Tiempo del elefante y los floreros

poema de Alberto Mediza

De "Descomposición y otras señales"

 

               La mañana se recuesta en el muro

(mano de viejo electricista).
        En la casa se han trepado las voces en el
                                                            techo
     y dejan en el aire

   sus sonidos más graves.
               El caballo de trapo y de aserrín

          ha sumergido su trompa en la tristeza,

      resucita culebras y matracas.
Puede ser el cansancio de los letreros luminosos

    o la lágrima roja que cae desde un semáforo.

              Puede ser la alegría

        de sepultar la tarde; puede ser la memoria que
                                                                    se ríe
 

o el esqueleto vegetal de otoño

que enciende
           fuegos artificiales.
                        Y están los rostros de madera

    y el alcohol destilando su tufo por los caños.
            La sirvienta se estranguló

con una media de algodón y sólo dijo “adiós”
(mientras se quemaban en el homo cuatro panes),

          y por las noches los floreros temblaban de

                                                                miedo
al recordar aquella historia.
             Pero a pesar de todo volvieron a comer
todos los días,

y el olor a tocino subió desde la despensa

        mucho tiempo después.
                      Plegarias por la noche,

      los caminos resecos y mi viejo elefante

llorando
         debajo de las camas.
                     Nunca pude saber cómo es posible

    todo aquel cielo andando

como si detrás de la tierra hubiera algo.
         Nunca pude saber cómo estas manos

las mismas cosas siempre. Tan sólo el elefante
                                                        me decía:
   “Tendríamos que ensayar una risa, otra risa...
             Ensayar una caricia que sea otra caricia, 

             ensayar una mirada que sea otra mirada,

             ensayar otro mundo que no sea este
                                                          mundo”.
Luego vine a saber, que el pan y la ternura

   nunca estuvieron juntos.


poema de Alberto Mediza
 

Publicado, originalmente, en: Aquí Poesía Año VI Nº 37 "Descomposición y otras señales"

Montevideo, 1967 pdf

Gentileza de  Biblioteca Nacional de Uruguay

 

Ver, además:

 

            Alberto Mediza en Letras Uruguay

 

Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce   

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