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El patio toca el horizonte
con la gente que vuelve, que se va y vuelve.
Esa gente no puede vivir en otra parte.
Hace la prueba, no resulta, regresa
y comienza de nuevo donde la nueva vida
es la vida anterior con novedades.
Oír a la cigarra, desestimar a las hormigas.
Remontarse con Ícaro y caer con su quimera.
Criar y malvender gallinas.
Y pensar: ¿qué tendrá la vaca
que nos mira de esa manera?
En un ilusorio presente,
se me pegan bajo el cielo de la noche
unas hojas de pasto y de sueño
para esperar el alba con un balde de leche.
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