A sangre y canto

poema de Jorge Enrique Ramponi

De "Piedra infinita"

 

A sangre y canto,
—todo bajo los ojos— busco su reverso,

hasta que el propio laberinto responda,

hasta que escuche su diapasón sepulto,
-un opaco tornavoz me hace cóncavo-
Momia de facción gris y énfasis triste,

incrustada en su nicho, inscripta en su apostura,

con su alfabeto seco entre los dientes,

parada en lo equilátero perpetuo.
Háblame,
piedra inviolable en tu unidad desnuda,

o a lampos de mi canto alumbraré tu cripta sin alvéolos

para serte más fiel tendré tu propia estirpe.


Mi corazón sin párpados, sin cancel ni frontera,

vuelto a un tiempo sin tiempo ni tiempo,

arrostra su fija velocidad tenaz o vértigo unitario,
—veloz color neutral ya color incoloro—

ardiente suma de la girándula infinita.


Medio a medio del corazón ese iris de parálisis,

mirándome a trasluz, sin ver mi brizna,
-oh mansalva fatal, ineludible-
por alquimia maléfica, de imán y de rechazo,
vuelve prieto cristal mi centro puro;
con un liquen de hierro entre las vértebras
de adentro a fuera crezco,
todo un álgido hueso en márgenes de mármol.


Oh mi numen carnal, oh mi tutor terrestre:
estoy en la propia piedra perpetrada en mi sangre,
dado de un yermo clima rígido, penitente, mártir en lo inmóvil,
me quema la intemperie infinita, lo irredimible estéril;
albérgame en tu caracol o reverbero,
ampárame:
la lengua no puede al corazón, piedra de llanto...
(Oh atónita memoria, dura fatalidad que no dispone,

altitud arrecida, lejanísima fábula.
Son olvidos de estepa por la sangre,
pausas que adelantan negras escarchas de maciza muerte,
sueño que asimila tiempo y silencio en su cantera sorda,
ya con bordes de cálculo,
el corazón cautivo yerto en su propia urna.)

 

Sobrevivo, náufrago de lo imperecedero,

rescatado a lo inerte, absuelto de lo árido.
El ángel acérrimo que detuvo la víspera

socorre aún al corazón sacrílego.


Recién salido del eclipse,
con el lastre de una cauda lúgubre,
sensible el vástago nocturno, la tenebrosa anémona
canta otra vez la sangre en mis acantilados,
oh trémulo mar entre las propias valvas.


Pesa y abruma al hombre, deudo suyo, la piedra;

demuda al corazón satélite el poderoso ídolo,

inaferrable como incorpóreo en lo compacto.


Oh confinada sin confín en su símbolo,

inaccesible, insólita,
ensimismada, intemporal, vetusta;
estatua bárbara de esfinge consigo,
o ciprés mineral, compacta mímica,
hasta que la tierra, ya zalazar, azufre de ceniza,
cierre al cabo su párpado.


Oh pétrea empedernida,
petrificada en piedra, perpetrada perpetua.

poema Jorge Enrique Ramponi

De "Piedra infinita"

 

Publicado, originalmente, en: Revista Último Reino Año V, Nº 11, octubre/diciembre de 1983

Link del texto:  https://ahira.com.ar/ejemplares/ultimo-reino-n-11/       

Gentileza de Ahira. Archivo Histórico de Revistas Argentinas que es un proyecto que agrupa a investigadores de letras, historia y ciencias de la comunicación,

que estudia la historia de las revistas argentinas en el siglo veinte.

 

Ver, además:

 

              Jorge Enrique Ramponi en Letras Uruguay

 

Editor de Letras Uruguay: Carlos Echinope Arce   

Email: echinope@gmail.com

X: https://twitter.com/echinope

facebook: https://www.facebook.com/carlos.echinopearce

instagram: https://www.instagram.com/cechinope/

Linkedin: https://www.linkedin.com/in/carlos-echinope-arce-1a628a35/ 

 

Métodos para apoyar la labor cultural de Letras-Uruguay             

Ir a índice de poesía

Ir a índice de Jorge Enrique Ramponi

Ir a página inicio

Ir a índice de autores