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La mujer
humor de
Don Verídico
Julio
César "Juceca" Castro
Hombre enamoráu de los
colores, aura que dice, Nostálgico Amano.
Pa'ver la salida del sol antes de que empezara a salir, se trepaba a la
punta de un ucalito con brasero y mate.
A ocasiones los pájaros lo picotiaban todito porque les enllenaba los
nidos de humo.
Cuando el sol dentraba a coloriar por el filo de una lomita, Nostálgico
Amano solía desplomarse contra el suelo de la emoción. Pa'no tener que
estarlo levantando todas las mañanas, la mujer, Hermética No, dos por
tres subía y lo ataba de una rama.
Un día, de mientras Nostálgico estaba atado, mirando al sol ya pintón,
ella aprovechó pa'dirse con un tropero. Como a los tres días lo desató
un vecino.
Nostálgico Amano quedó como ido. Enamoráu de los colores, eso sí, pero en
gris.
Una güelta, en el boliche El Resorte lo quisieron agarrar p'al chorrete en
la cuestión de los colores.
Taban la Duvija, el tape Olmedo, Idéntico Aveno, Odioso Lirio, el pardo
Santiago y Monolítico Suave, hablando de la vida y el corazón y tomando
unos vinos, cuando miran así y ven venir a Nostálgico Amano.
A los tropezones venía el hombre, como abombáu y triste por el asunto de
la china y por mirar florcitas y churrinches.
A lo que lo vieron venir, va el tape Olmedo y pinta en la paré una mujer
sentada en una silla. Silenciosa la pintó. Le quedó igualita. Después
fue y le arrimó una mesa.
Dentró Nostálgico, saludó, y atracó al mostrador. Pidió una botellita de
vino y se acodó. La Duvija fue y le dijo:
-¿Cómo anda, don Nostálgico?
-Estrañando la mujer. Solo, uno es naides.
Por ahí el tape Olmedo tropezó con la mesa que estaba contra la paré, miró
la pintura, y fuerte, pa'que Nostálgico oyera, va y dice:
-Desculpe, moza.
Nostálgico mosquió pa'ese láu. Vio a la mujer de la paré contra la mesa,
agarró la botella de vino, pidió otro vaso, y fue y se le sentó
enfrente.
La miró un rato. Dispués sirvió pa'los dos, y dentró a prosiar bajito,
como cuadra al hombre que habla de lo suyo.
Nostálgico, meta prosa, terminó el litro y pidió otro.
Le contó todita su vida. Que era hombre de trabajo dende chico, castigáu
por injusticias dende siempre, que aura andaba triste y solito, cargáu
de ternura sin un destino, y que así no era vida porque cuando uno
dentra a ver gris -le dijo-, se hace gris.
Si le habrá prosíau de lujo, que pa'la madrugada se la llevó pa'las casas.
El se diba sacudiendo recuerdos. Ella, la cal de la paré. |