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Carlos Maggi le hace siete o setenta preguntas a Roberto Barry
Inédito, al 28 de septiembre de 2026, en
Internet. Escaneado y editado, para Letras Uruguay, por su editor.
Conste. Roberto Barry MAGGI. — ¿Nombre y apellido, edad, nacionalidad, estado civil, profesión? BARRY. — Roberto César Pérez, 45 años, oriental, casado, “artista'’. MAGGI. — ;Ah no, Barry!... Vamos a entendernos... Nada de evasivas; contesta bien porque te prevengo que todo lo que digas podrá ser utilizado en tu contra. Esto es MARCHA y no andamos con vueltas. Así que... manos arriba y largando. ¿Trabajaste alguna vez? Aja... ¿y por qué? Decí. ¿Que es eso que estuviste por aquí y que estuviste por allá y que hace 25 años que sos artista.. .? ¿Quién te obligaba?, y ¿contra qué lo luciste? ¿Cuándo? ¿Hoy? ¿Ayer? ¿Mañana? ¿También me vas a decir que de esos 25 años, siete los trabajaste mañana? Y además: ¿fue gratis o por los garbanzos? ¿Fuiste de vivo, de bobo, o de qué? Y sobre todo: ¿dónde y cómo fue la cosa? Largá... ¿En el teatro independiente? ¿En el estadio? ¡capaz!, ¿y en la feria? ¿En los tablados?, ¿por los cafetines? ¿En el teatro, o haciendo biógrafo? ¿Hablaste alguna vez en el Solís? ¿Hiciste alguna vez propaganda política? ¿Querés decirme qué has hecho, Roberto? ¿Y cuánto ganaste? ¿Y qué tenés ahora y qué estás queriendo tener y sentir? Tenés diez líneas para contestar. Dale. BARRY. — ¿Diez líneas? ¿Te pensás que soy el “Rider”? (léase Reader’s) Oí. Comencé a trabajar desde el día que pujaba por estrangularme el cordón umbilical, y luego continué por el mismo motivo: subsistir. La voz de la conciencia es horrenda y nadie quiere oiría, pero la voz del estómago, siendo más horrenda aún, la oímos todos. Tal vez por eso nos desvelamos tras los garbanzos. En este país subdesarrollado donde se frustran todos los anhelos, he encontrado en el humorismo un desahogo espiritual sin barreras. Entonces, el trabajo me resulta un recreo tal que olvido los garbanzos. El tablado es el primer contacto que tiene el pueblo con el teatro. Fue mi laboratorio. El teatro independiente mi escuela, (que nada tenía que ver con el pueblo). En el Solís sólo he hablado una vez, con la más humilde pretensión de justificar mi incursión en la vida teatral del país. Y, zamarrear los conceptos que “Casa” del Teatro aún sostiene sobre los cómicos “eminentemente" populares. Fue como tirar agua al río. Es imposible hacer correr a un niño si antes no se le enseña a gatear. Al pueblo no se le puede dar Hamlet sin antes enseñarle a Vacarezza. Hice propaganda política, organicé bailes, canté tangos, foxtros, chacareras. Compuse boleros, candombes, calipsos. Grabé discos con la Indiana País, Lucio Milena, Luis Caruso. Hice libretos de radio. Cómicos, serios, radioteatro, y hasta una comedia teatral que titulé ‘'La muerte pegó en el palo”. Hice teatro, fui con toda una compañía, oriental, durante cuatro meses, a la calle Corrientes. Toco el bombo legüero y bailé malambos y miñeiras. Fracasé profundamente en mi primer intento en TV. Me fundí cuando me instalé con una fábrica de postres y caramelos. Me casé y tengo un hijo de 19 años. Hice ya ocho jiras por el interior de la república. Actué en dos millones de beneficios. Hice “revista" en el Hindú, recité poesías de Lorca, y escribí doscientos monólogos de todos los colores. Conste que estoy respondiendo a tu pregunta: ¿Querés decirme que has hecho, Roberto?... Bajá el trabuco que continúo. Dirigí teatro, hice escenografías, y fui empresario. Cronista deportivo, oficinista y fotógrafo. Leí unos tres mil volúmenes, hice algunos plagios, y entre todo lo que he perdido y ganado me han quedado un auto y un par de casas. El dinero ‘‘dulce” que otros tiran en la rula o en las copas, yo lo invertí procurando asegurarme el pollo nuestro de cada día en este valle de impuestos. Actualmente sólo tengo un deseo que habrá de completar la lista de las cosas difíciles en nuestro medio: publicar un libro. MAGGI. — Entrá a confesar y no te olvides que te estoy apuntando. ¿A qué tenés miedo? ¿A este revólver que no tengo o al lápiz que estoy teniendo? ¿A la crítica? ¿Eh? ¿O es peor la falta de crítica? Pero antes de eso; ¿tenés subconsciente, tú? ¿Y conciencia? ¿Tenés? ¿Sos consciente o inconsciente? Contestá: ¿qué te asusta más? ¿La muerte, el Dios de las alturas, el fracaso de aquí, el impuesto al patrimonio, los repuestos del matrimonio, el futuro de Nacional, la situación del País, los asaltantes de bancos, el sátiro. La hidrofobia, la física nuclear, los binomios de Newton, Haedo y Guadalupe, la T.V., lo que gana un maquinista de teatro o los autores nacionales si llegara a haber? ¿Qué te asusta más? Decí. ¿Sos o no un artista comprometido? Y si sos: ¿a qué? ¿con qué? ¿por quién? ¿y por qué? ¿Eh? ¿Por qué? BARRY. — ¡Esperá, ché! ¡Dame tiempo! ¡Pareces el Presupuesto. ¡Te venís con todo! Dejame respirar, y escuchá. Aquí es preferible la falta de crítica porque, en general, la honradez no abunda. Hay críticos amigos y enemigos. El amigo te engaña y el enemigo te enchastra. No soy anormal y tengo todo. Soy consciente de todos mis actos, aunque a veces me domine el subconsciente. Creo que es la virtud de todo ser sincero y bien nacido. No me asusta la muerte porgue estamos condenados a ella, y cuando llegue la esperaré con un chiste. El fracaso fue mi picana. Más que al impuesto al patrimonio le temo al peaje de las carreteras. En el puente del Santa Lucía aumentaron de cinco realitos a tres mangos y se lo está comiendo el herrumbre. Los repuestos del matrimonio hay que conseguirlos de contrabando. Soy peñarolense. La situación del país sólo le preocupa a “El Debate”. Los asaltantes de bancos son los vengadores nuestros, y tienen cien años de perdón. Lo del Sátiro sólo se responde así: a mi ... con la piolita. La hidrofobia le vino bien al gobierno para desviar la atención del pueblo. Sólo por eso me preocupa. Me preocupa más que la física nuclear ei físico “Ginal". Los binomios de Newton me tienen sin cuidado, en cambio me aterran las matemáticas de Pitágoras (Rodríguez, mi almacenero). Haedo y Guadalupe me divierten mucho más que Abbott y Costello. La T. V. me cercenó el sueldo y le enseñó a mi hijo a esperarme con un rifle detrás de una butaca. Lo que gana un maquinista de teatro les debe preocupar a ellos ... Los autores nacionales han cometido el terrible delito de haber nacido aquí. ¿Qué pueden esperar? ¿Un pueblo cuyo gobierno se gasta el dinero en fuegos artificiales mientras los niños escolares no tienen cuadernos? ¡Por favor, Carlos, me estás encañonando sin piedad ¿Qué me asusta más?: la propagación de los “cantegriles”. Si, soy un artista comprometido, porque estimo que la risa cumple una función social. Mi mejor paga es la risa de los pobres. Entendeme, Maggi, no estoy haciendo frases. Te habla mi subconsciente que jamás me engaña. El pan, la leche y la carne le cuesta igual al rico que al pobre, de ahí el ascenso en la gráfica de desnutridos. La risa no engorda pero resulta un bálsamo en la gangrena. Es, en mi alcance lo que puedo ofrecer y brindar. MAGGI. — Te prevengo que esto es un reportaje, así que no te quedes callado ni pretendas hablar tampoco. Conmigo nada de trampas. ¿A quién debés más? ¿Al carnicero, al sastre, a las inhibiciones sexuales del público, a Wimpl, a El Espectador, a Roberto Barry? ¿A la buena suerte o al sudor de tu frente? Y eso de que hacés plata diciendo inconveniencias— ¿Son inconveniencias? ¿Por qué y cómo cuánto? ¿Y para quién son inconvenientes? ¿El Consejo del Niño qué dice? ¿Y qué consejo te dan los que tienen menos público que tú? Confesá: ¿a quién le estás debiendo más y qué? ¿De dónde sale un fenómeno como tú? Explica o te quemo. BARRY. — No tires porque te vas a quedar sin respuestas. No niego que le debo al carnicero, al sastre, al público en general, a Wimpi por haberme orientado en mis primeras experiencias, y muy mucho a CX 14 El Espectador. Yo he trabajado en casi todas las emisoras del país. y decidido afincarme en El Espectador porque encontré en el espíritu de la empresa afinidades profundas y me siento muy cómodo. El trabajo ayuda a la suerte. Trabajé toda una vida esperándola... hasta que llegó. ¿Inconveniencias? Jamás las digo, siempre las administran los espectadores. Mi tarea consiste en lograr que cada espectador saqua a relucir las suyas. Luego cargo con las culpas porque es parte de la función. Cada espectador se libera de cargos, luego del goce, atribuyendo a uno la responsabilidad. Y hay quienes luego de disfrutar como locos nos tildan de degenerados, cuando lo único que suministramos fue el escalón para que ellos subieran. El Consejo del Niño, admite, justicieramente, que los niños no pueden asimilar mis invitaciones a la inconveniencia y que el niño que las asimila... ya no es un niño. Es trabajar en el filo sin cortarse. Los que tienen menos público no me conocen. Este “fenómeno” que soy yo, salió como los jugadores de fútbol, del campito, que se lo pasó tirando al arco con la pelota de trapo y de pronto se encontró en el Estadio. Con una hinchada que aplaude hasta cuando uno la tira afuera. MAGGI. — Estás contestando que es un cañonazo; clarísimo; por cosas así es que uno... ¿Te gusta ser uruguayo o es que la próxima pensás nacer en otro lado? ¿Sabés qué es la garra celeste? BARRY: — ¡Oh! ¡Si el nacer dependiera de uno! La garra celeste sólo se nos crispa cuando estamos fuera del país. Acá no nos defendemos ni cuando nos invaden los extranjeros. ¿Ves T.V.? MAGGI. — ¿Y qué es lo peor del mundo para vos? ¿La metafísica que no se entiende? ¿La política que se le entiende todo? ¿El folklore que también da ganas de llorar o los prejuicios, la envidia que muerde y no come o el tiempo que pasa y nos hace viejos? O la gente que es pobre y no deja de ser ignorante y sin embargo no quiere renunciar a un poco de esperanza o de alegría? Dicho de otra manera: ¿Por qué tenés necesidad de hacer reír a los demás? ¿De donde te viene la gracia, que es siempre hija de alguna desgracia que anda en el fondo? BARRY. — La política es igual al trabajo que le hacemos a la vecinita que vive a la vecinita a escondidas de nuestra novia. Me encanta el folklore porque le arrebata a la nueva ola parte de la juventud. Los prejuicios son patrimonios de antiguo. La envidia es fruto de fracasados. Sólo avejentan los que no viven. La pobreza y la ignorancia no significan lo peor del mundo. Para mí, lo terrible es quienes provocan, organizan y dirigen a les pueblos hacia ese caos. La gente vive enferma de tristeza. Lo comprobé desde mi niñez. Las privaciones, los problemas, las desgracias, y las penas llenan el noventa por ciento de la vida. Por eso la gente procura el medicamento de la risa. Pero la risa no se vende en las farmacias. La risa es producida por los humoristas, por los payasos, por los cómicos. Entonces, quizá para inyectarme en carne propia, elaboré esta medicina con las fórmulas que me proporcionaron genios en el arte de hacer reír. Me conformé con ser un discípulo mediocre. Mi dicha mayor es la de poder provocar estertores de carcajadas en las gentes. Es la válvula da escape, aunque fugaz, que libera de todas las penas. Sin la risa la humanidad viviría en un pozo sin aire y sin luz. MAGGI. — Esta es la última. ¿Podés explicarme por qué te quiere la gente? ¿Porque es más barato? ¿Más divertido? ¿Más fácil? ¿Más justo? ¿Inexplicable, predestinado, casual, retributivo, inevitable? ¿O me vas a decir que no te quiera la gente? BARRY. — La gente siempre quiere a quienes le curan. Quizá tuve la generosidad de curar a los demás con el medicamento que preparé para mi. ¡Mátame, ahora verdugo! |
Publicado, originalmente, en: Marcha Año XXVI Nº 1238 Montevideo 31 de diciembre de 1964 pdf
Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación
Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)
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