Sin gota de rencor
IV

Juan de Marsilio

             pensando en L. C.

El condenado, 
que ha concluido sin quebrarse 
el alegato final 
que desde un principio 
sabía vano, 
cuando ya los guardias 
lo están por volver a la celda 
donde aguardará la fecha 
del fusilamiento, 
pide aún 
decir una última cosa. 
Se esperaría del monstruo alucinado 
la promesa 
de horca o degüello 
a manos de hordas rojas 
en alguna futura 
revolución. 
Pero no. 
Brevemente les dice 
que ha de morir sin gota de rencor.
Yo pienso que luego, 
durante la cena, 
por lo menos alguno de los miembros 
del tribunal militar 
habrá reflexionado sobre lo bien 
que aquel hijo de puta disfrazara su rabia 
con ropajes de calma y grandeza, 
cuando lo debido 
eran las blasfemias y las amenazas, 
pero estos rojos son todos 
unos maleducados.

Sin gota de rencor
Juan de Marsilio

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