"Federico y su mundo", por Francisco García Lorca. Alianza Tres. Madrid, 1981. 520 págs.

 

Lorca, según su hermano

por Jorge Albistur

Inédita, al 21 de septiembre del 2026, en Internet. Escaneada, para Letras Uruguay, por su editor. Conste

Federico García Lorca por Hogue (Horacio Guerriero)

En febrero de 1927, Federico escribe en una carta a Jorge Guillén, con referencia a Francisco, su hermano menor: "Yo estoy loco de alegría. No digas nada a nadie. Paquito está escribiendo una novela maravillosa, así como suena, maravillosa. Y sin parecerse nada a mis cosas". Y algo después aclara todavía: "Mi hermano ha estado cohibido por mi personalidad (entiendes). A mi lado no podía brotar porque mi ímpetu y mí arte le sobrecogían un poco".

La lectura de este libro deja fuera de duda que Francisco García Lorca sentía una gran admiración por su hermano. Pero también deja en claro que no era un espíritu apocado y resignado a vivir una personalidad de reflejo. Su trayectoria en la literatura y la vida confirman largamente esta impresión.

En el orden de las letras, dejó una labor poética algo exigua, sobre la cual pesa —según el prologuista Mario Hernández— la sombra de Antonio Machado. Escribió también el ensayo "Ángel Ganivet. Su idea del hombre", que se publicó en 1952 y pasa por el mejor entre todos los suyos. "De Fray Luis a San Juan. La escondida senda", es otro de sus títulos.

Perfectamente definido, en cuanto a la cuestión política, en las filas republicanas, y casado con la hija de un conocido líder socialista, fue sorprendido en El Cairo por la noticia del levantamiento de Franco. Ejerció todavía algún tiempo más los cargos sucesivos en su carrera diplomática, pero finalizada la guerra civil su situación —naturalmente— se hizo insostenible.

Como tantos españoles de aquellos tiempos, emigró entonces a Estados Unidos, y allí fue director del departamento de Español del Middlebury Summer School. Por ese centro pasaron, entre otras personalidades bien conocidas, Enrique Diez Cañedo, Américo Castro. Pedro Salinas. Jorge Guillén y Octavio Paz. En 1947 es consejero de la Sección de Arte y Literatura de la UNESCO, y algo más tarde director de la Casa Hispánica de Columbia, institución fundada por Federico de Onís.

Méritos no le faltan, pues, para afirmar su nombre entre los más importantes de la literatura española en el exilio.

Recuerdos de un exiliado

Muerto Francisco García Lorca. en 1976, su viuda encargó a Mario Hernández la edición de "Federico y su mundo". Por eso, el libro aparece como al cuidado del mencionado albacea literario y de la propia Laura de los Ríos. El volumen en cuestión, que fue editado por primera vez en 1980, consta de dos parte: una biográfica, que Hernández juzga inacabada, y otra francamente critica, en la que no se omite el análisis de ninguna de las obras esenciales de Lorca. Según toda probabilidad, lo que hoy es un libro independiente fue concebido como el largo prólogo a una edición de las Obras Completas de Federico García Lorca, y fue escrito entre 1959 y 1965.

Según parece, —tal vez por aquello de una primera parte inconclusa— Francisco empezó por los estudios literarios. Hernández supone, según la lógica, que estos estudios están escritos para lectores estadounidenses. Pero, como casi nada que tenga que ver con afectos o vivencias se sujeta a la lógica, es difícil creer que Francisco se haya impuesto este punto de vista. Por el contrario, el gran despliegue de citas de versos españolismos, así como las referencias a sitios, paisajes o lecturas que explican tal o cual imagen: todo habla de la verdadera nostalgia con que este exiliado volvía —al menos en el corazón— a la tierra perdida.

La parte biográfica de "Federico y su mundo" es, precisamente. como cualquiera puede imaginarla. Es decir: no cabe esperar una biografía objetiva y organizada —y no la hay— sino una serie de recuerdos y anécdotas que son, al fin, la espuma de una vida. Vale la pena transcribir una pasión de Federico estudiante, martirizado frente al pizarrón en clase de química. El fragmento servirá para apreciar, de paso, la gracia a que puede llegar esta prosa: "El profesor, don Juan Mlr y Pena, era canario, y acaso eso explica que tuviese un modo peculiar de pronunciar algunos sonidos. El profesor le dijo: "Escriba en el encerado Bh + B1; o sea, b sub h más b sub 1". Pero don Juan pronunciaba la B como P, y Federico, que seguramente no había ojeado el texto en su vida, oía unos extraños sonidos que no significaban nada: "Pesupache más pesupuno". Don Juan Mlr, irritado por la inacción de Federico, le daba grandes voces, diciéndole: ¡Escrlba! ¡Escriba! ¡Pesupache más pesupuno! ¡Que yo no hablo en chino! Y. claro, aquello era precisamente chino para el pobre Federico, que miraba, paralizado, salir pesupaches y pesupunos de la boca iracunda del profesor".

Parece que Federico no se destacaba demasiado, en fin, pues también fue expulsado del curso de Economía Política. Pero, para quien no sea excesivamente curioso de éstas y otras menudencias, lo más valioso de este libro está en su parte crítica. En realidad, estas páginas son una sorpresa, pues Francisco García Lorca se revela como un lector muy fino.

La palabra y la vida

Casi cualquier estudio serviría para mostrar una atención permanente, una especie de perspicacia critica siempre en alerta. Al aproximarse a "Mariana Pineda", por ejemplo, Francisco advierte que Federico sustituyó la palabra "acto" por el término "estampa", lo que lleva a considerar la actitud pictórica del poeta. Como Francisco conoce, además, la torpeza de Federico en cuanto tuviese que ver con el dibujo, el conjunto de elementos arroja un curioso nuevo ángulo de apreciación de la pieza.

El atractivo mayor de este tipo de crítica está, acaso, en la continuidad con que la vida se hace presente en los enfoques literarios. En el análisis del "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías" —que es de lo mejor del libro— Francisco se las toma con el verso "a las cinco de la tarde" y sus variantes, demostrando que es tan fino frente a un texto, como cualquiera de los que practican una critica sujeta a detalles de estilo. Pero allí hay, también, una excelente semblanza de la personalidad del torero, donde la anécdota aporta su sal insustituible.

Otro ejemplo de esta permanente invasión de la vida en lo específicamente literario, lo constituye el estudio sobre "Yerma". El estreno, según Francisco, fue ocasión de una conjura reaccionaria: una protesta a efectuar dentro del teatro contra Margarita Xirgu, republicana y amiga personal de Manuel Azaña. Francisco —dicho sea de paso— apunta un curioso dato, la pieza tiene como antecedente a una obra teatral de Unamuno.

Aparte los abordajes críticos sobre las creaciones de Federico en particular, hay también una serie de ensayos sobre otros aspectos de la figura de García Lorca: uno sobre "Federico y la música", otro sobre el poeta y el dibu|o y un tercero sobre el teatro universitario "La Barranca". Pero el más interesante es el titulado "El compromiso humano y político de Federico García Lorca". Allí, Francisco sostiene que "el reproche de apoliticismo es sólo relativamente cierto". Proporciona documentos convincentes sobre declaraciones y actos de Federico condenatorios del fascismo español. Cree, en fin, que Dámaso Alonso se equivoca cuando habla de la falta de "preocupación política" en la generación de Lorca. y aduce como prueba la casi unanimidad del exilio posterior a la victoria franquista.

Francisco descarta, desde luego, cualquier marxismo coherente en Federico, reivindica su auténtico sentido de la justicia social y añade que su hermano se consideró "casi culpable de ser un niño rico."

 

Publicado, originalmente, en: La Semana de "El Día" - Montevideo, del 9 de julio al 15 de julio de 1983 - Año 5 - N° 236

La Semana de "El Día" fue una publicación del Departamento de Investigaciones y Estudios del Diario EL DIA

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

 

Ver, además:

 

                      Jorge Albistur en Letras Uruguay 

 

                                                    Federico García Lorca en Letras Uruguay

 

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