Jim Morrison - Jinete de la tormenta

por Guillermo Baltar

Inédita, al 27 de agosto del 2025, en la web. Escaneada, para Letras Uruguay por su editor

Los Angeles. El respirar ronco de una ciudad enfermiza. En ella, la consistencia del aire se endurece. El paisaje se extiende a través de imágenes sucesivas y uniformes. Cientos de kilómetros de hormigón y cemento. Las luces de neón bañan el rostro de una civilización absurda y fascinante. Un collage artificial de máquinas y de hombres. El pulso de una transpiración lenta y agónica. En ella, los automóviles irrumpen desbocadamente como caballos. Equinos lanzados hacia los campos de exterminio con sus crines envueltas en llamas. Mientras tanto, en sórdidos moteles o apoyados en la barra de algún bar, atiborrado de humos y sudores, los hombres sucumben ante el alcohol. Allí naufraga la desesperación y la monotonía. Es el rostro de una civilización que constantemente se reconstruye y derrumba. Pero Los Angeles es también una canción, sus calles dieron lugar a las imágenes de "Soft Parade", ese "Desfile Blando" que sintetizara los tormentosos sueños de sus habitantes durante la década de los sesenta. Pero Los Angeles, es además, reducto de grupos de rock & roll con sonido a garage y a polución. Los Angeles fue la cuna de uno de los grupos de rock más importantes de todas las épocas, los Doors, y junto a ellos, la figura de su compositor y cantante, adquirió la atemporalidad de lo inaprensible. El pasado lunes 7, se cumplieron quince años de la muerte de Jim Morrison, líder de los Doors, y una de las personalidades más importantes de esos conflictivos y tormentosos años.

Anillos de muerte

Para Morrison la ciudad era un anillo un circulo en donde se desarrollaba un juego de muerte y sexo. Pero Morrison no se contentaba con ser un espectador pasivo de la cosa. Tampoco quería ser una estrellita de rock sumisa y complaciente. Este ex estudiante de cine veía a la ciudad multiplicada en imágenes y sintetizaba en sus canciones y poemas la desolada resignación de sus habitantes. En su libro "The New Creatures”, Morrison escribió a la manera de los haiku japoneses: "Están filmando algo/ en la calle enfrente de/ nuestra casa" Sucede que para Morrison la calle, la vida de los suburbios y de los marginados era el mejor termómetro para medir y recapacitar sobre una realidad que por entonces nada tenia que ver con el clásico prototipo del famoso "sueño americano" de pos guerra. La vida era otra cosa y el sueño se desmoronaba entre los ecos de la guerra fría, Vietnam, los conflictos estudiantiles y raciales. Ante la complacencia de los hippies y del "flower power", Morrison aparecía como un líder iracundo. Quizás, Morrison fue uno de los primeros en descubrir las falsedades y atrocidades de un sistema comercial que pretendía canalizar la innata agresividad del rock y sumir a éste dentro de los canales convencionales de comunicación. Morrison se opuso a esta manipulación y en cierta medida fue uno de los primeros en revindicar los derechos expresivos del artista y de todo ser humano anteponiéndose a toda forma de exorcismo. Pero además, Morrison creó todo un estilo interpretativo, donde el elemento revulsivo no solamente estaba canalizado a través de sus textos y de la música de los Doors, sino también a través de su gestualidad y de su desapego a las formas tradicionales de interpretación. Morrison fue un iconoclasta. Un hombre de movimientos salvajes y acompasados. Al contrario de Elvis él no removía sus caderas. Sus movimientos eran lentos y provocativos, contorneándose sobre el pie de su micrófono, o cruzando como un lagarto por las sombras de un escenario. Morrison fue el "Rey Lagarto", la encarnación del héroe dionisiaco, según lo postulado por Nietzsche. Porque Morrison fue uno de los más grandes inquisidores de la generación de los sesenta. En carne propia sufrió los horrores de la existencia individual y en cierta forma hizo suyos también los versos y las videncias de Rimbaud. Es que "el poeta borracho insultaba el universo".

Un friso pasional

Pero si el "Desfile Blando" es un tormentoso y crepuscular friso neorrealista, Morrison también aparece como un desentrenado apóstol de lo pasional y de los sufrimientos que esto genera. Las inquietudes de un espíritu inquieto debatiéndose entre el tumultuoso mojigaterio de una sociedad hipócrita y mezquina. "Sabes que no sería cierto/ sabes que yo seria un mentiroso/ si te dijera: chica no podemos subir más/ venga "baby" enciende mi fuego". La voz de Morrison gime desde las cavernas del hombre, desde lo más profundo de las gargantas del alma. La voz de Morrison fue como un aullido visceral, un patadón hacia los estereotipos de su época. Morrison sabía que los arquetipos del rock estaban siendo tergiversadas y por eso escribió: "Queremos al mundo, y lo queremos ahora!".

Pero Morrison sabia que en esa búsqueda de identidad, estaba también implícita la búsqueda del placer, como forma de lucha contra todo tipo de sometimiento. "Soy el hombre de la puerta de atrás/ los hombres no saben .../ las niñas comprenden... o "Nademos hasta la luna, uh, uh/ subamos entre la marea/ penetremos en la noche/ en que la ciudad duerme para esconderse..." Y Morrison continuó siendo fiel a si mismo oponiéndose a la sumisión estúpida y complaciente y sufrió, según el decir de Walt Whitman, "por amor a vosotros". Eso fue lo que Morrison exteriorizo en su escandalosa presentación en Miami, cuando en una noche de calor húmedo y olores pestilentes se encaramo sobre el escenario e increpó al publico. "Cuánto tiempo van a dejar que los empujen de aquí para allá. Son una manga de esclavos. ¿Qué piensan hacer al respecto? No estoy hablando de ninguna revolución, de ninguna demostración. Estoy hablando de salir a la calle y de divertirnos. Estoy hablando de amar a tu vecino hasta que le duela, de agarrar a tu amiga o amigo, estoy hablando de amor los necesito". Luego vinieron los tumultos, un Morrison fuera de si y la gran multitud que se había congregado para escuchar a los Doors, al borde de delirio. Morrison había llegado a uno de sus puntos culminantes. El sufría por la humanidad, por ese rebaño de ovejas conscientemente manipulado. El rock para el era su ojo atento contra la hipocresía y la barbarie. El no concebía que al rock se lo canonizara y se lo transformara en un aparato más del poder de los burócratas. El no concebía que la gran mayoría permaneciera indiferente ante esto, él quería acción, él quería remover las estructuras de una sociedad corrupta y absurda. Y Morrison conjugaba en si, el difícil equilibrio entre lo real y lo místico. "Nos hemos reunidos en el interior de este antiguo y loco teatro/ para propagar nuestra sed de vida/ y huir de la hormigulante sabiduría de las calles" escribió alguna vez, mientras el mundo continuaba siendo cada vez más ajeno e indiferente a su despersonalización.

 

Vidente del exterminio

 

Morrison murió en París, entre unos pocos amigos, cansado y aturdido. Dolorido por ver como la humanidad se iba desgastando poco a poco y cómo los sueños de una juventud contundida comenzaban a desmoronarse. El previno todo eso. La debacle de los setenta y la tímida propuesta estética de esos años, no eran más que una maquinación enfermiza y contemplativa de otra máquina de sueño, aquella que todo el aparato comercial montó alrededor del rock alejándolo de sus postulados básicos y conviniéndolo en un elemento contemplativo cómplice de los sucesos que azotaban a la humanidad toda. “Cancelen mi suscripción a la resurrección. Envíen mis credenciales a la casa de detención", escribió el viejo cantante de los Doors. Morrison fue algo más que un "vidente". Fue un jinete cabalgando entre la tormenta, debatiéndose entre esos campos de exterminio a los que combatió y denuncio siempre. Mientras tanto, esos mismos campos de exterminio no tardarían en llegar hasta aquí. Cuando Morrison escribió: "No iré, prefiero una fiesta de amigos a la familia gigante", ya había comprendido lo difícil que es cada día al levantarse, mirarse al espejo y sostener la mirada.

 

por Guillermo Baltar

 

Publicado, originalmente, en: La Semana de "El Día" - Montevideo, del 12 al 18 de julio de 1986 - Año VII - N 377

La Semana de "El Día" fue una publicación del Departamento de Investigaciones y Estudios del Diario EL DIA

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

 

Ver, además:

 

                      Jim Morrison en Letras Uruguay

                  

Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce   

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