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Actores ensayando en un jardín.
Hay jazmines, hay melodía, viento.
Sin darnos cuenta, ya volvemos
a la casa de Adán, y es tal nuestro silencio
que oímos el zigzagueante silbido
de la serpiente manzanera.
Eva nos recibe, vestida sólo de lágrimas
al ver la caravana de sombras en su puerta.
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