Acordeón del Marinero

por Gastón Figueira
(Especial para EL DIA)

Suplemento dominical del Diario El Día

Año XLIV Nº 2459 (Montevideo, 30 de noviembre de 1980)

Texto inédito, en Internet, al 28 de octubre de 2026. Escaneado, y editado, para Letras Uruguay, por su editor. Conste

I) Amanecer

Mi barco se despierta en el muelle, donde vuelan alborozadas las gaviotas. Mi barco estuvo durmiendo. Pero en su lento balanceo me debe haber extrañado.

¿Le habrá sorprendido que yo no haya vuelto al anochecer? ¿Qué yo no haya dormido allí, como de costumbre?

No, no debe haberle sorprendido. El sabe que navegando soy buen marinero, trabajador y ordenado. Pero que cuando llegamos a puerto, me vuelve el gusto bohemio.

Aun en mis labios llevo el aroma turbador de tus besos, mujer.

Dentro de una hora se irá mi navío, dentro de una hora yo me iré con él.

La mañana descolorida, desdibujada abre los párpados de piedra de la ciudad.

En esta noche que va evaporando, en esta noche yo supe entre tus brazos que hay instantes que son eternos.

Y las viejas estrellas cantaron: siempre, mañana, después.

Pero... dentro de una hora se irá mi navío.

Dentro de una hora yo me iré con él.

Dentro de una hora seremos desconocidos otra vez.

II) Una Isla

¡Una isla, una isla, una isla sin nombre! ¡Una isla hasta hoy no descubierta!

¡Una isla en el trópico, con el verde rumor de las palmeras danzando perezosamente al compás de la música del viento, mientras las olas, niñas del mar, juegan a la ronda al ritmo del cántico de la inmensidad azulísima!

Una isla con playas sonoras de aguas andarinas, sonoras de ramajes donde abejean[1] las brisas.

Recordar a mi madre en esa pura soledad —lejos, muy lejos de los gritos humanos. Y releer en mi memoria las cartas que ella me escribía a los más diversos puertos.

Olvidar a mi novia, aquélla que un día se casó con un viejo rico, feo como un calamar.

¡Una isla, una isla sin nombre, para vivir y descansar ¿solo? ¿completamente solo?

No. Porque una madrugada, cuando empiece a abrir sus grandes alas el albatros del día, espero arrojar mi red a las aguas que despiertan y que cantan.

Y en mi red espero traer a la isla, para acompañarme, para adormecerme con sus canciones y sus mágicas historias, la más bella  sirena, del Trópico, la que yo sé que me está esperando, porque el dios de los mares quiere que seamos eternamente felices.

III) Nunca

La noche en el mar es hermosa. La noche en mi barco.

Pero la noche en el mar me llena de recuerdos y nostalgias de la gran ciudad.

¡Quiero de nuevo la gran ciudad!

La noche en la gran ciudad es como una inmensa colmena, con miel de música y de luces para la boca amarga y sombría de soledad.

Pero bien sé que en la gran ciudad querré volver de nuevo a la noche marina, querré volver a mi barco, desilusionado del egoísmo de la gran ciudad.

¡Oh corazón humano, nunca satisfecho, jamás domado!

¡Oh vida absurda y amasada de contradicciones!

¡Oh felicidad que siempre huyes, espejismo que gusta de jugar con los humanos!

IV) Morir en Altamar

Una gran ola azul recibió al marinero muerto. Y mientras el barco se alejaba, se alejaba, la gran ola comenzó a cantar, como una madre con su niño en brazos.

¿La sombra de la noche quiere tejer una mortaja? ¡Para qué! ¡Para quién!

Ese remolino que se abre, ¿quiere ser ataúd? ¡Para qué! ¡Para quién! ¿La Cruz del Sur está rezando? ¿Para qué? ¿Para quién?

Marinero muerto en altamar: ahora vas a llegar a un puerto magnífico!

Por eso tú no quieres ni necesitas ataúd, crucifijo ni mortaja.

Porque el océano será tu gran bar.

Bar que nunca cierra sus puertas y donde nunca oirás la voz del compañero que en el mejor momento te dice, nervioso: —“Vamos. Zarparemos al alba”.

Ahora, ¡qué amantes prodigiosas tendrás! Sirenas y sirenas de ojos glaucos y de frente coronada de perlas. ¡Qué amantes sin fatiga encantarán tus noches!

Porque tu, marinero cansado de mil puertos, regresaste ahora a tu patria verdadera.

Nota:

[1] De abeja y -ear. intr. El Salv. Estar alerta.

Abejean es la forma verbal de la tercera persona del plural (ellos, ellas, ustedes) del presente de indicativo del verbo abejear

 

por Gastón Figueira
(Especial para EL DIA)

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Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

 

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