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Prepotencia de la lengua ardiente crónica de Luis Soto El filoso humor de Roberto Fontanarrosa se atrevió a tajearla almidonada solemnidad del Congreso de la Lengua Española (edición 2004) con su composición sobre “las malas palabras”. Ingenio y desparpajo marcaron el tono de la teoría, plenamente probada por el decir cotidiano. Su exposición arrancó incontenibles carcajadas de los presentes, incluidos el mismo Fontanarrosa y José Claudio Escribano (habitante del estrado, vaya uno a saber con qué investidura, según muestra un tape que periódicamente ofrece el canal Encuentro). Dibujante, cuentista, creador de piezas de teatro en un acto, el “Negro” Fontanarrosa logró una clamorosa consagración del vocablo “mierda” como base esencial del diálogo entre los hombres. Curiosamente (o no) se dice que Kirchner se abrigó en él en la respuesta al mensajero. Pasaron 9 años y en la edición 2013 del congreso, que acaba de concluir, fue el poeta Juan Gelman uno de los escritores hispanoamericanos a quienes se encomendó un aporte para integrar el Atlas Sonoro de Palabras Autóctonas. Cumpliendo el rol de anticensor instituido por el tata de Inodoro Pereyra, Gelman votó por “boludo”. “Es un término muy popular y dueño de una gran ambivalencia. Ha venido perdiendo el sentido insultante que lo caracterizaba, pues referencia a una persona tonta, estúpida o idiota. En los últimos tiempos también se lo emplea entre amigos como un comodín de complicidad”, ofreció razones. ¿Cuántos de los fieles lectores que sostienen la vigencia de los versos de Cólera buey podían imaginar que Gelman se jugaría por “boludo”? Tantos como los que sólo saben de él por las fotos que lo muestran luchando por esclarecer la desaparición de su hija en tierra uruguaya, o por las columnas de política internacional que publica Página/12. Seguramente muchos miles más que los que siguen conmovidos por el poema en que Gelman canta al amor en sólo nueve palabras: “estás en mí como la madera en el palito”. Interesados en las actas del pretencioso y linajudo congreso -sus miembros han definido al español como una lengua “polifónica y policéntrica”- suponen que los aportes de Fontanarrosa y Gelman son los únicos en esta materia a cargo de escritores argentinos. Hay antecedentes que lo desmienten. En 1927 el diario Crítica hizo una encuesta sobre el tema: “¿llegaremos a tener un idioma propio?”. El resultado fue negativo. No sólo no se llegaría, hubo quienes profetizaron “las calamidades que nos acarrearía en todos los órdenes de la vida”. Entre los consultados estaban Ricardo Rojas, Roberto J. Payró, Manuel Gálvez, el joven Jorge Luís Boiges y José Antonio Saldías (éste se despachó con un dictamen lapidario para el lenguaje popular: “carece de alcurnia suficiente para expresar la belleza que enseña a amar a un idioma”). Poco después, siete décadas antes del brillante monólogo de Fontanarrosa, un extraordinario narrador echaría sobre el tapete una serie de palabras de saboreada riqueza. En una de sus Aguafuertes porteñas, Roberto Arlt sale al cruce de una denuncia de José María Monner Sans (el texto data de 1932) que advertía: “nuestro idioma enfrenta momentos críticos: la moda del gauchesco pasó y ahora se cierne la amenaza del lunfardo, léxico de origen espurio; altos valores intelectuales realizan, felizmente, una eficaz obra depuradora”. “¿Quiere usted dejarse de macanear?” -tira Arlt un jab de izquierda en ese texto, titulado “El idioma de los argentinos”-. “Esos caballeros de la obra depuradora forman una pavorosa colección de ‘engrupidos’, si me permite la palabreja. Son tipos que con miras a las fotos de los suplementos literarios se hacen retratar junto a una pila de libros para que se compruebe de visu que los volúmenes que han escrito suman una altura mayor de la de sus cuerpos”. En el segundo round Arlt considera que “la gramática se parece mucho al boxeo”. Y pasa a explicar. “Cuando un señor sin condiciones aprende a boxear lo único que hace es repetir los golpes que le enseña el profesor. Si otro señor luce su destreza y sin ajustarse a las lecciones, hace una pelea magnífica los críticos exclaman: ese hombre saca golpes de todos los ángulos. De más está decir que el que escapa de la gramática del boxeo con golpes que saca de todos los ángulos, le rompe el alma al correcto discípulo que repite prolijamente el método del profesor. Con los pueblos y el idioma ocurre lo mismo. Los pueblos bestias se perpetúan en su lengua. Sin ideas nuevas que expresar, no precisan palabras nuevas. Los pueblos que como el nuestro están en continua evolución sacan palabras de todos los ángulos. Un pueblo impone su arte, su industria y su idioma por prepotencia. Nada más. Last Reason, Félix Lima, Fray Mocho y otros han influido más sobre nuestra lengua que todos los macaneos filológicos y gramaticales. En Brasil muchos términos del lunfardo porteño se han hecho populares. Cuando un malandrín le va a dar una puñalada en el pecho a un consocio no dice: ‘voy a ubicar mi daga en tu esternón’. ‘Te voy a dar un puntazo en la persiana’, grita. Y si en ese momento entra una pandilla de pesquisas dice: ‘los relojié de abanico’. Jamás dirá: ‘al socaire examiné a los corchetes’, jamás”. Arlt se varea -para no apartarnos del lunfardo- y en otra Aguafuerte: “Silla en la vereda”, dice “encanto mafioso”, “dulzura mistonga” y arriesga con “ilusión baratieri”. Único punto cuestionable el tal “baratieri”, que parece más propio de una señora que regatea el precio de los brócoli en una feria de barrio que de los pioneros del lunfardo a comienzos del siglo XX: ladrones y compadritos, con fecunda contribución de los inmigrantes. Dice “fulería” el inventor de las medias de goma, conjuga el verbo “estrilar” y remata con “turro” (palabra que puesto en anticensor, elegiría quien firma esta nota). Cómo olvidar al “Polaco” Goyeneche en la película “Sur” cuando entregado a la añoranza de su mina la llama “turrita mía”. Guarda esquirlas de deshonesto y malintencionado lo de “turro”, pero no renuncia a la tibia categoría de par que se otorga al compinche de andanzas no siempre santas, ni a la ternura que se trasmite boca a boca en el susurro amoroso. No es casual que una de las novelas de Arlt se titule Los lanzallamas. “Espadas como labios”, dice Vicente Aleixandre. Palabras como llamas, impone Roberto Arlt. |
crónica de Luis Soto
Publicado, originalmente, en
Suplemento
Literario Telam - Reporte Nacional Año II Numero Nº 102 / Jueves 14 de
noviembre de
2013
El primer lanzamiento de SLT, el Suplemento Literario Télam
fue el 21 de noviembre de 2011 en versión digital, y desde el 8 de diciembre, en
papel, cada jueves,
junto al Reporte Nacional, el periódico de la Agencia de Noticias, por decisión del por entonces presidente de Télam, Carlos Martín García.
Gentileza de Ahira. Archivo Histórico de Revistas Argentinas que es un proyecto que agrupa a investigadores de letras, historia y ciencias de la comunicación,
que estudia la historia de las revistas argentinas en el siglo veinte.
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Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce
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