustar", "se alegrará".
Ese amigo puso a Bobby bajo el brazo, pagó por él y pidió que lo envolvieran para obsequio. Luego lo hizo viajar en auto, taxi u ómnibus, no sé, lo metió en un sobre de oficina manila grande y te lo regaló junto con un beso apretado y cariñoso.

¿Pero fue sólo un peluche?
No.
El osito es pensamiento, decisión, tiempo, tránsito, entusiasmo.
El osito es hermoso y dulce como vos querés que sea la vida.
Es tibio, tierno y suave como las manos de una madre o de una abuela.
Se deja apretar, abrazar y mimar, tal como querés que lo haga el hombre que ames.

Desde el almohadón blanco en el centro de mi cama, le da un toque infantil a la habitación, y al posar tus ojos en los suyos, parece transportarte a tu niñez: a aquellos tiempos en que te ponías pétalos de malvón pegados con saliva en las uñas; cuando comías pan con manteca y azúcar bajo la sombra del parral; cuando por las tardecitas regabas rezongando las plantas del jardín; o cuando te daban tarritos con pintura blanca, roja y negra para retocar los colores del enano de yeso, siempre inmóvil con su farol en la mano...

Por eso hoy día, en estos tiempos difíciles, cuando vos entrás a tu casa con el pecho oprimido, te dirigís a tu cuarto con la idea de echarte en la cama a llorar un rato y lo ves a él, como esperándote, terminás sonriendo y saludándolo.
Y todo eso gracias a que un amigo que te quiere bien, se detuvo como un chico más a mirar peluches y pensó en vos sin suponer lo que el osito llegaría a significar para su destinataria, y mucho menos imaginar lo que ella vería a través de esa tela esponjosa y esos ojitos marrones hechos en serie, repito, por alguien que seguramente ignora que cada uno busca, encuentra o da a cada cosa el valor o el significado que necesita en ese momento para alimentar su espíritu.   

Adriana Tusinelli

Ir a índice de inéditos

Ir a índice de Tusinelli, Adriana

Ir a página inicio

Ir a mapa del sitio

>