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De Carpintería a Masoller
El prebatllismo Hace 150 anos en los campos de Carpintería dieron origen las divisas y con ellas los Partidos Políticos. Esa es la historia oficial que en estos días se conmemora. Es el Uruguay republicano el que da formal comienzo. en tanto que los Partidos son el soporte efectivo de la democracia. Pero aquellas eran divisas rurales, era el Partido de Rivera o el Partido de Oribe, caudillos rurales formados al calor de las luchas independentistas. que muy dificultosamente asumían las ideas de un nuevo mundo urbano. Lo iniciaron, y ello es lo importante. Sin embargo, el sitio de Montevideo y las guerras conexas condujeron el proceso de desarrollo de las ideas de la colectividad colorada por otro sendero de características urbanas, intelectual pudiéramos decir. Pero de hecho, se descansa en la tradición de dos esquemas de valores, el rural y el urbano. -o0o- 1966 es un año de rediscusión de ideas en el plano intelectual. Y ello no sólo por la dinámica de la lucha política y el proceso de restauración de ideas anteriores o el deseo de continuar desarrollos políticos y teóricos propios de la década del sesenta. También por el significado de algunas fechas, entre las cuales podemos destacar el centenario de la Revolución del Quebracho y de la Fundación de "El Día”, así como sobre todo los ciento cincuenta anos de la Batalla de Carpintería, nudo gordiano del nacimiento de los partidos políticos a través de lo que fueron las divisas. Tal revalorización de fechas tiene que ver no solo con la identificación clara de las raíces históricas de la nación, sino también con la definición y precisión de los principios fundamentales, sobre los cuales se ha estructurado la República. Sin embargo, tal revalorización histórica, es tanto de principios y valores, como también de reencuentro con las conexiones entre las ideas universales y las ideas nacionales. Y es de aquellos principios labrados en los campos de batalla donde encontramos también no solo la vinculación con las ideas más avanzadas de la época, sino también con la génesis de los reformismos que construyeron la Nación. Pero más que una lectura de hechos, queremos plantear encadenamientos de ideas, procesos de conformación de cuerpos doctrinarios: queremos claramente establecer que el reformismo de las primeras décadas del siglo no es un hecho casual, sino la concreción de ideas sociales, que desde muchas vertientes concurren a ello Queremos simplemente repetir lo que la historia gritaba, que el socialismo utópico, la masonería y el racionalismo en el plano interno (que plantearemos hoy), así como el georgismo y el krausismo en el plano externo (que desarrollaremos en otra ocasión), fueron centros fundamentales del desarrollo de las ideas coloradas del siglo XIX, desde al ámbito urbano. La migración de las ideas El ingreso del utopismo socialista en el Río de la Plata constituye un proceso que se inicia con la constitución misma de nuestras sociedades. La fuerte inmigración que se produce desde la independencia misma de las nuevas repúblicas permitió un rápido poblamiento, que vino de la mano con la introducción del utopismo socialista tan en boga en Europa en aquellos tiempos. Los inmigrantes que traían a nuestros países latinoamericanos entre sus equipajes las ideas del utopismo socialista de principios del siglo XIX fueron los pioneros de un proceso de expansión y modernización ideológica que no solo integraba los procesos intelectuales de Europa y América, sino que además contribuía a dotar a las nuevas repúblicas latinoamericanas de utopías y proyectos para la construcción de nuestras respectivas sociedades. No fue este un proceso forzado: de hecho, los principios básicos del ideario del utopismo socialista coincidían con muchas de las líneas doctrinarias presentes en las revoluciones independentistas. La reivindicación de la igualdad humana, la fraternidad universal, el desarrollo libre de la individualidad, la creencia en el progreso, la idea de perfectibilidad de la humanidad, constituían principios rectores del utopismo que ya estaban presentes en los forjadores de la Independencia. Se asistía luego de la conclusión del proceso independentista a una recarga ideológica de las ideas, en cuyo proceso el utopismo tuvo un destacado papel en tanto fue liberal (especialmente en su variante democrática), proclamó el nacionalismo popular, la renovación religiosa en el catolicismo, en las letras y en las artes, así como también en las ciencias sociales. Uruguay no estuvo fuera de tal influencia, sino que las complejas situaciones históricas de "La Defensa" de Montevideo hicieron que el coloradismo nutriera sus fuentes ideológicas con ese utopismo socialista. Más aún, algunos de sus principios fundamentales fueron herencias permanentes que la Nación uruguaya asumió y que posteriormente el batllismo llevó a su concreción. Bien podemos destacar entre otros puntos en común al pacifismo, expresando en el famoso lema de Fourier "reforma social sin revolución", la fervorosa admiración por la ciencia y la técnica, la valoración de la educación o el repudio de los regímenes feudales. Y sin duda las Ideas de justicia social y de igualdad. Los impulsos utopistas Probablemente el primer impulso en el Uruguay lo constituyó el Influjo del saintsimonismo a través de "El Iniciador", "periódico de todos y para todos", editado en Montevideo de abril de 1838 a enero de 1839 bajo la dirección del argentino Miguel Cané y del uruguayo Andrés Lamas. Fue este el estandarte del romanticismo en materia literaria y del utopismo en política, que Lamas definía como un "periódico puramente literario y socialista". Confirmando esta idea inicial de quien fuera posteriormente secretario de Rivera, "El Iniciador" publicó su célebre "Sección Saint-simoniana". Sin embargo, la mezcla de romanticismo y utopismo difería de las ideas clásicas del socialismo utópico. Era una interpretación nada ortodoxa y muy marcada por el influjo de las ideas liberales de la Independencia. Textualmente se decía allí que "la religión saint-simoniana está destinada a reunir todos los hombrea bajo una misma fe religiosa y política, a fundar un orden social en el cual la humanidad, despojada de los privilegios, gozará de la libertad que asocia por la obediencia voluntaria a un poder reconocido capaz. El progreso — recalcaba— es el tránsito de un orden social antiguo, a un orden social nuevo, después de la destrucción radical del orden antiguo". El movimiento romántico y utópico iniciado en Argentina hacia 1937, en el Salón Literario y en la Asociación de Mayo, encuentra su verdadero crisol en Montevideo, en ese decenio heroico que comprende la Guerra Grande. Esa historia romántica de proscripciones en Argentina, bajo Rosas, del sitio de Montevideo y de la Defensa, identificó a uruguayos y argentinos bajo los mismos ideales dentro de la ciudad sitiada, en la cual se concretaron los ideales de libertad. La tiranía de Rosas reforzó en los utopistas los ideales de libertad política más que los de justicia social, dado el contexto que imponía el cerco. Esteban Echeverría era el verdadero iniciador cuyo famoso "Dogma Socialista", programa ideológico de la Asociación de Mayo y primera formulación del utopismo, será publicado más tarde en el primer número de "El Iniciador". Expatriado de Argentina desde 1840, Echeverría vivirá en Montevideo contribuyendo a difundir las ideas de progreso y valoración de la ciencia de Saint-Simon que germinaban en Francia donde vivió entre 1826 y 1830. Fue junto con su generación los que llevaron adelante la emancipación intelectual de España y la incorporación a la modernización ideológica que se producía en Francia para aquel entonces marcada por las ideas utopistas. Un segundo influjo provino de Jean-Baptiste Tandonnet (1812-1864) quien vivió en Montevideo por tres anos en vísperas de la Guerra Grande donde a través del periódico “Le Messager Francais" (1840-1842). órgano de propaganda del idearlo socialista, estuvo fuertemente marcado por las teorías utopistas y los ideales reformistas de Fourier, tanto cuando peleó dentro del Sitio como cuando convivió en el Cerrito y en Buenos Aires. En La Defensa, los franceses eran la mayor cantidad de extranjeros combatientes por la libertad. Un tercer influjo fue el utopismo socialista de Glusep-pe Garibaldi residente en la Banda Oriental y Río Grande entre 1836 y 1848. Formado en las Sociedades Carbonaras que desparramadas por la península italiana buscaban derrotar a los invasores extranjeros y lograr la Unidad nacional, discípulo de Mazzlni, el apóstol junto a quien luchó y fue al destierro por dos veces, y seguidor de las ideas utópicas de Saint-Simon, Garibaldi no sólo tuvo destacada influencia entre la colonia italiana en Uruguay, sino que además condujo las armas en el sitio de Montevideo contra las fuerzas de Rosas. El garibaldinismo tuvo además gran influencia en la colonia italiana a través de Cúneo, residente en Montevideo desde 1833, colaborador de "El Iniciador" y más tarde redactor de hojas garibaldinas como "II Legionario italiano" (1844-1846) y "L'ltaliano". El garibaldinismo mezcla de radicalismo político, nacionalismo popular e ideas socializantes, dejó su impronta tanto entre los inmigrantes italianos como en la propia sociedad uruguaya. Por su destacado papel en las luchas navales contra las fuerzas rosistas el Gobierno de la Defensa le confirió el titulo de Comandante en Jefe del Ejército de la República del Uruguay. La Nueva Troya — como titularía Alejandro Dumas su libro sobre el sitio de Montevideo— sólo pudo sobrevivir gracias a la libertad que en el mar pudo mantener. De allí la importancia de las luchas navales en un contexto donde las fortificaciones detenían a las fuerzas de Oribe fuera de la ciudad. Con La Defensa de Montevideo, nuestra ciudad se conformó como el baluarte de los principios liberales y de las fórmulas de gobierno republicanas. Los hombres sitiados, representaban el progreso, la razón, la propia civilidad ante las formas represivas del espíritu rosista. El esquema analítico de Fourier que dividía a la sociedad en las fases del salvajismo, barbarie, patriarcado y civilización y que proclamaban los socialistas utópicos a través de sus publicaciones, pudo ser comprensible en el marco de una ciudad sitiada, que se asumía como la civilización y que veía, detrás de los muros y en beligerante acción, a la barbarie. En aquel tiempo, la recarga ideológica que significaron las ideas del romanticismo y su impronta de socialismo utópico sobre la sociedad uruguaya no se concretaron en las nacientes casas de estudios privadas por el peso de las estructuras religiosas en ellas. Sin embargo cuando la fundación del Colegio Oriental de Humanidades en 1838, Rivera decretó la obligatoriedad de la enseñanza de la economía política, que para la época se impartía bajo los principios doctrinarios de Sismondi. Años más tarde, Alberdi preparó un curso de filosofía imbuido del utopismo de su "Dogma" y difundirá su Programa aun cuando no alcanzara a dictarlo. La Universidad, constituida como organismo completo recién en 1849 bajo el gobierno de la Defensa será el fermento de este proceso de modernización de las ideas, con el cual el Partido Colorado abandonará muchos de sus postulados rurales para conformarse como un proyecto intelectual de carácter urbano y crecientemente reformista. Masones y Racionalistas Las ideas fermentales del utopismo socialista se expresaron tanto en los movimientos literarios como en los planos religiosos. Constituyeron un conjunto de creencias, continuadoras de los ideales de la Independencia, que contribuyeron decididamente al proceso de evolución del pensamiento, y por sobre todo a las incipientes corrientes racionalistas en su lucha contra las corrientes religiosas. No fueron —hablo de las ideas utopistas— soporte del nacimiento y desarrollo de ideas materialistas sino de aquellas que imbuidas de racionalismo dieron forma al país a comienzos de este siglo con el batllismo. El utopismo se metamorfoseó en la masonería, que fue su lógica conclusión en el contexto de aquella época La masonería aparece vinculada a los nacientes partidos políticos, y tanto Oribe como Rivera mantenían estrechas vinculaciones a las Logias, pero serán luego los colorados quienes expandirán más fuertemente dichas relaciones. Garibaldi será el más claro exponente: será masón de las sectas carbonarias y será también socialista utópico. La masonería cumplió un vital papel histórico en nuestras incipientes sociedades, tanto por la creación de instancias de vinculación sociales como por sus acciones reformistas. Las sociedades masónicas existentes en Montevideo, y en forma destacada la Sociedad Filantrópica "en cuyo seno figuran todas las nacionalidades, todas las clases, todas las religiones", podemos considerar que constituyeron los esbozos o prototipos de los actuales partidos policiasistas y reformistas. Pero además, constituyeron los vehículos de la lucha ideológica concentrada en el ámbito religioso y en la racionalización de las ideas Las concepciones dominantes de entonces asumían que "los restos de educación católica que quedan entre nosotros, son los que hacen posible el entronizamiento de las injusticias". En tal sentido, los masones fueron durante un tiempo los Instrumentos de las luchas del largo proceso de secularización institucional que recién se coronó con la separación de la Iglesia y el Estado en la Constitución de 1917, y que en aquel entonces tuvo un acto en la secularización de los cementerios. Sin embargo, la masonería en tanto que marcada por el catolicismo pierde fuerza en la medida que no puede ir más adelante en el desarrollo de estas ideas, y sufre un proceso de metamorfosis hacia el racionalimo, vehículo preciso de la modernización de las ideas y bandera de modernización de nuestra sociedad. En uno de sus documentos fundamentales los racionalistas lo indicaban claramente: "Cúmplase también la ley de las sociedades, para quienes luce ya sublime aurora da la soberanía, de la razón, de la emancipación, de la libertad y de la consagración del Derecho. Cúmplanse los supremos destinos de la humanidad, las legitimas aspiraciones de los pueblos; realícense sus dogmas sacrosantos al espíritu emancipado de la fe ciega, en el orden religioso; la razón soberana, el pensamiento libre: el Racionalismo. En la esfera política: el reinado del derecho, la libertad armonizada con el orden: la democracia, ¡Racionalismo y Democracia! He ahí los dogmas de la Religión universal del porvenir". El movimiento filosófico racionalista fue, en este sentido, el envión final de este proceso de donde salió, no solo Batlle y Ordónez, sino casi toda la generación del Quebracho. |
por Claudio Rama
Publicado, originalmente, en: La Semana de "El Día" - Montevideo, del 13 al 19 de setiembre de 1986 - Año 7 - N° 385
La Semana de "El Día" fue una publicación del Departamento de Investigaciones y Estudios del Diario EL DIA
Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación
Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)
Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
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