El potrillo
Amado Canobra

Donde viene a ser la esquina vive El Paraguayo: un rancho, pozo de balde, un perro peludo y grande, con ojos que parecen de hombre atado debajo del único árbol, una higuera. Es un criollo chiquito de piel marrón, dentadura completa y ojos que miran como de lejos, bichando. Hace tiempo vive con él un hermano que anduvo por el alto Paraná. Fabrica pájaros de guampa. En sus manos, las guampas toman formas raras y curiosas. Hombre reservado para la amistad: no se entrega así nomás. Uno lo ve así pero corre más que un venado. Vez pasada nos hizo un cuento que dio por cierto.
-Estando de pión en una estancia argentina, juí dueño de una yegua que tuvo un potrillito muy lindo, que hasta los patrones me lo dragoniaban. Pero de repente se me empezó a venir abajo. Cada día pior... Consulté con un baquiano y no le encontraba nada, ni a él ni a la yegua. Se me estaba quedando como un cuchillito hallado... Un día que iba con el pardo Eladio, a media rienda, acertamos a pasar donde estaba la yegua. El potrillito estaba mamando, patas finitas como cañas. El pobre se iba quedando en huesos. Cuando ya cruzábamos, el pardo alcanzó a ver las plumas de un avestruz. ¿No ves que es un ñandú machaso? Me gritó. Efetivamente, el potrillo se venía abajo porque el avestruz se mamaba la yegua!

Amado Canobra
Arca Editorial

Ir a índice de Humor

Ir a índice de Canobra, Amado

Ir a página inicio

Ir a mapa del sitio