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Mastai Ferreti y el Quita Calzones 1824 El 16 de junio de 1846 Mastai Ferreti fue elegido Papa Pío IX El arroyo Quita Calzones fue entubado y desemboca en el arroyo Miguelete
crónica de
Isidoro
de María Empezaba
el año 24 cuando arribó a este puerto, el
1° de enero, el bergantín francés Heloisa,
a cuyo bordo venía el canónigo Mastai
Ferreti acompañando al Arzobispo Muzzi,
Nuncio de su Santidad, en misión
apostólica cerca del Gobierno de Chile. Una
tempestad deshecha había rechazado la nave
conductora, de las costas de Maldonado,
consiguiendo a duras penas ganar el puerto
de Montevideo, de donde siguió viaje a
Buenos Aires. De allí partió la misión
por tierra para Chile, no sin percances, en
cuya travesía las vichucas de San Luis
diéronle, según la tradición, un mal rato
a Mastai Ferreti, en el rancho en que se
alojó, obligándolo a pasar la noche al
raso, tendido sobre un cañizo, soportando
la lluvia. Hasta
octubre de ese año, permaneció la misión
en Chile, regresando por agua al Río de la
Plata, para volver a Europa. Al
expirar el año, llegó la nave al puerto de
Montevideo, desembarcando Monseñor Muzzi y
sus acompañantes, de los que hacía parte
el conde Mastai Ferreti. Gran novedad para
las devotas y cumplida recepción de los
viajeros por el Barón de la Laguna y el
cura Vicario Larrañaga, que hospeda al
Arzobispo en su casa, y don Manuel Jiménez
en la suya al canónigo Ferreti. No
estaba en los libros de la de San Felipe y
Santiago que hospedaba en su seno al futuro
Papa Pío Nono, en el canónigo
Ferreti, como no lo estuvo al contar de
tránsito en él a don Baldomero Espartero,
después de Ayacucho, que sería más tarde
el duque de la Victoria en España, y la
primer figura en el célebre convenio de
Vergara. Muy
luego el Arzobispo Muzzi administró el
sacramento de la confirmación en la Matriz,
acompañado del canónigo Ferreti. Durante
su estadía el Arzobispo celebraba misa en
el Altar Mayor, y el canónigo en el del
Rosario. Ya podrá figurarse el lector con
qué gusto no asistirían las devotas a oír
misa de aquellas dignidades. Un
día, no sabemos si siguiendo las aguas de
los miembros cesantes del Consulado, que lo
habían celebrado con una comilona en el
Miguelete, en que fueron piernas muy
alegremente Carreras, La Mar, Vilardebó, Pérez,
Parías, Camuso, Cortinas, Susviela,
Martínez y Souza Viana, ocurrióles a otros
de buen humor, convidar a los viajeros a una
fiesta campestre en la quinta de Juanicó,
que aceptaron los distinguidos huéspedes
con sumo agrado. Todo
se había preparado allí para obsequiarlos
espléndidamente, y en el día convenido,
invitados e invitantes se ponen en camino
para la quinta. Pero, ¿quién había de
decirles a los viajeros que un pícaro
arroyuelo llamado Quita Calzones, les
jugaría una trastada? Pues así, como
suena. Al pasarlo, se empantana el birlocho
en que iba Mastai Ferreti, costando un
triunfo sacarlo del atolladero. Era
una nueva aventura por que pasaba por estas
tierras Mastai Ferreti, que no olvidaba la
de las vinchucas, ni la de la maniobra de
marinería en el Cabo de San Antonio, en que
había tomado parte bajo un temporal, por
el número uno. Sin inmutarse el buen
canónigo, sonreíase del percance,
preguntando cómo llamaban a aquel arroyo. Quita
Calzones, señor, le dicen. Pues hombre,
responde muy jovial, lo que son los nuestros
no nos los ha quitado, y tomó nota del
nombre para su cartera de viaje. Con
retardo llegaron a la quinta, donde el
percance ocurrido en Quita Calzones fue
el tema obligado de la conversación y de la
broma, no faltando alguno que dijera:
"Vaya, sin ese incidente, no habría
conocido prácticamente el canónigo, las
chanzas del Quita Calzones". Varias
personas de distinción y parte del clero
habían sido invitadas para la fiesta; y
para amenizarla fueron convidados también
algunos artistas líricos, entre ellos el
célebre Vacanni. Mesa
espléndida. Banquete en regla. El Nuncio
tomó asiento a la cabecera, y el canónigo
Mastai Ferreti fue colocado entre una prima
donna italiana y una bailarina francesa,
que juntamente con un tenor milanés,
hacían parte de los convidados. "La
cantatriz y la bailarina (esto va por cuenta
y riesgo del Padre Sallusti, cronista de la
fiesta, según el general Mitre) unían a su
brío y vivacidad natural, una belleza
afectada, con traje elegante y un
fantástico tocado dispuesto con caprichosa
maestría. "A
los postres se cantaron las más bellas
composiciones de Rossini, terminando con el di
tanti palpiti, di tanti pene, ejecutado
por la prima donna y el tenor, que
fueron muy aplaudidos, incluso por un fraile
español que hacía de bajo. "Los
viajeros creyeron ver en esta fiesta una
escena premeditada para comprometer su
carácter sacerdotal; pero hombre social y
de carácter ameno, el canónigo Mastai
Ferreti, no lo tomó a mal". Al
regreso a la ciudad, antes que se cerrasen
los portones, decíanle en tono de broma al
canónigo, los que tenían confianza con
él, "cuidado con el Quita Calzones;
con la segunda edición de esta
mañana". No
hay cuidado, contestaba Mastai, el cochero
ya es baqueano, como dicen por estas
tierras, y no caeremos en la trampa; pero
por sí o por no, vayan otros adelante. Y
los vehículos se pusieron en marcha para la
ciudad, llegando salvos de otro Quita
Calzones, pero con el cuento del pasaje
del canónigo Ferreti, que fue el platillo
por muchos días, saliendo a relucir cada
vez que se hablaba de paseo por aquellos
contornos. El
canónigo Mastai Ferreti, a las vueltas en Quita
Calzones, sería cosa de verse. ¡Y lo
que son las cosas de este mundo! Pues era el
predestinado para ocupar 20 años después
la Silla de San Pedro en Roma, con el nombre
de Pío Nono, viniendo a ser el primero y
único de los Papas que antes de ascender al
Pontificado, pisó este suelo, admiró su
espléndida naturaleza, y aspiró las auras
embalsamadas del Miguelete, recordando
siempre el percance de Quita Calzones. |
crónica de
Isidoro
de María
Publicado, originalmente, en: Volumen Vol. 23
Isidoro De Maria
Montevideo Antiguo Tradiciones y recuerdos
Colección de Clásicos Uruguayos
Biblioteca Artigas del Ministerio de Educación y Cultura
Se terminó de imprimir en Montevideo en 1957
Gentileza de la Biblioteca Nacional de Uruguay
Ver, además:
Isidoro de María en Letras Uruguay
Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
Email: echinope@gmail.com
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