Pedro Páramo, novela de Juan Rulfo

Tristezas de un rincón vivo

por Jorge Albistur

Debido a la complejidad de su estructura, bien puede sospecharse que “Pedro Páramo" es una novela mas célebre que efectivamente leída. Por su relativa brevedad es un relato accesible, pero cualquiera de sus lectores sabe del desconcierto con que se ha sorprendido a si mismo tratando de armar una línea narrativa a partir de un tan resuelto fragmentarismo: la novela —a cierta altura— aparece irremediablemente incoherente y el lector, que ni siquiera sabe si los seres que se mueven en Cómala están vivos o muertos, puede terminar por resignarse a no hallar jamás el hilo de Ariadna. "Pedro Páramo" fue en este sentido, en las letras latinoamericanas, uno de los primeros francos desafíos a la manera tradicional de narrar: un desafió tanto más valioso, todavía, si se tiene en cuenta que las audacias fueron empleadas para mejor expresar el más tradicional asunto narrativo de este continente, como lo es el hombre en relación con un paisaje violento y hostil.

Pero pese a las dificultades, el lector reconoce al fin que la novela no es un caos. Todo el mundo sabe que Juan Preciado, enviado por su madre, llega a Cómala buscando información sobre la vida de su padre: el fragmentarismo responde, así, a hechos diferentes protagonizados por Pedro Páramo y que son contados alternativamente por los personajes y el propio narrador. Las muchas voces siembran la confusión imaginable, pero al fin hay una imagen de Pedro Páramo: la de un hombre singularmente cruel, una especie de amo y señor de cuerpos y almas que todo lo tuvo para si, salvo el cuerpo y el alma de la mujer que quiso. Al comienzo de la novela, alguien llama a Pedro Páramo “un rencor vivo", pero al final el lector comprende que ese hombre fue también un gran dolor, de modo que el caudillo aborrecible se vuelve complejo y hasta un poco tierno.

Si se sigue este eje para armar la novela, cobra su plena importancia la figura de Susana San Juan, que es —para el todopoderoso Pedro Páramo— la imagen de lo inapresable. En la composición de este personaje se reconoce el arte de Rulfo, y el análisis de cómo se ha dibujado a Susana San Juan revela que la organización general de la novela es mucho menos impremeditada de lo que aparece en una primera instancia. Claro que en una lectura inicial, cuesta valorizar suficientemente a aquella escena en que un niño se encierra en el excusado pese a las protestas de la madre. El texto ni siquiera anota claramente si el niño es Pedro Páramo, pero una relectura deja esto fuera de dudas. Algo más adelante, la novela alude varias veces a que Pedro Páramo y Susana San Juan han vivido su infancia juntos, y al amor que desde entonces sentía el muchacho. La escena del excusado, sitio que Pedro elige para soñar, encuadra claramente en esta perspectiva: en el momento quizá más luminoso de toda la novela, Pedro evoca una tarde en que ambos remontaban cometas en la cima de una loma, lejos del pueblo, y el aire mismo los hacia reír. El escritor aísla dos recuerdos de máxima intensidad: los labios de la muchacha, mojados como si los hubiera mojado el rocío, y la mirada de sus ojos de aguamarina. Apenas unas líneas más adelante, y sin que medie explicación alguna, Rulfo anota las palabras siguientes, que desde luego sólo cobran su significación en boca del propio Pedro Páramo: "A centenares de metros, encima de todas las nubes, más, mucho más allá de todo, estás escondida tú, Susana. Escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia, donde yo no puedo alcanzarte ni verte y adonde no llegan mis palabras".

Desde el comienzo de la novela, en consecuencia. Rulfo ha resuelto toda la historia de Pedro Páramo y Susana San Juan: lo que en una edad fue maravilla se convirtió después en una especie de símbolo de lo inalcanzable. El resto de la novela —siempre según el fragmentarismo consabido— no hace sino vestir esta historia, aunque entrelazándola incesantemente con otras paralelas. Rulfo comienza, además, por el final, pues luego de evocar la infancia pasa —muchas páginas más tarde— al dolor de Pedro Páramo después de la muerte de Susana, de modo que promediando la novela aparece ya lo que será su desenlace. El resto, de alguna manera, debe estimarse como un racconto: se dice cómo Pedro buscó afanosamente a Susana, separándola luego de su padre, y cómo ella fue quedando progresivamente presa en su mundo de delirios.

El lector sabe —mejor acaso que Pedro Páramo— que los sueños de la enferma están ocupados por el hombre que fue su primer marido. Como un espejo que salteara bruscamente grandes tramos del camino, el relato muestra imágenes de Pedro Páramo absorto en el enigma de esta mujer siempre ajena: en medio de los absurdos levantamientos durante la guerra de los cristeros o en aquella noche que Pedro pasó junto a una muchacha “que parecía iba a echar fuera su corazón por la boca", y a la cual se abrazó para tratar de convertir aquella carne en la carne de Susana San Juan. Pero sólo una vez tuvo Pedro Páramo la felicidad en sus manos, y la sintió latir en el hilo de una cometa, mientras contemplaba unos labios de rocío y se miraba a si mismo en unos ojos de aguamarina.

 

por Jorge Albistur

 

Publicado, originalmente, en: La Semana de "El Día" - Montevideo, Nº 412, Montevideo, 4 de abril al 10 de abril de 1987 pdf.

La Semana de "El Día" fue una publicación del Departamento de Investigaciones y Estudios del Diario EL DIA

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

Inédito, al 17 de septiembre 2026, en internet. Escaneada, para Letras Uruguay, por su editor. Conste

 

Ver, además:

 

                      Juan Rulfo en Letras Uruguay 

 

                                               Jorge Albistur en Letras Uruguay 

                                          

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