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Nezahualcóyotl y la
invención de las tradiciones Creo que mi primer encuentro con el rey prehispánico Nezahualcóyotl fue a través de Rubén Darío, al que leía yo muy joven con el ímpetu juvenil de lector asiduo de la «Oda a Roosevelt»: Mas la América nuestra, que tenía poetas desde los viejos tiempos de Nezahualcóyotl decía el nicaragüense en sus Cantos de vida y esperanza para afirmar «la América ingenua que tiene sangre indígena / que aún reza a Jesucristo y habla en español», la indígena y la hispánica, frente a la invasora, la anglosajona, en el decurso crucial de los primeros años de siglo, cuando se acababa de producir por parte del gobierno del presidente Roosevelt la apropiación indebida del canal de Panamá. El nombre de aquel poeta y rey de Tezcoco, que había vivido entre 1402 y 1472, creó un espacio de memoria a rellenar al que le intenté dar cuenta repetidas veces, leyendo todo aquello que caía en mis manos y que podía servir de explicación de un rey y poeta conocido, en el interior de un mundo, el prehispánico, que me atraía poderosamente. Tuve algún encuentro posterior desconcertante y lo voy a relatar desde la perplejidad. Leí una vez: Un rato cantar quiero pues la ocasión y el tiempo se me ofrece: ser admitido espero, que mi intento por sí no desmerece; y comienzo mi canto aunque fuera mejor llamarle llanto. Yo tocaré, cantando, el músico instrumento sonoroso; tú, las flores gozando, danza y festeja a Dios que es poderoso; gocemos hoy tal gloria, porque la humana vida es transitoria. que son dos estrofas de unas famosas y extensas «Liras de Nezahualcóyotl», que, junto a un «Romance de Nezahualcóyotl», son la primera textualidad anunciada del rey poeta[1]. La lectura de las «Liras de Nezahualcóyotl» nos trasporta a una sensación de clasicidad; sólo que no es ésta la del mundo azteca como parece evidente, sino la recia clasicidad castellana del siglo XVII. El Nezahualcóyotl aquí presente poéticamente por primera vez en un texto, con sus reflexiones sobre el tiempo y la vida, más parece un mal poeta en la imitatio de Fray Luis de León que un poeta prehispánico traducido. Y así es como fue presentado en sociedad en América en el marco cultural de lo que llamamos crónica mestiza. Era a comienzos del siglo XVII y el descendiente Fernando de Alva Ixtlilxóchitl no tuvo mejor ocurrencia que trasmitirlo así. Era la forma de leer en pleno barroco novohispano la propia tradición, la forma de recrearla y normalizarla en el conjunto de la nueva sociedad. Las liras y el romance, todo lo apunta, debieron ser obra del propio don Fernando, quien había leído en náhuatl la fijación de la transmisión oral de la poesía de su antepasado realizada por Juan Bautista Pomar en los Romances de los señores de la Nueva España, incluida en la Relación de Tezcoco y había construido como sabemos la primera biografía del rey poeta. Sabemos también que en el manuscrito de los Cantares mexicanos hay varios textos atribuidos al rey poeta[2]. La realidad histórica de Nezahualcóyotl, «coyote hambriento», está atestiguada por la pictografía azteca y no será la invención de las tradiciones a las que me refiero la propia existencia del rey poeta, sino su incursión a lo largo de cinco siglos en un proceso que es el de la evolución de la cultura y la sociedad mexicana. Su inclusión y las transformaciones de su presencia, las sucesivas lecturas, reescrituras y manifestaciones de las mismas. Un recorrido rápido por las imágenes de Nezahualcóyotl en los códices nos lleva al Códice Xólotl, Códice Acaztitlán, Calendario de Boban, Códice Mendocino (108), Códice Quinatzin o a la Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra firme de Fray Diego Durán[3]. Un recorrido textual por la historia de Nezahualcóyotl nos llevaría a multitud de fuentes de las que enumero las principales: la Historia de la nación chichimeca, de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, escrita a comienzos del siglo XVII y reutilizada por Lorenzo Boturini en el XVIII, ya que los papeles de Alva fueron a parar a manos del caballero milanés. La Monarquía indiana de Fray Juan de Tor-quemada, publicada en Sevilla en 1615, es la primera reconstrucción impresa de una historia que jalona la obra de múltiples cronistas e historiadores, hasta la Historia antigua de México de Francisco Javier Clavijero[4]. La dimensión del poeta y rey de Tezcoco ha tenido el trazo historiográfico imprescindible de Ángel María Garibay, Miguel León Portilla y sobre todo de José Luis Martínez[5]. La historia de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl La Historia de la nación chichimeca[6] de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl es una obra escrita en el primer tercio del siglo XVII. Descendiente Fernando de Alva de Nezahualcó-yotl nos cuenta, en el entramado cultural de la sociedad colonial novohispana, la vida del príncipe y poeta de Tezcoco, que un siglo y medio antes había llenado la historia mexicana. Omito la narración de la historia, del asesinato del padre perpetrado por el tirano Tezozomoc, que el niño Nezahualcóyotl ve desde un árbol, su lucha contra Maxtla, su esfuerzo por restituir la monarquía en Tezcoco, su reinado, sus templos en Tezcoco y su presencia y alianza con Tenochtitlan en donde realiza obras civiles como el acueducto de la zona de Chapultepec. Me centro sólo en tres aspectos de la biografía realizada por su descendiente: a) El primero y principal es el camino de Nezacualcóyotl desde el politeísmo al monoteísmo. Cuando establece su reinado, nos cuenta su descendiente, elevó grandes templos a Huitzilopochtli y Tlaloc, a Quetzalcoatl y a otros dioses en oratorios menores. Realizó sacrificios de prisioneros para aplacar a los dioses, pero un buen día según nos cuenta el capítulo XLV de la Historia de la nación chichimeca, en medio de la guerra con Chalco, Nezahualcóyotl tuvo su revelación: El rey Nezahualcóyotl, considerando lo poco que podían sus fuerzas y el daño que los dichos indios de Chalco le habían hecho a sus ojos, y lo poco que había aprovechado el sacrificio hecho a sus dioses de gente humana; y poniendo los ojos en el cielo dijo: «verdaderamente que los dioses que yo adoro que son ídolos de piedra que no hablan ni sienten, no pudieron hacer ni formar la hermosura del cielo, el sol, luna y estrellas que lo hermosean y dan luz a la tierra, ríos, aguas y fuentes, árboles y plantas que lo hermosean; las gentes que la poseen y todo lo creado. Algún dios muy poderoso, oculto y no conocido es el creador de todo el universo. El solo es el que puede consolarme en mi aflicción y socorrerme en tan grande angustia como mi corazón siente; a él quiero por mi ayudador y amparo». Y para mejor alcanzar y conseguir lo que pretendía, acordó de retirarse, como se retiró, a su bosque de Tezcutzingo, y allí recogido y apartado de los negocios y cosas que le pudieran perturbar, ayunó cuarenta días al dios todopoderoso, creador de todas las cosas, oculto y no conocido; y ofreciéndole, en lugar de sacrificios, incienso y copal al salir el sol y al medio día, y a puestas del sol, y a la media noche[7]. La conversión y la cuaresma de Nezahualcóyolt dedicada al dios todopoderoso sigue con la presencia de un «mancebo hermoso y muy resplandeciente, con ricas vestiduras», imaginativamente un ángel que, a través de un criado le anuncia la victoria y continúa la narración, en acción de gracia, con la elevación de un templo al «dios incógnito y creador de todas las cosas». b) Nezahualcóyotl obtiene un paralelismo con la historia bíblica del rey David, según el cronista, en un episodio del capítulo XLIII de la Historia de la nación chichimeca en la que Fernando de Alva explica cómo consiguió a su esposa Azcalxochitzin, casada de niña con su primo Cuacuahtzin, al que manda a la guerra con Tlaxcala para que lo maten. Es una historia calcada de la historia del rey David y su esposa Betsabé, para cuyo logro el rey hebreo manda a su marido Urías a la guerra (Libro de Samuel, II, XI). La comparación explícita con la historia del rey David la realiza Fray Juan de Torquemada en su Monarquía indiana.[8] (capítulo 45 del libro segundo: «El que hubiera leído las sagradas escrituras, echará de ver este caso el mismo (o poco menos diferente) que el que le sucedió al rey David, en el adulterio que tuvo con Betsabé, mujer del fidelísimo, leal vasallo suyo Urías; pues para cubrir el pecado y adulterio que contra él había cometido, le envió a la guerra, y mandó al capitán Joab que le pusiese en lo más fuerte de la batalla, y allí le dejase morir, como sucedió, y después de muerto se casó con Betsabé, mujer que había sido del inocente Urías». Las desgracias personales y militares por esta abominable acción sólo serán salvadas por el episodio de su conversión a un dios supremo que he narrado antes. c) No encuentro que se haya reparado, al tratar la historia civilizadora del rey de Tezcoco, en la relación que mantiene con la figura de Moisés y con elementos del Deuteronomio: las leyes que instituye Nezahualcóyotl para su pueblo, transmitidas por el cronista descendiente tienen una profunda relación con las que Yaveh dicta a Moisés, y algunos aspectos ya recordados, como el ayuno de cuarenta días, o la destrucción del becerro adorado por israelitas en el episodio de su subida al monte Sinaí para recibir las Tablas de la Ley, forman una sintaxis narrativa que tiene paralelismos amplios con la historia construida por Fernando de Alva. ¿Cuál es el significado último entonces de la historia de Fernando de Alva? Intentaba introducir en el mundo novohispano una historia del mundo anterior, el indígena, que permitiese restituir un nombre real en la explicación del propio ser. La reconstrucción de la Preparatio Evangelica [9], a través de Nezahualcóyotl, sería un argumento de indudable eficacia para recorrer lo que había escrito el descendiente. La cultura doble de los Alva Ixtlilxóchitl era una evidencia: él introducía a Nezahualcóyotl, a través del paralelismo con David, con Moisés y sobre todo con su monoteísmo, en la preparación del mundo indígena para asumir la llegada del cristianismo. El hermano de don Fernando, Bartolomé de Alva, mientras tanto, traducía al náhuatl El gran teatro del mundo de Calderón y La madre de la mejor de Lope de Vega[10]. El falso texto de Granados y Gálvez En 1778, en la imprenta mexicana de Felipe Zúñiga y Ontiveros, aparecen las Tardes americanas.[11 de Joaquín Granados y Gálvez. Es el diálogo entre un indio y un español en el que se da cuenta, a través de 540 páginas, de la historia de Anahuac, desde la llegada de los toltecas «hasta los presentes tiempos». Tiene sin duda el obispo Granados el objetivo de dar a conocer con su libro el mundo de los criollos mexicanos junto al mundo de los indígenas que formaron el primer pasado. Una restitución de éstos es el compromiso del religioso por hacer valer una historia mexicana que el virreinato, considera implícitamente Granados, no acaba de entender. La obra se forma en el espacio crítico que ha abierto Eguiara y Eguren que hace años identifiqué con la Ilustración novohispana que reivindica el pasado indígena, y con fuentes precisas que puedan dar cuenta de los dos mundos que, para Granados, se encontraron felizmente. Cronistas como Antonio de Solís, Fray Juan de Torquemada, Francisco López de Gómara, Antonio de Herrera, se juntan a los cronistas mestizos como Fernando de Alva, Alvarado Tezozomoc, Domingo Francisco Chimalpain, para dar cuenta de un proyecto civilizador dialogado que, su editor último, Horacio Labastida, resume como que «el español desempeña en América las divinas labores de la salvación. El indio evangelizado encuentra ahora en su pasado una grandeza que no lo vuelve a la gentilidad, y sí, por el contrario, acrecienta su fidelidad a la verdad revelada. El criollo, por su lado [...] acepta el origen trascendental de las jerarquías, y ocupa en consecuencia el sitio que en ellas le corresponde»[12]. El programa de Granados es el de un mundo fraterno iluminado por la religión romana, como dice el americano en su diálogo: Miembros son del Cuerpo Católico los Gachupines, Criollos y Naturales de estos Reynos; ¿pues por qué no han de vivir unidos, amándose y sujetándose al Papa y Rey como cabezas? La historia de Nezahualcóyotl, entre tantas historias, entre tantas referencias de clásicos griegos y latinos (Tales, Euclides, Tolomeo, Horacio, Cicerón, Platón y Aristóteles), entre recuerdos de la filosofía cristiana de Juan Dum Escoto, San Agustín y Santo Tomás de Aquino, era imprescindible. Y se reconstruye en varios fragmentos, como la muerte de su padre, la recuperación del trono, su promulgación de leyes que, en el discurso del español, son admiradas por los reyes europeos como Federico de Prusia y el mismo Papa Clemente XIV, y más adelante el indio recuerda el monoteísmo de Nezahualcóyotl y su ayuno de cuarenta días, y en medio, tras una amplia divagación sobre el desconocimiento de sus iguales de la filosofía griega o de la de los Padres de la Iglesia, afirma que supieron pensar y conocer el más allá, y la retórica y la Música, y de la poesía, si no imitaron a Catulo, ni a Juvenal, ni a Marcial, ni a Ausonio, imitaron, nos dice, el estilo trágico de Séneca y Pomponio, el estilo dulce de Euclides y el heroico de Silio. Y el ejemplo mayor dice que fue Nezahualcóyotl, del que conoce dos cantares, y va a trasladar uno «escrito en versos yámbicos»[13], que da en nota en su lengua otomí, y que es un famoso y largo texto que dice: Son las caducas pompas del mundo como los verdes sauces, que por mucho que anhelen a la duración, al fin un inopinado fuego los consume, una cortante hacha los destroza, un cierzo los derriba, y la avanzada edad y decrepitud los agobia y entristece. Y sigue transmitiendo la muerte como destino de la vida breve: Toda la redondez de la tierra es un sepulcro [...] Llenas están las bóvedas de pestilentes polvos que antes eran huesos, cadáveres y cuerpos sin alma.. Y concluye tras una amplia ejemplificación en la que dice el indio que pondera «la brevedad de la vida», Anhelemos, invictísimos príncipes, capitanes esforzados, fieles amigos y leales vasallos; aspiremos al cielo, que allí todo es eterno y nada se corrompe. El horror del sepulcro es lisonjera cuna para el sol, y las funestas sombras, brillantes luces para los astros. El «canto de Nezahualcóyotl», con un texto en otomí que según demostró el padre Ángel María Garibay, no es otomí ni ninguna lengua indígena sino un pastiche lingüístico, es sin duda (Garibay fue el primero en el siglo XX en hablar de su falsedad) una invención del propio Granados y Gálvez para secundar su tesis civilizada sobre la gentilidad americana, con gentiles que cantan la brevedad de la vida y el horror del sepulcro. Un análisis del poema nos demuestra además dos topoi retóricos esenciales: el «ubi sunt?» y el «vanitas vanitatis», como resquicio constructivo de una lección de clasicidad inventada. Nezahualcóyotl servía de nuevo para cantar la unidad de mundos. Era inevitable que sirviese como ejemplo mayor de un pasado que se podía reinventar cada vez. Nezahualcóyotl y la independencia: la restitución de Carlos María Bustamante Un personaje de la primera mitad del XIX es Carlos María de Bustamante, sobre todo por su trabajo como periodista, que en 1805 le lleva a fundar el Diario de México, y en 1817 le conduce a enlazar con el padre Morelos y con el proceso de la independencia. La figura intelectual de Bustamante tiene siempre aquella prevención y advertencia que le dedicara William Prescott cuando escribía en la primera mitad del siglo XIX su afamada Historia de la conquista de México, y le dijo al embajador de España en la nueva república, don Ángel Calderón de la Barca, aquella afirmación terrible: «sospecho por el carácter de sus afirmaciones que se le podría clasificar como un burro». Es, en cualquier caso, una interesante figura con una obra que, iluminada por su maestro Fray Servando Teresa de Mier, intenta unir la nueva nación mexicana con el pasado prehispánico. Con una obra prolija, que se ha editado informáticamente para unir los cincuenta volúmenes históricos que produjo, es un historiador que, asumiendo su liberalismo independentista junto a su catolicismo radical e insistente, acepta su síntesis del mundo mexicano en paralelismo con la Biblia, situando el pasado indígena «en el Génesis, la insurgencia en el Éxodo, la patria independiente en la Tierra Prometida, y con esa concepción creó el retablo barroco de la historia mexicana», como ha explicado Enrique Krauze[14]. En 1835, en obra de madurez, Bustamante publica sus Mañanas de la Alameda de México, cuyo título recuerda, aunque en otra situación del día, las tardes de Granados y Gálvez. Y la forma de diálogo también, aunque aquí es el de treinta y cuatro mañanas, dialogadas por una pareja inglesa (don Jorge y Milady) con la mexicana Margarita sobre la historia antigua de México. Los personajes responden a la intención de un libro cuyo objetivo es, como dice en portada, «facilitar a las señoritas el estudio de su país». Pedagogía femenina que en un momento, a través de Fernando de Alva, de Francisco Javier Clavijero y de Alvarado Tezozomoc, reconstruye la historia de Nezahualcóyotl y, de nuevo, da un texto del rey poeta que atribuye a una traducción de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Es un «Canto de Nezahualcóyotl. En el banquete que dio el rey para celebrar la fundación de su palacio»[15]: Oíd con atención las lamentaciones que yo el rey Nezahualcóyotl hago sobre el imperio, hablando conmigo mismo, y presentándolo a otros como ejemplo. ¡Oh rey bullicioso y poco estable! Cuando llegue tu muerte serán destruidos y deshechos tus vasallos; veránse en oscura confusión, y entonces ya no estará en tu mano el gobierno de tu reino, sino en el Dios Creador y Todopoderoso. Un nuevo «vanitas vanitatis» que confluye en la abundancia floral del verano que también pasará, como el imperio, como los reinos antiguos que ya no persisten. Una metáfora múltiple, histórica sobre todo, se oculta en esta nueva invención en la que los imperios se acaban marchitando como las flores. Continuidad romántica Tendría que recorrer ahora un poeta de apellido tan poco sugerente como José Joaquín Pesado[16], quien a mediados de siglo XIX escribe unos «Cantos de Nezahualcóyotl, rey de Tezcoco», dentro de una serie mayor que llama «Los aztecas». Posiblemente el nauatlato Faustino Chimalpopoca Galicia le ofreció una versión del manuscrito de Pomar y a partir de ésta inventó, más que recreó, siete cantos del rey poeta. La lira estrófica era inevitable en el recuerdo de la primera textualidad: No bien había nacido y entrado a esta morada de dolores, cuando sentí mi corazón herido del pesar con los dardos pasadores. dice en el primer canto que es anuncio, en su ínfima calidad sobre todo, de la horaciana exhortación «a gozar de los placeres antes que acabe la vida», donde un Nezahualcóyotl imitativo traduce, desde su sabiduría prehispánica, el «collige, virgo, rosas» para la posteridad: Coge, pues, hoy las flores que los jardines brindan a tu frente: antes que triste llores engaños y dolores, disfruta los placeres del presente. o su conversión manriqueña en el tono y en la estrofa a la copla de pie quebrado: Flores del jardín hermosas ciñan con placer tu frente descansada: Goza entre apacibles rosas de la vida, dulcemente descuidada. ¿Qué es en duración la vida? Flor que nace y ya es cogida; breve llama que a su fin se exhala y vuelve: si en Dios tu ser se resuelve, a Dios ama.
Un nuevo «vanitas vanitatis» que confluye en la abundancia floral del verano que también pasará, como el imperio, como los reinos o imita al apócrifo de Granados y Gálvez en el poema que sigue: Son del mundo las glorias y la fama como los verdes sauces de los ríos, a quienes quema repentina llama, o los despojan los inviernos fríos. No le va a la zaga Juan de Dios Villalón, con su «Canto de Nezahualcóyotl en sus bodas»"[17], donde indica con la palabra paráfrasis que está utilizando una fuente que es de nuevo el apócrifo de Granados y Gálvez: Caducas son las pompas de este mundo como los verdes sauces de la fuente que en este fuego sin rival fecundo sombra y frescura dan; mas de repente el fuego los devora furibundo, o del hacha al poder doblan la frente. El siglo se cerraba con la biografía de José María Vigil[18], que fue sin duda el trabajo de reorganización de la historia del rey poeta más riguroso de los que se habían producido, y también con una curiosa tesis doctoral de Pedro Mascaró y Sosa, defendida en la Universidad Central, en Madrid, con el título El emperador Nezahualcóyotl considerado como poeta elegíaco[19], obras en las que no me puedo detener. La recuperación de Nezahualcóyotl en el Siglo XX Cité a Garibay, León Portilla y José Luis Martínez como constructores de una historiografía que devuelve las posibilidades de la textualidad real del poeta y de la historia política del mismo. Parece inevitable además que nos sigamos encontrando con creaciones literarias que hacen referencia al rey poeta. Son ahora más pudorosas y no intentan recrear, imitar o presentar sus cantos. Ni hacer invenciones apócrifas de sus textos.
Una novela o recreación histórica de Marco Antonio Campos, titulada
En recuerdo de Nezahualcóyotl es un testimonio reciente (1992) y poco aconsejable para adentrarnos en su lectura. Diremos que en ella un autor omnisciente, representado por un cronista y consejero del rey poeta, pretende hacer un recorrido por personajes, mitos, religión, costumbres de la época, basándose en las fuentes que el autor conoce y tropezando y haciéndonos tropezar con las mismas fuentes[20] Los poetas han sido otra cosa y hay textos insoportables en ellos como las más de trescientas páginas que en 1998 Arturo Carrasco Bretón tituló Acolmiztli un poema prehispánico. Camino y huella de Nezahualcóyotl. La historia de Nezahualcóyotl se entrelaza a gigantescos armadillos que compartían con el hombre primitivo la humedad del ambiente, a arcanos calendarios enterrados, a olmecas, toltecas y dioses que simbolizan animales no es legible.[21] Sin embargo, sí hay dos textos que exigirían una lectura, y aquí no voy más que a esbozarla: el nicaragüense Salomón de la Selva, un interesante poeta, escribió en Roma en 1958 su Acolmixtli Nezahualcóyotl. Poema en tres tiempos clásicos[22]. Se trata de nuevo de la historia de Nezahualcóyotl pero enlazada y reutilizada en dos ámbitos, el primero es el procedente de la formación clásica de Salomón de la Selva, capaz de audaces identificaciones como cuando decía que «los aztecas tuvieron una mitología no menos bella que la griega, y un Nezahualcóyotl no menos profundo que Platón». Su obra es un conjunto de estímulos, como su escritura en inglés (Tropical Town and Other Poems, 1918), o la pacifista El soldado desconocido, construida en el ámbito de quien había vivido como soldado voluntario en el ejército británico la primera guerra mundial. Su formación europea, clásica, renacentista, lo había convertido en un horaciano insistente, y en su último libro, hizo acopio de tradición indígena y clasicidad. El primer canto de su Nezahualcóyotl está dedicado al «Príncipe de Texcoco» y construido «A la manera del ditirambo dialogado La llegada de Teseo a Atenas de Baquílides». Un coro y Tezozomoc, el rey de Azcapotzalco, nos narran la historia desdichada inicial del príncipe de Texcoco: También miró a su padre. Vio la primera flecha cómo lo hería, y el revuelo de avispas de muchos dardos que lo abatieron El segundo canto está dedicado a Nezahualcóyotl, «Emperador de México», y escrito a la manera de los Eoaie atribuidos «a Hesíodo», y la historia de su alianza con Tenochtitlan es narrada con momentos cruciales: Nezahualcóyotl dijo: -Hay sólo un Dios. Es grande, es innombrable, es invisible, pero se advierte en toda cosa. El Nezahualcóyotl monoteísta discurre por un decir en el que se reelaboran motivos de sus poemas transmitidos, de los suyos esta vez, para conducirnos a un tercer tiempo escrito, nos dice, «en el estilo de Píndaro tebano», que tiene un título que sorprende: «Presidente de la República» y no es que haga el personaje esa función, sino que está dedicado, en su toma de posesión, al presidente «Adolfo López Mateos»: Desde Roma eternal canto al eterno México [...] te ofrezco este poema que celebra como nadie lo había celebrado, en mármol griego friso mexicano, al rey Nezahualcóyotl, de quien tú derivas. Salomón de la Selva murió un año después y no tuvo tiempo de comprobar si su «envío» había servido para que: Reviva en ti Nezahualcóyotl, y alza la larga sombra que cayó con su muerte, y sencilla verdad, que no lisonja, sea este loor que de ti digo, amigo. Un Nezahualcóyotl griego y encomiástico era la nueva reaparición en manos de un poeta que, desde luego, no tuvo tiempo de comprobar que los años del Presidente López Mateos, no siendo de los peores del siglo, no eran los idealizados por los cronistas y los poetas del Rey de Texcoco convertido ahora simbólicamente en presidente de los Estados Unidos Mexicanos. El testimonio de Carlos Pellicer, una de las más interesantes figuras del grupo de Contemporáneos, es sin duda un cierre oportuno y conmemorativo. Cinco cuartillas apretadas crean Noticias sobre Nezahualcóyotl y algunos sentimientos, precisamente el año en el que se conmemoraba el quinto centenario de la muerte del Rey-poeta, 1972, año en el que se reeditaron algunos textos de los que he recorrido. El de Pellicer, a pesar de momentos de belleza, no parece tener más trascendencia que la conmemorativa23. Brevemente he propuesto un recorrido que, por supuesto, tiene más lecturas, más comentarios y más derivaciones. Desde luego, si Quetzalcóatl me da fuerzas, espero hacer un libro sobre el argumento de la invención de las tradiciones. Dejémoslo ahora en el intento de mostrar y demostrar, aun con brevedad, cómo la figura del rey-poeta se fue articulando en momentos esenciales de la colonia, la independencia y la contemporaneidad, para construir discursos a sus espaldas que tenían que ver con la formación de la nueva conciencia que se pretendía. Se reinventó un Nezahualcóyotl monoteísta, y calcado de la historia bíblica de David en una de sus maldades, o de la peripecia civilizadora de Moisés, para reinsertar al rey poeta del siglo XV en la conciencia criolla que se estaba formando: se afirmaban las diferencias criollas mediante un uso selecto de fragmentos de la gran cultura universal (bíblica y clásica) que, a trompicones, entraba en la sociedad novohispana y daba forma a retazos de la vida prehispánica. Y se reinventaron textos para ello, que nos harían oír a Neza-hualcóyotl en liras castellanas, romances y hasta en coplas de pie quebrado manriqueñas. Quedaba la textualidad del poeta, dispersa y reiterativa, y formada en un tiempo en el que la transmisión oral en náhuatl pudo ser capturada por el alfabeto romance. Esa invención de las tradiciones, reinvención mejor ya que las tradiciones existían, conforman una de las características del mundo novohispano y del México independentista y contemporáneo. Pero este discurso nos llevaría ahora mismo a recorrer los cerros de Úbeda o las cumbres del Popocatepetl, el Malinche o el Orizaba. El autor: José Carlos Rovira Catedrático de literatura hispanoamericana en la Universidad de Alicante. Es autor de libros, artículos y ediciones sobre autores contemporáneos (Rubén Darío, Miguel Hernández, Pablo Neruda, José María Arguedas, Juan Gil-Albert) así como sobre poetas de la tradición cancioneril en la corte napolitana de Alfonso el Magnánimo, literatura novohispana, relaciones del mundo cultural italiano con la tradición hispanoamericana, siendo sus últimos libros José Toribio Medina y la fundación bibliográfica y literaria del mundo colonial hispanoamericano (2002), Ciudad y literatura en América Latina (2005), Neruda, testigo de un siglo y Álbum Neruda (2007). Notas: [1] Los dos textos están en José Luis Martínez, Nezahualcóyotl, vida y obra, México, FCE, 1993, pp. 257-262. Sin duda es el trabajo más riguroso crítico y textual sobre el príncipe poeta.
[2] La recopilación más amplia de los materiales de Pomar, que tuvieron edición por Joaquín García Icazbalceta como Relación de Tezcoco en Nueva colección de documentos para la historia de México, México, 1891, está en la actualidad en Poesía Náhuatl, Paleografía, versión, introducción, notas y apéndice de Ángel Mª Garibay K., México, UNAM, 1993, vol. I. Los volúmenes II y III corresponden a la edición de los textos poéticos de los Cantares mexicanos.
[3] Ha recopilado un conjunto de imágenes esencial, procedente de estos códices, Víctor M. Castillo F, Nezahualcóyotl. Crónicas y pinturas de su tiempo, Texcoco, Gobierno del Estado de México, 1972.
[4] Para formarnos una idea de la multiplicidad de fragmentos y crónicas en las que aparece, hay una amplia reconstrucción de los mismos en el Diccionario biográfico de Historia antigua de México de Rafael García Granados, México, UNAM, 1952.
[5] A los trabajos citados de Garibay y Martínez hay que añadir el de Miguel León-Portilla, Nezahualcoyotl. Poesía y pensamiento, 1402-1472, Texcoco, Gobierno del Estado de México, 1972.
[6] Ha seleccionado y prologado los textos referentes al príncipe poeta Edmundo O'Gorman (ed.) en Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, Nezahualcóyotl Acolmiztli, México, Gobierno del Estado de México, 1972.
[7] Ibid, pp. 138 -139.
[8] Fray Juan de Torquemada, Los 21 libros rituales y Monarquía indiana, ed. facsímil de la de Madrid (1723), e introducción de Miguel León-Portilla, México, Ed. Porrúa, 1969, III vols.
[9] La reinterpretación consciente o determinada por el prestigio de las ideas de Eusebio de Cesarea, el padre de la Iglesia del siglo IV que escribe, entre varias obras de historia del cristianismo, la Preparatio evangelica, es habitual en contextos culturales del Nuevo Mundo y ha sido muy estudiada en relación al Inca Garcialaso de la Vega en su mirada al mundo indígena del incario como «preparador» y civilizador en el anuncio de la llegada del cristianismo.
[10] Los datos y el estudio de las traducciones de Bartolomé de Alva, en Ángel María Garibay Historia de la literatura Náhuatl, México, Ed. Porrúa, 1987, vol. II, pp. 341 ss. Existe lógicamente una polémica sobre el monoteísmo de Nezahualcóyotl que recoge Benjamin Keen, La imagen azteca, México, FCE, 1984, pp. 46 ss. y 435 ss.
[11] Edición facsimilar, con prólogo de Horacio Labastida, en José Joaquín Granados y Gálvez, Tardes americanas. Gobierno gentil y católico: breve y particular noticia de toda la historia indiana (...) trabajadas por un indio y un español, México, UNAM/Grupo Porrúa, 1987.
[12] Ibid, pp. 73
[13] Ibid, pp. 90
[14] Enrique Krauze, La presencia del pasado, México, Tusquets ed., 2005, p. 51.
[15] En Martínez, op.cit., pp. 262263.
[16] Ibid., pp. 265-278.
[17] Ibid., pp. 279-280.
[18] José María Vigil, Nezahualcóyotl. El rey poeta, prólogo de F. Deán, México, Biblioteca Mínima Mexicana, 1957.
[19] El emperador Nezahualcótl considerado como poeta elegíac (poesía Méjico-gentílica), discurso que presentó el licenciado Pedro Mascaró y Sosa, al graduarse de doctor..., Madrid, Universidad Central de España, Facultad de Filosofía y letras/ Imprenta Calle de la Estrella núm. 3, 1878.
[20] Marco Antonio Campos, En recuerdo de Nezahualcóyotl, México, Diana Literaria, 1994.
[21] Arturo Carrasco Bretón, Acolmiztli un poema prehispánico. Camino y huella de Nezahualcóyotl, México, Plaza y Valdés editores, 1998.
[22] Salomón de la Selva, Acolmixtli Nezahualcóyotl. Poema en tres tiempos clásicos, México, Gobierno del Estado de México, 1972.
[23] Carlos Pellicer, Noticias sobre Nezahualcóyotl y algunos sentimientos, México, Gobierno del Estado de México, 1972. |
por José Carlos Rovira
Publicado, originalmente, en: Revista América sin nombre, núm. 9-10 (noviembre 2007), pp. 178-184
América sin nombre está vinculada al Departamento de Filología Española, Lingüística General y Teoría de la Literatura de la Universidad de Alicante (España) y forma parte de la actividad académica del Centro de Estudios Literarios Iberoamericanos “Mario Benedetti”, sito en la misma universidad.
Link del texto: https://americasinnombre.ua.es/article/view/2228
Ver, además:
Netzahualcóyotl , la figura más ilustre del México precolombino, por Hyalmar Blixen (Uruguay)
Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
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