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Rey Momo... |
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Se estaban viviendo los preparativos de la primera noche de Carnaval. Los carros alegóricos, la reina y su cortejo, los cabezudos y los distintos conjuntos, se alineaban a lo largo de la calle Sarandí. Sin duda, el tradicional desfile es una verdadera fiesta popular. Incluso las comparsas pautan a través de sus vestimentas y de sus distintas letras, que esa noche son captadas por las cámaras de televisión, a qué modalidad se afilian. Dentro de ellas, las murgas, que siempre fueron una sensible caja de resonancia de lo que ha sucedido en el medio, registran la cuerda de su repertorio. Están las que se afilian a la línea tradicional; otras que entienden que si todo ha evolucionado, también lo ha de hacer el legendario Rey Momo. Hay que admitir que el tradicional monarca ya no es más el que preside o estimula fiestas, bacanales o bailes de dudosa moralidad o buen gusto. Menos aun puede permitir que las distintas agrupaciones hagan escuchar desde el Teatro de Verano o en los distintos tablados de la capital, las mismas letras que se cantaron cuando en el país ocupaba la presidencia el general Alfredo Baldomir o cuando asumió el primer Consejo Nacional de Gobierno de orientación nacionalista. De ahí que el mensaje deba ser otro. Legítimamente otro. Ya no se puede hacer mención en un "cuplé" que la lechuga o el tomate han adquirido precios astronómicos sin mencionar las causas estructurales por las cuales dichos artículos han llegado a esas cotizaciones. No es posible parodiar con cierta gracia y agudeza las cifras a que llega el endeudamiento externo sin hacer cierta referencia a la moratoria propuesta por Fidel. Sería hasta frívolo emular la mímica de "Pepino", "Cachela" o "Pianito" si detrás de esa batuta no se mueve un hombre con inquietudes sociales. Caería en el absurdo ironizar, a través de ritmos y redoblantes, los viajes del ministro Zerbino y de nuestro canciller, si entre esos vuelos no aparece un murguista, pintado y petizo, que hace rimar; con su voz pegadiza y algo ronca, expresiones tan afines como dólares y dependencia. Dispuestas a disfrutar tal acontecimiento, se vio a Sonia y Raquel ascender a un ómnibus con destino Plaza Independencia. Se las vela muy elegantes y algo excitadas. Es que no era para menos, ya que Sonia, una morocha de llamativa elegancia, había conocido en la cola de pagar la luz a un hombre alto y rublo que le hizo saber que iba a participar en el desfile inaugural de Carnaval. Con seguridad y para darle una sorpresa, no quiso adelantarle en qué conjunto salía. Si le dijo que se ubicara en la esquina de 18 de Julio y Yí de la vereda de la Jefatura de Policía. Allí se apostaron las dos atractivas mujeres. Lo hicieron cuando aún faltaba una hora para iniciarse el desfile; es que no querían perderse ningún detalle del paso de las comparsas. Más aun, cuando el carnavalero le había prometido a Sonia que le iba a presentar a Raquel un compañero del conjunto. Enorme expectativa se constataba en un público que desbordaba las veredas y las bocacalles. Expectativa que se convirtió en desorden cuando los que encabezaban el desfile ya habían rebasado Plaza Cagancha. Atronadores aplausos acompañaron el paso de la reina que respondía tirando besos y saludando con una mano en alto. Igual adhesión recibieron a su paso los distintos conjuntos que desfilaron por espacio de más de dos horas. Durante ese periodo de tiempo, Sonia trató infructuosamente de identificar a aquel hombre alto y rublo. En un momento le pareció que era uno de los integrantes de la murga "Falta y Resto"; después que era uno de los bailarines del conjunto revisteril "Uruguay Show"; hasta esbozó un saludo cuando vio pasar frente a ella a la "Escuelita del Crimen" y un grito cuando lo confundió como un portaestandarte de Morenada. Con esa tensión siguió el pasaje de las distintas comparsas. De ahí que cuando finalizó y el público comenzó a dispersarse, optó, junto con su amiga, por sentarse en dos sillas que quedaron desocupadas. Estando en esa posición vio que se acercaba el hombre que habla tratado inútilmente de ubicar. Efectivamente, había cumplido. Con él venia un petizo. Ambos caminaban con los pantalones remangados y sostenían con cierta dificultad dos alegorías carnavalescas. Al verlos, Raquel le dijo a Sonia: —|Ah nol... yo con estos cabezudos no salgo. |
crónica de Carlos Mendive
Publicado, originalmente, en: La Semana de "El Día" - Montevideo, del 22 al 28 de marzo de 1986 - Año 7 - N° 361
La Semana de "El Día" fue una publicación del Departamento de Investigaciones y Estudios del Diario EL DIA
Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación
Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)
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Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
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