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El embrujo del sol poema de Emilio Frugoni Mundo Uruguayo - Montevideo, Año XVI Núm. 818 Diciembre 27 de 1934 pdf Inédito en el ciber espacio al 11 de diciembre de 2026.
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BAJO tu beso vibran de amor profundo y el bosque se desata en cantos y en aroma y en alas. Y el suspiro de la naturaleza se transmite al arrullo sensual de la paloma.
BAJO tu blanco efluvio de luz abren su seno las flores de los campos, y las parvas de heno se transforman en cúpulas de oro en la pradera,
y el
árbol enarbola su gárrula bandera.
levanta en el espíritu del
hombre olas de anhelo. en el confín remoto, y el limite señala, decreta que los labios florezcan de sonrisas y a veces en los hombros del hombre impone un ala.
como invisibles genios que el haz de sol encierra,
los colores, divinos decoros de la tierra.
tu claridad absorta sobre las lejanías azules que se asoman a contemplar el valle
de la ciudad, al
término distante de la calle.
de cristalinas aguas que
fuesen agua y fuego. se hubiese derramado — cristal, nácar y seda — en la calle que se iba como en tren de aventuras hacía el mar. con un borde de sombra en la vereda.
sol que embrujas los días de
los países cálidos.
de la varilla de oro, como brotaba el canto de la maravillosa garganta de un jilguero que a mi lado, en su jaula, era un dios prisionero. Todo adquiere una intensa realidad objetiva —la muerte está más muerta y la vida más viva — cuando tú sobre el mundo vuelcas la catarata de esas tus ondas fluidas e impalpables de plata
y nos llevas contigo a los mundos distantes que a tu amparo perciben nuestros ojos despiertos,
a
nuevos horizontes y mirajes, abiertos. y todo nos parece florecer de alegría Penetras en el alma por la ventana abierta de los cinco sentidos y le gritas: ¡despierta!
PERO entretanto envuelves el cuerpo en la tibieza
de una red deliciosa
de calma y de pereza.
el alma se extravía en
grupas del ensueño.
a vagabundear como un plácido
amigo. y arroja hasta mi lecho desnuda la mañana —oh divino galeoto — si que aguardas afuera a que al fin me liberte de sus brazos amantes para que nos vayamos juntos a la ribera del mar y nos tumbemos como dos atorrantes.
ancladas en la sombra bajo las arboledas mientras el sol estalla en su cósmica risa silenciosa y vibrante, posado en la cornisa de las casas, tendido sobre el suelo de asfalto, prendido como un ave de cristal en lo alto de los árboles... Nada iguala el hondo influjo del sol que nos convida a salir de nosotros para entrar en la vida, esclavos de su embrujo, sintiéndonos por arte de encantamiento, otros.
TU claridad me incita como una clarinada
que mis ojos oyesen, oh tibia
voz callada. me olvido de mis odios y solamente amo. |
poema Emilio
Frugoni (1933)
Publicado, originalmente, en Mundo Uruguayo - Montevideo, Año XVI Núm. 818 Diciembre 27 de 1934 pdf
Link: https://anaforas.fic.edu.uy/jspui/handle/123456789/108217
Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación
Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)
Ver, además:
Emilio Frugoni en Letras Uruguay
Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
Email: echinope@gmail.com
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