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2012, Año de la defensa del agua para la vida y construcción de Los Andes nuevos
Noviembre, mes de la
gesta de Tupac Amaru; los derechos del niño;
4 de noviembre
1. Nombres que protegen y
cobijan ¿Por qué titulo esta
reflexión, y a la vez homenaje, con el lema: Gran Cordillera Ciro
Alegría? Porque quienes leímos
sus novelas nos quedamos con la sensación, la verdad y la convicción
de que nadie como él había graficado antes, y se había identificado
tan hondo con la portentosa cordillera de los Andes del Perú. Serranía hecha de moles
colosales y roquedales abruptos, pero a la vez de quebradas
idílicas, amables colinas y primorosas aldeas. ¿Qué más justo, noble y
exacto que llamarle Ciro Alegría a nuestra Cordillera de los Andes?
Así como a nuestro
océano es cabal y estricto proclamarlo: ¡El Mar de Grau! O a
Francisco Bolognesi: ¡El Titán del Morro! Porque estos son
nombres que nos abarcan e incluyen, nos protegen y cobijan. Porque César Vallejo
estaría de acuerdo con esa denominación. Y José María Arguedas lo
celebraría complacido. Y el amauta José Carlos Mariátegui lo
encontraría preciso, justo e intachable.
2. Porque fundan y sostienen al
Perú eterno ¡Cordillera de los
Andes Ciro Alegría! Ese es el homenaje a su grandeza, a su valor, a
su heroísmo. ¡Y a sus sufrimientos! Porque sufrió mucho. ¡Y a su vez
edificó tanto! ¿Cómo qué, por ejemplo? ¡El alma del Perú, jóvenes!
Es esa cordillera
majestuosa, absoluta y plena de misterio la que corresponde a su
nombre, y su nombre a ella. Es esa cordillera hecha
de coraje, de luz y de ancha y absoluta nobleza, la que se presenta
como haz y reflejo del alma poderosa de Ciro Alegría. Es esa cadena de
cumbres nevadas, hecha de estupor y de arrojo, de lágrimas como
también de fusiles, lo más cercano a su estremecido corazón. Porque nombres como el
de la comunidad de Rumi corresponden a lo que es el Perú esencial,
entrañable y magnánimo. Porque nombres como el
de Rosendo Maqui y Benito Castro deberían ser puestos a los picachos
más altos de nuestra geografía cósmica. Porque Ciro Alegría
como César Vallejo, José María Arguedas como José Carlos Mariátegui,
José Antonio Encinas como Julio C. Tello, son los hombres que fundan
y sostienen al Perú eterno.
3. Se le infligió duro castigo Nació Ciro Alegría
Bazán el 4 de noviembre de 1909 en la hacienda Quilca del distrito
de Sartibamba, perteneciente a la provincia de Huamachuco, en la
sierra del departamento de La Libertad, al norte del mítico Perú, en
el Chinchaysuyo imperial. Vino a la luz en un
lugar confinado, bordeando el estruendoso río Marañón. Hay una razón violenta
por la cual nació en aquel confín arisco, indomable y ya salvaje. Nació en la hacienda
Quica a partir de la cual todo es más allá selva intrincada, breña y
cadalso. Y fue así porque su padre vivía en ese lugar en condición
de reo y prisionero del propio abuelo del hijo por nacer. A vivir en ese lugar lo
condenó su padre y dueño de la hacienda Lo sancionó a vivir y
permanecer allí, en calidad de arrestado por cuatro hechos míticos o
legendarios. Esto por haber
acumulado cuatro delitos inconcebibles, crímenes desalmados a ojos
de su propio progenitor. Y por los cuales se le infligió aquel duro
castigo de recluirlo en ese exilio. Pero la mujer humilde que lo
amaba, y madre después de Ciro Alegría, nunca abandonó a aquel loco
de fábula.
4. Esto colmó el vaso de agua Esos cuatro delitos
monstruosos que el padre de Ciro cometiera y que su progenitor y
después abuelo de Ciro Alegría nunca perdonó, fueron: 1. Casarse con una
indígena, que era la hija del mayordomo de la hacienda. 2. Repartir entre los
campesinos los terrenos de la heredad familiar. 3. Suscribir las ideas
socialistas de aquella época, que para su padre eran una aberración
y monstruosidad. 4. Alojar y no entregar
a la justicia cruenta de su padre a los indios levantiscos de su
hacienda, como proteger a todo perseguido político de izquierda que
tirara por esos rumbos, huyendo de los esbirros de las dictaduras de
turno que han gobernado y asolado sucesivamente en el Perú. Todo esto colmó el vaso
de agua y la paciencia de don Teodoro Alegría Moreno quien capturó a
su hijo Eliseo Alegría Linch, lo acusó de loco y lo recluyó en la
Hacienda Quilca en Sartibamba, donde del vientre de una mujer
indígena nació Ciro Alegría Bazán.
5. La criatura que vio la luz
aquel día Allí nació aquel
chiquillo que al correr de los años sería el novelista que
asombraría al mundo al ganar en América el premio más codiciado que
se hacía por etapas de selección, primero en cada país. Fue ese chiquillo ya
adulto quien ganó el premio Farrar and Rinehart de Nueva York sobre
el cual había una expectativa continental. Y quien vivió su
primera infancia compartiendo la vida con indios dedicados a las
faenas de la agricultura y a la proeza suicida de cruzar a viajeros
y comerciantes las aguas embravecidas y arremolinadas del río
Marañón. Ganó aquel infante cuya
madre cuando lo dio a luz estuvo a punto de morir y se salvó de
milagro. Y eso, ¿por qué? Tenía la criatura que
vio la luz aquel día una cabeza muy grande en relación a su cuerpo
magro y endeble. Nació deforme. “Su cabeza era
desproporcionadamente grande, como la de un niño de tres años y el
cuerpecito pequeño y débil”. Como de un gluper. Esto lo consigna Dora
Varona en su prolijo trabajo: “Trayectoria Cronológica de Ciro
Alegría”; basada para este punto en una entrevista que se le hiciera
al Sr. Constante Bazán, tío de Ciro Alegría, realizada en Trujillo
en septiembre del año 1971.
6. Su madre se cansó de llorar Además, aquel niño no
habló nada hasta cerca de los cuatro años de edad. No pronunció voz,
murmullo, carraspeo. Nada de nada. Ni lo intentaba. Ni siquiera acometió
hacer balbuceos, burbujas, barboteos, ni pretendió siquiera hacer
juegos con los labios. Ni menos farfulló,
abucheó, ronroneó como hacen los niños a edad muy temprana. Este niño no intentaba
nada con el idioma. No se aprestaba ni emprendía hacer los juegos
verbales que los niños espontáneamente realizan, profiriendo en
interminables: tatatatás. mamamamás, papapapás, abuabús. Nada.
No hacía ningún sonido
con la boca, ni un lamento, ni un quejido. Su silencio era solemne. No abría la boca si no
era para comer. Y después la mantenía cerrada, con frecuencia rígida
y a veces con un rictus de dolor. Le palpaban el cuerpo,
lo examinaban, por delante, por atrás, por arriba, por abajo. Nada.
Le daban vueltas en la cama. No, no había dolencia ubicable en el
cuerpo sino al parecer en el alma.
7. Tenía dos años Su madre se cansó de
llorar y aceptó resignada, infeliz y dolida de que su hijo era mudo.
Se sentía desgraciada. Pero es más, cumplidos
como tenía los dos años el niño nunca había reído. Permanecía serio y
adusto, hierático y grave. Frecuentemente cruzaban su rostro ráfagas
de una tristeza profunda, avasalladora y cósmica. “Toda la familia
vive extrañada, porque el niño no sonríe ni articula sonido”. Así andaban las cosas
hasta una ocasión inesperada en que la familia íntegra asistió a una
Fiesta de Trilla, llevando al niño consigo. Fue en aquella
oportunidad, en pleno campo, bajo el sol radiante, en una parva, al
venteo de las espigas y del grano que vuela al viento. Ante la espiga que se
desflora, fue que se escuchó una risa clara y contundente, como el
de una campanilla. El niño recién allí
rió. Tenía dos años.
8. El niño había reído Su madre corrió y lo
abrazó llorando. Los ahogos sacudían su
espalda y el pecho en donde se entremezclaba la pena por lo sufrido,
y la alegría que producía comprobar que a su hijo, aunque no
hablara, no le estaba vedado el goce sencillo de reír de vez en
cuando. O, mejor dicho, siquiera una vez en esta indescifrable vida. Lloraba de saber que no
le estaba prohibida la gracia tan humana de sonreír por cualquier
cosa, como se le dispensa con justicia o injusticia a cualquier otro
ser humano. Lloró porque no le
estaba anulado a su hijo estallar en risa por cualquier cosa, no
importara que ella sea la trilla que ventea el grano pródigo de las
sementeras, arrojando las gavillas al viento, con gritos de júbilo y
cantares de la gente sencilla. Calmada la madre la
fiesta de la trilla de aquel día se convirtió en baile, con faldas y
ponchos al viento, con la banda de músicos traída al lugar, con
consumo de las botijas de chicha cercanas que se abrieron para
festejar que el niño había reído. Pasada la fiesta la
tristeza de su familia siguió, aunque menos lacerante, porque el
niño alguna vez en este mundo rió, pero la mudez siguió por un
tiempo prolongado. Aunque ya reía, no
manifestaba ningún interés en hablar y seguía impertérrito en su
actitud adusta. Ni siquiera hacía algún intento por silabear ni
emitir sonido alguno. Y su silencio era absoluto.
9. Aquel oído abierto al
leguaje Fue a los cuatro años
en que irrumpió en hablar. Y lo curioso es que lo hizo sin
gangoseos, con pronunciación perfecta, como si quien hubiera tomado
la palabra fuera un profesor en una clase. O un orador en una
tribuna, presto a intervenir con cualquier pretexto. ¿Qué es lo que dijo?
Por supuesto que se sabe, y ha quedado guardado en el cofre de la
tradición familiar. Fue algo asombroso que dejara anonadada a toda
su familia. Dijo lo siguiente, de manera nítida y cristalina: – Quiero tocar violín.
Y lo dijo con
corrección idiomática precisa y sin inseguridades, sin arrastrar una
sola consonante ni empañar la limpidez de una sola vocal, como
cabría esperar de un mudo durante toda la vida. Fue como si hubiera
ensayado mentalmente y cada día su dicción, sin equivocaciones ni
nerviosismo, respetando morfología, fonética y sintaxis. Recién se supo allí que
todo lo había estado observando y oyendo; aquella observación y
aquel oído abierto al leguaje que resulta asombroso en sus novelas.
De allí también que en
todos sus relatos hayan narradores orales. Y hasta como compañeros
en la vida cuotidiana o en sus viajes. Los vaqueanos que vienen a
acompañarlo por los caminos él los identifica y reconoce por su
perfil como grandes narradores de cuentos.
10. Sale a buscar a Dios Pero hubo otra vez que
mantuvo a su familia en vilo y fue cuando entre esas montañas
abruptas se perdió y no regresó a casa, por lo que salieron a
medianoche a buscarlo por los caminos y los breñales con linternas,
antorchas y tizones. ¿Qué había sucedido? Él estuvo preguntando a
su madre con insistencia acerca de Dios. Y la respuesta de doña
María Herminia era siempre: – Dios está en las
alturas. Y se propuso escalar de
noche la cima del monte más abrupto. Además, había un almanaque que
colgaba en la puerta donde se veía dibujado a Dios entre las nubes y
encima de los cerros, lo que terminó por persuadirlo
definitivamente. Con un amigo y su perro
se echaron al camino, escalando los cerros aledaños antes de subir a
la cima en busca de Dios. Anocheció y no regresaban. Mientras tanto su padre
y toda la comunidad habían ya salido en brigadas por uno y otro
confín en su búsqueda, esperando encontrar su cadáver, que en estas
circunstancias era lo más que se podía anhelar. Su padre iba a
castigarlo duramente, pero se contuvo cuando la respuesta del niño
fue. – Salí a buscar a Dios
en las montañas y no lo he encontrado, papá. –Y este fue su
veredicto. Por eso en sus novelas se busca a Dios sin encontrarlo
salvo a los hombres unidos en comunidad.
11. Era César Vallejo Pero a la edad de 7
años, en el año 1916, fue enviado a Trujillo pues ya se encontraba
en edad escolar. La recomendación de su padre fue que se le
matriculara en el primer año de educación primaria en el Colegio
Nacional de San Juan. Fue en esa
circunstancia que le tocó ser alumno del poeta César Vallejo. Recuerda en sus
memorias que su tío apenas un poco mayor que él lo acompañó hasta la
puerta del plantel. Allí estaba la inmensa puerta por donde
ingresaban los alumnos. Y allí de pie el
maestro, recibiendo a los niños. Vestía un traje oscuro, era
esmirriado, con una figura magra y ausente. Era César Vallejo. ¿No
hay en estos hechos simples y cotidianos un trasfondo y claves
absolutas de nuestra historia y existencia? Lo acogió con inmenso
cariño y lo llevó al salón, asignándole una carpeta. Luego lo
integró a otros niños que jugaban, diciéndoles: – Aquí tienen a un
nuevo compañero. Jueguen con él. Mientras el maestro
avanzó nuevamente al portón a dar la bienvenida a otros alumnos que
también llegaban. ¿No hay un mensaje oculto para nosotros en este
esperar de César Vallejo en la puerta para los niños que llegan?
12. Recuerda la calidez de su
mano A Ciro los niños
costeños lo rodearon curiosos. Se le acercaron y uno
de ellos mirándole detenidamente y viéndole sus mejillas coloradas
le dijo: – ¡Serrano chaposo!
–Este hecho que causó la risa general y la burla de todos. Él se sintió
avergonzado. Y quiso huir. Se retiró del grupo, deambulando por los
inmensos corredores y por los distintos patios que tiene ese inmenso
plantel escolar, llenos de bulliciosos alumnos. Se sintió perdido. Su profesor ya había
empezado la búsqueda. Dejó todo, como el pastor que por una oveja
perdida deja a todo su rebaño. E iba rastreando patio por patio y
salón por salón. Por fin lo encontró. Lo cogió de la mano y lo
condujo a su aula, diciéndole: – ¿Qué pasó? ¿Te
perdiste? Ciro Alegría recuerda
su mano nervuda, grande y cálida.
13. Has contado bien En algún momento quiso
zafarla y el maestro retuvo su mano pequeña dentro de la suya. Evocando aquellos años
anota lo siguiente: “Algo que le
complacía mucho –se refiere a César Vallejo– era hacernos contar
historias, hablar de las cosas triviales que veíamos cada día (…).
Cierta vez se interesó grandemente en el relato que yo hice acerca
de las aves de corral de mi casa. Me tuvo toda la hora contando cómo
peleaban el pavo y el gallo, la forma en que la pata nadaba con sus
crías en el pozo y cosas así. Cuando me callaba ahí estaba él con
una pregunta acuciante. Sonreía mirándome con sus ojos brillantes y
daba golpecitos con la yema de los dedos, sobre la mesa. Cuando la
campana sonó anunciando el recreo me dijo: “Has contado bien”.
Sospecho que ese fue mi primer éxito literario”. De ese modo se
enlazaban dos grandes creadores a nivel mundial de literatura en
general, y de literatura para niños y jóvenes en particular. Se unían, de un lado el
autor de Paco Yunque, El desafío y otros cuentos y, de otro lado, el
autor de muchos relatos maravillosos.
14. En función de la vida
cotidiana Sólo para mencionar
algunos textos inolvidables de Ciro Alegría: “Los rivales y el
juez”, “De cómo repartió el diablo los males por el mundo” y
“Calixto Garmendia”. Pero veamos: ¿en donde
tuvieron aquel encuentro? Como un hecho significativo, trascendente
y providencial para nuestras letras y en relación a la literatura
para niños: ocurre ¡en un aula de clases! Y esto pese a que
ninguno de los dos fue maestro de profesión, aunque sí maestros de
alma en el campo de las artes, del conocimiento y de la vida. Y otro hecho y dato: A
Vallejo le interesaba que los niños narren, que cuenten historias
porque: ¿qué mejor ejercicio para desarrollar la memoria, la
inteligencia, el orden y la expresión verbal? Y que dichos temas
fueran acerca de la vida cotidiana, no sobre mundos lejanos,
fantásticos o irrealidades, sino en función de la casa, del corral,
de la vida más simple y cotidiana. Y, cabe ensoñar
entonces: ¿Cómo le contaría ese niño que después nos ha dejado
tantas páginas hermosas y de intensidad extraordinaria recreando
precisamente acerca de la vida de los animales?
15. Dos gigantes cogidos de la
mano Pero en las memorias
que escribe Ciro Alegría hay otro niño que no supo referir ninguna
situación y que no pudo contar y quien ante el requerimiento del
maestro se puso a llorar. Entonces, dice Ciro
Alegría: Lo abrazó y estuvo
acariciándole la cabeza como si se hubiera arrodillado frente a ese
niño. A Ciro Alegría César
Vallejo no solo lo escucha sino que lo anima a escribir. Y este novel escritor a
los 16 años, en 1925, publica sus primeros textos en el diario El
Norte que dirigía Antenor Orrego. Pero antes incluso él
edita la revista Tribuna sanjuanista en el Colegio Nacional de San
Juan. Dos gigantes cogidos de
la mano. Dos seres eminentes
unidos en esa fraternidad de maestro y alumno. ¿No es excelso y
supremo? ¡Y no solo para nuestras letras, puesto que estos dos
creadores han rebasado largamente las fronteras nacionales!
16. A punto de ser fusilado Ciro Alegría muy joven
entonces empezó a escribir y a publicar. Lo hizo como periodista en
los diarios El Norte y La Industria, de Trujillo. Realiza también una
intensa militancia en defensa de la clase trabajadora, de los
indígenas y de los desfavorecidos socialmente. A los 16 años fue
apresado por su beligerancia política a favor de los pobres, por
interesarse en el destino del Perú, por soñar en una patria hermosa
y por su posición combativa frente a la dictadura. Liberado por un grupo
de compañeros actúa en la revolución aprista del año 1932. Apresado en Celendín
estuvo a punto de ser fusilado y fue el pueblo de Celendín el que
salió a defenderlo. Fue entonces
encarcelado, torturado y condenado a diez años de prisión que empezó
a purgar en la Penitenciaría de Lima. Por efecto de una
amnistía quedó libre en 1933 y pudo salir desterrado a Chile. A consecuencia de ello
sus dolencias de salud fueron atroces. Estuvo muchas veces
recluido en hospitales y en esas casas de salud escribió sus
primeras novelas.
17. Todo por comprometerse A los 20 años recién
fue bautizado. Fue por la exigencia de tener documentos de
identidad, que hasta ese entonces no los tenía, y a fin de atender
los requerimientos que demanda la administración de justicia. Enfermó de
tuberculosis, adquirida en los años de cárcel y por las torturas que
sufrió por ser consecuente con sus ideales sociales. Un pleura y luego un
aneurisma lo mantuvo en estado de coma y a consecuencia de ello
quedó paralítico. Perdió el lenguaje y
tuvo que aprender de nuevo a hablar. Estuvo con los nervios
destrozados y desquiciado de a verdad en un hospital psiquiátrico. Todo este estado
deplorable de salud derivado de los meses de cárcel y de haber sido
tan cruelmente torturado. Y todo por
comprometerse con las causas populares. Y todo por querer cambiar
las condiciones de pobreza y explotación, principalmente de las
comunidades campesinas, como Rumi, a las cuales defiende.
18. Garabateando sin son ni ton He aquí su testimonio: “Los perros
hambrientos” nació de la lucha por la vida en un sentido
estrictamente biológico. Convalecía de una grave enfermedad en la
Casa de Salud de San José de Maipú. Pero el frío invernal no cuadra
bien con mi conformación de hombre del trópico y una pleuresía me
atacó, en alas de la nieve y el viento, muy violentamente. Los
lavados no se hicieron esperar. Muchas veces supe del resuello del
troquel en mi caja toráxico. Y como el destino lo exige a uno para
hacerle desempeñar, a veces, extraños papeles, en aquella ocasión me
señaló para que fuera el uno entre los mil. Esta es la proporción en
que se produce la embolia. Yo la tuve. Una burbuja subió desde la
pleura al cerebro. El pequeño émbolo de aire impidió la circulación
sanguínea y caí muerto. No en definitiva por lo visto, porque a las
dos horas resucité. Pero estaba ciego y con medio cuerpo paralizado.
Poco a poco fui recobrando la vista y también el movimiento… Para
peor me olvidaba frecuentemente de las palabras. Sabía que en alguna
latitud del idioma existía el vocablo buscado, pero no atinaba a dar
con él… cuando lo encontraba, tenía la sensación de haber encontrado
a un viejo amigo… Y confrontando todas estas dificultades llegó un
día el doctor Juricic… a recetarme que escribiera… Por espacio de
algunos días estuve garabateando sin son ni ton”.
19. Pasar del ostracismo a la
gloria Durante estos avatares
escribió sus obras más importantes: La serpiente de oro
(1935), primer premio en el concurso de novela promovido por la
editorial Nascimiento. Los perros hambrientos
(1938), primer premio en el concurso de novela promovido por la
editorial Zigzag. La leyenda de Nopal
(1940), cuento para niños. El mundo es ancho y
ajeno (1941), premiada en el concurso latinoamericano de novela
convocado por la editorial Farrar and Rinehart de Nueva York. Sus tres novelas, como
en una historia legendaria ganaron sucesivamente los primeros
puestos de los tres principales premios a nivel continental en el
campo de la narrativa. ¿Cómo es que desde el
ostracismo, la marginación y el descalabro se puede pasar a la
gloria? Es justo reconocer
también que recibió el apoyo incondicional de muchas personas. Uno de ellos, que
resulta conmovedor por el amor fraternal que representa, es el de su
hermano Gerardo, quien en realidad ganaba muy poco, pero todo su
sueldo lo remitía íntegro a su hermano Ciro exiliado en Santiago de
Chile. Pero aún mucho más de lo que ganaba y para lo cual tenía que
endeudarse. He aquí una carta de Ciro a su hermano Gerardo:
20. Lo que puedas hacer por mí Cisterna, 6 de marzo
de 1940 Querido hermano
Yayo: Gracias por tu
última carta, que me hace presente a tu recuerdo. Sí, ya salió “Los
perros hambrientos”, pero a mí me dieron 20 ejemplares que se me
fueron de las manos en atender a los críticos. Avísame si ha llegado
ya a esa y si la dejan circular. Yo estoy en cama. La negra también
se ha enfermado i atravesamos por una situación muy apurada. Por eso
te ruego que me envíes algún dinero. Lo que puedas, aunque no sea
mucho. Poco es lo que tengo que decirte de mi trabajo literario,
como me pides. Vivo acogotado por las necesidades haciendo tareas
subalternas para poder vivir. Proyectos no me faltan, eso sí. Poco a
poco, a medida que puedo, los realizo. Mi vida es muy triste y muy
vulgar. Estoy hundido hasta las sienes en la miseria y luchando con
toda clase de fuerzas negativas y oscuras. Mi próxima novela se
llama La flauta de pan y es la historia de un tocador de antara. La
traducción de La serpiente ya ha sido encomendada a otra persona de
la que se espera que lo haga mejor. Gracias por lo que puedas hacer
por mí. Ciro. P.D. Tal vez
pensarás que Los perros hambrientos me están dando mucha plata. Gano
el 10% y a Zig-Zag le debo, de adelanto, 1,500 pesos.
21. La serpiente de oro Hagamos a continuación
una breve referencia de sus tres novelas principales: La Serpiente de oro en
sus inicios fue un cuento titulado La balsa y que posteriormente,
convertida en novela, se tituló Marañón. Finalmente, fue
presentada por su autor al concurso Nacimiento, el año 1935, con el
nombre que ahora tiene, obteniendo el primer puesto. La obra
aparece editada el 31 de diciembre de ese mismo año. Narra la vida de una
comunidad a orillas del río Marañón que se dedica a la agricultura
y, entre otras actividades, a ser balseros que trasladan personas,
animales y productos de una a otra orilla de este caudaloso río.
Relata las peripecias
de estos hombres llenos de arrojo para vencer los embates de la
naturaleza. Acerca de ella el padre
de Ciro Alegría le escribe una larga carta donde le hace un
brillante análisis de la obra y donde le dice textualmente lo
siguiente: “Estoy seguro que
por lo menos el noventa por ciento de los episodios de tu libro, te
los he referido yo”. Este dato es
tremendamente revelador para pensar esta obra en otro sustrato,
fuera de la escritura y sobre todo su origen oral, hecho que es
importante tenerlo presente para explicarnos muchas de las
características que ella conlleva.
22. Los perros hambrientos Los perros hambrientos
data de 1938 y fue producto y resultado de una terapia médica. Ciro Alegría escribe
esta hermosa novela, basada en los recuerdos de infancia, en retazos
de historias contadas por los hombres del mundo andino que conoció
en su casa paterna. Narra la historia de
una comunidad en la sierra peruana que sufre una larga y terrible
sequía que pone a prueba a la frágil sociedad rural todavía ordenada
bajo el modelo de un feudo colonial. En esta novela, al
mismo tiempo que se plantea una severa y ardua crítica social, se
nos cuenta historias de niños con sus animales, aquellos que guardan
por las noches y pastorean durante el día. Y, sobre todo, de los
perros que cuidan el ganado. Como también la historia de otros
animales que son los depredadores, narraciones hechas con entrañable
sentimiento y pasión. Según lo ha referido su
propio autor fue inspirada por el ladrido lastimero de unos perros
que ladraban por las noches en el hospital donde estaba internado,
aullidos que terminaron por hacerle recordar los animales de su
infancia.
23. El mundo es ancho y ajeno Para escribir la novela
El mundo es ancho y ajeno, un grupo de amigos decidieron
subvencionarle el diario vivir y comer, pasándole una asignación
mensual para que solo se dedique a la tarea de escribir, obteniendo
con esta novela el codiciado premio de la Editorial Farrar and
Rinehart de Nueva York el año 1941. Al cobrar el estipendio del
premio devolvió lo aportado por los amigos, agregando algo más para
apoyar a un escritor chileno en las mismas condiciones que él fuera
apoyado. La obra se inicia
cuando Rosendo Maqui vuelve de las tierras altas a donde ha ido con
el objetivo de buscar algunas hierbas que la curandera ha recetado
para aliviar los dolores de su anciana mujer. A su regreso es que se
le cruza en su camino una serpiente, hecho que es interpretado como
un signo de desgracia. Él es el alcalde probo
y magnánimo quien por medios legales y pacíficos defiende las
tierras legítimas de la comunidad, pero que son codiciadas por el
hacendado Álvaro Amenábar. Lucha denodadamente porque se respete los
derechos de la comunidad y, a la vez, por no verse envueltos en la
violencia que se desata por incitación externa e interna. La lucha es entre la
comunidad de Rumi por defenderse de la voracidad y codicia del
hacendado y de la corrupción de las autoridades de la localidad. El
desalojo y la expulsión se producen al final, debiendo huir hacia
las zonas áridas, yermas y desoladas.
24. Conscientes de la realidad Es imposible leer a
Ciro Alegría y no sentirse maravillados e intrigados por la vida y
la naturaleza en una zona de ceja de selva, en su novela La
serpiente de oro. Conmovido por el drama
de los hombres y los animales en Los perros hambrientos. Persuadidos por la
sabiduría de Rosendo Maqui, su ecuanimidad y entrega a la causa de
defensa de la comunidad en El mundo es ancho y ajeno. Inquietos y apasionados
por el palpitar intenso de la emoción en la lucha y la reyerta,
tensa y fragorosa, en el Duelo de caballeros. El aporte de Ciro
Alegría a la literatura es el haber creado relatos de plena
consciencia en relación a la realidad que nos rodea, y que es la que
importa atender. Literatura ajena al
escapismo que suele rondar al arte en general, que presenta
problemas artificiales y sin conexión con el mundo en el que las
grandes mayorías se desenvuelven. Realidad en la cual se
vive, se sufre y se erige toda esperanza; sin olvidar tampoco
relatarnos historias y aventuras cautivadoras, con la presencia de
narradores de cuentos que relatan historias al calor de la hoguera
que se aviva en el fogón.
25. Sobrehumano que pudiera
existir El mérito de Ciro
Alegría es el haber plasmado una novelística con fuerza y vitalidad,
haciendo honor al ancestro indígena de nuestro pueblo. El haber descorrido el
gran mural de los andes con grandiosidad e intensidad ciclópeas,
como correspondió hacerlo a quien vivió consustanciado con los
campesinos y se hizo dueño de una gran fuerza y profundidad telúrica
y verbal. Cuando leemos a Ciro
Alegría no se perciben poses intelectuales o intereses que no sean
los legítimos de un arte trascendente, una cultura auténtica y de un
compromiso legítimo y hasta sagrado con la humanidad en su conjunto.
Sentimos honda raigambre y henchida heroicidad. Resulta sorprendente en
la autenticidad y naturalidad de sus emociones, como si nos
interpretara. Como cuando cruza por el asiento minero de Quiruvilca
y Shorey y le dicen que detrás de esas montañas escarpadas y frías
queda Santiago de Chuco, tierra donde yo nací y me crié. Y se estremece al
considerar lo sobrehumano del hecho, cual es que pudiera haber aún
vida y existir todavía un pueblo detrás de esas abruptuosidades de
pavor y de miedo, bajo cielos anubarrados y caminos pedregosos. Leer
este apunte y haber nacido en aquel sitio nos engrandece.
26. Otras obras importantes El año 1948 Ciro
Alegría volvió al Perú después de más de veinte años de exilio.
Antes ni siquiera podía cruzar o pasar por encima de nuestro
territorio como ocurrió cuando se le negó el paso para asistir a un
congreso en Bolivia al cual se le invitó. Y tenía todo pagado. Aquí luego de su
retorno se dedicó al periodismo y a la política. Fue elegido diputado
por el partido Acción Popular, presidido por el arquitecto Fernando
Belaúnde Terry. En 1962 publicó Duelo
de caballeros, conjunto de relatos en los que da curso a su
facilidad para contar una historia de manera breve pero sin
disminuir su intensidad ni calidad literaria. El género le permite
también explorar temas diferentes al del mundo andino, aunque
siempre con acendrada e insubordinada consciencia social. Otras obras, algunas de
ellas póstumas son: La ofrenda de piedra; Sueño y verdad de América,
Gabriela Mistral íntima; Panki y el guerrero, Lázaro; además de su
libro de memorias: Mucha suerte con harto palo.
27. Su amor entrañable Ciro Alegría es un
extraordinario escritor andino. A diferencia de sus
predecesores, quienes escribieron sobre el indio desde estereotipos
o sin ninguna consciencia cabal acerca de su realidad, él pudo
acercarse más a ese mundo gracias a haber vivido su drama palmo a
palmo, a haber compartido vivencias y avatares con ellos como a su
amplia documentación sobre el tema, porque siempre estuvo interesado
en meditar sobre ello. Sin embargo, el
realismo de Ciro Alegría no es plano, unilateral o sin gusto. Mucho
menos su apelación es cruel, como si fuera un discurso sociológico,
que es en lo que se venía incurriendo. En él resalta la vida,
el mundo cotidiano, el hombre en relación a la naturaleza y consigo
mismo. Sus relatos fluyen
entre pequeñas historias que acompañan la trama principal de sus
novelas, ricas en sucesos y en la complejidad anímica de sus
protagonistas. También, desarrolla
personajes entrañables y coloridas descripciones paisajísticas en
las que se nota que su compromiso humano no solo es con los
indígenas desposeídos sino también que su amor es recóndito por el
Perú y su destino como realidad multiétnica, variada, plural y
sufrida.
28. Auténtico con la vida Su estilo es tajante,
contundente y a veces hasta brutal. Es inapelable y de
eclosión cósmica. De parto de los montes, de total verdad. Y es que solo siendo
así pudo representar esta tierra, esta geología y nuestra sociedad
tan conturbada, entretejida y hasta abismal. Es la vida tan honda
aquí, tan dolida y tan en riesgo. Y por ser así tan buena a su vez
en todo sentido. En él hay así como un
dramatismo geológico y, en paralelo, un dramatismo anímico raigal y
profundo. Se siente el horizonte
cuajado de estrellas a nuestros pies, como cuando se viaja por las
mesetas andinas en donde el horizonte queda hacia abajo. Su obra es en realidad
una sola historia. O una historia con momentos y capítulos
sucesivos, conformando una unidad cíclica. Y esto porque su
literatura se basa en su biografía personal. Y se basa en el
acontecer diario de una comunidad sin tener entonces por qué hacer
ficciones, sino haciendo que cada vez sean más nítidos sus recuerdos
y significaciones, así como más auténticos con la vida misma que
relata.
29. El desafío de vencer Por eso, él es un
gigante. Y su pluma reproduce y erige montañas. Él traza y plasma la
gran novela épica del Perú de todos los tiempos. Es la gran saga de los
andes meridionales de nuestro continente. Alza el mural
portentoso del hombre en relación con una geografía sobrehumana.
Y lo hace con inmenso y
poderoso aliento vital. Su obra es denuncia, es
acta social y es proclama. En él la oralidad es
música. En él la palabra es coral. En él el silencio es grito
ensordecedor. Sus personajes
prototípicos son los hombres en lucha fragorosa con la naturaleza y
con la injusticia que aquí se arraigó con fuerza implacable. Es el hombre en el
desafío de vencer el obstáculo de una naturaleza omnímoda y hostil. Y en su afán de detener
la injusticia bestial y la codicia inhumana de una clase social que
a toda costa quiere apoderarse de lo ajeno, y con ello avasallar los
derechos de las comunidades andinas.
30. Testamento moral Ciro Alegría falleció
el 17 de febrero de 1967 en Chaclacayo, apacible localidad cercana a
Lima, la capital del Perú. Fue condecorado
póstumamente con las Palmas Magisteriales que la Nación otorga a los
maestros egregios. Porque él es el
novelista auténtico e insigne del Perú. Mariátegui es el
filósofo y el pensador. José María Arguedas es más el testigo, quien
encarna y denuncia con obras conmovedoras el dolor y la esperanza de
un pueblo. Vallejo es el profeta y el redentor. Entre todos ellos
representan lo legítimo, valioso y cimero del Perú eterno. Los cuatro son las
montañas tutelares de nuestra nacionalidad. Son las cordilleras
fundacionales, enhiestas e inamovibles. De quienes hasta sus
sombras son protectoras; de quienes hasta sus desgracias son
emblemáticas. De ellos sus dolores son nuestros dolores. Representan
lo genuino, lo arduo y sublime. Inmenso es Ciro
Alegría; es el Homero de los Andes del Perú. Su obra es también
mural plástico, galería pictórica, sinfonía musical de nuestra
identidad. Es el testamento moral del Perú de todos los tiempos. |
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Sánchez Lihón
capulivallejoysutierra@gmail.com
dsanchezlihon@aol.com
Ver, además:
Ciro Alegría en Letras Uruguay
J. M. Arguedas en Letras Uruguay
Danilo
Sánchez Lihón
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