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Fue la Tortuga que se hizo de la comadre, porque como buena criolla tenía muchos hijos, mientras que la Cigüeña no tenía ninguno.
La Tortuga habitaba un ranchito de mala muerte, a orillas de la Cañada Pichuaga. Tenía tres hijos: El Gualte, Usebio y el Toco, los menores; los mayores andaban rodando y pasando trabajos por ahí. Vivín de lo que daba la Cañada, de bichitos y raíces, aunque el marido era muy buscavida y hacía changas en los hornos de ladrillos.
Un día que estaban muy apretadas y llovía, la Tortuga mandó al Toco, a pedirle por favor, harina y grasa a la Cigüeña, que vivía en un chalet seco y aireado. Allá fue el Toco. La Cigüeña le entregó lo pedido y como le pareció que estaba linda la cosa, se ofreció de ahijado, y sobre el pucho, le pidió unos bizcochos.
Así fue como la Cigüeña se hizo comadre de la Tortuga, aunque conservando las distancias.
Un día, la Tortuga lavó al Toco, le limpió las narices y lo llevó a saludar a la madrina. Los recibió con alegría; no tenía hijos y por vivir ociosa, pasaba días aburridos.
-Ahora vamos a comer cosa rica.
Mientras preparaba una especie de natilla, no cesaba de hablar; la Tortuga con las manos cruzadas sobre el vientre, contestaba: sí, no.
Cuando la crema estuvo preparada la vertió en botellas para servirla a su manera. Pero la Tortuga no pudo llegar al pico de la botella. En dos intentos quedó patas arriba. En cambio la Cigüeña metía el pico a fondo y saboreaba la crema, con cierto desdén sibarita por la rústica criolla.
Se despidió la Tortuga e invitó a que la visitara en su rancho.
A la semana, una mañana hermosa llegó el Tente en el Aire para avisarle que la Cigüeña vendría por la tarde.
A media tarde, después de un corto vuelo descendió la Cigüeña. Tan chico era el rancho que no pudo entrar.
-Acomódese Comadre, que vamos a comer algo criollo.
La Cigüeña se sentó frente a la piedra que hacía de mesa. La Tortuga echó un poco de natilla sobre la piedra.
-Sírvase Comadre, sin cumplimiento.
A la Cigüeña se le presentó difícil, porque con la punta del pico no podía agarrar nada, mientras la Tortuga y sus hijos lamían placenteramente sobre la piedra.
La Cigüeña armó viaje, con el pico dolorido y hasta hinchado e picotear infructuosamente la piedra.
-¿Qué comida es ésta, señora Tortuga?
-¡Pero doña!... Es una comida a la usanza del país, contestó satisfecha y vengada la Tortuga.
Amado Canobra
Arca Editorial
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