Enfoques críticos

José Carlos Mariátegui

Una convocatoria de impaciencias

por Jorge Albistur

No hace muchos días, se recordaba en uno de estos enfoques al puertorriqueño Eugenio María de Hostos, una de las grandes figuras olvidadas de nuestra América.

Hoy es oportuno evocar los escritos de José Carlos Mariátegui: y no sólo porque también él está entre los postergados, sino porque se cumplen ya los sesenta anos de la primera publicación de su revísta "Amauta".

Esta empresa cultural y política —y fundamentalmente de alta docencia— pudo llamarse "Claridad”, porque Mariátegui quiso que llevase el mismo nombre de la revista fundada, antes de su proscripción, por Víctor Raúl Haya de la Torre. Amigos disuadieron a Mariátegui de éste su primer propósito, de modo que él eligió una segunda denominación: "Vanguardia". Por fin fue José Sabogal quien sugirió el nombre "Amauta" y diseñó también la carátula: una imagen del poeta incaico, porque el vocablo designa al sabio o vate de la raza andina.

Mariátegui aclaró, en el numero inicial, que la opción por este nombre no tenia nada que ver con una falsa piedad arqueológica: "Pero específicamente la palabra "Amauta" adquiere con esta revista una nueva acepción. La vamos a crear otra vez” En esta publicación, en fin, fueron apareciendo los materiales después reunidos en "Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana", que es la obra mayor de Mariátegui.

El coloso encadenado

Es muy difícil trazar una semblanza ecuánime de Mariátegui, el escritor. En primer lugar, porque los acontecimientos políticos en que actuó son demasiado recientes, o bien se parecen mucho a los que todavía vive América, de modo que esta misma proximidad impide una perspectiva adecuada. En segundo término, porque la obra literaria de Mariátegui es al mismo tiempo su legado político. No ocurre aquí, como en el caso de Martí, que junto a los escritos de combate exista una poesía entre romántica y modernista, en la cual pueda estimarse casi puramente al artista. El ensayista peruano sólo tentó una novela, que ni siquiera llegó a publicar, y se agota en su desordenada obra de publicista.

Pero esto sería bien poca cosa. Lo importante es que el escritor ha quedado siempre oculto tras una biografía que es casi la imagen de un símbolo, y tras la polémica acerca de su verdadero perfil ideológico.

Mariátegui estuvo significativamente cerca de Haya de la Torre, pero todavía hoy se discute sí fue o no comunista, y hasta dónde su pensamiento se identifica con el del socialismo europeo. La violencia y la duración de esta polémica bien puede deberse —en buena parte— a las malas relaciones entre el comunismo peruano y el aprismo. Cualquiera que hojee "El sexto" tendrá la visión de Arguedas a propósito de este enfrentamiento, todavía muy vivo entre militantes que se consumen en una prisión de Lima.

Cuando Mariátegui murió, el ataúd, envuelto en una bandera roja, fue llevado en hombros por los obreros. Ondeaba, presidiendo el cortejo, la divisa de la Confederación General de Trabajadores de Perú y la multitud entonaba las estrofas de "La Internacional". Este fue el fin de un hombre que, en los comienzos de su carrera, había elegido la vía falsa de los artificios de la moda. El mismo confiesa, ya en la madurez:

"Me orienté resueltamente hacia el socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficionado de decadentismos y bizantinismos finiseculares, en pleno apogeo”. El resultado de este diletantismo, felizmente, no va más allá de tres sonetos alejandrinos que iban a formar parte del libro “Tristeza” y que aparecieron en la revista "Colónida”.

Pronto, sin embargo, quedó Mariátegui a salvo de la enfermiza contemplación de si mismo, y ello gracias a una activa vida periodística. Desde las columnas de "La razón", apoyó una larga huelga obrera: el 8 de julio de 1919, grupos de manifestantes ovacionaron al diario, y allí comenzó a sellarse la suerte de Mariátegui. "La razón" fue clausurado por el gobierno de Leguia, cuyo golpe de Estado había ocurrido apenas cuatro días antes. El dictador inventó, para el peligroso enemigo periodístico, una beca de estudios a Europa. Mariátegui estuvo cuatro años en el viejo mundo, se casó en Italia —donde le tocó presenciar el ascenso del fascismo— y fundamentalmente en Alemania afirmó sus convicciones socialistas

Eugenio Chang-Rodríguez, en su libro sobre "La literatura política de González Prada, Mariátegui y Haya de la Torre", cuenta un hecho singular ocurrido al regreso del escritor a Perú. Llegó prácticamente cuando Leguia, en acuerdo con el arzobispo de Lima, se aprestaba a dedicar a la nación al Corazón de Jesús. Haya de la Torre invitó a Mariátegui a colaborar en una jornada de resistencia, pero el ensayista se negó argumentando que aquella sería una protesta "Sin sentido revolucionario". La muerte de un obrero y un estudiante en las manifestaciones callejeras lo convencieron pronto de lo contrario y se unió a Haya de la Torre Cuando el fundador del APRA fue expulsado del país, Mariátegui se convirtió en el sucesor natural de las energías opositoras.

"Amauta", considerada como tribuna proaprista. no podía subsistir sin que sobre ella convergiera la represión y la arbitrariedad. La imprenta fue allanada y Mariátegui, con sus principales colaboradores, marchó a prisión. Por aquellos días comenzó a usarse en Lima la expresión "comunismo criollo", dice Chang-Rodríguez, porque el gobierno y alguna prensa obsecuente denunciaron una conspiración soviética apoyada en la sección peruana del APRA. Mariátegui se declaró "marxista convicto y confeso" pero sin ninguna vinculación con Moscú y esto debió resultar tan evidente, que seis meses después "Amauta" estaba otra vez en la calle.

Pero el incidente de la prisión ha hecho menos por el mito Mariátegui que su condición de inválido, que lo transformó en los últimos anos en la trágica imagen de un coloso encadenado. "La vida, más que pensamiento, quiere ser acción", escribió, aunque en el punto culminante de su combate no podía abandonar su silla de ruedas. Desde niño tuvo una afección a la rodilla y cojeó siempre un poco, hasta aquella internación de 1924 en que no hubo otro remedio que amputarle una pierna. El luchador no comprendió, en los primeros tiempos de su convalecencia, lo que había sucedido. Un testigo presencial dice que, como no sentía dolor alguno y en cambio experimentaba una sensación de adormecimiento, levantó de pronto las frazadas. "Al verse amputado, al constatar que iba a ser inválido para el resto de su vida, tuvo una crisis de llanto verdaderamente patética y se halaba el cabello, en un arranque de desesperación". El hombre de acción quedaba, así, reducido a solamente la fuerza de la palabra.

Dialéctica de un cruzado

Hasta dónde esa palabra alcanza el nivel de lo literario: ésta debería ser una pregunta central en una actual aproximación a Mariátegui. Que su obra pertenece al ensayo americano está fuera de dudas, entre otras cosas porque —como lo señalaba Zum Felde— la inmensa mayoría de los ensayos escritos en este continente tienen que ver con la sociología y la política. Seria un punto a discutir, en cambio, si las páginas del escritor peruano llegan a aquella mezcla de didáctica y poesía que reclamaba del ensayo Medardo Vitier, en "Tierra firme". A él le parecía que el gran ensayo, en estos países, participa de la potencia lírica, porque revela siempre la personalidad del autor.

En cuanto a Mariátegui, por lo menos en una oportunidad dice claramente lo que piensa a propósito del arte. Es cuando escribe: "Ninguna estética puede rebajar el trabajo artístico a una cuestión de técnica. La técnica nueva debe corresponder a un espíritu nuevo también. Si no, lo único que cambia es el paramento, el decorado. Y una revolución artística no se contenta con conquistas formales". Cabe destacar que, pese a la indiferencia en cuanto a estos aspectos, nada es mas impecablemente artístico —en Mariátegui— que su estilo: Dardo Cuneo ha elogiado a esta "prosa de avasalladora y enérgica claridad". Y el critico argentino escribe, todavía: "Toda su prosa era carnal: era carne en la que temblaba el espíritu del hombre de la época. Cada párrafo equivalía a un borbotón de sangres intranquilas, a una convocatoria de impaciencias.

Sea como fuere, su desestima del arte como mero ejercicio formal conduce a Mariátegui a considerar el "deber social" de la literatura. El camino era, sin duda, peligroso y causa pena observar que, en vías de elegir el modelo del artista moderno, mencione al módico Bernard Shaw como ejemplo primero, y seguramente encandilado por la claridad de su prédica. En realidad, por otra parte, lo que más importa no es lo que Mariátegui piensa acerca de "técnicas" literarias, sino lo que entiende por la "política" en que debe fundarse una "revolución artística". Al respecto son bien ilustrativas las siguientes palabras de "El repertorio americano": "César Vallejo escribe que mientras Haya de la Torre piensa que la Divina Comedia y el Quijote tienen un abstracto político, Vicente Huidobro pretende que el arte es independiente de la política. Esta aserción es tan antigua y caduca en sus razones y motivos que no la concebiría en un poeta ultraísta, sí creyese a los poetas ultraístas en grado de discurrir sobre política, economía y religión. En ésta, como en otras cosas, estoy naturalmente con Haya de la Torre. Sí política es para Huidobro, exclusivamente, la del Palaís Bourbon, claro está que podemos reconocerle a su arte toda la autonomía que quiera. Pero el caso es que la política, para Haya y para mi, que la sentimos elevada a la categoría de una religión, como dice Unamuno, es la trama misma de la historia. En las épocas clásicas o de plenitud de un orden, la política puede ser sólo administración y parlamento: en épocas románticas o de crisis de un orden, la política ocupa el primer plano de la vida"

Hay muchas ideas importantes, sin duda, en el fragmento trascrito, pero ninguna proporciona una pista más firme hacia el centro de este mundo literario que aquella concepción de la política "elevada a la categoría de religión". Quizá por su formación infantil y adolescente, en la cual no faltó la experiencia de algún trance místico, Mariátegui se entregó siempre a su lucha con el espíritu de un cruzado Para él. advierte Dardo Cuneo, revolución era redención y el capitalismo le parecía llegado a su fin porque había creado sociedades desiertas de mitos, vacias de verdadero sentido religioso Quizá la temperatura del ensayo de Mariátegui esté dada por la tensa alianza entre este mesianismo y el racionalismo propio de una visión materialista y dialéctica Porque este segundo aspecto es tan fuerte como el primero. Comentando su indigenismo, por ejemplo, Cúneo sentencia con gran exactitud: "No era un folklorista Era un socialista". Y el ya citado Chang-Rodriguez destaca que el ensayista convirtió al problema quechua en una especie de "mujikismo" americano. En los "Siete ensayos" no olvidó el problema moral y hasta puede sorprender verle imaginar la auto-educación, indígena, por la cual estos marginados podrían aprender formas de organización sindical y disciplinas para la lucha. Pero el acento está claramente puesto en el plano de la economía y en el juicio a la feudalidad sobreviviente. La visión de Mariátegui, en fin, debería ser complementada con la de Arguedas, porque en tanto uno vio el problema social, el otro sintió al indio —fundamentalmente— como ser cultural. Pero un rioplatense apenas puede asomarse a estos aspectos, porque pese a Mariátegui y a la prepuesta de una Alianza Popular Revolucionaria Americana, estos países siguen demasiado separados. Una neta sobre alguno de los grandes espíritus americanos —siquiera de cuando en cuando— es, por lo tanto, casi un imperativo.

 

por Jorge Albistur

Inédita, al 26 de julio de 2026, en internet. Escaneada por el editor de Letras Uruguay

 

Publicado, originalmente, en: La Semana de "El Día" - Año VII Nº 397, Montevideo, del 20 al 26 de diciembre de 1986 pdf.

La Semana de "El Día" fue una publicación del Departamento de Investigaciones y Estudios del Diario EL DIA

Gentileza de Biblioteca digital de autores uruguayos de Seminario Fundamentos Lingüísticos de la Comunicación

Facultad de Información y Comunicación (Universidad de la República)

Inédita, al 25 de julio de 2026, en internet. Escaneada por su editor para Letras Uruguay

 

Ver, además:

                   

                      José Carlos Mariátegui en Letras Uruguay

 

                                                                Jorge Albistur en Letras Uruguay 

                                          

Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce   

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