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Las tentaciones poema de Sara de Ibáñez del libro "Canto póstumo" Las tentaciones y otros sonetos Éstas son las tentaciones del oscuro demonio que crece tallo contra tallo con la esperanza, roe la fe del hombre, su orgulloso, certidumbre de trascendencia, su hambre desesperada de permanecer en la conciencia universal. |
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I sí rama de la espuma o nardo lento, quebrando el rumoroso movimiento de la escarpada brisa donde giro;
sí en el fondo del mar cantando miro crecer la sombra del coral violento, si abro el cristal y el tallo ceniciento y hojas alegres hacia el agua estiro;
en remolinos de oro y blandas siegas colmada y sin razón baila mi mano,
espiga y flor y pámpano liviano,
y entre mis propias lágrimas te niegas?
II que un sorbo apura y una voz traspasa. Un instante del mar mi sien arrasa y encoge al musgo mi latido viejo.
Mínimo germen ya mi antigua brasa. Llena de heridas criaturas pasa la transparente sombra en que me alejo.
Contra mi pecho furia de rosales. y el aire en blando olear de recentales.
y se me llena de algas funerales la blanca lengua de recién nacida.
III Su ramazón de venas transparentes en la alegre ignorancia de las fuentes con luz ajena gustará otro cielo.
aunque la sangre del milano enfrentes. Trigo y manzana olvidarán tus dientes. Borrada lengua sacarás del suelo.
Éstos, que apenas te abren la sonrisa, tus dulces siervos, tus sabrosos granos.
Quédate en el recinto de la brisa. Muerde tu pan y exprime tus veranos. La vid bullen te en su oro cruel te avisa.
Puliste las simientes y las garras. Entraste por la puerta de las parras, y la exigida sangre ardió en tu mano.
Sumando muertes te encontró el verano
desaborido forjador de amarras.
la herida a flor de carne y pensamiento, te acabas en tus agrios engranajes.
tu sabio corazón madura ultrajes. de abejas duras. La serpiente fina, helado el silbo, en mi temblor reclina su inocente relámpago deshecho.
matando rosas en su luto estrecho. Aquí, llaga incesante de los trigos,
no me hallará tu oro encabritado.
hasta que cesen todos los castigos:
nube, ráfaga, flor y ángel
cerrado.
herir tu lengua de ramaje leve. y hurta tu voz al signo de la roca.
y avienta su ceniza con tu nieve. y aparta al negro arcángel que te invoca.
Vuelve a la oruga su ciudad de
menta,
No elabores tan arduo paraíso, que esculpes en la brisa cenicienta
el cobarde fantasma de un narciso.
VII donde el pez burlador el cielo triza, al otro sonreír de la ceniza tenso en su dulce llaga duradera.
que en parto diluvial se martiriza y los secretos páramos eriza con repentino sueño de pradera.
de la abatida caña al grano vivo, pies sin descanso, destrucción y suma.
La sangre toda se te vuelve bruma de planta ubicua y resplandor esquivo. |
Sara de Ibáñez
del libros "Canto póstumo"
Las tentaciones y otros sonetos
Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación
Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)
Ver, además:
Sara de
Ibáñez en Letras Uruguay
Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
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