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Memorial de
Aguaceros Se acaban de cumplir 53 años del día en que moría en Paris casi en el anonimato y con sus últimos dos libros todavía inéditos el poeta peruano César Vallejo. Aun no había publicado ni "Trilce" ni "Poemas Humanos" cuando lo sorprendió o lo terminó de sorprender la muerte en la ciudad que había elegido para sobrevivir su trance, ese trance no era otro que el mero hecho de estar vivo. Más de un poeta, mas de un critico, más de un lector empedernido de la “secta secreta” que, según Paz, forman los poetas lo ha visto como al más importante de los poetas hispanoamericanos como a un renovador del lenguaje del tropo y »a metáfora. como a un repentista excepcional y nunca elaborado Vallejo no conoció sin embargo en la vida más que el fervor de una minoría que a la larga la vigencia de su obra breve y maciza le vino a dar la razón. Creador de un antes y un después, merecedor de un calificativo dudoso: “vanguardista absoluto “, fue a mi juicio insuperable en su raro ensamble de hondura y autenticidad de autor de versos sin precedentes por su originalidad de "versos perseguidos por la tinta fatal como el mismo escribía y tal como son efectivamente la mayoría de sus composiciones poéticas. La honda huella de Vallejo la recibieron varias generaciones de poetas y ha sido un modelo que como el de Neruda envició irremediablemente a los más audaces y fue como un guía de ciegos para los más reticentes. El saldo o el balance del saldo ha sido altamente positivo. Sin Vallejo la poesía del idioma hubiera mantenido una carencia grave: el desconocimiento de aquel salto hacia el infinito, la reinvención de todo el complejo andamiaje del poema dentro de lo vital y lo empírico dentro de la elaboración intelectual pero fuera de todo intento fatuo de lograr una poesía de vanguardia" ya que la vanguardia no es otra cosa que una metáfora militar y lo que hizo Vallejo fue dejarnos la escritura de su propio martirio pero mediante una rara escritura, una genuina manera de estar "más cerca de la sangre que de la tinta”, como dijera Lorca. En sus “Poemas Humanos”, que comprenden también su canto a la Guerra Civil Española: “España aparta de mi este cáliz" dejó sentado el humanismo por encima de la contienda aunque se colocaba del lado de la República invariablemente. Pero no debemos olvidar aquella revelación del espíritu español en medio de la lucha fratricida: “Esa gana dantesca españolisima de amar aunque sea a traición a tu enemigo"
ni la advertencia sintética y tremenda a la infancia desamparada ante el advenimiento del totalitarismo,
“Si cae España digo es un decir si cae qué viejo vuestro dos en el cuaderno” El poeta que hoy nos ocupa acaso es más singular de cuantos ha dado nuestra lengua materna en este siglo, nació en Santiago de Chuco Perú en 1893. Murió en Paris el 15 de abril de 1938. Se recuerda que hizo su elogio fúnebre el poeta francés Louis Aragón y que ha sido su más documentado biógrafo y critico el también poeta peruano Xavier Abril. Se desprende de su biografía que Vallejo mestizo y provinciano, era el hijo menor de once hermanos y su familia pensó dedicarlo al sacerdocio. "Este propósito familiar —dice José Sapiña— explica la presencia en su poesía de abundante vocabulario bíblico y litúrgico y no deja de tener relación con la obsesión del poeta ante el problema de la vida y de la muerte que tiene un indudable fondo religioso”. Vallejo se resistía al agnosticismo y solía verse a si mismo como un "cronista pagano de Jesús" tal como dice, textualmente, uno de sus versos. Se radicó en París en 1923, donde se casó con una francesa. Tuvo una esporádica residencia en Madrid, pero regreso a la ciudad Luz, donde malvivió hasta el día de su muerte. Murió en la miseria o como observa Rene Bazin, quizás de miseria. Su lucha fue con la gramática, con la métrica, con los convencionalismos de la poesía, mientras también luchaba por sobrevivir. Logró una rotunda victoria en la primera (victoria literaria si existe) y lo derrotó el diario vivir, el desamparo económico, más el grave precio de ser quien era. Do ese modo falleció, hace 53 años, tal como escribió en vida: “Un día del cual téngo ya el recuerdo", acaso con aguacero, y un jueves en la ciudad deslumbrante y maléfica. |
Publicado, originalmente, en: La Semana de "El Día" - Montevideo sábado 30 de mayo de 1981 • Año III - N°124 pdf
La Semana de "El Día" fue una publicación del Departamento de Investigaciones y Estudios del Diario EL DIA
Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación
Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)
Inédita, al 23 de agosto de 2026, en internet. Escaneada, para Letras Uruguay por su editor
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