Fagot

poema de Wassily Kandinsky

Traducción de Luca Engelbert

Casas muy grandes se derrumbaron de repente. Casas pequeñas tranquilamente quedaron en pie.

Una gorda y dura nube naranja con forma de huevo de repente colgaba sobre la ciudad. Parecía colgada de la puntiaguda punta de la alta y demacrada torre de la municipalidad e irradiaba violeta.

Un árido árbol pelado estiró en el cielo profundo sus palpitantes y trémulas ramas largas. Era completamente negro, como un agujero en un papel blanco. Las cuatro hojitas temblaron un buen rato. Pero había calma.

Pero cuando llegó la tormenta y algún edificio de gruesos muros se cayó, quedaron inmóviles las delgadas ramas. Las hojitas se pusieron rígidas: como fundidas en hierro.

Una bandada de cornejas voló por el aire en línea recta sobre la ciudad.

Y nuevamente, de pronto, todo volvió a la calma.

La nube naranja desapareció. El cielo se volvió de un azul filoso. La ciudad amarilla para llorar.

Y a través de esta calma se oyó apenas un sonido: pasos de herraduras.

Se supo así que por las calles completamente vacías paseaba un caballo blanco totalmente solo. Este sonido duró mucho tiempo, mucho mucho tiempo. Y por eso no se sabía con exactitud cuándo terminaría. ¿Quién sabe cuándo surge la calma?

A causa de los prolongados y apáticos sonidos de un fagot, estirados, inexpresivos, largos, moviéndose largamente en lo hondo del vacío, todo se volvió verde poco a poco. Primero profundo y algo sucio. Después cada vez más claro, más frío y venenoso, mucho más claro, mucho más frío, mucho más venenoso.

Los edificios crecieron hacia arriba y se angostaron. Todos se inclinaron hacia un punto a la derecha, donde quizás está la mañana.

Se hizo perceptible como una propensión hacia la mañana.

Y el cielo, las casas, el pavimento y los hombres que caminaban sobre él se volvieron mucho más claros, mucho más fríos, mucho más venenosamente verdes. Caminaban continuamente, sin interrupción, lentamente, siempre mirando al frente. Y siempre solos.

Pero por eso, el árbol pelado recibió una gran copa exuberante. Esta copa se asentó en lo alto y tenía una forma compacta, como de salchicha curvada hacia arriba. La copa sola era de un amarillo tan deslumbrante que ningún corazón podría soportarlo.

Está bien que ninguno de estos hombres caminando allá abajo haya visto esta copa.

Sólo el fagot intentó describir este color. Subió cada vez más alto y se hizo estridente y nasal en su tensa nota.

Qué bueno que el fagot no pudiera llegar a esa nota.


poema de Wassily Kandinsky
 

Originalmente en Diario de Poesía Nº 20 Año V octubre de 1991

Gentileza de Archivo Histórico de Revistas Argentinas

Ahira. Archivo Histórico de Revistas Argentinas es un proyecto que agrupa a investigadores de letras, historia y ciencias de la comunicación,

que estudia la historia de las revistas argentinas en el siglo veinte

 

Ver, además:

 

                      Wassily Kandinsky en Letras Uruguay

 

Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce   

Email: echinope@gmail.com

X: https://twitter.com/echinope

facebook: https://www.facebook.com/carlos.echinopearce

instagram: https://www.instagram.com/cechinope/

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carlos-echinope-arce-1a628a35/ 

 

Métodos para apoyar la labor cultural de Letras-Uruguay

            

Ir a índice de poesía

Ir a índice de Wassily Kandinsky

Ir a página inicio

Ir a índice de autores